Rafael Reig, blog, escritor, novelista, literaturaPues aquí pondré lo que se me vaya ocurriendo. Poca cosa, en general. Lo primero que se me pase por la cabeza. Lo que lea por ahí y lo que me cuenten en la barra de los bares o los amigos. Y si alguien quiere poner algo también, estupendo: no censuraré ningún comentario. Corrijo: sólo permitiré que se publiquen los comentarios que a mí me dé la gana y no daré ninguna explicación al respecto


Weltanschauung montanchega

Para mí Montánchez era como Macondo, un territorio mítico.

Como el condado de Yoknapatawpha, como Región o (a un precio más asequible el metro cuadrado de territorio mítico) como Mágina.

En los territorios míticos es donde compran sus parcelas los Grandes Novelistas.

Luego la mayoría nunca acaban de construir el chalet, pero van los fines de semana a la parcela, más que nada por los críos, con mesas plegables y tarteras con tortilla de patatas con pimientos. Después de comer, en su parcela de territorio mítico, el Gran Novelista descabeza un sueñecito a la sombra de un pino y, en cuanto cierra los ojos, ve entera su gran novela mítica, ya edificada con piscina y emparrado, alegorías, personajes inolvidables y voluminosas metáforas, tan completa y acabada que, total, ¿para qué molestarse en pasarla a limpio y ponerla por escrito?

En la parcela mítica, en cuanto cae la tarde, se agradece una rebequita, y luego hay que recoger todo y volver a casa: es el momento más melancólico de un Gran Novelista, en pleno atasco, en la no menos mítica caravana de entrada, con los niños dormidos en el asiento de atrás, cuando el Gran Novelista al volante mira el retrovisor y allí aparece de pronto, como una cara de Bélmez,  el rostro impávido de Faulkner, que mira al Gran Novelista como si le debiera algo.

De pronto, psssss, psssss, se produce una interferencia en la radio del coche y retumba en el interior del vehículo una voz que parece salir de una honda tinaja:

-Edifica, edifica, edifica… -salmodia la voz.

-Qué fácil se dice, Faulkner, tío -se disculpa el Gran Novelista-. Nos ha merengao.

Cuando tenía dieciocho años me hice algunos amigos montanchegos (que así se llaman los de Montánchez), pero todos eran poetas, escribían sin acabar los renglones, en el aire, sin fincas rústicas ni territorios míticos, y no hacían más que hablar de la plaza de su pueblo, del jamón de Montánchez, del vino de pitarra, de la vista que había desde lo alto del castillo (tenían contados el número de poblaciones que desde alí se podían distinguir a lo lejos: hasta treinta, los días claros).

Era y soy muy amigo de Pablo Nogales, que me hablaba sin parar de Montánchez, mientras escribía El arte de la espera y recitaba con una voz sobrecogedora, que sonaba a una fusión de Neruda y Claudio Rodríguez.

De aquélla bebíamos coñac y fumábamos negro, salíamos por ahí hasta el amanecer y luego, no sé por qué, yo solía volver a casa sin calcetines.

-¿Pero qué has hecho tú con los calcetines, hombre de Dios? -se partía de risa Nogales.

-No me lo explico, tío, ¿tú crees que me los he quitado y me los habré olvidado en algún sitio?

-Pues digo yo. Te los habrás quedado en el estribo de la barra de algún bar, porque no creo que te hayan podido robar los calcetines con los zapatos puestos, ¿no te parece, Reig?

-Nunca se sabe. Ahora me rozan los zapatos.

-Te está bien empleado.

Y así seguimos, pasaron los años, Pablo y Cristina, y sus hijos, vinieron a Piles, nosotros fuimos mucho a su casa de Alcalá, pero nunca pude ir a Montánchez, el territorio mítico.

Y siempre con la misma cantilena:

-A ver cuando vienes  a mi pueblo.

-En cuanto me aparezcan los calcetines, que no doy con ellos.

-A saber dónde te habrás descalzado tú, menudo elemento.

Hasta que el otro día me llama Diego Doncel, mi otro buen amigo montanchego, otro elemento, para invitarme a ser jurado en el Certamen Internacional de Montánchez.

Dije que sí de inmediato, claro está: por fin iba a conocer Montánchez, el territorio mítico de mis amigos poetas, tan diferente de los territorios míticos de los Grandes Novelistas.

Leímos los cuentos y pronto nos pusimos de acuerdo en que el que más nos gustaba a todos era La supergigante Stella Polaris.

Venía con seudónimo y, al abrir la plica, me llevé una alegría: ¡le habíamos dado el premio a un paisano! Armando Murias Ibias, profesor en Oviedo.

La única forma sensata de llegar a Montáchez es en el taxi de Chencho.

Se puede ir en tren, autobús, en tu propio coche, etc., pero entonces no llegas al Montánchez mítico, porque sólo Chencho conoce la poterna en la muralla que permite pasar al otro lado de la vida diaria, el postigo que abre el paso al territorio mítico.

Me encantó el pueblo, sobre todo por la indoblegable convicción que todos parecen tener de que no hay que darle tantas vueltas a la vida: sólo se trata de ser felices y hacernos compañía unos a otros.

Aparte del amigo Doncel, me acompañó por Montánchez Juan Calixto Galán.

Al parecer hay constancia de que Juan Calixto es fiscal, pero a mí me pareció que eso no es más que lo que suelen llamar la punta del iceberg: tiene un grupo musical (toca la guitarra), es comentarista deportivo en la radio (afirma que no hay nada comparable a retransmitir un partido, salvo quizá marcar un gol de cabeza), preside la asociación cultural del pueblo o se dedica a organizar noches en vela con tocadores flamencos en la bodega de su casa.

?ste es Juan Calixto:

En su casa le pregunté qué tal el verano:

-Pues no me quejo, pero he comido un par de días solo.

-Bueno, eso no es tan malo, ¿no?

-A mí no me convence, yo siempre tengo que invitar a alguien a comer. A solas, no me sabe a nada. Y este verano he comido de régimen dos días, un desastre.

?sta es la concepción del mundo, la mítica Weltanschauung montanchega, la misma que conocía hasta ahora sólo a través de mis amigos Pablo Nogales y Diego Doncel. Esa cosmovisión desde la que se distinguen, los días claros, más de treinta pueblos de aquí al horizonte.

Comer sin amigos es hacer dieta, porque a solas hasta el mejor solomillo te sabe a yogur desnatado y con cero calorías.

Si comes solo, acabas quedándote en el chasis.

Naturalmente, no consentimos que Juan Calixto adelgazara.

Por la noche fuimos al teatro, al acto de entrega.

Me disculpé por mi atuendo, como siempre inadecuado. Me había ido en sandalias.

-No pasa nada, no te preocupes.

-Es que no encontraba los calcetines -expliqué, aunque no sé si me entendieron.

Armando, que ha trabajado en la mina (como rampleru, vagoneru, ayudante caballista y ayudante entibador) dijo unas palabras que escuchamos con la emoción del que contempla una pintura rupestre o la huella de una mano en el interior de la cueva, una mano abierta apretada contra la roca.

?ste es Armando:

Luego nos fuimos a la plaza hasta la madrugada, con Elías y otros amigos.

Encima, me regalaron un jamón de Álvaro Galán que me traje al hombro hasta la calle San Vicente Ferrer.

En cuanto llegué a casa, llamé a Pablo Nogales:

-Poeta, que ya he ido a Montánchez, casi treinta años después.

-Y habrás vuelto sin calcetines.

-No sé dónde me los habré quedado -le dije, a la extremeña manera.

-¿Pero te has traído un jamón?

-Eso sí. Sin calcetines, pero con jamón. Ahora falta que vengáis a comerlo, que si no, me va a saber a chopped.

¿Comida de régimen, a solas? ¡Eso jamás!

Ya sabes dónde estamos, ¿te apuntas al jamón de Montánchez? Anda, tráete un vinito y nos empujamos el jamón en buena compañía.

Comentarios (9)

Más claro, aguaseptiembre 7th, 2010 at 8:17

Sostengo que sus zapatos sufren la misma obsesión que las lavadoras, que hacen desaparecer los calcetines de manera sistemática sin que se haya encontrado aún justificación lógica a semejante proceder.

El día que alguien pueda explicarlo con cierta coherencia y en demostrable estado de sobriedad, los jurados del Nobel y de los Príncipe de Asturias van a tener el trabajo hecho.

;-)

yo mismaseptiembre 7th, 2010 at 9:06

Y vuelvo a desir… aaaaaaaaaaayyyysssssssss, mi querido y estimado Reig.

Claaaaro que iría gustosa con la botella de vino debajo del brazo a saborear con buena compañía ese (seguro) espléndido y gustoso jamón. Por supuestísimo!!!

Pero aquí me hallo, frente mi ordenador y sumergida entre tantas y tan duras (por ser nuevo el tema en cuestión en el que ando) letras de oposición. Así pues, podrás comprender que casi veo-leo tu invitación como un adorable y cálido sueño de finales de verano.

Celebro que por fin hayas podido hacer realidad tu visita pendiente de tantos años. Es hermoso un pueblo. Sobre todo sus gentes. Su calidez. Hasta su estrechez cuando no la tienes se echa de menos.

Tengo, al igual que tú, pendiente una visita al mío con mi familia. Hace ya más de un mes que no los veo, y seguro que será además de cálida, muy emocionante. Y es lo que tiene la familia (incluídos aquí los amigos), que te toca la fibra sensible de la emoción como nadie.

Como el pueblo de uno, como su gente, como su historia que es la propia de un@ mism@, definitivamente: no hay na.

Un fuerte abrazo y brindad y comed a mi salud además de a la vuestra, que seguro que lo hacéis… (y además apuesto que muy bien, ;-)).

Ciao.

PD. Muy buena idea esa de no encontrar los calcetines antes de acudir al pueblo por si las moscas, jejeje. Abrazos.

Contenedor Amarilloseptiembre 7th, 2010 at 9:37

En los atascos de las autopistas del sur Cortázar miraba no por el retrovisor sino a la chica del Dauphine, que supongo yo que estaría más buena que cualquier otra cosa.

Triunfar es no tener que llevar corbata ni a los entierros, y que te regalen un jamón. Sobre todo que te regalen un jamón. A mí nunca me han regalado uno.

la loliseptiembre 7th, 2010 at 10:17

Que pasaría con tus calcetines? me has dejado intrigada,creo que hasta se podría hacer un corto con este misterio. Soluciones posibles:
1-fuiste abducido por una nave espacial y te los quitaron para experimentar y hacerte análisis y de paso para ver si tenías cosquillas.
2-Te fuiste de putas y te los dejaste allí .
3-Bebiste mucho y te dieron calores ,entonces sin darte cuenta te desnudaste parcialmente o del todo y después se te olvidó ponértelos.
4-Mientras dormías la siesta ,alguien te los quitó para hacerte un trabajo de magia o vudú o para tener una reliquia o recuerdo,vete tu a saber, y muchas más posibilidades
hasta para hacer queso de bola. o sacarte el ADN etc,etc,etc.

lolailoseptiembre 7th, 2010 at 16:11

“dijo unas palabras que escuchamos con la emoción del que contempla una pintura rupestre o la huella de una mano en el interior de la cueva, una mano abierta apretada contra la roca”

Me gustó especialmente esa parte. Yo lo llamo leer (o escribir) entre líneas.

visantico el meloneroseptiembre 7th, 2010 at 19:40

HOLA RAFAEL, MIRA A VER SI TE INTERESA ESTO

http://www.socialismo21.net

Jorgeseptiembre 8th, 2010 at 8:50

A veces siento que no tengo vida interior y no podré escribir una obra maestra. Mi problema es que nunca he perdido los calcetines. Abro el cajón y están por pares, me quito los zapatos y llevo uno en cada pie, vacío la lavadora y encuentro los mismos que metí. ¿Tendrá solución lo mío? Aspiro a obra importante, no tanto como la de Benet, claro.

Miguel Ángelseptiembre 8th, 2010 at 22:04

…A menudo cito tu teoría sobre los territorios míticos y el metro cuadrado de territorio mítico y esas cosas que te leí alguna vez en alguna parte tiempo ha. En algunos casos, incluso, lo hago como si fuera mía. Espero que no te moleste.: suele suer por una buena causa. A mí me hace mucha gracia: pienso que tendrías que profundizar un poco más en ella…
…Un saludo…

Antonio Pieraseptiembre 13th, 2010 at 10:30

Hermoso pueblo, Montánchez, si no tuviera tantas cuestas. Arriba del todo, los muros del castillo sirven para enterrar en ellos a los muertos, lo que, pensándolo bien, parece un espléndido destino para un castillo. Espléndido jamón, además, el que te trajiste. Lástima estar por Cádiz, que si no te hacíamos una visita con un par de Todonias.

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