Rafael Reig, blog, escritor, novelista, literaturaPues aquí pondré lo que se me vaya ocurriendo. Poca cosa, en general. Lo primero que se me pase por la cabeza. Lo que lea por ahí y lo que me cuenten en la barra de los bares o los amigos. Y si alguien quiere poner algo también, estupendo: no censuraré ningún comentario. Corrijo: sólo permitiré que se publiquen los comentarios que a mí me dé la gana y no daré ninguna explicación al respecto


El punto de vista

Trece años, qué barbaridad.

Los que ha cumplido el domingo mi hija Anusca.

Lo celebró el sábado con sus amigas y me impuso una severa pena de destierro: no quería encontrarse bajo ningún concepto conmigo por la calle ni en ningún local público, y mucho menos que la avergonzara saludándola delante de sus amigas.

Luego se vinieron todas a casa y cuando me desperté, a las cinco, como el dinosaurio, aún seguían en su habitación charlando.

El domingo condescendió a celebrarlo con su padre y con Violeta y Marcela.

¿Te parece muy fácil poner trece velas en una bola de helado de chocolate y encenderlas sin quemarse los dedos?

Prueba y verás.

 

Hace algún tiempo, gracias a mi hija, recibí un regalo inesperado.

La novela más reciente de Carlos Pérez Merinero.

Un profesor de su Instituto es amigo de Pérez Merinero y tuvo la amabilidad de darle a Anusca el libro dedicado por el autor.

Estaba deseando poder saludar algún día al gran escritor.

Ya no podré hacerlo. Ayer me enteré de que la novela más reciente ahora es ya la última.

Carlos Pérez Merinero acaba de morir.

En mi mesita de noche está su libro, que aún no he terminado: La niña que hacía llorar a la gente.

Jamás le he conocido, pero he leído muchas novelas suyas, algunas en la benemerita coleccción de Bruguera, la mayoría en bibliotecas o prestadas por amigos.

No es autor para lectores pusilánimes.

Sus libros salpican sangre y semen. Sus personajes son antihéroes de verdad, no para uso de la gazmoñería contemporánea, son machistas, salidos, crueles ,brutales, egoístas,  un poco neuróticos y casi siempre muy desdichados.

Se suele hablar de él como el Jim Thompson de la Transición, pero creo que no es exacto: Pérez Merinero tenía más sentido del humor, mucho más, que el autor de The Killer Inside Me o Pop. 1280.

Y era menos truculento, me parece, y más realista. 

En algún sentido, como dos sobrinos europeos de Thompson, creo que Vernon Sullivan (Boris Vian) y Pérez Merinero eran primos.

 Sin embargo, es cierto que ese soliloquio del asesino (siempre taraceado de mentiras y muy poco fiable) le acerca a Thompson.

?l decía que cuando empezó a escribir todo el mundo escribía en primera persona haciendo de detective o investigador, pero que él se identificaba mucho mejor con los asesinos.

Lo decía en una divertida entrevista que le hizo mi buen amigo David G. Panadero y que puedes ver en you tube en en este enlace.

Es como el chiste del viejo periodista de Sucesos que escribe: “enterraron el cadáver en una fosa de tres metros de altura“.

-Coño, Ramírez, será de tres metros de profundidad, no de altura -le regaña el redactor jefe, un jovencito inexperto.

-De eso nada. ¡Es que yo escribo desde el punto de vista del muerto! Así que altura, visto desde el fondo.

Así escribía Pérez Merinero, desde el fondo de la fosa, desde el punto de vista del culpable, mirando hacia fuera.

¿Que no has leído nada de Pérez Merinero?

Pues empieza por Días de guardar, quizá su novela más popular, y luego sigue adelante.

A mí, por cierto, más que a Thompson, siempre me ha recordado a James M. Cain.

Sobre todo porque en una ocasión (un prólogo a The Butterfly) escribió Cain:

I, so far as I can sense the pattern of my mind, write of the wish that comes true, for some reason a terryfying concept, at least to my imagination. Of course, the wish must really have terror in it; just wanting a drink wouldn’t quite be enough. I think my stories have some quality of the opening of a forbidden box, and that it is this, rather than violence, sex or any of the things usually cited by way of explanation, what gives them the drive so often noted.

Que nos vendrá siendo, sobre poco más o menos:

Hasta donde yo percibo la estructura de mi mente,  escribo acerca del deseo que se hace realidad, por algún motivo se trata de un concepto aterrador, al menos para mi imaginación.  Por supuesto, el deseo debe de contener terror: sólo con querer tomarse otra copa no es suficiente. Creo que en mis historias hay algo semejante a abrir una caja prohibida, y que es esto, más que la violencia, el sexo o cualquiera de las cosas que se suelen citar como explicación, lo que les da esa fuerza de la que a menudo se habla.

Algo parecido creo que se podría decir de Carlos Pérez Merinero.

Qué triste noticia.

Voy a tomarme una copa y va por ti, maestro.

Comentarios (12)

juan carlos velasco quilesenero 31st, 2012 at 13:23

A leer a Carlos Pérez Merinero. ?ltimamente parezco el seguidor de tus preferencias, el perfecto discípulo de las sugerencias del maestro ( sin pasarse). Acabo de leer Las manos cortadas de Luisgé Martín y me ha gustado, me enganchó desde el comienzo y me satisfizo el resultado final. Espero disfrutar ( ¿?) lo mismo con Pérez Merinero

Alejo Luqueenero 31st, 2012 at 14:40

Comparto la tristeza. ‘Días de guardar’ fue una de las lecturas más salvajes que me eché a la cara en mis años mozos. Arrimo mi vaso al brindis por Pérez Merinero, en gloria esté.

DIEGOenero 31st, 2012 at 15:25

No sé cuántas novelas escribió Carlos Pérez Merinero, yo le leí seis y en todas me quedó esa mezcla de Jim Thompson y Mickey Spillane que destilaban sus personajes.
Lamento no haber encontrado, aun, “La níña que hacía llorar a la gente”.
Yo levanto un chupito, por ese maestro que se nos ha ido.

loli, del hostal mi lolienero 31st, 2012 at 18:29

Que guapa Anusca y también Alicia, dos tesoritos guapos, deben ser los genes familiares jajajaa igual de guapas que sus papás. Buenísima entrada y homenaje a ese maestro. Me uno a el. Un abrazo.

Microalgofebrero 1st, 2012 at 12:07

Otro que no conocía, shame on me.

Lo dicho: tanto por leer…

Ion Arretxefebrero 1st, 2012 at 13:52

Estimado Rafael. Gracias, en nombre de los amigos de Carlos por el preciso y precioso homenaje que le haces en el blog. Carlos se alegró mucho y quedó muy agradecido, cuando leyó la mención que haces de él en tu divertido Manual de Literatura para Canívales.
En estos tiempos de bienpensancia, corrección y bastante mediocridad, pienso que la obra de Carlos ha sido un poco ninguneada y bastante escamoteada para el público en general.
Otra cosa. La copa que pimpléis en su honor, que sea de 103. Era lo que siempre tomaba este exquisito personaje, que se ponía la corbata para bajar la basura, y que pobló nuestras ficciones con los personajes más groseros, indecentes y canallas que puedan ser. Va por tí, maestro.

Jean Sol Partrefebrero 1st, 2012 at 14:12

Tomo nota, de Carlos Pujol en mi biblioteca no estabas la novela de la que hablabas y modestamente ‘Cerveza y pañales’ era un título que ya se me había ocurrido a mí, tengo testigos
Saludos

rafaelreigfebrero 1st, 2012 at 14:16

Va por Carlos, pues, y de 103. Creí que sólo Azpeitia y yo, antes de pasarnos al whisky, bebíamos 103. Carlos era un grande y los seguirá siendo cada vez más, porque seguro que cada vez se suman más lectores. Un abrazo grande a todos.

davidfebrero 1st, 2012 at 23:00

Muchas gracias a todos -especialmente a tí, Rafael- por acordaros de mi hermano Carlos.
David PM

David G. Panaderofebrero 2nd, 2012 at 15:20

Aprovecho esta reunión improvisada para deciros que echaré y echo mucho de menos a Carlos. Con él se van un montón de historias y anécdotas, las propias de un amigo y conversador infatigable, como era él.

rafaelreigfebrero 2nd, 2012 at 18:35

Pues yo me siento orgulloso de haber improvisado esta reunión en honor de Carlos. Saludos a todos y un gran abrazo a la familia de Carlos.

Jethro Cabalafebrero 2nd, 2012 at 21:10

Gracias por recomendar a un escritor tan bueno, estoy empezando a leerlo y es un deleite.

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