Rafael Reig, blog, escritor, novelista, literaturaPues aquí pondré lo que se me vaya ocurriendo. Poca cosa, en general. Lo primero que se me pase por la cabeza. Lo que lea por ahí y lo que me cuenten en la barra de los bares o los amigos. Y si alguien quiere poner algo también, estupendo: no censuraré ningún comentario. Corrijo: sólo permitiré que se publiquen los comentarios que a mí me dé la gana y no daré ninguna explicación al respecto


Y cierra España

Quería descansar, pero siempre consigo hacer lo que menos me conviene, no sé cómo me las arreglo.

El miércoles bajé a Madrid porque Ibon Larrazabal nos invitó a comer para celebrar la aparición de su nuevo libro, El paciente ocasional. El subtítulo describe con claridad el contenido: Una historia social del sida en España.

Comí un cocido contundente con Ibon, Manuel Fernández-Cuesta, el editor, y Edu Vilas.

Salimos del restaurante echando viruta para poder tomar una copa fumando, que es algo inconcebible para las monjitas gazmoñas que nos imponen tantas buenas costumbres y tanto aburrimiento.

En la terraza del Santander, en Alonso Martínez, se unió a nosotros José Antonio Redondo, Tito, que con su libro Socialnets se ha convertido para todo el mundo en lo que ya era para los que le conocíamos: el tipo capaz de pensar las redes sociales, de explicárnoslas y de explicarnos así a nosotros mismos.

 

Ibon, con el mono de trabajo (como director de una sucursal bancaria), Tito Redondo y un servidor, brindando por el éxito de un libro tan necesario como El paciente ocasional.

Una cosa lleva a la otra, los placeres son consecutivos, de manera que, a despecho de mis buenas intenciones de descanso, acabamos con tanto whisky en las venas que nuestro grupo sanguíneo pasó a ser JB+, o mejor dicho, Jameson (Edu) y Johnnie Walker (yo), compatibles entre sí y ambos donantes universales.

 

Aquí estamos Edu y yo en el bar de Diego, con Diego preparado para ponernos otra.

Al día siguiente, el jueves, llegué al aeropuerto en un estado de estupor notable que me vino muy bien y me facilitó las cosas, mira tú por dónde.

Los aeropuertos se han convertido en escuelas, grandes unidades de pedagogia social donde aprendemos que nos merecemos ser humillados, donde aprendemos la sumisión y a darnos cuenta de que nuestra única tarea es la obediencia y que sólo la rendición a la autoridad nos hace libres de verdad. Allí hacemos colas, nos quitamos los cinturones o los zapatos, según nos ordenen, le enseñamos la ropa interior de la maleta a quien nos lo pida y nos ponemos en manos de la voluntad superior, arbitraria y benemérita de cualquiera que lleve un uniforme.

En cuanto llegué a Santiago me fui al hotel, porque tenía trabajo, y a las dos quedé con mi pastora, Delia Louzán, para irnos a comer con libreros.

 

Aquí estamos, más que contentos, a la hora de pedir el café de puchero y las copas. Fran Alfate, de la librería Abraxas, yo, Juan Regueiro, de Alonso Libros, y Carlos Sampedro, de Librería Universitas.

¿De qué hablamos?

Pues a ver, déjame que recuerde, creo que de casi todo, por ejemplo: de qué hacer con los hijos los sábados; de cómo habíamos alcanzado ya la edad en que, si un libro no nos gustaba, lo dejábamos sin el menor remordimiento; de lo difícil que es conservar cierto equilibrio psicológico viviendo en una ciudad como Santiago, con tanta población universitaria paseando por la calle, porque la exposición diaria (y peor si es nocturna) a tal cantidad de jóvenes nos altera a los mayores de cuarenta, nos produce trastornos del sueño y de la imaginación, se convierte en un vértigo; de las mejore recetas para el bacalao, de lo guapa que estaba Delia y de la posible presencia de extraterrestres en las instituciones, tanto nacionales como autonómicas, porque, si no, no nos explicábamos lo que leíamos en la prensa.

Ah, sí, y creo que algo comentamos de libros, pero sobre todo, Fran, Carlos y Juan recordaron emocionados que Antonio Orejudo ya había estado allí antes, y cómo Santiago entera se había rendido a sus pies.

Había que fastidiarse.

Ellos tenían que volver a sus trabajos y yo a lo que me daría vergüenza  llamar trabajo, a saber: a sentarme en un sillón, pedir whisky y recibir periodistas para hablar de mí mismo.

Agotador, ¿verdad?

Este es el sofá que se convirtió en mi “puesto de trabajo”, así me fotografió R. Escuredo para El Correo Gallego.

Delia, conociéndome, había tenido la sensatez de concentrar por la tarde las entrevistas con la prensa escrita y dejar para la mañana siguiente las teles y las radios. Menos mal: porque aquella larga sobremesa sin siesta hubieran convertido mi aparición en la pantalla en un espectaculo estremecedor y lamentable. Por escrito, la voz ronca, la lengua de trapo, el balbuceo etílico, los ojos llameantes y los movimientos erráticos no se notan tanto, ¿verdad?

Así me fotografió Paco Rodríguez para La Voz de Galicia y, como tú comprenderás, si esta cara es casi inadmisible en papel impreso, ¡imagínatela en movimiento y con voz!

En el hotel me encontré con mi otra pastora, la guía nativa, de Santiago, Belén Fortes, que abría camino como una sherpa por la alta montaña de la prensa gallega.

De vez en cuando Delia, bondadosa y con una paciencia de madre de familia numerosa, me sacaba a que me diera un poco de aire fresco en la cara, un poco de nicotina en los pulmones y una ración de supervivencia de algún ambarino líquido en el torrente sanguíneo.

 

Aquí estamos en uno de esos tiempos muertos que yo solicitaba de cuando en cuando, como si estuviera jugando un partido de baloncesto.

Así cayó la noche y nos fuimos a cenar por ahí Delia y yo, y pude comprobar que tenían razón Fran, Carlos y Juan: ¡había demasiadas jóvenes por la calle, demasiado atractivas, demasiado despreocupadas, demasiado alegres!

Aquello era un sin vivir.

Delia me dejó en el hotel Compostela y, tras un sueño intranquilo, me desperté convertido en una monstruosa criatura, con una voz inaudible y con un dolor de cabeza que hacía pensar que me hubieran recubierto el cráneo con un caparazón.

Entre la pastora Delia y la sherpa Belén consiguieron remolcarme hasta los estudios de la televisión de Galicia, donde me entrevistaron en un telediario.

¿A quién le importa la sucesión de Zapatero o la crisis económica? ¡Por favor, no seamos ingenuos! ¡No nos hagamos los inocentes! Lo que el espectador quiere saber, lo que demanda, lo que de verdad le interesa es una sola cosa: lo que tenga que decir Rafita Reig. ¿A que sí?

Lo que pasa es que hay una conspiración, una alcantarillada trama, oscuros manejos bajo cuerda, porque no interesa que se sepa, y así se consigue ocultar  la información vital, que no lleguen a las multitudes las tonterías que se le ocurran al mencionado Rafita.

Va a ser esto, ¿a que sí?

Por eso, mi aparición en TV batió todos los récords de audiencia conocidos.

Eso creo, aunque no tengo todos los datos.

Fuimos a otra tele, a dos radios, a todo lo que requería cierta serenidad de ánimo y mirada poco turbia, y luego nos fuimos a comer, la sherpa Belén, la pastora Delia y Pau Centellas, agente literario no muy secreto y con licencia para corregir manuscritos.

Después de comer procuré aturdirme todo lo posible mediante bebedizos para no ofrecer resistencia a las órdenes arbitrarias de los controles del aeropuerto.

Llegué a Madrid a las siete, el viernes por la tarde, y me fui con la lengua fuera al Hotel Kafka, donde a las ocho teníamos la presentación del libro de Ibon Larrazabal.

La presentación fue un éxito, con lleno total y con intervenciones muy divertidas de Ibon y de Manuel Fernández-Cuesta.

En las copas de después, Violeta me preguntó por una mancha de carmín que había en la hombrera de mi chaqueta. Presunto carmín, dije yo: presunto.

Le expliqué que me habían obligado en el aeropuerto a meter la chaqueta en una bandeja que sabe Dios lo que tendría dentro, un pintalabios a lo mejor, qué sé yo, pero ésa era la causa sin duda.

Todo aclarado, así que no me explico por qué razón me mandó a dormir a un sofá.

Comentarios (8)

Sebasabril 3rd, 2011 at 15:34

Leída la novela, compañero. Momentos de veras certeros y conmovedores, como la descripción del matrimonio como destierro o la explicación de la opción de vida del anarquista a Rosario. Ya veo que tu alter ego, espero que menos cascado, es Charlie, con el mismo número de letras y comenzando nombre y apellidos con la misma que en tu caso (o a lo mejor es casual). Pero como lector torpón que soy, creo que se me van entre los dedos muchas cosas en el último tercio, que es precisamente cuando más atento y devorador he estado: el intercambio de mujeres, el interés de Perico en el trueque de la Miss, el mismo desenlace del narrador en esa barcaza… Buenos motivos para releer.

Curioso: hace dos días que soñé que habían hecho una peli de tu novela y que estaba en el emule antes de estrenarse con el nombre de Rafael Reig.avi, y yo te daba el toque por esta vía.

Y ahí ando reclamando a los de La Voz de la Calle que si quieren vender algunos ejemplares queremos que estés tú entre los columnistas. A ver si toman nota (al menos el que lleva el twitt).

Abrazo y enhorabuena, al menos por la gira (y cuídate!)

hostal mi loliabril 3rd, 2011 at 16:33

Es que los pintalabios los carga el diablo. Llevas una vida loca de acá para ya ,es un sinvivir,párate un poco y descansa.Salud.

Sebasabril 3rd, 2011 at 17:08

Quería decir que tú estés ‘menos cascado’ que tu alter ego, claro!

hostal mi loliabril 4th, 2011 at 13:02

Te voy a pedir un favor ¿podrías dejarme un autógrafo en mi blog?porfa,desde que te conozco aún no has pasado ni una sola vez y creo que por lo menos me merezco un autógrafo y un saludo,espero que no se te haya subido la fama a la cabeza y que te acuerdes de una humilde seguidora,me conformo con un saludo a mi blog ,atentamente una admiradora,así podré presumir de que te conozco.

El fantasma de Jonesabril 4th, 2011 at 13:40

Cuando empecé a comprar ‘Público’ descubrí a un tipo que firmaba sus maltratos hacia los lectores que escribían cartas al diario como Rafael Reig. Su irreverencia, incorrección política y sus puntos de vista, a menudo periféricos (por adjetivarlos de algún modo), me llamaron mucho la atención. El género y los modos eran inéditos en el periodismo español. Por eso dejé de comprar El Pais, por Rafael Reig. Y hasta ahora. (No compro ABC porque uno tiene sus límites, y porque poco a poco, los años le van curando a uno de mitomanías)

Por entonces, Reig ya había publicado varias novelas, pero yo no lo conocía. Me hice asíduo de su blog, y contradicciones incluidas (que las tiene, y gordas, como yo, y como el vecino), sigue pareciéndome un espacio libre de solemnidades e imposturas en donde se ve vivir , sobre todo, a una persona que escribe y que mira la vida con singularidad. Aquí se ve a un hombre que, azares de la vida, (o cabezonerías de la existencia, o vocaciones, sin más) resulta que es escritor. Igual soy un ingénuo, pero me da que no miente, y que salvo algunas maldades ‘veniales’, R.R. és así, tal y como se muestra.

Me ha dado por escribir esta especie de panegírico porque he devorado en seis días dos libros suyos: “Todo está perdonado” y “Manual de literatura para Caníbales” y me lo he pasado tan bien que llevo dos días experimentando los síntomas del fan histérico que berrea el nombre de su ídolo con sólo ver su foto en la pestaña del libro, que sufre convulsiones al verlo en you tube, y que cuando se imagina que un día puede llegar a verlo en persona, o imagina si quiera su firma en uno de los ejemplares, rompe a sudar agua fría, babea y, finalmente, se desmaya.

¡Cómo escribes, Rafael Reig! ¡Y qué capacidad para imaginar! No tardes en sacar la próxima. Y no cambies.

Efectivamente, no estoy curado.

(Por cierto, me gustaría saber en qué comando y en qué bando participaste en la Guerra de Las Marías. ¿Junto a quién y contra quién te batiste el cobre?)

¡salud!
PD: Prueba el Dewars. Es igual de barato que el Cutty, pero no deja resaca.

esejamboabril 4th, 2011 at 15:24

Que pasa Rafael!! Ya te conocía de leídas, pero recoñozco que in “facemoustache” no bajas el nivel de guasa. Charlar contigo ha sido un verdadero placer. No cambies nunca de b vida, siempre whisky. Un abrazo.
http://esejambo.blogspot.com

Salasabril 4th, 2011 at 16:05

Hola Rafael acabo de leer la novela y todavia la estoy degustando como se debe hacer con las cosas buenas. La verdad es que no es nada fácil, con los saltos en la historia y los personajes asomando y desaparenciendo del relato pero ha sido gratificante. Espero que la gira vaya bien y no agote tu capacidad creadora auqnue por lo visto la estás disfrutando. Me he reído mucho también con las aventuras que cuentas de tu tourné y con alguna que otra entrevista. En la de EL MUNDO (o era para EL PAÏS? ahora no caigo) estuviste espléndido y suscribo las primeras líneas que se refieren a que no se sabe cómo haces lo que haces y sin embargo lo consigues y no defraudas a tus lectores.

Salas.

CBMabril 4th, 2011 at 17:51

¡Todo el día comiendo y bebiendo! …, marca de celebración del país, sin duda. Pero, ¡vaya lo mal que suena lo de “pastorear”, “pastoras” y “pastores”, ¡esto parece el portal de Belén E.!

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