EMILIANO EN LA CUEVA

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Gracias al programa “Clásicos de nuestro cine” en la 2 el otro día vi por primera vez “Mambrú se fue a la guerra”, dirigida por Fernando Fernán Gómez, y escrita por Perico Beltrán, uno de los mejores guionistas de España, que firmó además “El extraño viaje” y también era actor. A Beltrán le conocí cuando vino a la Ecam a dar una charla. Vestía con ropas agujereadas y nos pedía a los alumnos cigarrillos y aspirinas.

“Mambrú se fue a la guerra” empieza el mismo día que muere Franco. En un pueblo, la mujer de Emiliano, un republicano que lleva cuarenta años escondido en una cueva debajo de su casa, se lo dice a su marido, le comunica a su familia que su marido está vivo y que ahora por fin pueden sacarle de la cueva.

Sin embargo, tras emerger de las profundidades y volver a ver a su hija (Emma Cohen) y a su yerno (Agustín González) y conocer a sus nietos, su familia se da cuenta de que ahora puede cobrar la pensión de viudedad de todo ese tiempo y cambian su estrategia; el abuelo debe permanecer escondido. A pesar de que todos desean aparentemente que Emiliano pueda pasear por las calles, se dedican a ir comprando todo lo que la pensión de viudedad les permite para mejorar su vida a cambio de que el abuelo siga en la cueva, intentando entender qué sucede, haciendo remedios (porque era boticario además de músico del ejército republicano), y dialogando con un retrato de Manuel Azaña.

Como afirma Carlos F. Heredero, la película habla de la realidad de muchos hombres que, oficialmente muertos, se escondieron para evitar ser represaliados por el gobierno franquista, hecho que sucedió frecuentemente en el ámbito rural. Según afirma el historiador del cine en la presentación de la película, “A pesar de que la película sucede tras la muerte de Franco, en realidad termina proyectando una imagen extremadamente crítica de la sociedad de España de los 80, es decir, de la España en la que se hace la película. (…) Termina siendo una metáfora muy crítica y muy dura sobre los valores que sustentaban la falsamente próspera sociedad española de los años 80.”

Viendo cómo la familia va prosperando materialmente a costa de mantener encerrado y oculto al abuelo se hace inevitable pensar en las dificultades de la aplicación de la Ley de la Memoria Histórica, aprobada en 2007 en el gobierno de Zapatero y abandonada posteriormente por el de Rajoy en 2013 y 2014 al quedar fuera de los presupuestos. Por desgracia, el tema sigue siendo vigente. Ejemplos como el ninguneo a las asociaciones de los republicanos que sobrevivieron al campo de concentración de Mauthausen, que fueron liberados hace 70 años, evidencian el desdén de nuestras autoridades por las víctimas, por los desaparecidos y los represaliados. Otro tema que parece no agotarse nunca son las críticas incesantes al cine español por producir películas cuya temática esté relacionada de forma directa o indirecta con la guerra civil. ¿No es acaso eso una manera de mantener oculto a Emiliano en la cueva?

La conclusión positiva que sería deseable de este mirar hacia otro lado debería haber sido la reconciliación o la naturalización de la vida política en España, 30 años después del estreno de “Mambrú…” En la película, la nieta mayor de Emiliano se enamora del hijo del alcalde (del bando nacional, lógicamente) y la grieta entre ambos bandos les dificulta vivir su amor. Así, planteaban Beltrán y Fernán Gómez el deseo de que en el futuro las nuevas generaciones pudieran vivir libres de la carga del pasado. No hace falta ser analista político para darse cuenta de que el frentismo y las trincheras políticas siguen más abiertas que nunca.

Según progresa en el metraje de la película se anticipa inevitablemente, con una mezcla de expectación y temor,  el momento en el que Emiliano saldrá a la luz. Acaba paseándose de noche por el pueblo desierto, tocando el tambor, suplicando a sus vecinos que digan su nombre, tratado como un marginado social y despreciado por su propia familia. Es un momento de una gran ternura que refleja, de manera visionaria, el olvido a los damnificados de nuestra historia más reciente. Por supuesto, en ambos bandos, pero sin olvidar quién usurpó la legalidad en 1936 y abocó al país a una dictadura que duró cuarenta años. A lo mejor la falta de entendimiento del presente tiene que ver con la falta de reconocimiento y empatía con las víctimas de nuestro pasado.

 

UN MONSTRUO VIENE A VERME

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Conociendo el argumento de “Un Monstruo Viene a Verme”, dirigida por J.A. Bayona, me preguntaba ¿qué sentido tiene someterse a un viaje por los peores miedos que puede tener una persona? ¿merece la pena sumergirse en un sufrimiento ficticio que alude a trances que, en mayor o menor medida, todos (y más cuanto mayores nos hacemos) ya conocemos? Yo siento más resquemor ante las películas de personas enfermas que ante el más cruel de los slasher o de tragedias apocalípticas. Al final me decidí. Fui el último día de la Fiesta del Cine, y acabé en primera fila, en una sala llena a reventar, y por supuesto, en versión original.

Ya conocía la novela, publicada por Nube de Tinta, y me pareció en su día brutalmente triste y también hermosa. El autor de la novela, basada en una idea de Siobhan Dowd, Patrick Ness, es también el autor del guión. En cuanto a la adaptación, sin recordar los detalles, diré sencillamente que creo que no se puede hacer mejor. Parece algo sencillo y fácil, pero adaptar la propia novela seguramente es más difícil de lo parece, en cuanto la objetividad es casi imposible de lograr en tanto en cuanto se trata de transformar la propia obra a un lenguaje distinto.

Espoilers a continuación.

Al poco tiempo de comenzar la película mis temores se difuminaron porque me atrapó desde el primer plano. No solo por la tensión o por la narrativa, sino por la emoción, y fue así hasta el final. Admito que hubo momentos de “un soponcio viene a verme”, pero me tranquilizaba que la mujer a mi lado, sollozaba con la misma contenida emoción que yo y estuve a punto de ofrecerle un kleenex; y que la experiencia compartida en la sala, quizá algo que las nuevas generaciones no sepan apreciar, es pura magia.

Pero al salir del cine y perderme en las calles, en ese momento de aturdimiento tan agradable, me quedé pensando en cuál era el significado fundamental de “Un Monstruo viene a verme”. Muy obvia para algunos, para mí no resultaba tan claro, porque como pasa más a menudo en las novelas que en las pelis, hay más de un tema, más de una conclusión, más de una tecla que sigue haciendo música o a veces ruido cuando ya se ha abandonado la sala.

La conclusión que está más cercana a la superficie en “Un Monstruo…” , que emerge a través de las historias del monstruo y la historia final de Connor es que la realidad es engañosa, que las cosas no son lo que parecen; que hay que aprender a vivir en la incertidumbre y aprender a perdonarse para poder seguir viviendo.  El relato comienza en lo formal haciéndonos creer que lo que está en juego es la curación de la madre, cuando en realidad el objeto dramático es la curación del niño. El viaje de la ira de Connor (interpretado por Lewis Macdougall de forma sobrecogedora) hasta su aceptación es el recorrido de verdad, y el monstruo ejerce de psicólogo, lo cual no deja de ser una premisa original e interesante. El cierre de este tema en concreto tiene un epílogo (la madre también era “paciente” del mismo terapeuta) pero no aporta una conclusión feliz en el sentido clásico del término: aparece la paz donde antes hubo dolor, y con una historia así quizá el cese del sufrimiento, o el inicio de la curación, es la única conclusión posible.

Otro tema evidente es la fugacidad de la vida y lo frágiles son los materiales sobre los que construimos nuestros días. Es un tema sabido y universal, pero tan pronto lo sabemos como lo olvidamos. Quizá nuestra mala memoria forma parte de lo que tenemos que perdonar, de nuestra lucha inconsciente por la supervivencia y la adaptación a las circunstancias. ¿Realmente necesitamos que nos recuerden esto? En todas partes hay enfermedad, injusticia, dolor, muerte y aflicción. Pero la realidad no es la verdad. La ficción es la realidad sublimada, organizada de forma que hasta el daño tiene sentido, el viaje implica una lección. Sin embargo, la realidad en la historia de Connor y Lizzie es peor que la pesadilla. El monstruo es el amigo y la realidad es el monstruo. Aceptar y convivir con una realidad monstruosa es la maduración definitiva para cualquier niño y para cualquier persona. Se trata, también, de una verdad que emerge, como en los relatos del árbol; y esta verdad otorga perspectiva a todos los hechos que nos rodean… Por eso el monstruo habla continuamente del poco tiempo que tiene Connor. Él lo sabe.

Y por último, está el tema que más me interesa: las historias como criaturas salvajes, capaces de desatar el caos cuando son liberadas de sus cadenas. Las historias pueden cambiar tu vida; las historias son fuerzas de la naturaleza y muchas veces escapan a nuestro control, incluso como creadores. Siempre las hemos necesitado y siempre las necesitaremos. Para Connor, la ficción funciona como un bálsamo, como la escucha de su angustia, como espejo que le consuela de un sufrimiento casi insoportable. La realidad, cuando muestra su rostro más crudo, deja pocos resquicios a la poesía y a la belleza. Por fortuna, el arte complementa nuestra visión, nos hace sentir más acompañados y, en ocasiones, nos ayuda a combatir el dolor.

En resumidas cuentas, ¿ha merecido la pena exponerse a vivir tantas emociones sola, en público y en primera fila? Sí, tanto que quizá repita.

 

LA CHICA DANESA

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Hace meses, cuando se estrenó, no sé donde leí que “La chica danesa”, la peli de Tom Hooper, escrita por Lucinda Coxon, no merecía la pena. Ayer la vi y decididamente, muchas veces no compensa fiarse de cualquier opinión en redes sociales. Atraída por el tema y la época, antes de verla había leído el libro. Sin ser perfecto, me pareció maravillosamente escrito. Recrea una atmósfera mágica y artística, la de un joven matrimonio de pintores en Copenhague, en 1925, Einar Wegener y Greta Waud. Einar se va transformando en una sofisticada mujer llamada Lili, y Greta, lejos de rechazarle, Greta se mantiene a su lado durante todo el proceso. La historia se basa en la historia real de Lili Elbe, una de las primeras personas en resignar su sexo, que fue adaptada libremente por David Ebersshof en su novela.

El ambiente pictórico se refleja en la prosa, y es un placer leer la novela, en mi opinión, sobre todo las primeras cien páginas. En su parte media tiene un bajón del que se recupera al final. Aún así, es muy recomendable. Sentía curiosidad por ver su adaptación al cine, y aunque suene un poco blasfemo decir esto, creo que la película supera a la novela. Las imágenes son bellísimas. Muestra el aire sofisticado de la Europa de entreguerras, la bruma del puerto de Copenhague, los salones modernistas de las fiestas parisinas, y sobre todo, la complicidad entre Einar / Lili y Greta. La pareja, interpretada por Eddie Redmayne y Alicia Vikander, es creíble y su transformación se cuenta de forma más compacta y coherente en la película. En la novela, Greta apenas se inmuta ante el proceso y aunque esencialmente ocurre lo mismo, parece no conmoverse ante la vida, su vida, que está cambiando ante sus ojos. En cambio, en la película, muestra su humanidad y la complejidad de apoyar a su marido en el proceso de cambio que conlleva una autodestrucción. Redmayne está francamente bien, pero para mí es Alicia Vikander quien roba la película. (Para este papel fueron consideradas Charlize Theron, Marion Cotillard, Gwyneth Paltrow y Uma Thurman; Nicole Kidman quería interpretar a Einar / Lili. Como os podéis imaginar, el proyecto tardó varios años en materializarse.)

Hay otros aspectos, como el pasado de Einar y su recorrido biográfico, que creo que funcionan mejor en la novela. No sé si viendo únicamente la película se entiende la aparición de Hans Axgil, el primer amor de Einar, interpretado por Matthias Schonearts, ese actor estupendo, quizá el auténtico galán europeo (Suite Francesa, De óxido y hueso). Para terminar de hacer la obra una película hermosa en todos los sentidos, una banda sonora maravillosa del omnipresente Alexandre Desplat.

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Lo confieso: “La chica danesa” tiene un montón de ingredientes que me gustan, ya los he enumerado más arriba, y creo que tiene más emoción como peli que como novela. Aunque si hablamos de obras que abordan el tema de la transexualidad, me parece mucho más arriesgada e inteligente “Una nueva amiga”, de François Ozon… y Romain Duris resulta mucho más creíble y perturbador como mujer que Lili, por muy divina que sea. ¿Las habéis visto? ¿Qué opináis?

 

 

Por supuesto

AÑOS DE WOODY ALLEN


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La anterior entrada de este blog fue escrita el 3 de Noviembre de 2014, hace casi dos años. El 5 de diciembre de ese año se estrenó “Magia a la luz de la luna”. Después de la soberbia “Blue Jasmine”, parecía una película aún más intrascendente. Ni siquiera el encanto de la época recreada, de Emma Stone y de Colin Firth la convirtió, a mi entender, en una película interesante. Pero por supuesto un mal Woody Allen siempre es mejor que muchas otras cosas. Como siempre, cada vez que Allen estrena una película, no faltaron quienes se quejaron de que haga una al año, como si fuera una abuela tediosa que nos obliga a ir a su casa a merendar aunque tengamos otras actividades mucho más urgentes. Para mí, lo más sorprendente de la película, aparte del fastuoso vestuario de Sonia Grande, fue ver por primera vez a Colin Firth como un hombre atractivo y no como un señor. Prueba evidente de que me estoy haciendo mayor y de que, estando embarazada como estaba en aquel entonces, ya me gustaban más los tipos con pinta de padre.

Del estreno de Irrational Man, el 25 de Septiembre de 2015, no me enteré. De hecho, descubrí su existencia varios meses más tarde, porque en aquel momento teníamos un bebé de pocas semanas en casa. La vi ayer y solo ahora, para escribir este post después de tanto tiempo, he buscado su fecha de estreno. Utiliza a un brillante y torturado profesor universitario, Abe Lucas, interpretado por Joaquin Phoenix, para navegar la genuina angustia del sentido de la vida a través de un acto radical. Sin ser ni de lejos tan buena como “Delitos y Faltas”, mi favorita del director, me gustó bastante. Tiene un diálogo que retrata a Woody Allen: “Es aterrador cuando te quedas sin distracciones”. Se entiende que lo de rodar una peli al año no lo hace por dinero… sino por miedo al vacío. Como dice el propio Lucas, “La ansiedad es el vértigo de la libertad.”

Menos de un año después se estrenó “Cafe Society”. Dejé al padre en casa con el nene y me fui al cine, hábito que después de los primeros meses he logrado recuperar, aunque casi siempre sola y a horas en las que suelo estar prácticamente sola en la sala.  Disfruté mucho de la película, a pesar de un guión un tanto evanescente (especialmente en sus subtramas), que funcionaba como un gancho para hablar de la nostalgia y del sentido de la vida. Estéticamente maravillosa, y con una bellísima Kristen Stewart (que nunca me lo había parecido, todo el mundo gana con un vestuario estilo Hollywood clásico, supongo), la peli es una evocación del amor perdido que brilla en su sencillez, y que hace rememorar los momentos bellos de la vida que ya no van a volver; la juventud, una cierta ingenuidad a la hora de afrontar las relaciones. Sea por lo que fuere, en mi barrio, en un cine frecuentado en su mayoría por gente de la tercera edad, estuvo hasta hace poco en dos salas a cuatro sesiones al día por sala. ¿Es la nostalgia el gran tema de la gente mayor?

Y ahora, según imdb, Allen está filmando su próxima película, tras haber completado su serie para Amazon, “Crisis in six scenes”, este es el trailer (sí, es Miley Cyrus):

En este tiempo, que a Woody Allen desde luego le ha cundido mucho (y digo lo mismo de mí, porque ahora solo me falta plantar un árbol), los blogs han perdido bastante fuelle. Aunque he seguido publicando en Bloguionistas, el microblogging, el opinamiento compulsivo en twitter y Facebook han matado el gusanillo de muchos por bloguear. Pero aquí estoy. Creo que es bueno tener un lugar que no sea binario, ni blanco ni negro, porque aborrezco la pose radical que levanta las reputaciones en twitter, porque me gusta sentarme a escribir y tardar más de dos minutos, y porque lo echaba de menos.

Hay ciertas rutinas que hacen que nuestra vida sea mejor. Escribir, leer, ver series, tomar un café con amigos… Y por supuesto, ver la última de Woody Allen. Anoche, después de ver “Irrational Man”, me di cuenta de que mi hijo, si sale cinéfilo que espero que así sea, no podrá ver pasar el tiempo en películas de Woody Allen como lo hemos hecho nosotros toda nuestra vida; que será como el abuelo que alguna vez nos dio pereza visitar pero que forma parte, por suerte, de nuestros recuerdos y de nuestro amor por las películas.

ENTREVISTA A JESÚS HERNÁNDEZ, AUTOR DE “LOS MAGOS DE HITLER”

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Como sabéis, escribiendo “Oliver y Max” he leído muchísimos libros de la II Guerra Mundial. Incluso antes de iniciar el proceso de documentación siempre me ha gustado muchísimo el tema. Para cualquier que tenga el mismo interés que yo en aquella época, Jesús Hernández, (Barcelona, 1966) es seguramente un viejo conocido. En mi casa, como podéis ver, tengo unos cuantos títulos de este autor, uno de los mejores investigadores de esta época tan oscura y fascinante. Aquí podéis encontrar un listado completo de sus obras y algunos datos más sobre él, y aquí su blog que os recomiendo.

Su último libro es “Los Magos de Hitler” y se dedica a profundizar en las controvertidas relaciones entre los astrólogos y videntes que trabajaban para la maquinaria nazi, a pesar de que su actividad estaba oficialmente prohibida por el III Reich. Esto es lo que nos ha contado Jesús.

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Erik Jan Hanussen, mentalista de origen judío, aclamado en la época de la Alemania nazi como un gran oculista, es uno de los protagonistas de tu libro. Como cuentas en tu libro”Los Magos de Hitler”, Hanussen predijo el ascenso al poder de Hitler y la posterior destrucción de Alemania. ¿Crees que realmente tenía poderes?

Yo no creo en que alguien pueda tener “poderes”, sea lo que sea que eso signifique. Parto de la idea de que cualquier hecho ha de tener una explicación racional, así que lo descarto.

Además, Hanussen también predijo el incendio del Reichstag. ¿Pudo ser un hombre intuitivo, dotado con talento paranormal, o extraordinariamente bien informado?

Hanussen sigue siendo un completo enigma para los historiadores, es realmente difícil saber cuál era el secreto de su éxito como adivino, pero yo estoy convencido de que poseía una memoria fuera de lo normal, que además se encargaba de ejercitar a diario, además de que estaba dotado de una gran intuición. El sabía combinar esas virtudes con un sentido innato para el espectáculo. Sin embargo, teniendo en cuenta lo mal que acabó para él su peligrosa relación con los nazis, sorprende que no supiera prever lo que le iba a ocurrir, algo que quizás hubiera podido aventurar cualquier persona con un poco de sentido común.

Hanussen estuvo toda la vida huyendo de las publicaciones que demostraban que era judío.  ¿Crees que Hitler lo sabía y lo toleraba?

Hitler podía estar loco, pero era un tipo muy pragmático, al menos en esa época. Si consideraba que Hanussen podía ser útil para su ascenso político, lo que en ese momento suponía su absoluta prioridad, no hubiera dudado en utilizarlo aunque fuera judío; siempre habría tiempo después para eliminarlo. Del mismo modo, Hitler no tenía empacho en firmar cualquier tipo de acuerdo o compromiso, para romperlo en cuanto eso fuera bien para sus intereses, por lo que esa actitud entraría dentro de sus pautas habituales de comportamiento.

Resulta muy interesante y trágica la ambivalente relación de los nazis con los magos y videntes. ¿Crees que eran así con otros colectivos?

En algunos casos, se rehabilitó a judíos que podían ser útiles al Reich, proporcionándoles documentación que certificaba que eran arios. De hecho, el jefe de la Luftwaffe, Hermann Göring, dijo en una ocasión: “Yo decido quién es judío y quién no”. Por ejemplo, el padre del mariscal Erhard Milch era judío.

No obstante, el caso de los astrólogos y videntes es mucho más sorprendente, ya que fueron detenidos y enviados a los campos de concentración, pero poco después se recurrió a ellos para ayudar al esfuerzo de guerra, localizando barcos enemigos en el Atlántico, por ejemplo. Los jerarcas nazis también recurrían personalmente a los videntes a pesar de que esas prácticas estaban prohibidas. Estas contradicciones me fascinaron, y fueron las que me motivaron para estudiar este caso.

Rudolf Hess hizo un viaje a Inglaterra en plena guerra con los ingleses y los nazis lo atribuyeron a que estaba frecuentando parapsicólogos. ¿Por qué crees que viajó?

Se han barajado muchas hipótesis para este viaje, incluida una que asegura que cayó en una trampa urdida por los ingleses. Yo creo que fue una iniciativa personal de Hess; en ese momento era una figura secundaria y Hitler no le prestaba ya ninguna atención, por lo que creyó que, consiguiendo la paz con Gran Bretaña, recuperaría la relevancia perdida. Sin embargo, cuesta pensar que pudiera mantener en secreto la preparación del viaje, para la que incluso se tuvo que modificar el avión, así que las dudas sobre esta versión son razonables.

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Es curioso ver cómo, los nazis, en su afán de apropiación, se hicieron hasta con las profecías de Nostradamus. ¿Puedes contar un poco cómo sucedió? A día de hoy es dificil entender el impacto, pero quizá en otra época era diferente, ¿no crees?

Sí, una de las cosas que más me ha sorprendido en el proceso de documentación es que, en aquella época, se prestaba mucha atención a lo que decían los astrólogos y adivinos. Ahora eso es impensable, pero entonces la gente concedía credibilidad a todo tipo de profecías. Por tanto, el ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, creyó que podría minar el espíritu de lucha del enemigo manipulando las profecías del visionario francés Nostradamus. Así lo hicieron, y se lanzaron octavillas en el frente en las que aparecían esas supuestas profecías vaticinando la victoria alemana, por lo que era inútil resistirse. Es difícil dilucidar el grado de éxito de esa iniciativa, pero el hecho de que se llegase a hacer eso ya es significativo.

Hablas del Palacio del Ocultismo, la mansión que Hanussen construyó a la medida de su arte y supuestos dones adivinatorios. ¿Cómo imaginas una visita a ese palacio? ¿Existen fotos de este lugar tan alucinante?

Sí, ese Palacio del Ocultismo debió ser un edificio fascinante. Todo en su interior trataba de crear un clima propicio para creer las profecías que Hanussen pronunciaba desde un trono que se elevaba hasta el techo… Por desgracia, hay poca información sobre este lugar, ya que fue rápidamente desmantelado tras su muerte, por lo que apenas hay fotos. En la película “Invencible”, dirigida por Werner Herzog en 2002, aparece una reproducción de este palacio, aunque sólo una parte de él y no refleja como era en realidad.

También cuentas cómo se encargó a un grupo de ocultistas y radiestesistas encontrar a Mussolini tras su derrocamiento. ¿Crees que hoy en día, por ejemplo, se habrá hecho algo parecido para encontrar a Bin Laden?

 No lo creo, pero tampoco me extrañaría. Los alemanes recurrieron a los videntes cuando se encontraban desesperados, era el último recurso. Es como si alguien que ha sido desahuciado por todos los médicos acaba acudiendo a un curandero. Por tanto, si los norteamericanos pudieron encontrarse en algún momento sin ninguna pista para encontrar a Bin Laden, no me sorprendería que hubieran acudido a a estos métodos, digamos, poco ortodoxos.

 Has publicado muchísimos libros sobre la II Guerra Mundial. ¿Qué es lo que te ha hecho volcarte tanto?

 Por un lado, la fascinación que despierta este tema. Por mucho que uno pueda leer, cada semana uno descubre nuevos hechos o datos, y algunos de ellos insólitos. En una mina de sorpresas que nunca se agota. Por otro lado, en español hay temas de los que apenas se encuentra información, como en el presente caso de los astrólogos y videntes bajo el Tercer Reich, por lo que siempre encuentro nuevos temas para acercar al lector español.

¿Crees que existe una “moda” sobre la II GM? ¿O más bien es una fascinación que no cesa?

Creo que la Segunda Guerra Mundial está y estará siempre de moda, si se puede decir eso. La clave es lo que he apuntado; siempre surgirán nuevos temas que pondrán a este conflicto de actualidad. Hay que tener presente que en los archivos secretos todavía hay miles de documentos que pueden aportar información trascendental, y que espero que vayan apareciendo progresivamente, por lo que nos esperan nuevas sorpresas. Como digo, la Segunda Guerra Mundial es un tema inagotable.

¿En qué estás trabajando ahora?

 He acabado la reescritura y actualización de un libro mío que tuvo en su día un gran éxito, y que saldrá a la venta a principios del año que viene. Ahora tengo entre manos dos proyectos en los que estoy trabajando a la vez, y que espero que salgan a la luz a lo largo también del 2015.

Erik Jan Hanussen

Erik Jan Hanussen

 

LA VIDA DE ADÈLE: CONTAR LA VERDAD

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Admito que ver pelis cuya duración ronda las tres horas es algo que suelo evitar. Así se me pasa ver en el cine pelis como esta, pero lo importante es verla, aunque sea a destiempo, meses después de su paso por las salas y de su Palma de Oro en Cannes.

La vida de Adèle, inspirada en el cómic “Blue is the warmest color”, dirigida por Abdellatif Kechiche y escrita Julie Maroh (autora del cómic) cuenta la vida de Adèle desde sus últimos años de instituto a sus primeros pasos laborales, desde los diecisiete hasta los veintipocos. En este tiempo muestra su iniciación al sexo, la realización de su preferencia por las mujeres y su primer gran amor, encarnado por Emma, una joven pintora lesbiana.

La peli se apoya en dos actrices increíbles, Adèle Exarchopoulos y Lea Seydoux, en una historia construida con paciencia y naturalidad y contada del mismo modo, sin escatimar un ápice de fuerza y emoción. Al parecer el rodaje fue un infierno, Lea Seydoux no quiere trabajar más con el director, y también la guionista se quejó de ciertos aspectos de la adaptación, pero esa es otra historia.

Me ha conmovido porque cuenta el amor de forma realista y visceral, y porque evita los clichés que podríamos esperar en una peli con este argumento. Mediante elipsis obvia algunas escenas que cualquier espectador esperaría (la salida del armario; el enfrentamiento con los padres) y muestra otras mucho más originales pero mucho más comunes. Las concesiones que se hacen con cualquier pareja, la soledad dentro del amor, el aislamiento que parece implicar cierto tipo de felicidad; la distancia, las dificultades que llevan a una pareja las diferencias de ambición, aspiraciones o entorno cultural.

La vida de Adèle es una peli sobre la verdad, pero también sobre el arte. Lo que separa a Adèle de Emma es que Adèle es una chica sencilla y transparente que es feliz a través del amor de Emma y Emma, en cambio, necesita su trabajo, de sus aspiraciones artísticas y de un entorno más intelectual para sentirse completa. Pero no es una visión complaciente con el mundo del arte. Muestra a las claras el esnobismo, la poca trascendencia de la charlatanería intelectual, y dignifica la visión de la chica “normal” que dice lo que piensa y actúa según siente. Sin embargo, el magnetismo de Emma es brutal. Por la actriz y por el personaje, entiendes la fascinación de Adèle por esta lesbiana segura de si misma que vive sin complejos; y también entiendes, sin hacer espoilers, el daño que ambas sienten por haber compartido una pasión tan grande. “La vida de Adèle” rescata la grandeza y la tragedia del primer amor, y es casi como ver la vida a través de un agujero en la pared, como viajar en el tiempo, sentir una empatía total con las dos chicas.

Pasan los días y sigo pensando en la película. Yo, ya lo sabéis, soy muy defensora de la teoría, de los puntos de giro y de los cánones dramáticos, quizá estén en esta película (no los he buscado porque estaba demasiado metida en la historia) pero soy más fanática aún de contar la verdad. Por supuesto no sé cómo se hace, pero si sé reconocerla cuando la veo, como cualquiera.

La verdad, experimentada de esta manera, en cualquier obra artística, es el mayor logro que creo que puede conquistar alguien que cuenta historias. Por eso me gusta tanto “La vida de Adèle.”

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