Llorones del mundo, uníos

En los buenos tiempos, cuando alguien quería hacerse famoso, escribía un libro, escalaba una montaña o asesinaba a John Lennon.

De «El mundo»:

Al fin apareció. Tras un secuestro de menos de 24 horas, EL MUNDO ha recuperado el Goya robado al director Albert Solé. Un crítico de cine en paro fue el autor del rapto, que se produjo pasadas las cinco de la mañana en la fiesta que celebraba el equipo de Los crímenes de Oxford: «Me dio pena verlo tirado en el suelo del ropero y le dije a la chica: ‘Dame mi abrigo y el Goya'». Y ella no dudó ni por un instante en entregárselo.

Pero detrás de lo que podría ser sólo una gamberrada propia de la vida de crápula hay un trasfondo reivincativo: «Estoy harto de que siempre se lleven los premios los mismos, del sectarismo del cine español», explica.

Me imagino al tío, K.N.T (esas son sus iniciales) volviendo a casa en el Búho, con el Goya oculto en su chaqueta, buscando una justificación al hecho de ser perdidamente memo. «Ya sé. Diré que lo hago porque el cine español es una mierda y no me dejan jugar.»

A veces la vida parece un primer borrador de «El rey de la comedia.» ¿Que no te respetan? Pues nada como un buen secuestro y a darse a conocer. ¿Que la gente de tu ciudad ansia saber que has triunfado en la capital? Pues nada, robas el premio que le han dado a una persona que habrá empleado varios años de su vida en levantar un proyecto (aquí podéis leer sobre la peli documental «Bucarest, la memoria perdida») y de repente, ya eres famoso.

Como el guionista calvo que toca el oboe de Adaptation.
Como la persona que no estuvo en las torres Gemelas.
Como el crítico de cine en paro que roba el Goya.

Y encima, anónimo. La gente llorona me entristece. Los de los balones fuera. Los del catálogo de excusas. Los envidiosos. Los que no admiten sus errores. Los vagos. Los que olvidan por qué decidieron dedicarse a esto. Los que no se pelean con su capacidad para intentar contarle algo nuevo al personal.

Porque el subtexto de su reivindicación es simplemente una frase: «No puedo.»

Y estoy en desacuerdo contigo, ladrón de Bagdad. No sólo porque aguardas a que la gente esté azufrada para robarle sus preciados cabezones, no sólo porque a tus padres les has dado un tremendo disgusto, no sólo porque me parece tristísimo conseguir la fama a través de la infamia.

No estoy de acuerdo contigo porque se puede. Podemos. Tú puedes. Yo puedo. Ellos pueden. Si quieres sigo conjugando el verbo poder, pero eso sólo depende de que tú te atrevas a usarlo.

Por cierto, K.N.T. Búscate un trabajo. Creo que un buen par de zapatones rojos te ayudarían un montón.

Escrito Por también habla del Mark Chapman del momento, aquí.