Rafael Reig, blog, escritor, novelista, literaturaPues aquí pondré lo que se me vaya ocurriendo. Poca cosa, en general. Lo primero que se me pase por la cabeza. Lo que lea por ahí y lo que me cuenten en la barra de los bares o los amigos. Y si alguien quiere poner algo también, estupendo: no censuraré ningún comentario. Corrijo: sólo permitiré que se publiquen los comentarios que a mí me dé la gana y no daré ninguna explicación al respecto


Retención de líquidos

Acabo de desayunar una tortilla con queso y un hongo mexicano (me han dicho el nombre, pero no consigo recordarlo) y sigo retransmitiendo en AM, aunque tú sólo tengas un transistor de FM.

Ayer comencé´el día contento, tras zamparme una enchiladas para desayunar. Vino a entrevistarme al jardín del hotel Ericka Montaño, de La Jornada. Es una chica muy simpática y nos reímos mucho y de muchas cosas, aunque algo también acabamos hablando de mi libro (¡he venido aquí a hablar de mi libro!).

 

Agotados tras el esfuerzo, imagínate, nos fuimos Fabiola y yo a tomar un aperitivo, cervecita León (me gustó, nunca la había probado) y chapulines con aguacate. Sí, sí, me explicaron que los chapulines son grillos, pero la verdad es que estaban riquísimos.

Fortalecidos por el tentempié emprendimos la siempre ingrata travesía de la ciudad en coche para llegar a un estudio de radio.

Yo no conocía México D.F., y me ha dejado boquiabierto. Es acogedor y muy hermoso, y además tiene esa energía única de una ciudad inmensa, quizá la más poblada del planeta. Hablaba con Tetey, que vive en Loreto, y quería volver al D.F.

-Hay una increíble oferta de cultura, de librerías, de cine, de todo…. -decía.

-Sí y además una gran oferta de desconocidos. A mí me parece importante saber que vives en un sitio lleno de personas que aún no conoces.

-Tienes razón, es prometedor.

-Puedes cambiar a todos tus amigos por desconocidos sin demasiado esfuerzo y cada poco tiempo, imagínate.

Mi padre solía decir que, si cobraran entrada por salir a la calle, habría cola. Como es gratis, mucha gente no se da cuenta de lo divertido que es. 

Pues imagínate en Ciudad de México.

Cruzamos delegaciones y colonias, atascos, casas pintadas de todos los colores, vimos organilleros, vendedores de casi todo, ropa tendida, almacenes de neumáticos, mujeres inolvidables a las que olvidamos por otra en el siguiente semáforo, y al final llegamos al estudio de radio donde me entrevistó Fernando Fernández, un hombre que va a muchas más r.p.m. que los demás y te contagia ese entusiasmo.

Mexicano hasta las cachas, resultó que Fernando era casi cabraliego, con toda su familia de Cabrales, y que había pasado años en Oviedo, un paisano.

Le pregunté si no conocería a un amigo mío de Cabrales que tiene un nombre inverosímil.

-Claro, Pedro Páramo.

-El mismo, gran periodista.

Vine a Cabrales para encontrar a un tal Pedro Páramo…

Hicimos la entrevista y volvimos Fabiola y yo. Por supuesto por un camino distinto. Todo mexicano al volante está obligado a conocer un atajo para evitar el atasco.

El problema es que a menudo parece que todos conocen el mismo atajo y acabas de nuevo en el atasco.

Fuimos a comer con David Ojeda, autor de El hijo del coronel o de La santa de San Luis (viven en San Luis Potosí).

La comida fue una fiesta y las carcajadas casi no nos dejaban masticar. David venía con su mujer Laura Elena y con su hija Tetey.

Sí, lo supe, pero que aspen si recuerdo cómo se llamaba lo que comimos. Algo más de memoria tengo siempre para los líquidos, debe de ser lal famosa retención de líquidos… en la memoria, porque recuerdo bien lo que bebimos (aunque no la cantidad de cada cosa, perdí la cuenta en el momento en que ya no me quedaban dedos para coontar). Empezamos comiendo con tequila Centenario y cerveza Bohemia (una combinación difícill de superar), luego nos pasamos al mezcal y, para abrocharlo todo, nos entregamos al Johnnie Walker.

 

Aquí estamos Laura Elena, David, Tetey (que tanto echa de menos a los desconocidos) y yo, muy bien escoltado por Tusquets México, entre Verónica y Adolfo. El gesto de cariñosa resignación de Laura Elena ante la sed de David, por cierto, lo he visto muchas veces… en Violeta.

La sobremesa se fue alargando, porque la siguiente entrevista se iba retrasando, y nadie lo lamentó, al contrario, pedimos otra. Y luego otra. Y otra.

Todo llega y al final llegó Luis López, de la Revista Contacto (no, no es algo de intercambio de parejas o así, es una revista de economía y fiinanzas).

Fue un breve intervalo tras el cual volvimos a nuestro verdadero hogar, Adolfo y yo con Verónica y Fabiola sentados en la mesa de un bar.

Fue Verónica la que puso sobre la mesa el enigma que nos mantuvo en vilo hasta horas intempestivas:

-La humedad es un misterio. No consigo saber de dónde viene la humedad, por qué motivo aparece de pronto la humedad, no lo comprendo…

Sí. Lo resolvimos. Al final. No sin intenso esfuerzo. La imprevisible humedad que aparece de repente y se prolonga. Ahora lo sabemos todo del enigma que nos tuvo intranquilos.

Pero prometimos no contarlo, je, je.

Comentarios (1)

estheroctubre 20th, 2011 at 9:14

Huitlacoche, el hongo

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