Rafael Reig, blog, escritor, novelista, literaturaPues aquí pondré lo que se me vaya ocurriendo. Poca cosa, en general. Lo primero que se me pase por la cabeza. Lo que lea por ahí y lo que me cuenten en la barra de los bares o los amigos. Y si alguien quiere poner algo también, estupendo: no censuraré ningún comentario. Corrijo: sólo permitiré que se publiquen los comentarios que a mí me dé la gana y no daré ninguna explicación al respecto


Como los enamoradizos mosinecos

Vamos y venimos de Cercedilla a Madrid, en el tren o en autobús, vamos a visitar a Virginia y a Borja, en su casa de granito del Guadarrama, tan acogedora, donde merendamos whisky y ron, y donde las niñas hacen como si fueran extras de una película española:

Aprovechamos el transporte colectivo para ir haciéndonos una cultura, que buena falta nos hace.  Por lo menos a mí. Lo mío no es “cubrir lagunas”, qué va, lo mío es ganar tierra al mar, pequeñas penínsulas de lecturas, paletadas de arena y apuntes a lápiz para arrebatarle unos pocos metros al océano de mi ignorancia.

Leo a Jenofonte, que escribe de sí mismo en tercera persona, una especie de auto-ficción en la que el personaje positivo siempre acaba siendo el mismo: ¡Jenofonte, quién si no!

(La auto-ficción contemporánea sigue la misma regla de Jenofonte: ¡justíficate todo lo que puedas! ¡Aduce tus propios sueños como prueba, si fuera menester!)

Una de las reglas de oro del relato clásico es que, si es un relato de un viaje, el viaje tiene que ser asimétrico: nunca vuelven por el mismo camino por el que han ido.  La Anábasis (de la que sólo conocía esos fragmentos que antes se traducían en COU) es, claro está, el relato de un viaje de vuelta, ese ejército derrotado que quiere volver a casa, pero antes tiene que recorrer miles de kilómetros o de parasangas a través de territorio enemigo, luchando a brazo partido, escalando montañas y vadeando ríos que siempre tienen más de tres pletros de anchura y una corriente helada .

Puede que haya tantas historias de viajes de ida (todas las novelas de iniciación) como de viajes de vuelta (la Odisea, etc.). No estaría mal leer historias de ida o historias de vuelta, es una manera como cualquier otra de entender el hilo de una narración.

El caso es que estos 10.000, con armas y bagajes, con caballos y putas, atraviesan casi toda Asia Menor. En algún lugar (Libro V), toman una ciudad y se da al pillaje y al saqueo, claro está (¿para qué, si no, hacer la guerra?). Encuentran los graneros llenos, con “lonchas de delfín en salazón” y abundancia de trigo, y también había “muchas nueces lisas sin ninguna hendidura. ?ste era su alimento principal, que hervían y cocían como pan“.

En la edición que tengo (una de Gredos que me compré en un kiosko), viene una nota sobre las “nueces lisas”, y dice: “En realidad, castañas, nombre todavía no conocido en Grecia“.

(No me queda claro si no conocían el nombre o no conocían la castaña).

Como fuere, estos griegos se encuentran algo desconocido, la castaña, y lo explican comparándolo con algo conocido por todos (los lectores), la nuez. Nueces lisas y ya está.

Se echa de menos esa honradez, hoy que el “comparativo televisivo” es la norma en todo “testigo presencial”. Esta “comparación TV” sigue esta regla: si hay una explosión de una tubería de gas (suceso que no mucha gente conoce) el “testigo presencial” nos lo explicará… ¿recurriendo a algo que todos conocemos? Ni hablar, qué va, eso sería demasiado honrado: recurriendo a algo que ni nosotros ni él conocemos. Dirá: “Se oyó como si hubiera caído una bomba”. Perfecto, para explicarnos lo que no conocemos y él sí (el ruido de la explosión de la tubería), lo compara con algo que no conocemos ni nosotros ni él (el bombardeo).

En fin, no era esto lo que te quería contar. A los griegos les han ayudado un grupo de bárbaros, los mosinecos. Estos mosinecos me han caído muy simpáticos.

Al parecer “buscaban unirse, a la vista de todos, con la heteras que los griegos llevaban, pues tenían ellos esa costumbre“.

Las heteras (o hetairas) son esas putas que forman parte del equipaje de todo ejército que se respete (con permiso de Carme Chacón) y estos mosinecos tenían por costumbre follar a la vista de todos, en lugar de hacerlo en privado.

Concluye Jenofonte:

Los que tomaron parte en la expedición decían que ésos eran los más bárbaros que habían encontrado en su recorridos y los más diferentes de las costumbres griegas. Pues hacían en medio de la gente lo que los hombres deben hacer en secreto y, a solas, se comportaban como si estuvieran acompañados. Hablaban consigo mismos, reían solos y, deteniéndose en cualquier lugar que se encontraran, se ponían a bailar, como si alguien pudiese verlos.

Caramba con los mosinecos, qué simpáticos.

Los mosinecos no impugnan la separación entre lo público y lo privado (que es impugnable, creo, pero eso es otra cuestión). Al contrario, en principio confirman que ellos también piensan que debe establecerse una divisoria entre la conducta pública y la privada. Lo único que pasa es que, por vía de hecho, demuestran que el contenido de esos ámbitos separados es arbitrario, convencional, acaso interesado. ¿Lo que los hombres deben hacer en secreto? Ja, ja, se parten de risa los mosinecos.

No la impugnan: la dinamitan. Son terroristas, guerrilleros del pensamiento, como los cínicos, que hacían añicos un sistema filosófico con un sólo chiste: que te den, Aristóteles.

Hasta tal punto llega el fanatismo argumentativo de estos simpáticos mosinecos (parecen personajes de Jonathan Swift, ¿a que sí?) que ellos deciden hacerlo todo exactamente al contrario. En privado se comportan como si estuvieran en una recepción de gala o en un baile en palacio. En público, en cambio, se comportan como si estuvieran solos: cagan, lloran, fornican, se quedan mirando las musarañas, entonan de pronto, sin venir a cuento, canciones de su infancia, hasta que se les empañan los ojos.

Ciertos cínicos adoptaron la misma pedagogía ejemplar, es sabido que se masturbaban en el ágora y se apartaban para comer a solas, como los perros (La secta del perro se titula la maravillosa antología de los cínicos que hizo Carlos García Gual para Alianza, con un apasionante prólogo; por cierto, no sé a quién le dejé ese libro, pero seas quien seas, si me estás leyendo ya me los estás devolviendo, je, je; es broma, yo detesto tener libros en casa).

Todos los enfermos ponen cara de sufrimiento cuando alguien entra en su habitación. Los mosinecos, en cambio, harían lo contrario: exagerarían el dolor cuando estuvieran a solas.

Si no se puede impugnar y borrar la distinción entre lo público y lo privado (¿y por qué no se va a poder?) al menos hay que agradecer que haya mosinecos por ahí sueltos (todavía los hay, yo conozco algunos) que la subvierten, que la sabotean, que le dan la vuelta como a un calcetín para obligarnos a pensar y a preguntarnos si de verdad queremos vivir como vivimos.

Yo, de mayor, quiero ser mosineco, y comportarme a solas como si estuviera siempre acompañado.

Bien pensado, un mosineco no es en el fondo muy distinto de un hombre que ama: a solas está siempre en compañía (contigo, cari) ; entre la gente se siente solo (sólo me faltas tú, cari).

Comentarios (26)

anónimooctubre 5th, 2010 at 10:07

Hay que ver la de cosas que se aprenden contigo.Si pones una escuela para enseñar a ser mosinecos me apunto. La loli.

yo mismaoctubre 5th, 2010 at 14:24

Interesante dilucidación de lo arbitrario de nuestra existencia. Es como descubrir y poner en tela (y tele) de juicio el valor de lo óptimo y deseable, instaurado así, tan caprichosamente.

Por supuesto que necesita toda arbitrariedad humana una justificación. Necesita de forma fundamental y básica buscar y establecer porqués. Por supuesto. Porqués que le sirvan de alguna forma de autoconvencimiento de una elección certera.

En su día, por en un espacio breve e intenso (no sé por qué soy tan intensa.. al final pensaré que soy familia del café..) de tiempo, me empecé a interesar por la psicología y la filosofía. ?stas intentan construir una, una explicación coherente para el día a día de un@ mism@ determinando y analizando con este fin los distintos condicionantes tanto psíquicos, físicos y de entorno que operan o inciden en el/los individuo/s; mientras que la otra, generaliza, desglosa y se presta finalmente en forma de ensayos y tratados, sobre la visión que tienen, ostentan y sostienen algunos eruditos del pensamiento social o humano a lo largo de las diversas épocas en que éste se observa y es objeto de estudio.

Interesante! Cómo no! Ya lo creo que sí. Y mucho, además.

No obstante, y pese a que solía ejercitar con mucha pasión y algún tiempo estos dos “deportes” o prácticas recién mencionados; ahora apenas tengo tiempo para dedicarles. Casi una vida se queda corta (o en definitiva, así parece que evidentemente es por lo que pude observar) para empezar a atisbar una pequeña porción de ese gran océano del pensamiento destinado al estudio de la racionalidad humana a través del tiempo y en definitiva del ser social como tal con sus connotaciones y denotaciones.

¿Que si me gustaría ser “monicácara” de esos que tú mencionas? Para serte sincera, te diré sin tapujos ni mentiras que sí. En el fondo todo el mundo desea en algún momento ser libre (o ??monicácaro?? de esos). Y en el fondo cualquiera de las reglas humanas o interpuestas como respuesta a ese proceso estructórico-organizativo-¿evolutivo? (no sé hacia adonde, ni por qué) es puesto en duda y cuestionado por cualquier y doquier.

No obstante, es lo que hay. Aunque la imaginación dé mucho más de sí, infinitamente más de sí (incluyéndose aquí, intuyo que como máxima expresión de ésta, el arte en todas sus manifestaciones). Muchísimo más. Y ahí, desde luego, podemos ser tan libres como queramos. Amén de que en cualquer otra forma y momento en función de nuestras circunstancias propias e historias, también lo podamos ser.

Todo esto, claro está, relativamente y desde la más concienzuda y juiciosa racionalidad de trasfondo que nos preserva.

Un saludo.

PD. Pensaba terminar mi mini-exposición del pensamiento arbitrario de un modo menos juicioso y convencional, pero bueno.. sé que soy por lo general bastante “borrego” social. Sin serlo, por supuesto, del todo.

Y otro PD. He buscado el significado de mosineco por la red sin obtener respuesta. Así pues me tomo la libertad de interpretarlo a mi libre albedrío y así seré más mosineca si cabe ( y si cabe el femenino en la dichosita palabra, amos…).

Jesús Garridooctubre 5th, 2010 at 14:40

bien expuesto amigo aunque el contenido de la foto lo intente hacer decaer

Gonzálezoctubre 5th, 2010 at 15:01

Hay muchos mosinecos por el mundo solo que no se hacen notar, y cuando lo hacen, a su pesar, sufren las consecuencias. Grigori Perelman, el matemático ruso que ha resuelto la conjetura de Poincaré, se ha negado a recibir el millón de dólares que le corresponde por haber resuelto uno de los llamados enigmas del milenio, ni quiere ni oír hablar del nobel de las matemáticas, se viste como un Machado, firma sus trabajos con el apelativo familiar de Grisha, y se comporta en todo con la simplicidad de un hombre común, cosa que ni sus colegas, solemnemente egregios, ni la prensa parece perdonarle, difundiendo su imagen como la de un demente, egocéntrico y misantrópico (de Capricornio).
¿Resulta tan peligrosa una anomalía en este aguachirle mental globalizado?
Recomiendo la lectura de “Crates, cínico” de Marcel Schwob (ficción), que ni como cínico resultaba convencional. O, no lo niego, mi post, sobre Pelerman
http://tdetexto-ragon.blogspot.com/2010/10/la-anomalia-perelman.html
Siempre ando buscando mosinacos como tú. Gracias por regalarnos una historia de cuando en el mundo había diversidad humana (hoy en extinción)

El Pobrecito Hablador del Siglo XXIoctubre 5th, 2010 at 15:31

Qué tímidos estos mosinecos. Y estupenda esta entrada, Rafael.
Me pregunto si Cortázar sabía de su existencia, porque parecen cronopios clásicos, cronopios bárbaros, cronopios concupiscentes, cronopios libidinosos, cronopios a cuatro patas, cronopios peludos, cronopios genitales, cronopios seminales, cronopios esenciales.

¡salud!

yo mismaoctubre 5th, 2010 at 15:48

Por supuesto, dicho y entendido lo de mi general referencia y autodefinición de “borrego” social, cómo no, como individua social, sin más. Integrante social en general. Lo normal..

Y ya ta. Que sino suena muy mal..

Contenedor Amarillooctubre 5th, 2010 at 16:28

Los jóvenes pueden disfrutar de las putas pero no pueden pagarlas, y los viejos al revés. ¿O eran los Ferraris? No sé, conducir coches de viagra hasta el culo tiene que ser algo literariamente…azul. No se me ocurre otro adjetivo. Por ahora. No puedo pagarme un Ferrari y no compro medicamentos con receta. Soy un hipocondriaco.

Tampoco es tan difícil saber cómo suena un bombazo. No es un mérito ni mucho menos un privilegio, pero que recuerde, en 200 metros a la redonda de mi casa han dicho hola 5, si aumentamos el radio a 500 metros 8 o 10. Al final recuerdas más cómo retumba y cómo huele por cierto, y como arde, pero eso ya son consecuencias claro. Nada extraordinario lamentablemente.

A todo esto, ¿cuándo van a cobrarle el iva a los puteros? Una forma como otra cualquiera de hacer país, o de putear.

rafaelreigoctubre 5th, 2010 at 18:28

¿Que mi “atención se concentra en las putas”? Manda huevos: ¿eso es lo único que ha logrado entender de lo que he escrito, la palabra puta? Hassan, es usted tonto de capirote.
De todo lo que lee, ¿usted sólo detecta palabras como puta-caca-culo-pedo-pis y entonces salta como un niño torpe y estúpido en el pupitre?
Sí, ya sé, me había prometido a mí mismo morderme la lengua y dejar a los tontos que se expansionen un poco, pero… en fin, que dios me perdone, pero es que vengo de tomarme unas copitas y a veces, hay días…
Ya que estamos, aunque no aparezca mucho por aquí, leo los comentarios y los agradezco (salvo las manifiestas imbecilidades como la de Hassan). No, no había pensado en Cortázar, pero está muy bien visto.
Eso, gracias y besos y abrazos.
R
En fin.

Wilhelm Kayoctubre 5th, 2010 at 19:55

¡No queráis ser mosinecos de mayores que luego no veas lo que te miran por la calle! Yo he visto varios de esos, pero en las fiestas de la espuma de Ibiza. En Madrid se ven, más que mosinecos, mojinos secos, que es lo contrario. Los pelos del sobaco y las uñas sin cortar se exhiben en las pasarelas de casa.

Saludos, Rafael.

Afterdata: ver a un señor con bigote leyendo a Jenofonte en el cercanías que baja de Cercedilla debe ser muy heavy. ¡Qué miedo!

Wilhelm Kay.

Más claro, aguaoctubre 5th, 2010 at 21:06

Hay novelas que cuentan viajes de ida y otras que lo hacen con los viajes de vuelta, vale. Y también hay novelas que no hacen más que dar vueltas sobre sí mismas, novelas “rotonda” en cuyo centro se yergue la estatua del autor con un corazón tan blanco que no le cabe en el pecho.

Los nombres propios ya los vais poniendo vosotros, si eso… ;-)

lolailooctubre 5th, 2010 at 23:45

No me lo creo, Reig apareciendo aquí.. ¡una novedad! Pero.. para ofender (es decir, para tachar de ??tonto de capirote? e ??imbécil? a quien manifestó a mi entender un comentario no demasiado acertado ?? y ofensivo ?? , rebajándose en cualquier caso al mismo, o si cabe, peor nivel). Me extraña de ti, quizá porque aún no te conozco personalmente, o también porque cuando allá cuando empezaras con esta odisea contando de tu vida a quien le pudiera interesar, no reaccionabas así, o al menos no creía que ese fuera tu estilo.
¿?Prometerse morderse la lengua y no aparecer por aquí para dejar a los tontos expansionarse?? Pues no me lo creo, más que nada porque puedes aparecer siempre que te apetezca sin necesidad de rebatirte con aquellos que razonen ??tontamente? (caso de ser así) pero siguen por algún motivo tu blog. Más que nada porque hay mucha gente (y estimo que la mayoría), que no sentimos la necesidad acuciante ni le encontramos divertimento alguno de ir ofendiendo al autor, sino más bien lo contrario. ¿Por qué entonces con el resto te muerdes la lengua, ignorando lo demás?
No sé si seré yo también “tonto de capirote” por escribir estas líneas (y no sería la primera vez, que conste, que haga razonamientos de los que más tarde me arrepiente ?? no me considero un ser perfecto), pero si aparecieras de vez en cuando, aludiendo a alguna de las dudas que planteemos cuando nos interese tu opinión, o compartiendo (o refutando) alguna de las nuestras, creo que no seríamos pocos quienes te lo agradeceríamos igualmente. De hecho ya se te agradece, y mucho, los post (bien) elaborados que sin pedir nada a cambio nos ofreces con asiduidad (últimamente), aunque es también una forma como otra de hacerse conocer (no vayamos a negarlo).
Todo esto lo digo, que conste, con el gran aprecio que te tengo (y con todo lo que, en mi caso, estimo te debo) ?? aun sin haber tenido la suerte de conocerte.
En fin.

un papá del Rufinooctubre 7th, 2010 at 11:22

En este país acabamos mosqueados y a hostias hasta hablando de los mosinecos. ¡Un pelín más de lujuria y de buen rollo virgiliano!

yo mismaoctubre 8th, 2010 at 10:35

Uno. Tengo que decir que ésta ha sido una de las entradas que más me ha hecho pensar, de hecho todavía hoy le estoy dando vueltas; y dos. pienso que quizás, la principal aportación de tu post, sea bajo mi punto de vista la diferenciación básica y primitiva entre lo público y lo privado. Entre lo tuyo y lo mío. Entre tú y yo.

Y esto supongo que vendrá determinado desde el mismo momento (arcaico, cómo no..) en que el hombre toma conciencia de sí mismo y de los demás. Así pues, se hace evidente sin duda, el peso determinante (y natural) que lo particular alcanza en defensa y pro-un@-mism@ con el único fin, ya no de diferenciación ni individualización como “ser único y especial”, sino de la preservación 1. de sí mismo, y 2. de su clan.

Simple y mera lucha por la supervivencia. Si hay una pieza para comer, quiero cazarla yo. Y si he de elegir entre que tú comas o que coma yo, tomaré partido por mí. Y de este modo el establecimiento de reglas de convivencia generalmente aceptadas, que cómo no, no siempre se deben respetar a pies puntillas, ni para ser feliz, ni para vivir plenamente la gran aventura de la vida, cobra una importancia “capital” (no me gusta nada esta palabra.. conste.. no sé por qué siempre me recuerda a Rajoy.. ) para, como digo, seguir argumentando y sirviendo de indiscutible ejemplo de la tesis darwinista de adaptación y evolución de las especies a través y a partir de una selección natural. Son las reglas del juego, sin más.

Por otro lado, la búsqueda de universalidad (o parte común) se pinta o escenifica como un anhelo, como un gran deseo de la humanidad. Como algo intangible y secundario, pero que permanece latente en la retaguardia. Y que sobre todo se espera, como se espera la lluvia después de una largo tiempo de sequía.

Se hace difícil conjugar el binomio tú y yo. Nosotros y ellos. Y también, vosotros, ante esa universalidad formada queramos o no, por todos y cada uno.

Otro apunte: pienso que siempre se va, nunca hay viaje de regreso se pinte como se pinte y so pretexto de volver al punto de partida, ya que después éste será otro, circunscrito obviamente en otro momento distinto, y habrá cambiado. E incluso nosotros mismos ya no seremos, seguro, quienes éramos. Ni quienes fuimos.

Respecto al comentario de “Más claro, agua”, decir que me parece igual de escueto como de sublime. Maravilloso. Me recuerda a una conversación con un amigo, (??inmigrante? nacional de Andalucía) y que mantenía todavía relación con diversos grupos de etnia gitana. El caso es que durante la misma y justo después de hablar él de sus libros preferidos y de lo que le aportaban y yo de los míos, y de lo maravilloso de ellos, llega en un momento del diálogo la mención o desciframiento del significado de la palabra “redondo”. ?l decía al respecto de dicho vocablo que a algo se le solía otorgar ese nombre cuando era o tenía la condición de perfecto a la vista de quien profería, claro está, dicho calificativo. Bien, así pues, y enlazando con el breve y considero inteligente comentario de “Mas claro, agua”, resulta que por lo visto después de todo, no es tan grave, el giro de “rotonda” en nuestras vidas, sino que por contra, quizá sea el demostrativo e indicativo más claro de que uno siempre es fiel a sí mismo, y más contra más gire alrededor de sí y de sus convicciones básicas. Asentándolas, contradiciéndolas y poniéndolas en tela de juicio sin miedo. Jugando consigo mismo y con la misma vida.

Ale, abrazos mosinecos, pueriles, desintencionados de esos.

RPVoctubre 8th, 2010 at 20:13

Si ya les digo yo a mis alumnos que lean este blog si quieren aprender algo, que en clase no vamos a salir de Sangre a Borbotones.
Uno que se gana la vida con Jenofonte.

Susioctubre 10th, 2010 at 0:45

Buen post, me he quedado como así… No sé, como así. Jenofonte. Y eso, ya sabes…

AnonymousCowardoctubre 10th, 2010 at 10:01

Sobre si los griegos no conocían la palabra castaña o el fruto: es lo mismo no conocer una cosa o no tener nombre para ella. Por ejemplo, yo mismo domino el inglés, pero no sé los nombres de los árboles, o cuando veo una palabra en inglés que sé que es un árbol no sé qué especie es, por una sencilla razón: aunque en español conozco las palabras alerce, olmo, fresno… no sabría distinguir uno de otro si los veo. Es decir, no conozco los árboles. O por decirlo de otra forma: si se puede pensar una cosa se tiene una palabra para ella, y viceversa. Hablar y pensar es básicamente lo mismo.

Gran parte de los sordos a los que enviaban a escuelas “orales”, donde intentaban que aprendieran desde pequeños a hablar como los oyentes y a leer los labios, en vez del lenguaje de los signos, quedaban con un significativo retraso mental porque aprendían a hablar demasiado tarde. Los que iban a escuelas de lenguaje de los signos aprendían el lenguaje en esa edad clave en que se desarolla el pensamiento, y no tenían esos problemas.

En inglés, según el contexto, “tell” significa contar o saber. Si no lo puedes contar, es que no lo conoces.

cãosemdonooctubre 10th, 2010 at 21:29

¿Impugnar y borrar la separación entre lo público y lo privado? Diría que eso ya está inventado, y creo que se llama de varias maneras, todas ellas sinónimas de totalitarismo: se produce cuando lo público fagocita lo privado (ejemplo: señora, traiga usted hijos al mundo para nutrir las huestes del ejército estatal; o bien: oiga usted, joven, deje esas lecturas y corra inmediatamente a ocupar su asiento en el estadio de fúrgol, salvo que quiera ser considerado un enemigo del estado).

También puede ocurrir lo contrario, que sea lo privado lo que excluya cualquier atisbo de lo público, y seguiríamos hablando de totalitarismo de otra clase. Ejemplo: mi dinero es mío, y me niego a pagar impuestos solo para que los pobres puedan operarse de apendicitis o estudiar a Jenofonte (aquí hay varias modalidades: mi dinero es mío porque lo heredé de papá/lo robé honradamente/lo gané indecentemente).

Por fortuna, los alemanes inventaron la socialdemocracia… al mismo tiempo que el marco y la seguridad social.

Murdockoctubre 11th, 2010 at 11:02

“Hay que recuperar a los clásicos”, así insistía machaconamente un profesor mío ante el hastío generalizado de la clase, en un intento -aparentemente estéril- de que sus alumnos se empapasen de la literatura y las enseñanzas clásicas. Aún hoy, cuando releo a gente como Lucrecio, Séneca, Diógenes Laercio o Herodoto, resuenan esas palabras en mi cabeza. Aquel rechazo inicial, hoy se ha tornado en eterno agradecimiento.

Dentro de ese grupo de anacoretas clásicos, siempre he tenido especial cariño por Hipódamo de Mileto, del que poco se sabe de su vida, salvo por referencias de autores anteriores, como Aristóteles, del que decía (creo que en su libro ‘Política’ que era “un hombre extraño, cuyo afán de distinción le hizo llevar una vida excéntrica”, tanto en lo personal, como en lo intelectual y hasta en la indumentaria. Me lo imagino como un Oscar Wilde de la época griega. Fue quizás el primer gran urbanista de la Historia. Tuvo las primeras y revolucionarias ideas de cómo aclimatar la ciudad a los ciudadanos y no viceversa. Cómo han cambiado las cosas…

Releo esas viejas historias, como la de Demetrio de Falero, el primer bibliotecario de la Biblioteca de Alejandría y que aunó los grandes tratados de biblioteconomía occidentales y orientales, y me doy cuenta que es gente y pueblos como los expuestos, los que nos han hecho dar muchos hacia adelante. En fin, creo que me estoy desviando un poco del tema incial del post. Por cierto, recomiendo dos obras que estoy leyendo ahora: “Los Siete Sabios (y tres más)” del ya mencionado Carlos García Gual, y “Utopías del Mundo Antigüo” de J. Lens Tuero.

Por último, rebatirun poco a yo misma: no entiendo la diferenciación e individualización de una mismo como la esencia que permite preservar “a uno mismo y a su clan”. Más aún: la existencia de lo público y lo privado no deja de ser un hecho consustancial al desarrollo social y con ella llega la conciencia de propiedad comunal -espacio de todos- y la individual -espacio de uno mismo-, que, creo, dimana directamente del propio concepto de propiedad. Se da el hecho de que en el espacio común se extiende unos comportamientos socialmente aceptables -moral- y otros que son rechazados por la mayoría,por ser contrarios a lo que esa teórica mayoría entiende como “aceptable”. Que es lo que entiendo que quiere criticar esta observación de Reig. Esa moral imperante que acaba tipificando y persiguiendo penalmente al “escándalo público”.

Y sobre la preservación “de uno mismo y su clan”, como digo, no creo que nazca de los individuos erigidos por sí mismo en salvadores individualmente considerados, sino por la cooperación entre ellos cara un objetivo común. Esa es la grandeza del ser humano y la que le ha hecho alcanzar sus grandes logros y su propia preservación. La articulación en sociedad y la búsqueda codo con codo de objetivos comunes. Las teorías biológicas de la selección natural hay que entenderlas, creo yo, no como definitivas en sí mismas, sino como la base para el pensamiento posterior. No se puede obviar que Darwin era hijo de su tiempo.

En fin, no me extiendo más. Un saludo y mis felicitaciones a Rafael Reig por un post con gran profundidad, enterrado bajo un manto de ironía.

Caripénoctubre 13th, 2010 at 12:19

Buenas,
creo que la primera separación entre lo público y lo íntimo lo hicimos en el mismo momento que decidimos salir vestidos a la calle: ¿por qué no en pelotas? Lo que nos íbamos ahorrar y cuánta sociopatía de la imagen y la marca de moda (“tengo que tener ese polo nuevo de temporada”) nos ahorraríamos, valga la redundancia. Cojonudos estos mosinecos, me confieso igual de enamoradizo que ellos (dentro de poco lo penalizarán y todo) y, en mi pequeño haber personal, he de confesar que alguna vez me he sacado un moco delante de compañeras de trabajo y me he pajeado en más de un baño público.
Saludos a tod@s de un debutante en este blog.

yo mismaoctubre 16th, 2010 at 11:39

Concepto de propiedad-individualidad- (e incluso colectividad) desde que existe pieza para ser cazada. Desde que existe boca que necesariamente ha de ser ser alimentada. Y desde que existe la necesidad de planificación y organización para la captura de susodicha pieza. Por supuesto que el conjunto se ha hecho necesario y ha sido básico para nuestra supervivencia y evolución. No obstante, no considero esto reñido (sino que por contra lo considero intrínseco) con la parte de selección natural o de reglas establecidas convencionalmente con el único fin de posibilitar nuestra supervivencia y posterior evolución. De preservarnos al fin.

Sólo matizar esto. Respecto de la parte divina, humanizadora, y de su grandeza, ahí lo que me queda es discrepar. No pienso ni considero que exista tal cuando los datos que reflejan el índice de pobreza mundial aumentan de un modo vertiginoso, ni cuando las calamidades se suceden de un modo indiscriminado y acuciante y no se intenta nada para hacerles frente y mitigar sus efectos de un modo efectivo. Y, sobre todo, me hace cuestionarme si definitivamente el camino que vamos siguiendo y eligiendo es el óptimo o correcto, cuando atiendo noticias que se centran en salvar vidas de 33 mineros (que por supuesto, me parece maravilloso e importantísimo, cómo no..), mientras se obvia, además de se intenta, no emitir y sobre todo no reincidir, en noticias escandalosamente desprovistas de todo atisbo de condescencencia y comunión humana, crudas y duras que se encargan, ellas solitas, por obviedad y sobre todo por omisión de poner boca arriba la más descalabrada intención (o digamos mejor.. acción) humana de grandeza.

Saludos.

Javier.octubre 20th, 2010 at 15:59

Bueno, en el fondo toda separación es arbitraria y probablemente solo importante según desde qué lado de la separación se esté enjuiciando el asunto a separar (porque siempre se enjuicia, aunque no se quiera). A mi me interesaría resolver desde ahí (si se puede hacer tal cosa) qué es lo que resulta importante, o mejor dicho, qué es lo que queda si se pudiera saltar a ambos lados de la línea y mirar (y enjuiciar). Una historia pública solo resulta importante desde esa misma perspectiva y cuando se quiere achacar sus causas a esa otra “misteriosa” actuación privada, lo más probable es que no se obtenga de ella nada más que noticias vagas, rumores incorroborables. Algo, sí, pero escaso en definitiva como para fundamentar en ello la explicación e una actuación pública. Al final qué nos queda? Una película sin argumento, como pornografía, una obscenidad que hace saltar ella misma la barrera que tan arbitrariamente se ha querido trazar.
Aunque esto es solo una hipótesis incompleta.
Me ha encantado lo de las castagnas.

Javier

yo mismaoctubre 21st, 2010 at 17:05

Vaya.. Reig. Tengo muuuuuuuchas, pero que muuuuuuuchas ganas de volverte a leer. Aunque debo confesar que a veces llego a desquiciarme pensando las miles de visicitudes que se extraen -o en definitiva: puedo extraer..- de tus, considero, maravillosos post.

Lo dicho. Espero que te encuentres muy reketebien y feliz. Y que mientras no nos escribas por aquí, estés haciéndolo por allá. Y descansando, que también es necesario.

Un fuerte abrazo.

Yo misma.

Olvidadizooctubre 26th, 2010 at 4:56

Cada 3/4 meses algo me hace acordarme de que debo volver a este blog. Citas de libros, escotes de mujeres y recordatorio de lo bueno que es pasar la vida con los amigos y disfrutando de hacer una paella. Ahora, por favor, no te hagas una cuenta de twitter que vas a acabar tan chalado como el amigo Arturo. http://www.twitter.com/perezreverte . El ultimo hilo que unía a Arturo Perez Reverte con la realidad se ha roto y está desbocado. Atento que cualquier día de estos te pide que busques padrino para un duelo a pistola.

Arthurnoviembre 2nd, 2010 at 11:16

Genial Reig, un admirador confeso más para que sigas siendo igual de maravillosamente desastroso.

el nenenoviembre 3rd, 2010 at 15:12

Veo que sigues manteniendo el enlace a la web de Sánchez Dragó. No sé si es muy prudente, dado su reconocido públicamente estatus de follador de niñas prepúberes. Soy marxista (con perdón), por eso espero que alguien me convenza de que acostarse con niñas de doce años, y llamarlas lolitas, zorritas, putas y delincuentes no es violencia de clase. Salud.

Nueces y metáforas | javistacruzdiciembre 2nd, 2011 at 18:56

[...] Nueces y metáforas Categories: Actualidad, Retórica TweetShare via emailHace cierto tiempo leí algo en el blog de Rafael Reig que me hizo darle vueltas al asunto de la metáfora. A raíz de la lectura del libro V de la Odisea, [...]

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