Rafael Reig, blog, escritor, novelista, literaturaPues aquí pondré lo que se me vaya ocurriendo. Poca cosa, en general. Lo primero que se me pase por la cabeza. Lo que lea por ahí y lo que me cuenten en la barra de los bares o los amigos. Y si alguien quiere poner algo también, estupendo: no censuraré ningún comentario. Corrijo: sólo permitiré que se publiquen los comentarios que a mí me dé la gana y no daré ninguna explicación al respecto


Adivina quién estuvo aquí antes

Ya en clase turista me fui el jueves por la mañana de Málaga a Sevilla.  En Santa Justa me estaba esperando Lucía Cobos. No la había vuelto a ver desde la fiesta del aniversario de Tusquets, pero hace años fuimos novios una temporada en Valdepeñas. Sigue igual de resplandeciente. Lucía tenía el cometido de pastorearme todo el tiempo que estuviera en Sevilla, y lo hizo estupendamente, a pesar de que yo soy muy mala pécora. Fuimos juntos a radios, televisiones, a hacer entrevistas, a comer, cenar y merendar, inseparables, bien avenidos y sonrientes.

Nada más llegar fuimos a la radio, con Jesús Barroso, en Canal Sur; luego a hablar con José Luis Venegas, de Europa Press, después con Eva Díaz, de El Mundo, luego con Alejandro Luque, de El Correo de Andalucía, y luego con Paco Camero, del Diario de Sevilla.

En principio las entrevistas debían ser en el bar del hotel, en la plaza de Armas, pero ¿quién aguanta sin fumar en un bar? Así que trasladamos los headquarters al bar de enfrente, que tenía su  terracita.

 

Aquí estoy con Paco Camero en la “sala de prensa” alternativa.

Y abajo estoy con Alejandro Luque en otra “sala de prensa” que encontramos muy cerca:

Luego vino Nuria Lupiáñez, a la que tanto le tiré los tejos en la fiesta de Tusquets.

Nuria y Lucía se reparten los autores a pastorear: Antonio Orejudo es de Nuria; a la pobre Lucía le toqué yo, tuvo mala suerte, hay que reconocerlo.

Nuria, yo y Lucía.

Nos quedamos a comer en esa terraza y, para entonces, ya me había dado cuenta de lo que iba a ser todo el viaje y toda la promoción de mi libro: ir poniendo los pies en la huella de las pisadas de otro. ¿Te imaginas lo que es eso? Con todo el mundo lo mismo:

-El otro día estuve con Orejudo, qué tío tan fascinante.

-Ya, sí, claro.

-Y qué novela, eh, qué obra maestra.

-Ya, sí, claro.

-Qué humor tiene el tio, ¿verdad?

-Ya, sí, claro.

Y así todo el rato. Esto no es vida, ¿verdad?

Mi vida ha sido llegar siempre cinco minutos tarde al mismo sitio en el que Orejudo acaba de dejar una huella imborrable, tan imborrable que nadie puede dejar de hablar de él.

-Algún día no tendré más remedio que presumir de ser amigo tuyo -le dije una vez, hace casi treinta años.

Tenía razón.

Cuando me fui a hacer la tesis a Estados Unidos, ¿dónde fui? A Nueva York, al mismo departamento en el que Orejudo acababa de hacer su tesis. ¿Y dónde viví? Alquilé la misma habitación que acababa de desocupar Orejudo. ¿Cuál fui mi primer trabajo en Estados Unidos, después de Nueva York? La Universidad de Columbia-Missouri, en el mismo puesto que había ocupado Orejudo. Allí, de visita en la casa de Orejudo y Helena, había leído yo el manuscrito de Fabulosas narraciones por historias, en una sola noche, acompañado de una botella de whisky. En la habitación de al lado, Orejudo tampoco pegó ojo, porque me oía reírme a carcajadas cada pocas páginas.

-Los amigos son unos hijos de puta -esa cita de Cien años de soledad fue mi único comentario sobre su novela en el desayuno.

Después de haber leído Un momento de descanso no me cabe duda de que los amigos son unos hijos de puta.

Y mi segundo trabajo en Estados Unidos ¿adivinas dónde fue?

¡Bingo! En Colby College, en Maine, de donde acababa de irse Orejudo, quién si no.

Así eramos Orejudo y yo hacia 1982, cuando jugábamos casi todos los días al ajedrez y comentábamos hasta el amanecer todos los libros que leíamos.

 

Después de comer Lucía me cogió de la mano y me llevó a una tele, con ?scar Gómez y de allí, sin limpiarme el maquillaje, nos fuimos a la Biblioteca Infanta Elena, donde Daniel Ruiz García presentó mi libro, mientras yo le miraba  las piernas a la directora de la biblioteca, que me gustaba mucho, me tenía absorto.

Daniel hizo una presentación espectacular. Primero me dijo:

-¿A qué no sabes con quién estuve el otro día?

-Sí, con Orejudo, ¿verdad?

-Exacto. Qué tío tan grande.

-Ya te digo.

Luego me convirtió en un cerdo y me despiezó.

Estuvo brillante y divertidísimo.

 

Aquí tienes el método Daniel Ruiz para hacerme filetes y embutidos:

 

Acabamos la noche en una “incienso-taberna” alucinatoria, con bastante sed, además:

 

Aquí estamos Alejandro, Paco y yo sin dar crédito a la decoración.

Por supuesto, hasta los camareros tuvieron que advertírmelo: ¡Orejudo ya había estado allí antes!

A la mañana siguiente me comí todo el buffet del desayuno, con una resaca encima como un paso de procesión.

Lucía, mi pastora, me llevó a la SER, a Radio Nacional con Manuel Pedraz, a la universidad a que me entrevistara Antonio López Hidalgo y a Canal Sur, con Miguel Chaparro.

¿De qué crees que me hablaron todos ellos?

Equilicuá: de otro escritor, cierto escritor que les había impresionado mucho.

Comimos Lucía y yo en una tasca estupenda y luego nos fuimos a la terraza de un hotel a tomar whiskies y ver caer la tarde sobre la ciudad. Había una brisa que empañaba la piel, como cuando echas el aliento a un espejo, y había una cierta cantidad de ingleses que, por alguna razón misteriosa, se habían quitado los zapatos y movían sin parar los dedos de los pies.

Ah, y había al fondo una torre que al parecer es bastante conocida en Sevilla:

 

Luego Lucía me dejó en el tren, de vuelta a Cercedilla, en clase turista.

Hice el viaje en el bar, recordando lo bien que me lo había pasado en Málaga y Sevilla y recordando a mi tío José Ramiro, que intentó comprar un “billete de barra” Madrid-Valencia y le dijeron que no existía eso.

-Oiga, es que yo el asiento no lo quiero para nada, A mí con la barra me vale o, como mucho, un taburete en el bar.

A mí me pasa lo mismo.

Es una idea que la Renfe debería considerar seriamente: hay cierta clase de pasajeros a los que, habiendo bar, el asiento les sobra.

Comentarios (9)

Fran G. Matutemarzo 20th, 2011 at 3:19

Yo no sé tú, Rafael, pero yo me lo pasé estupendamente el jueves con la presentación del Dani, que te despiezó a base de bien, y con las cervecitas de después. Eres un grande de verdad!!!

la lolimarzo 20th, 2011 at 10:25

NO A LA GUERRA. Mucho amor y felicidad. Salud.

Lucía Pérezmarzo 20th, 2011 at 10:50

Muy bueno el “Deconstructing Reig”. Por cierto, adivina el libro de quién me quiero pillar…jejeje! Después de Todo está perdonado, eso sí! Ánimo con la promoción.

JKmarzo 20th, 2011 at 17:51

Reig, has demostrado que la supuesta mayor productividad del capitalismo es falsa. 5000 tíos y 5000 medios para hacer 5000 veces la misma cosa.

PS NO A LA GUERRA!

Más claro, aguamarzo 20th, 2011 at 23:33

Si te sirve de consuelo, yo no leeré el libro de Orejudo hasta que termine el tuyo… ;-)

El fantasma de Jonesmarzo 21st, 2011 at 14:16

…y Orejudo tiene blog?
Si acaso, me paso antes por ahí

Microalgomarzo 22nd, 2011 at 11:27

Anda.

Conoce al Luque.

Qués cosas.

Carlosmarzo 22nd, 2011 at 12:11

Espero que hayas disfrutado en mi ciudad, Sevilla. Buen ambiente, buenos bares, buenas tapas y un calorcito que ya va entrando poco a poco.
Lástima que no supe que venías, sino voy a la presentación.
Saludos y muchos éxitos.

Jose Luis Martínez Hensjunio 26th, 2011 at 13:49

Un amigo de Betisweb me trae a esta página. Deberías de poner un enlace al blog de Orejudo en esta entrada… Total, parece que lo tienes asumido con mucha dignidad.

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