Rafael Reig, blog, escritor, novelista, literaturaPues aquí pondré lo que se me vaya ocurriendo. Poca cosa, en general. Lo primero que se me pase por la cabeza. Lo que lea por ahí y lo que me cuenten en la barra de los bares o los amigos. Y si alguien quiere poner algo también, estupendo: no censuraré ningún comentario. Corrijo: sólo permitiré que se publiquen los comentarios que a mí me dé la gana y no daré ninguna explicación al respecto


Nieve que mancha

Ahora, miércoles por la mañana, estoy en Málaga, en el hotel Molina Lario. Llegué ayer martes. El lunes hice varias entrevistas por teléfono, con la SER, con Onda Vasca, con el periódico 20minutos, donde me contrató hace años mi amigo Arsenio Escolar para escribir un folletín, Hazañas del capitán Carpeto.Las entregas de la novela eran diarias, de lunes a viernes. En la SER hablé con Javier Rioyo, viejo amigo con el que, sin embargo,pese a lo que él crea, nunca he visto un partido de fútbol (pero sí nos hemos tomado juntos tantas copas como si lo estuviéramos viendo).  Por la tarde fui a Radio Nacional, al programa El ojo crítico, y estuve charlando con Laura y Julio, que me presentaron al documentalista, Ismael. Ismael me dijo que una de mis novelas no le había gustado mucho y otra en cambio sí. Creo que tiene razón.

Todo muy agradable, aunque a veces me sentía como si fuera un candidato a las elecciones: todos querían hablar de política.

A mí no me molesta lo más mínimo. Detesto a los que piensan que una cosa es la política y otra la literatura. Y al pronunciar “literatura” ponen los ojos en blanco y les tiembla el pulso, como si mentaran a una divinidad adorada y con malas pulgas, de las que te lanzan rayos si te distraes un instante de su sagrado culto.

Además, ¿puede haber algo más político que escribir en público?

No me molesta, pero me sorprende (y gratamente): ¿tantas ganas, tanta necesidad tenemos de hablar de política y tan pocas oportunidades nos quedan que hay que aprovechar cualquiera que surja?

Creo que sí, que la política ha sido expulsada de la discusión pública. O peor todavía: remplazada por el chismorreo de los políticos.

Por la noche llegué a casa y me puse a leer.

Empezó a jadear un viento acezante y frío, como ruido de pasos de un animal en fuga o herido, una bestia que buscara un escondite. En la calle los cables eléctricos gemían como jarcias de otro buque ebrio.   

Sonó el timbre de la puerta. Abrí y vi a un desconocido que me djio que era el vecino de enfrente y que había llamado porque la mía era la única luz encendida. Que se habían llevado a su hija al hospital y que él acababa de salir de trabajar y necesitaba cuatro euros para coger el autobús y llegar al hospital. Cuatro euros, lo que vale el bus de Larrea.

De inmediato le di (otra cantidad superior, por si acaso), pregunté por la niña y le deseé suerte. Quedamos muy amigos y a disposición el uno del otro “para lo que necesites”, y yo me quedé en vilo: ¿se puede estar más desamparado una noche fría?

Seguí leyendo un rato (a Thomas Mann) y me acosté. Me dio por pensar que iba a nevar.

El martes por la mañana nevaba. Poco, un aguanieve que mojaba mucho, una nieve mansa y sucia, que no quería cuajar.

Nevaba en Cercedilla, así que me bajé a la Renfe con la trenca y gorra, rumbo a Málaga, donde iba a estar demasiado abrigado, tal y como se sienten a mediodía todos los que tienen que madrugar mucho para ir al trabajo.

En el bar de la estación se hablaba de la nieve.

-Esto no es nada -decía Salva y parecía que intentara consolar a un enfermo desahuciado que no lo supiera-. Esto sólo mancha.

Salimos todos al andén a fumar, con el cigarrillo en el hueco de la mano para protegerlo de la mancha blanca.

Siempre es así, cuánto ensucia la inocencia. Cómo nos va mojando, cómo nos enfría, pero sin llegar a cuajar nunca.

 

Hice con el móvil esta foto de la estación percudida por la sucia nieve, como si fotografiara un corazón borroso, desfigurado porla blanca inocencia.

En Atocha cogí el AVE a Málaga. Me habían sacado billete de preferente.

Nada más sentarme, me sirvieron una copa de vino. El vino era escaso, pero la literatura muy abundante: venía acompañado de un folleto donde me enteré de que se trataba nada menos que del Gewürztraminer de la Viñas del Vero. Ahí queda eso. Y que era “un vino aromático y fácil de beber”. ¿Fácil de beber? Bueno, por mi parte, ningún vino me ha opuesto dificultades invencibles. Lo que ya no noté tanto fue que “sus tonos característicos a rosas blancas, lychees, almíbar y miel” envolvieran “sedosamente” mi paladar. Sería culpa mía, no te digo que no. 

A ráfagas, a rachas de viento helado, me venía el recuerdo de mi vecino, de pie, con frío, buscando una luz para pedir ayuda, en Cercedilla, donde hay muchas casas que sólo se ocupan en fin de semana.

Me alegré mucho de haber estado allí, leyendo a Thomas Mann con la lámpara encendida.

Luego nos dieron de comer. También con apoyo bibliográfico en varios idiomas. Consomé y  “ensalada de queso feta y frutos secos”.  De segundo, “ragú de novillo al vino blanco acompañado de puré de patata con piquillos y espárragos verdes”.

Menos el “pastel del día”, me lo comí todo. Nunca me dejo nada de lo que me dan en los aviones o en los trenes o en cualquier parte. Me lo como todo, no sé por qué. Lo uso todo en los hoteles, hasta los cepillos de dientes y, por inverosímil que parezca viéndome, también el secador de pelo.

En Málaga me esperaba en la estación Pablo Monereo, que me llevó al hotel.

Dormí la siesta y a las siete, en el bar del hotel (por fortuna al aire libre) me reuní con Pablo Aranda, que iba a presentar el acto, y con Mario Virgilio Montañez, que iba a presentar mi novela. Era una presentación organizada por el Círculo Andaluz de las Letras y el diaro Sur.

Estuvo muy bien, acabamos pasadas las nueve de la noche. Mario habló con generosidad de mi novela y luego hubo muchas preguntas.

¿De qué hablamos?

Lo adivinaste: sobre todo de política. Que cómo lo veía yo, que qué proponía, que qué podíamos hacer…

Volví a pensar lo mismo: cuánto necesitamos hablar de política, es decir, de cómo transformar nuestra forma de vida, en lugar de hablar de chismorreos de los parlamentarios, que nos importan un rábano.

Volví a sentir la misma alegría: somos muchos los que echamos de menos el compromiso, la discusión pública.

Recordé y comentamos aquel chiste de El Roto en el que se ve a dos vagabundos. Uno le dice a otro:

-Macho, ¿te has enterado que ahora dicen que no hay derecha ni izquierda?

-Ah, pues bueno, pues vale, pero sí que sigue habiendo arriba y abajo, ¿no? 

Internet, lo fluido, lo líquido, la globalización, todo lo que tú quieras, pero sigue habiendo arriba y abajo. ¿O no?

Eso es lo que importa y de eso hablamos ayer.

Porque de eso trata también la literatura.

¿O no?

Esta foto la tomó anoche Carlos Moret y ha aparecido en el diario Sur

Luego nos fuimos a tomar unas cañas y unos pinchos, con los dos Pablos, Mario y otro amigo.

Pasaban unas chicas tan desvestidas que daban ganas de quitarse toda la ropa. O en mi caso, de volver a ponerme la trenca, a pesar del buen tiempo que hace en Málaga. A mi edad, ya soy de esas personas que estoy más atractivo cuanto más ropa lleve puesta.

La mayoría de las chicas iban lo que mi tía llamaría “un poco piripis”. Pensé en levantarme de la mesa y unirme a dos que iban cantando, con minifaldas flameantes, pero no podía hacerle eso a los amigos.

Un señor se acercó a la mesa a pedirnos lo que nos quedaba de los bollos de pan, si es que nos lo íbamos a dejar.

Se lo dimos, por supuesto, y se fue a comérselo a un lugar un poco apartado.

Le vi mojar los trozos de pan en una escudilla que no sé lo que tendría. ¿Vino? ¿Agua del caño? ¿Leche fría?

A las doce o así me acompañaron los amigos al hotel. Llamé a Violeta y me fui a la cama.

Hoy me he levantado a las cinco, he hecho un artículo y ahora te cuento esto a ti.

Comentarios (5)

yosmarzo 17th, 2011 at 10:00

solo hay un tema del que prefiere la gente hablar antes que de política y es la meteorologia… y con tanta nieve que mancha es imposible que nos centremos en la política… eres grande rafi…
te has olivdado de explicar cual de tus novelas es la que no te gusta…

Más claro, aguamarzo 17th, 2011 at 10:54

Y para los que no tuvimos la suerte de estar allí, así es como lo cuenta el propio Diario Sur de Málaga:

http://www.diariosur.es/v/20110317/cultura/rafael-reig-podemos-perdonarlo-20110317.html

P.D.: Estoy disfrutando mucho con tu novela, Rafael. Política y Literatura navegan juntas por el Canal Castellana ;-)

Sebasmarzo 17th, 2011 at 14:17

Vaya suerte que estamos teniendo con esto del encargo editorial de que vayas dando cuenta de la promoción del libro (que por cierto estoy leyendo y me está dejando una impresión magnífica; seguramente, como a mi, te gustará Rafael Chirbes, sobre todo La larga marcha). Un abrazo

la lolimarzo 17th, 2011 at 15:10

Guapo..

luciomarzo 17th, 2011 at 17:57

Menos mal que no fui al CAL, que aburrido lo que cuentas. Prefiero seguirte los sábados.

Escribir un comentario

Tu comentario