Rafael Reig, blog, escritor, novelista, literaturaPues aquí pondré lo que se me vaya ocurriendo. Poca cosa, en general. Lo primero que se me pase por la cabeza. Lo que lea por ahí y lo que me cuenten en la barra de los bares o los amigos. Y si alguien quiere poner algo también, estupendo: no censuraré ningún comentario. Corrijo: sólo permitiré que se publiquen los comentarios que a mí me dé la gana y no daré ninguna explicación al respecto


Con Proust y sin gafas

Mis hermanos me idealizan, no cabe duda. Siempre me regalan ropa que me queda pequeña, deben de verme delgado y atlético. Violeta en cambio me compra todo de mi talla. No se hace ilusiones.

No tantas, al menos.

Estas Navidades no podía faltar la camisa que no fui capaz de abrocharme ni conteniendo la respiración.

Aún no he sido capaz de ir a cambiarla por otra de mi talla.

Como todos los años, ya sé que se quedará en el armario, esperando en vano a que yo adelgace diez kilos.

No sé qué es lo que me impide ir a una tienda y cambiar un regalo. Una fuerza superior a todas mis fuerzas. Pereza. Timidez. Vergüenza. Resignación. Simple fatalismo. Qué sé yo.

Así las cosas cómo voy a hacer propósitos de año nuevo.. Cómo voy a cambiarme a mí mismo. Cómo voy a tener la presencia de ánimo para pedir que me descambien la soberbia que tan mal me sienta y me den una humildad de mi talla. Cómo voy a descambiar el malhumor por una alegría sencilla que no me haga daño al andar ni me apriete y que pueda ponerme para ir a cualquier sitio sin hacer el ridículo.

Así estaba el 31 de diciembre de 2011, en Cercedilla:

 

Por la noche me fui a Madrid. Cenamos como siempre (almejas, lasaña, champán abierto de un sablazo, las uvas pasas del tío Mario, el calabazate cortado en láminas tan finas que puedan usarse de monóculo) y después de las uvas los más jóvenes se fueron al Wurlitzer a danzar y danzar, y Violeta y yo nos quedamos en casa de mi hermana Helena, velando el sueño de las tres niñas.

No habíamos llevado pijama, así que Viole durmió con mi camisa y yo en calzoncillos y camiseta de tirantes (a las que en casa llamamos siempre “camisetas de hombre bueno”: me las pongo para disimular).

Me desperté a las siete menos cuarto, me desayuné con queso y uvas (que serían meses que nos sobraban a todos) y descubrí entonces que me había dejado las gafas en casa.

Que tribulación tonta, qué vicisitud tan vana, pero el caso es que no podía ni leer ni escribir.

Intenté poner la tele, pero no supe. Mi hermana y Álvaro, unos early-adopters de tecnología, no tienen nada que yo sepa poner en marcha sin mucha ayuda. Tampoco pude poner una película. Ni siquiera oír un disco. Demasiado complicado para mí.

Así que pensé en grandes cambios en mi vida, irreversibles.

Pero, como decía Proust:

Ce n’est jamais qu’à cause d’un état d’esprit qui n’est pas destiné à durer qu’on prend des résolutions définitives.

Como quien dice que las resoluciones definitivas sólo se toman a causa de un estado de ánimo que no está destinado a durar.

Porque tarde o temprano yo recuperaría mis gafas, ¿no?

¿Cómo va a cambiar su vida por otra de su tamaño un tipo que no es capaz de ir a que le cambien una camisa por otra de su talla?

Recordé otro trozo de Proust (el que no tiene gafas, tiene que tener memoria):

Nous travaillons à tout moment à donner sa forme à notre vie, mais en copiant malgré nous comme un dessin les traits de la personne que nous sommes et non de celle qu’il nous serait agréable d’être.

Que nos vendrá siendo, digo yo: trabajamos en todo momento para dar forma a nuestra vida, pero copiamos a nuestro pesar como un dibujo los rasgos de la persona que somos y no los de aquella que nos resultaría agradable ser.

No tenemos remedio.

El arrepentimiento está bien, pero lo malo es que, como dijo un poeta: “más que el propósito de enmienda dura el dolor de corazón“.

Por la ventana miraba la inacabable fiesta que tenían montada los vecinos de enfrente, que son filipinos. Seguían bailando como en la película aquella: Danzad, danzad, malditos.

Con las manos a la espalda y el primer whisky del año 2012 un impostor con camiseta de hombre bueno miraba la fiesta de otros, al otro lado del cristal, y me repetía este consejo o advertencia sin sentido: Pero mira cómo bailan las tagalas, mira, mira las zagalas cómo bailan, mira, mira, etc.

Y así hasta que, a eso de las once, se despertó Violeta.

–Enchúfame algún cacharro, amor.

–¿Cuál?

–El que más rabia te dé.

Intentó sin éxito poner una película que encontramos por ahí y que nos gustó bastante hace años (Medianoche en el jardín del bien y del mal).

Al final sólo consiguió hacer funcionar el tocadiscos, así que pusimos (no muy alto, había tres niñas dormidas al fondo del pasillo) a Frank Sinatra.

Bailamos descalzos, pero con medias y calcetines, deslizándonos sobre el parquet, en ropa interior, frente a la ventana que daba a los filipinos incansables.

A la tercera canción (no era My Way, esa fue la primera; sino The Best Is Yet To Come) vi por encima del hombro de Violeta que los vecinos habían interrumpido su fiesta sin fin.

Estaban de pie, inmóviles, con la cara pegada al cristal de la ventana, mirándonos bailar a nosotros.

Así es la vida.

A partir de cierta edad, uno ya no puede descartarse.

Hay que aprender a jugar sin buenas cartas y sin trampas.

Llegué a Cerce ayer, ese primer día del año, y recuperé mis gafas.

 

¿A que no cambié nada del último día de 2011 al primero de 2012?

Como decía Proust:

Nous ne connaissons jamais que les passions des autres, et ce que nous arrivons à savoir des nôtres, ce n’est que d’eux que nous l’avons pu l’apprendre.

Algo así como: sólo conocemos las pasiones de los otros, y lo que llegamos a saber de las nuestras, es de ellos de donde hemos podido aprenderlo.

O como lo tradujo con más elegancia Juan Benet, cuando se preguntaba: si no fuera por los demás, ¿qué sabríamos de nosotros mismos?

Comentarios (20)

Eduardo Laporteenero 2nd, 2012 at 19:04

Hoy me decidí por las lentillas. No dormí en casa, y no tenía repuesto para una que desapareció misteriosamente. No sé si sigue danzando en algún rincón de mi globo ocular. Pero preferi ver mal que ver bien a medias, asi que me quité la otra y me pegué la mañana currando en plan cegato, que creo q me ha cansado más aún de lo que me cansa ese curro.

Diría que tiene su gracia ir sin gafas, pero lo cierto es que no se la veo.

feliz 2012

El Pobrecito Hablador del Siglo XXIenero 2nd, 2012 at 20:00

El 31 ibas bien dirigido, con buenas intenciones, para tío interesante, con la mirada miope a lo James Dean.
Pero todo fue una ilusión. Las gafas reencontradas te pusieron de nuevo en tu sitio. Por lo que se ve en tus ojos de flipado, las filipinas te dejaron huella, o quizá al ponértelas te diste cuenta de que perdiste la memoria y en realidad lo que hacías era reclamar en silencio (con la seña de duples reyes caballos), tu magdalena.

Si este año todas las entradas son como esta, de aquí no me muevo.

pekeenero 2nd, 2012 at 20:36

Feliz 2012!

sospechocaenero 2nd, 2012 at 21:17

Ains.
:)
:(

lolienero 3rd, 2012 at 1:54

Esta entrada me encanta y me la llevo al Nido de poetas, cuentistas y otros. Con tu permiso. Y Estupendísimo 2012 para ti y todos tus seres queridos, y para tu abuela que espero este bien de salud. Besos.

luz de gasenero 3rd, 2012 at 20:03

¿Descambiar?

rafaelreigenero 3rd, 2012 at 20:22

Descambiar, sí. ¿Has mirado algún diccionario? Seguro que no. María Moliner, por ejemplo: descambiar, “Devolver algo que se había comprado a cambio de otra cosa o del dinero pagado”.
De nada, de nada.

Luis Amézagaenero 4th, 2012 at 11:25

Ese fatalismo queda bien reflejado en la novela de Siegfried Lenz: “Objetos perdidos”. La extrañeza del director de esa oficina al comprobar cómo cientos de personas que pierden objetos personales en los trenes, ni siquiera se molestan en aparecer para recuperarlas. Como él dice: “no todo es reemplazable, pero…”

Ottoenero 4th, 2012 at 17:11

También el DRAE dice que ‘descambiar’ significa ‘deshacer el trueque o cambio’. Comprar es cambiar algo por dinero. Después vas y lo descambias. Incluso el Panhispánico de Dudas aclara su uso “válido” como devolver una compra. Pero hay gente que sigue prisionera de algo que aprendió vagamente en algún sitio hace mucho.

Francisco Cerénenero 4th, 2012 at 19:55

Magnífica entrada. Ha logrado usted una poesía muy extraña en su entrada de año, en camisetas del abuelo (para mí) y calcetines bailando con Violeta en medias. Lograr hoy una intimidad así con un año que empieza sólo se consigue con dos herramientas: años y arte. Yo le conocía la segunda.
Feliz año y por aquí le espero.

Francisco Cerénenero 4th, 2012 at 21:23

Tras leer esto salí corriendo al día a comprar desatascadores orgánicos: canónigos, zanahorias y calabacines para mi mujer y orujo blanco u ouzo para mí.
Por esos pasillos tristes andaba yo rumiando esas mil cosas que se leen en la red cuando me vino una pregunta: esto de olvidar las gafas y estar sometido a una mañana madrugadora sin ellas, sin alternativa alguna más allá del caletre, ¿no es una variante no etílica, sin estupefaccientes (por eso es variante: sin drogas para variar) de aquello que decía Rimbaud?: alcanzar una visión de la realidad a traves de un sistemático desorden de los sentidos.
Hay algo roto y profundo en esa mañana suya, más fuerte que en otras ocasiones.
No sé si es empezar el año demasiado fuerte, pero no voy a “descambiar su blog”.
Ciao.

Unavecinaenero 5th, 2012 at 20:18

Pues como yo no he pagado nada, tampoco quiero descambiar esta entrada preciosa con la que nos regala este año tan duro que empieza, Sr. Reig: cegato, en ropa interior y bailando con Violeta y con Frank, ¡ y las niñas durmiendo!…
…yo de usted tampoco cambiaría nada.

Preocupínenero 5th, 2012 at 22:18

Buenísimo lo de no descartarse ni hacer trampas. A veces duele, pero es verdad que a partir de cierta edad no cabe esperar una mano milagrosa, ni es de recibo llevar un as en la manga. Jugar sin trampas, con lo que se tiene… lúcido y preciso. A ver si los reyes, o sus yernos, vienen más informados de su talla. Un saludo.

Cleaenero 6th, 2012 at 22:37

Qué romántico inicio de año! Yo tengo que descambiar una cosa roja, que tampoco era de mi talla… ¡Feliz Año Nuevo!

Orundelicoenero 10th, 2012 at 17:08

Enhorabuena por esta entrada llena de sensibilidad… A diferencia de ti, yo sí tengo un propósito para este 2012: no dejar de comprar ni un día el diario Público, con el que a veces discrepo pero que siempre me ha aportado cosas importantes: sin ir más lejos, gracias a ese diario te leo y compro tus libros.

Carmen Sanchiz del Castilloenero 10th, 2012 at 20:48

Creo que puede ser de su interés el boletín literario de nuestro taller literario “Escribe y tacha”, dedicado especialmente a la crítica literaria: escribeytacha.wordpress.com
Saludos

Amalacremaenero 12th, 2012 at 18:32

Hola Rafael.

Tu post nos ha inspirado unas cuantas tiras del “niño que ama la crema de espárragos” si no te incomoda… aquí tienes la primera http://www.amalacrema.com/2012/01/140-los-regalos-de-reyes.html

Mariángelesenero 12th, 2012 at 21:05

me encanta descambiar..y esas mañanas raras de festivos..que uno no sabe que hacer sino se levanta tarde, es como que todo tarda en pasar..Me encanta tu entrada de año. yo también me he sentido a veces así, sin gafas, o sin pijama. Pero con tiempo..Una vez me leí un libro de esos, que se leen tan fáciles, y de los que todo el mundo habla, en una madrugada-mañana de esas. Un abrazo.
Mariángeles

Jacoboenero 14th, 2012 at 18:03

“El Efecto Mateo”, publicado en ABC cultural el 3 de diciembre de 2011

Al no encontrar tú -permíteme el tuteo con el que me expreso con mayor fluidez y confianza- correo electrónico en Google y no ser miembro de las redes sociales, como Facebook y Twiter, a las que de momento me resisto. Te escribo desde aquí, la única manera con la que he dado para contactar y así poder trasladarte unas cuantas reflexiones en relación al artículo “El Efecto Mateo” publicado en ABC cultural el 3 de diciembre de 2011.
Vaya por delante mi admiración por tus escritos en ABC cultural que suelo leer de principio a fin cuando viajo en el Metro de Madrid. Escritos que empecé a leer desde que asistí a un acto en Montánchez (Cáceres) en el que fuiste homenajeado con ocasión, si mal no recuerdo, de un certamen literario celebrado hace ya varios veranos en esa entrañable localidad serrana conocida por sus incomparables jamones y embutidos.
El motivo de mi comentario es que me llamó la atención el siguiente pasaje: “Para mí ha sido una alegría que Izquierda Unida haya multiplicado por cinco su representación”. Lo que me sorprendió es que te hayas pronunciado tan claramente en favor de una formación política. Te tenía por un libertario, ajeno a los partidos políticos. Por otro lado en estos tiempos que corren es una valentía, una osadía tal manifestación.
“Bienvenidos a los tiempos difíciles porque ellos harán la depuración de los cobardes”.
Esta cita que entrecomillo es de José Antonio, un político español de los convulsos años 30.
En fin no sé si fue un desliz tal comentario. Quizá un intelectual no deba posicionarse con esa rotundidad acerca de una formación política. Y si el intelectual es de España menos aún. Siguiendo con citas, que ayudan a glosar mi reflexión. Esta es de Antonio Machado y creo que desgraciadamente sigue siendo muy actual:

Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.

Concluyo. Felicidades por tus artículos y te deseo lo mejor para ti y los tuyos en este 2012 del que bien podríamos decir lo que versaban los manuales escolares, aquello de “Oscuro y tormentoso se presentaba el reinado de Witiza” (uno de los de aquella interminable lista de reyes godos). Pero quedémonos, aunque sea con un hilo de esperanza, con eso que ponen en boca de los gitanos de que no quieren “buenos principios” para sus hijos.
Saludos fraternales de un incondicional,
Jacobo

Franciscoenero 15th, 2012 at 20:27

Al Sr. Reig decirle que me suele gustar lo que escribe pero que es triste siempre verle con un cigarrillo en la boca. Se está matando con el tabaco y lo peor no es que se esté matando sino que cuando le diagnostiquen una grave enfermedad por culpa del tabaco quienes van a tener la carga de cuidarle y soportar la enfermedad van a ser sus amadas compañeras de vida: mujer e hija. Les va a condenar por algo que puede evitar ahora. Quizá les suene a moralina pero la experiencia de los últimos años de los fumadores es que son una losa para su familia y una condena para ellos mismos. Amén del humo que tragan ellas sin ser fumadoras, en especial la niña. Replantéeselo, como la frase de Proust.

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