Rafael Reig, blog, escritor, novelista, literaturaPues aquí pondré lo que se me vaya ocurriendo. Poca cosa, en general. Lo primero que se me pase por la cabeza. Lo que lea por ahí y lo que me cuenten en la barra de los bares o los amigos. Y si alguien quiere poner algo también, estupendo: no censuraré ningún comentario.


Se derrumba la poesía

A mí no me gusta tener muchos libros en casa. Siempre me ha ilusionado más leer libros prestados. Lo que más me gustaba del mundo era cuando alguien sacaba del bolsillo de la trenca o de la verdadera parka coreana Ying un desportillado volumen y te decía:

-Me lo acabo de terminar: ¡tienes que leerlo!

Me lo devoraba esa misma noche, aunque me escocieran los ojos.

Casi todo lo he leído de bibliotecas, salvo en la Nacional, que es un lugar que detesto. Iba de niño, cuando estaba en el colegio (y aún había una sección de préstamo o circulante). Luego lo cambiaron todo.

Una vez, después de que la reformaran, fui a sacarme el carnet y me preguntaron qué quería leer.

-Libros, claro. No te fastidia.

Querían que les dijera qué libros y para qué quería leerlos. Además, necesitaba una carta de un profesor de universidad.

-Pero yo soy profesor de universidad -aduje, porque entonces lo era, si bien en otro país.

-De una universidad española -me advirtieron.

Para leer necesitaba la autorización de un funcionario español y explicar con qué propósito (oscuro, sin duda) quería leer. Me quedé de piedra.

Llevaba años leyendo sin problemas en las mejores bibliotecas del mundo y aquí, en Madrid, todo eran obstáculos. Luego leía en los periódicos la propaganda, que si estaban convirtiendo la Nacional en un centro a la altura de las grandes bibliotecas del mundo, etc., y no daba crédito: en ninguna de las grandes bibliotecas del mundo me habían pedido ni la hora para dejarme leer sin problemas.

Me imaginaba a Carlos Marx, un extranjero, en la biblioteca del Museo Británico:

-Verá, me propongo leer unos libros de Economía con el objetivo de destruir el capitalismo y provocar una revolución proletaria.

-Ah, pues en ese caso, va a ser difícil, amigo. ¿Contará usted con la autorización de algún funcionario británico para eso que dice que va a hacer, verdad?

En la Nacional de Madrid, hoy Marx no podría escribir El Capital.

No es sorprendente que la reforma de la Biblioteca la emprendiera un partido socialdemócrata como el PSOE.

Vale, no es difícil conseguir la firma y la tarjeta de investigador: es una cuestión de principios o de cabezonería, llámalo equis.

Otra vez iba a entrar a la Nacional y llevaba una bolsa con cuadernos.

-¿Lleva ahí un ordenador? -me preguntó el tipo de la puerta.

-No, qué va. Lápices y cuadernos -dije, mostrando el contenido.

-Entonces no puede entrar con la bolsa, tiene que dejarla en consigna.

-Perdone, ¿quiere decir que, si además de esto, llevara tambien un ordenador, entonces sí que podría meter la bolsa?

-Si lleva un ordenador, sí.

-Oiga, perdone, ¿usted no se da cuenta de que es absurdo? Estos cuadernos no. ¿Pero estos cuadernos y, además, un ordenador, entonces sí?

-Son las normas.

Puro surrealismo español, ¿verdad?

Luego empezaron con la matraca de los estudiantes. Había que hacer desaparecer a quienes iban a estudiar a las bibliotecas. Las bibliotecas era “centros de investigación” y los putos estudiantes con sus putos apuntes molestaban a los señores investigadores, a los que los bibliotecarios ahora llamaba don Rafael. Se lo debían de haber enseñado en un cursillo especial: lo primero, mira la tarjeta y quédate con el nombre, y le llamas don Rafael. Eso es lo único importante: que se sientan especiales. 

-¿Y qué quiere que hagan los estudiantes?

-Ése no es mi problema: aquí no se viene a estudiar.

-Ah.

Me cansé, me harté de la Nacional, porque me cansa siempre que las autoridades decidan a qué se va a los sitios y a qué no, con qué propósito, qué motivo es legítimo y cuál no, y quién se merece y quién no poder entrar.

Me cansan los privilegios.

No es algo metabólico, todo lo contrario: disfruto más que nadie de cualquier privilegio y reconozco el placer que da, no tanto el tener acceso a algo, sino el que tú tengas acceso a algo y los demás no. Es maravilloso, cómo no. No sabes hasta qué punto resulta embriagador. No hay nada parecido a atravesar un control de pasaportes, pongamos, sin hacer cola, mientras la gente normal espera. Es resplandeciente.

Además, altera la química cerebral, se producen descargas de serotonina, verdaderas tormentas de endorfinas, y la sensación de placer estimula todo el sistema nervioso y se transmite por todo el cuerpo, desde las uñas a la raíz del cabello, como una descarga eléctrica.

Al mismo tiempo, cuando disfrutas de un privilegio, cada célula de tu cuerpo conspira para convencerte de que, en realidad, tú te lo mereces. Tú necesitas investigar, pongamos por caso, no como esos putos estudiantes que van allí por motivos mucho menos legítimos (estudiar, según alegan ellos: ¡ja!).  A ti te daría lo mismo ir en metro, pero tu responsabilidad te obliga a llegar rápido, en coche oficial. Cada célula, cada tejido de cada órgano se suma al complot corporal hasta persuadirte de que no es un privilegio, sino una exigencia lógica de tu tarea.

Así que, si fuera por mi metabolismo, yo siempre viajaría con pasaporte diplomático, entraría a las bibliotecas con mi tarjeta de investigador, iría a los conciertos con un cartelito que pusiera “ORGANIZACIÓN” y sólo comería en el reservado de los restaurantes.  

Mi metabolismo es de señorito, disfruto como un enano cada vez que me ofrecen la más mínima ventaja.

Y, por supuesto, gracias a esa conspiración celular de la que hablábamos, soy incapaz de percibirlo como privilegio: es justo y necesario, yo lo valgo.

El lado positivo de esto es que, en general, yo desconfío de mi metabolismo. Sospecho de él. Me insurrecciono.

Unas veces lo consigo y otras (muchas) no. Algunas veces consigo desenmascarar la conspiración celular, glandular, metabólica, y darme cuenta de que estoy haciendo uso de un privilegio. Otras (la mayoría) ni siquiera me doy cuenta: mis órganos internos se salen con la suya y ni siquiera lo veo, o me dejo convencer de que es algo necesario, algo indispensable. algo que hago, no por el placer químico de ser un privilegiado, sino porque es mi deber.

Una vez hice un viaje en primera. A pie de la escalerilla del avión había un coche con chófer esperándome. No hice ni una sola cola y mi chófer me llevó a toda velocidad al Ritz, donde ocupé una habitación más grande, mucho más grande, que mi casa de Madrid. Iba a una reunión y me pareció lógico que mi tiempo fuera mucho más valioso que el del resto de los pasajeros, por supuesto. El siguiente viaje lo tuve que hacer en clase Business y, de pronto, me pareció una mierda eso del Business y la sala VIP, algo para ejecutivos y gentecilla, indigno de un tipo como yo. De viajar en clase turista ya ni hablamos.

-Coño, como se acostumbra uno al jamón del bueno -me dije, asombrado.

Y fue cuando me puse a organizar la insurgencia. A veces ganamos alguna escaramuza, tomamos una cota, mantenemos durante días una cabeza de puente en territorio enemigo. En general, las células ganan y sucumbo al fuego a discreción disparado por mis órganos internos. Y disfruto de cualquier ventaja mirando para otro lado, sin darme cuenta de que es una ventaja.

Cualquiera. Por minúscula, por pequeña, por ridícula que sea la ventaja. Aunque sea la de que a mí, en el bar de aquí, de Piles, me ponen aperitivo, y a los demás no. A los de siempre, aquí nos dan trato VIP. A mi amigo Paco y a mí nos guardan mesa y nos ponen almendras tostadas.

Qué pasa, no es por nada, es sólo porque nos conocen de toda la vida, es lo más natural, no es ninguna ventaja ni un trato preferente.

Y disfrutamos, claro que sí. Será un placer rastrero, una sucia sensación de superioridad, todo lo que tú quieras: pero mola.

Pues eso: si por mi metabolismo fuera…

Bueno, seguimos con las bibliotecas.

Cuando llegaron los socialdemócratas al poder, en el ámbito cultural lo primero que hicieron fue a) cargarse la benemérita y añorada Editora Nacional; y b) convertir la Biblioteca en un “centro de investigación” de acceso restringido.

Así que no he vuelto.

Leo libros de la biblioteca de Iglesia, que es a la que iba en mi infancia.

Total, que tengo pocos libros en casa. Cinco estanterías. La mayoría, una vez leídos, se los llevo a Crescencio, mi librero de la calle de la Palma. Cualquiera que quisiera saber de dónde lo he copiado todo no tendría que esforzarse mucho: con ir a la librería de Crescencio y comprar mis libros, que suelo subrayar y dejar anotados a lápiz, sabría cómo he convertido en albóndigas caseras los mejores solomillos de la literatura universal.

El otro día, estaba haciendo mis cosas y de pronto, ¡cataplonk!

Se desplomó la poesía.

-¡Hostias, la poesía!

Toda la poesía (que yo tengo en casa) se había ido al suelo con estrépito.

Apilé los libros y seguí a lo mío.

 

Ahora no sé qué voy a hacer, cuando vuelva a Madrid.

¿Arreglo la estantería y vuelvo a colocar los libros o los meto en bolsas y se los llevo a Crescencio?

¿Qué harías tú?

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Comentarios (61)

marJunio 28th, 2009 at 9:43

Bibliotecas, uno de mis temas favoritos. Lo de la Nacional es de traca, pero yo me se una peor: en la biblioteca de Políticas de la universidad de granada, por lo menos hace unos años, estaba prohibido entrar con cualquier bulto: carpetas, mochilas. Cualquier cosa que no te cupiera en los bolsillos. Precisamente para que la gente no entrara a estudiar, que para eso había unas aulas especiales. Bien, para dejar todas tus cosas había unas taquillas. Y las taquillas había que cerrarlas con un candado que se supone que te traias de casa. A mi me daba igual y dejaba la mochila encima de las taquillas, pero porque nunca he llevado encima nada de valor. Pero a veces podía ser un inconveniente gordo.

Si lo que querías llevarte era “prestable”, no había mas problema, lo sacabas y punto. Pero había mucho material que no era prestable, por ejemplo, los periódicos o las revistas científicas. Y aqui empezaban los verdaderos problemas: cuando empecé a ir a la facultad había una fotocopiadora dentro de la biblioteca. Había que salir, ir a reprografía y comprar una tarjeta. Luego hacias tus fotocopias y te ibas con ellas. Pero estando en primero prohibieron las fotocopias. Ahora no te las hacen casi en ningún sitio. ¿Y que se supone que haces con un material que no puedes sacar, que no puedes fotocopiar y cuando te han prohibido que entres tus libretas o tu ordenador, sobretodo si no tienes memoria fotográfica?

Había dos soluciones. Una era llevar una libreta y un lapiz pequeñitos, que cupiesen en los bolsillos, de contrabando, y rellenar un montón de paginas con lo que te interesaba. Yo cogi esa costumbre y aún la mantengo. La otra era arrancar la pagina que te interesaba y llevártela fuera. El resultado eran periódicos y revistas mutilados, y un montón de gente sin poder hacer los trabajos porque de aquellas no todo estaba en internet. Todo eso por empeñarse en que la gente no estudiara en la biblioteca. Lo de la biblioteca de jurídicas de la Carlos III ya te lo cuento otro dia.

Con los libros de poesía también puedes hacer otra cosa: los donas a las bibliotecas municipales de madrid, que buena falta les hace.

Mª DoloresJunio 28th, 2009 at 10:03

Pues yo los libros de poesía los regalaría a los cubanos y la estantería también ,que allí escasean.Yo mande a un cubano que me lo pidió,unos libros ,entre ellos uno que te enseñaba a hacer cartas astrales . Me costo mandarle los libros 7.000 pesetas ,me pareció carísimo. Si haces lo que te digo te quedará una pared libre ,y más espacio en la habitación, eso según el feng-shui es muy sano y hace que fluyan bien las energías. A mí la poesía me hace ponerme triste y no tengo ganas de llorar. Un abrazo.

BlankJunio 28th, 2009 at 10:21

No sé quién te atendió en la Biblioteca Nacional el día en que te explicaron que sólo podías pasar la bolsa si llevabas en ella un ordenador. Eso es falso. Está estrictamente prohibido que los ordenadores vayan dentro de bolsas ni de fundas: deben estar a la vista, sin cubrir. No hay discriminación respecto a los escritores de papel. Sencillamente, no se entra en la Biblioteca Nacional con otras bolsas que no sean las transparentes que proporciona la propia Biblioteca. Hay gente que tiene la costumbre de arrancar páginas, e incluso de escamotear mapas de Ptolomeo.

Tampoco sé quién te atendería el día en que te dijeron que sólo te darían acceso a la Biblioteca Nacional si llevabas una carta de algún profesor universitario español. Eso también es falso. Jamás he llevado ninguna carta de ese tipo. Dos amigos míos, uno de la universidad de Chicago y el otro de una pequeña universidad de Arkansas, acceden a la Biblioteca Nacional sin ningún problema, y sin cartas profesorales de ninguna nacionalidad. Las normas de acceso y de obtención del carné de lector son muy claras, y figura en la página web de la Biblioteca: no son tablas herméticas guardadas bajo siete llaves.

Frecuento la Biblioteca Nacional, entro en ella con ordenadores y nunca me ha venido un funcionario a contarme milongas. No necesito tarjetitas con mi nombre donde ponga Doña Menganita, ni chorradas por el estilo. Me basta, eso sí, una Biblioteca donde los puestos de lectura se destinen a los lectores de libros. De libros, que es lo que se custodia y se sirve en la Biblioteca Nacional. Soy consciente de la falta de puestos de estudio que hay en Madrid, y de la mucha demanda que tienen. Pero la Biblioteca Nacional no está para suplir ese fallo. Como no lo está la Biblioteca Británica, donde no se le ocurre ir a estudiar apuntes ni al que asó la manteca. Y si la Biblioteca Británica permitiese el acceso a los estudiantes de apuntes, Marx no habría podido jamás escribir “El Capital” por falta de asiento.

DianaJunio 28th, 2009 at 11:44

Dámelos a mí, harás un gran favor a la poesía contemporánea, haré unos filetes rusos deliciosos con toda ella!!!

Lo digo en serio, ñam ñam, dámelos a mí, me los merezco.

Saludos,
Diana

Mª DoloresJunio 28th, 2009 at 12:48

Acabo de leer tú artículo de hoy en Público ,me ha gustado mucho. Hoy regalaban con el periódico un libro “Tatuaje” de Vázquez Montalbán,es bonito encontrarse con la sorpresa de que te regalen un libro,me lo llevaré al trabajo y si hay pocos pacientes igual hasta leo algún capítulo. Con esto quiero decir que tus libros de poesía pueden ser un buen regalo,para álguienes.

javiJunio 28th, 2009 at 13:07

Yo le regalaría alguno a un lector, jajaja. No; lo cierto es que me duele desprenderme de ellos, sobre todo si son de poesía. Aunque no hace mucho dejé a la intemperie “Sacha Yegulev”, me traía malos recuerdos. Alguien lo recogió, espero.

Ignacio de LoyolaJunio 28th, 2009 at 13:14

Y hablando de poesía; para su archivo señor Reig.

CRONICA DE DOMINGO
RAUL RIVERO: Poesía y lentes oscuros para huracanes

Madrid — Tiene que ser el averiado y caquéctico sistema de propaganda del Partido Comunista de Cuba el que les ponga los toques finales a los informes que leen acerca de la isla algunos funcionarios de la Unión Europea y de España. Sí. Eso, la asesoría de los profesionales del panfleto o una ceguera voluntaria, un estrabismo exuberante para asomarse a la realidad de los cubanos.

Sólo de esa manera puede entenderse que se presenten ante la prensa a decir que en los últimos tiempos no se ha intensificado la represión en Cuba, a mostrar su satisfacción porque nada más quedan en las cárceles 200 presos políticos y a ver amagos de cambios favorables en la economía donde lo que se vive es el drama de los campesinos obligados a actuar como conspiradores o gansters para vender un pollo, unas yucas escuálidas y media docena de mangos disimulados en un catauro de urgencias.

Los demócratas que están dentro de Cuba y el exilio pueden entender ese discurso de mentol y aspirinas en los informes de las cancillerías de los populistas que encabeza el gorila Hugo Chávez y en las de otros maromeros de América Latina, que guardan sus libretas de bancos y los expedientes ajados de sus trampas políticas en unas casaquitas rojas.

Pero esos mensajes son insultantes e inaceptables cuando provienen de la Europa desarrollada y libre, donde la información sobre la verdadera vida en Cuba no la pueden ocultar el telón de guarapo, los mojitos, las cajas de tabacos de Pinar del Río, ni las maracas amaestradas que tocan todavía La internacional en tiempo de guaguancó.

El periodismo independiente, las instituciones de la sociedad civil que observan las violaciones de derechos humanos, los activistas de los partidos políticos de la oposición y, en los últimos tiempos, una eficaz red de blogs atendidos por jóvenes intelectuales lúcidos y honestos, ofrecen un panorama claro y abierto de lo que pasa en Cuba.

Se trata de una visión a la que se le debe añadir la cobertura de la prensa extranjera acreditada, para que se puede contrastar con la función perturbadora de los ladrillos perpetrados en las redacciones oficialistas, donde se ve como trastabillan los figurantes de la batalla de ideas.

El que no quiera ver, el que no pueda, el que reciba instrucciones para no apreciar con honradez la vida cotidiana de la sociedad, hace bien en sumirse en la papelería de la burocracia.

Así, por ejemplo, no tendrá noticias del prisionero político Ariel Sigler Amaya, un atleta de alto rendimiento, campeón nacional de boxeo en Cuba, de seis pies de estatura y 200 libras, que después de cinco años y nueve meses en la cárcel ha perdido la mitad de su peso corporal, tiene disecadas las piernas y está condenado a moverse en una silla de ruedas.

Sigler Amaya, condenado a 20 años de prisión en marzo de 2003, es el presidente y fundador del Movimiento Independiente Opción Alternativa.

Los complacidos veedores de un escenario cubano retocado con brochazos de melado de caña y memoriales intoxicados no tienen tampoco que saber que Librado Linares, el ensayista y activista de derechos humanos, está en una celda de castigo en una cárcel de Santa Clara. Enfermo y casi ciego, tiene una condena de 20 años.

Puede haber notas y comentarios para cada uno de 205 presos políticos y libros enteros sobre los otros temas que algunas manos tratan de ocultar en Europa.

Los tramposos no leen poesía. Y si la leen, no la entienden. No conocen o no recuerdan, no quieren recordar, al Octavio Paz que se propuso en la España de l937 (él se lo propuso de verdad) ser hermano de las víctimas y se descubrió cómplice de los verdugos.

No, ellos no leen buena poesía y no han podido escuchar a Heberto Padilla cuando dice todos los días en Puerta de Golpe: Los hombres remontan los caminos / recuperados / y canta el que sangraba.

MaríaJunio 28th, 2009 at 14:24

Ahora comprendo el revuelo que cada equis tiempo, o zeta, arman los guardianes de la cultura alrededor de las bibliotecas escolares. Científicos, informantes de la realidad, pasantes… así cualquiera.
Me ha gustado mucho la entrada, Rafael. Si decides quedarte con algo de poesía, no la coloques muy arriba que sufre de vértigo.

Besazo

NachoJunio 28th, 2009 at 17:32

La mitad para la estanterias, la otra para el Sr. Crescencio. Y así todos contentos

Yo soy de regalar/prestar libros: una vez leído, que otra persona lo pueda aprovechar. Pero más de una vez me gustaría donar ejemplares a alguna librería pero no encuentro. Cualquier ayuda, es bienvenida

Como siempre, delicioso leerte. Un abrazo, Nacho

AnónimoJunio 28th, 2009 at 17:42

Pero qué retrasadito eres, Loyola.

IgnacioJunio 28th, 2009 at 19:58

Durante casi tres años estuve acudiendo a estudiar a la Nacional, del 93 al 96, día sí y día también, me conocía a todos los funcionetis allí apostados, a todos los investigadores y ratas de biblioteca con sus tesis y sus legajos del XVI; me sentí un apestado todo aquel tiempo, un joven estigmatizado por las miradas de todos aquellos sesudos estudiosos. Recuerdo que muchísimas veces me marcaba unas pellas y pedía libros raros: solían dármelos con mala cara, eran tiempos en que un panel hacía destellar un numerito que se correspondía con tu escritorio, no sé si sigue siendo así. Agunos escritores, entonces desconocidos y jóvenes, ahora celebérrimos y no tan jóvenes compartían codo y casi mesa conmigo, recuerdo sus también miradas de reprobación al ver mis infectos apuntes y contrastarlos con sus geniales musas, ¿es que en este país está mal visto estudiar o es de pobres o retrasados o qué coño pasa?, nunca me expliqué del todo aquello del señoritismo en la Nacional… Un saludo

Rata de bibliotecaJunio 28th, 2009 at 22:12

Proximo post sobre las bibliotecas “decentes” que aun quedan en Madrid. Ya nos sabemos una, la de Iglesia. Puede ser de gran utilidad.
Un saludo.

ovideo cejudoJunio 29th, 2009 at 1:29

donaciooo quetal sta? yo biengracias adios aqi ener pueblod e viillaconejos den medio tamien ai bliboteca pero como susamupoco pos haitelarañas y los ratonesan comio lodeporfuera de los libracos iladoña sacristana los esta aofrrando con papeles del os cartelés delaucd de cuandoel suarez que estavatoel pueblo empapelaoy nosquedamos muchos de recuerdo,con eso i unos cepos vienacolocaos,los ratones respetaran los libracos ………laverdad esqe estamal aprovecha al bloviteca porquesta mu frescaen verano y calenticaen el invierno porquestaen el refugiode la guerra pa las bombas ques como cueva y seriabuen local paecharse siestas y el botijo estaria fresquicoenv erano ….la sacristana saprovecha y comotienela llabe guarda allí los melones i las patatas i en un rinconque avajas pone basura i le salen champiñomes……alugo se los comel señpr cura conajos.pos ya saven señornacio si qiere berlavoblitrecamonicipal vengapaca yo le pido lallabe ala sacristaña i boiconuste.usteeselmasteletual detoslosq ue salenporaqui y se lo tienemereció..,de paso le quitamos unospoco champiñonesalcura que nosentera.

Espía secretaJunio 29th, 2009 at 2:02

Las bibliotecas es el mayor nido de espías que os podaís imaginar,nada es lo que parece. Los espías estudiamos el primer curso de espías en las bibliotecas, y lo que aparentan ser estudiantes de literatura ,o ancianitos jubilados que recuerdan sus batallitas son en realidad espias viejos enseñando a los jovenes.El porcentaje puede ser de uno de cada diez de los que veís en la biblioteca estan estudiando el primer curso de espionaje. Si obserbaís un rato con atención a dónde mira la gente pronto vereís que se hacen algunos cruces de miradas con gestos raros ,se guiñan un ojo ,sacan la punta de la lengua ,se rascan la nariz o se arrancan pelos de las cejas mientras que el de enfrente se toca la oreja en correspondencia a lo que signifique ,es un suponer porque claro yo no os voy a contar lo que significa cada gesto ,pero es un lenguaje parecido al de los sordomudos o al de jugar al mús. Pero el que quiera ser espía que contacte en la biblioteca con el que haga algo de esto que os he dicho y que le pregunte ¿ me puedes decir donde me puedo matricular para espía ? si le contesta ! qué dices ! , es que se ha equivocado y tiene que afinar más la próxima vez. En caso que se lo pregunte a un espía le contestará,enhora buena tú tienes madera de espía,bienvenido a nuestra hermandad.

Espía secretaJunio 29th, 2009 at 2:04

Los fallos ortográficos es culpa del satélite

Sra Maruja la porteraJunio 29th, 2009 at 2:21

Que gente más rara señor, ya no son horas , ni de espías ni de tonterias, con lo bien que se está en la cama ,allí se me quitan los dolores y estoy en la gloria ,bueno tambien porque me tomo el nolotil,la de la tensión, y la de la circulación que si no ,no sé yo…. bueno ya no queda nadie y el señorito Rafael puede dormir tranquilo que yo le vigilo esto ,para que lo tenga bien limpio y ordenado. H oy he pasao el mocho y he tirao insecticida para los mosquitos ,que hay plaga. A descansar y hasta mañana .Voy a conectar la alarma ,no sea cosa que entren ladrones que no se salvan ni los blogs,ayer entraron en el del vecino, y le han robado hasta los cables.

ElkeJunio 29th, 2009 at 7:43

Los libros no se desportillan, Reig. Ni que fueran de cerámica. Cuide su lenguaje, o nunca será escritor de exito al que le paguen muchos viajes en primera y lo alojen en el Ritz. Ni Falcones habría escrito eso. Qué digo Falcones. Ni Maruja Torres. Por cierto: como escribió una vez uno de sus escritores odiados, el sombrero lo suelen llevar los caballeros, sobre todo para quitárselo delante de las señoras. Y cualquier caballero sabe que el sombrero se quita al entrar en casas, bares y lugares cerrados. Son los paletos los que no lo saben.

morcefJunio 29th, 2009 at 10:40

Cada vez me gustan menos la poesía y el encaje de bolillos y más la prosa y lo analítico.¿Han leído alguna vez a Jesús Mosterín? ¡¡Deberían!! Como muestra les dejo un artículo:el mejor que se haya escrito jamás sobre el aborto.Además es de esas personas que tienen labia y divierten cuando escriben de lo que sea (si les gusta cómprense o déjense prestar “La naturaleza humana”)
http://www.elpais.com/articulo/opinion/Obispos/aborto/castidad/elpepiopi/20090324elpepiopi_11/Tes
Me ha encantado el comentario de Blank:informativo,desmontando teorías conspirativas (“El Inmundo” y su alargada sombra).Y me ha hecho mucha gracia el paralelismo final.

rafaelreigJunio 29th, 2009 at 11:00

No discuto que yo sea, no sólo un vomitivo redactor (llamarme escritor es demasiada generosidad), sino también un plebeyo sin modales, etc. Pues bueno, pues vale. Me gustaría aclarar una minúscula cuestión, sin embargo. Desportillar es “deteriorar o maltratar algo, quitándole parte del canto o boca y haciendo portillo o abertura” (DRAE, 22ª) Desportillado, naturalmente, como define el Dicc. de Autoridades de 1732, no puede ser otra cosa que “lo assí abierto y maltratado”. Se aplica mucho a platos, jarros, ollas, espejos, dientes, paredes, frisos, etc. También muy a menudo a monedas (el propio Dicc Autoridades lo documenta), y, por supuesto, a libros. Cuando a un libro, por el uso o el maltrato, se le desprende parte del lomo, se dice (con toda propiedad) que se desportilla. En un sentido más figurado también se escribe sobre “sueños desportillados”, por ejemplo, “desportillados paisajes”, etc. Quevedo llegaba a escribir sobre “el mear desportillado” de cierto individuo.
Lo que no soy es psiquiatra, así que no consigo entender (ni hago mucho esfuerzo, lo admito) las averías que deben de tener algunas personas en la azotea.

Blank, eso no es falso. En absoluto. Si lee con atención verá que no digo que suceda en la actualidad, sino que sucedía. Y sucedía. He frecuentado mucho la Nacional al menos desde finales de los setenta hasta que me cansé de imbecilidades (debió de ser en los noventa). He tenido tarjeta de investigador durante años y le aseguro que los trámites incluían los que he relatado.

Pues eso. Luego contesto a los demás, que ando con lío.
Besos y abrazos

Más claro, aguaJunio 29th, 2009 at 11:21

Yo creo que solucionarías todo tu problema creando una Fundación que llevara tu nombre. ¿Qué escritor no tiene, al menos, una? Donas todos tus libros a la Fundación y en la estantería vacía cuelgas un cartel que rece: “El saber no ocupa lugar, ¿estamos?”

Para que la Fundación sea próspera es conveniente que te conviertas en finado, pero esto ya no me atrevo a aconsejártelo, que tenemos unos vermús pendientes… ;-)

scouserJunio 29th, 2009 at 11:45

Me encanta, Rafael, el sombrero que te pones en Piles. Delicioso, la mejor estampa veraniega que he visto en años.
Por cierto, ¿cómo va la novela de espías? hace un año por estas fechas estabas corrigiéndola o aglo así, ¿no?
Y lo de las bibliotecas, en este páis, mejor dejarlo para otra cuando haya algún político responsable

FroidJunio 29th, 2009 at 11:46

La avería de los tontoyola se llama trastorno de conversión, agudizado por problemas lectoescritores profundos.

PalomaJunio 29th, 2009 at 12:53

Odio desprenderme de los libros que leo. Reconozco incluso que a veces alargo el devolver los prestados para ver si el dueño se olvida y así quedármelo. Es retorcido. Pero no puedo evitar sentir cierto placer y tranquilidad cuando me veo rodeada de libros.

Si a ti no te ocurre lo mismo llévalos, sin ninguna duda, a Crescencio. No es que el fen sui fluya mejor, es que acumularás menos polvo.

¿Te cansas de los privilegios? supongo que te refieres a los ajenos…

elfuncionariocansadoJunio 29th, 2009 at 13:47

Si vas a tirar los libros, yo te los recojo.

ChorrasJunio 29th, 2009 at 16:35

Pero ¿por qué es usted tan cantamañanas? ¿Cuáles son esas prestigiosísimas bibliotecas extranjeras dónde a usted se le deja entrar con bolsas y a repasar apuntes? Desde luego, la Biblioteca Británica, no. La visito desde hace mucho tiempo y, ni en la antigua (donde se sentó Marx) ni en la nueva, se admite entrar con bolsas ni ocupar asiento para repasar apuntes. Por otr aparte, permítame que le manifeste un estupor: ¿en los años setenta y ochenta, cuando usted dice haberla frecuentado, los funcionarios de la Biblioteca Nacional tenían orden de sólo dejar pasar a investigadores con ordenado? No me extraña que la investigación en España ande como ande: pocos debían de ser los investigadores que entraban en tan selecta casa: que yo sepa, el portátil se popularizó algo más tarde.

Javier DivisaJunio 29th, 2009 at 17:47

A mí me gusta pasar ligero por la vida , tíralos, déjalos en los bancos de las paradas de autobus, en las barras de los bares, en los portales de las fincas, en los vagones del metro, en donde haya otro que lo tome. No obstante, no creo que debieras tirar tus imprescindibles, tío.

pascual quieraJunio 29th, 2009 at 18:07

Bueno, pues yo fui a la Nacional hace tres semanas y me dijeron que nanai! Me pidieron el carnecito selecto. Lo peor es que donde yo quería ir era a comer a la cafetería con un amigo. Ni eso me permitieron.
Creo que cuando estuvo Rosa Regas la cosa se abrió un poco más a la ciudadanía, pero ahora han vuelto a ponerse estupendos.

carlitosJunio 29th, 2009 at 21:15

Pues yo no puedo Rafita, cuando leo algo que me gusta lo quiero tener cerca. Debe ser mi limitada capacidad intelectual, pero siento que si pierdo mi libro perderé lo poco que aprendí leyéndolo. Por eso soy incapaz de tirar un libro, me mata prestarlos, o subrayarlos.
La mayoría de mis libros están en el trastero, metidos en cajas, y me encanta bajar de vez en cuando para descolocarlos un poco.
No los tires!!

Una másJunio 30th, 2009 at 0:43

Yo he pasado muchos años investigando en la Nacional. Muchos años y es cierto lo que cuenta en este post. Los tornos de vigilancia, la seguridad al que entra con un simple cuaderno y un boli,… Las chicas con el bolso lo teníamos más fácil.

Pero si escribo es para decir que a mí me encanta la Nacional, la penumbra, el silencio, las estanterías, los pasillos, las cajas donde se guardan los libros, el ruido de las puertas,… Es un escenario perfecto para escribir una novela negra. También me gustan otras: la de Filología Hispánica de la UCM, la de Iglesia, la de la calle Toledo,…

Me contaron hace poco una historia sobre dos investigadores que llevaban encontrándose todas las tardes durante diez años en la Nacional. Ella y él. Diez años mirándose y nunca se decían nada. Un día ante el mostrador para pedir las cajas de reserva él se lanzó: ¿Para cuánto tiempo lo tienes? Ella contestó: Me quedan cinco días. A los seis días ella le preguntó en el mismo mostrador: ¿y tú para cuánto tiempo? Para una semana. Así llevan unos meses prestándose libros sin querer mientras investigan sobre el mismo tema…

Bueno que es muy tarde. Buen post

juan como todosJunio 30th, 2009 at 9:00

A Crescencio.

TaroteraJunio 30th, 2009 at 9:15

Le he tirado el tarot a Rafael y tiene que tener cuidado con la estanteria porque tiene peligro de accidentes en los tobillos y pies, que se busque ayuda para ponerla que se le puede caer encima . Además y se ve en la foto, que esa estantería está desvencijada, no va a resistir tanto libro. En resumen Rafael ,cómprate una estantería.

Dra. QueenJunio 30th, 2009 at 10:47

EN una ocasión que se juntaron unos amigos estudiantes en vacaciones,en casa de uno de ellos,en una época de juventud con poco dinero . Y el poco dinero que tenían lo gastaban en tabaco y cerveza,ocurrió que uno de ellos de vez en cuando se apartaba del grupo y entraba en el salón y se dirigía a la biblioteca, así lo vieron varias veces, y al final se descubrió que su interés por los libros no era otro que el comerse las lonchas de chorizo y salchichón que había escondido entre las hojas de un libro , viendo que escaseaba la comida. Esos libros aparte de literatura conservan unas grandes manchas de grasa y se demuestran que una librería puede servir hasta de despensa . Rafael te sugiero que recicles tu estantería.

Dra. QueenJunio 30th, 2009 at 11:14

Esto que he contado es real ,este chico se llama Pepe ,es médico de una ciudad con playa. Lo sucedido fué instinto de supervivencia.

WasserJunio 30th, 2009 at 11:24

Qué carrerón lleva la Elke.

Para una vez que se mete a corregir en detalle, va la tía…¡ y patina!

Joder, Elke, acumuladora de fracaso, ¿cómo coño esperas hacer algo en el mundo de la escritura si combinas IGNORANCIA del diccionario con ATREVIMIENTO para hacer estúpidos alardes sin base? Por ese camino sólo te espera el bochorno y el ridículo.

Y luego, resulta que la Elke es una obsoleta, un retablo mental, con esas chorradas de la “urbanidad” más propias de mi tía-abuela que de una mujer actual que se permite presumir de “volúmenes”.

Ay, Elke, qué futuro más brillante tienes A TUS ESPALDAS.

BelénJunio 30th, 2009 at 11:55

Me ha gustado mucho este escrito tuyo de hoy, porque está lleno de reflexiones inteligentes, y algo inquietantes (me refiero a eso del metabolismo señoritingo… A mí me ocurre igual; por eso me inquieta tu confesión).

En cuanto al tema de la Nacional: aparte de que lo que cuente Blank corresponda o no a la realidad concreta y actual de esa Biblioteca, y que lo que tú contabas eran cosas que te ocurrieron hace décadas, hay algo en lo que estoy absolutamente de acuerdo con Blank. Se trata de la restricción del acceso de los “estudiantes” a las salas de la Biblioteca. En efecto, como dice Blank, todos esos señores y señoras que ocupaban esas salas (y las del Ateneo, y las de todas partes), que son opositores al MIR, a notarías, etc., copan absolutamente todos los lugares que toman, desde tempranísimas horas de la mañana hasta que los echan porque se cierran las puertas de las salas que infectan. Desde luego, Marx no podría haber escrito absolutamente nada en la Nacional, puramente por falta de silla.

Hace muchos años que esta plaga de opositores me toca las narices. Me alegra que por fin alguien haya decidido hacer algo.

La biblioteca de Iglesia, por otra parte, y si es la que yo recuerdo de mi infancia (al lado de la sinagoga), es un lugar estupendo para leer y escribir, así que no debes echar de menos la Nacional.

Un beso, Rafael. Disfruta mucho de Piles.

San PEDROJunio 30th, 2009 at 15:27

Ayer fué mi santo y nadie me regaló nada,te sugiero Rafael que me los regales a mí porque estoy muy aburrido, por aquí viene tan poca gente que el tiempo se hace eterno, si no empiezo a pasarlo mejor con tus libros, estoy por bajarme al infierno ,allí hay más ambiente.

Juana la locaJunio 30th, 2009 at 15:44

Rafael regálamelos a mí que yo estoy más aburrida que san Pedro,además he llorado tanto por Felipe que ya no me quedan lágrimas,y ahora ya no puedo llorar,seguramente leyendo poesía volveré a recuperar el lagrimeo. Mándame también la estantería y la gastaré para hacer fuego en la chimenea del Castillo que no veas en el invierno si hace frio,eso o tapo las ventanas con los libros porque no tengo ventanas climalit ,bueno tú mándamelos que ya lo aprovecharé. La dirección del Castillo no la sé pero tú lo puedes saber mirando algún enciclopedía y después se lo dices a los de SEUR que me lo traigan . Recuerdos a Pedro de Paz el Hermoso.

Juana la locaJunio 30th, 2009 at 15:53

Si por casualidad mi castillo está cerca de tu casa,me los podrías traer tú y así te conocería en persona,hace tanto que no veo un hombre ,que poderte ver sería el mejor regalo.

BibliotecariaJunio 30th, 2009 at 16:06

A mí no me los regales ,porque yo soy pirómana y quemo todo lo que pillo, sobre todo lo que más me pone en lo de la piromanía es ver libros , es que los quemaría todos. Bueno ahora estoy de baja porque esto es una enfermedad cuando este recuperada volveré a trabajar a la biblioteca nacional, pero de momento estoy descansando en la playa aquí no tengo problemas porque lo único que se puede quemar soy yo bajo el sol.

Analfabeta poéticaJunio 30th, 2009 at 16:15

Regálamelos a mí , porque es una obligación moral enseñar al que no sabe. La estantería mejor se la regalas a” Más claro,agua “,para que su cuñado se entretenga arreglándola y no le moleste por un rato.

susan s.Junio 30th, 2009 at 16:42

Desde luego Sr. Rafael, usted pone el circo y le crecen los enanos.
Yo le diré que no se preocupe por nada, que está usted muy bueno, aparte de escribir muy bien.

Gatita presumidaJunio 30th, 2009 at 17:23

Cuanta envidía Rafael,te das cuen. Miau,miauuuuuu ……………u…

Gatita presumidaJunio 30th, 2009 at 17:34

La verdad es que no debería quererte ,desde que me acariciaste la cola y yo te arañé ,en el hotel de la fiesta ¿recuerdas? pués no me has hecho ni puto caso, y sin embargo te quiero.

UN LIBROJunio 30th, 2009 at 17:49

Soy un libro y pido para esos libros de Reig,esos que están ahí ,tirados en el suelo ,un poco de dignidad y honor. Quisiera que el señor Rafael Reig en esa pared luminosa que está a la derecha de su mesa, encargara a un ebanista un mueble hecho de madera noble y con un buen diseño que contuviera en sus estanterías estas joyas literarias que ahora yacen tiradas como si nada valieran. Se lo pido por favor porque los libros vamos a desaparecer muy pronto. Es una pena pero pronto seremos objetos de colección. Consérvelos y le dejará a su hija un buen patrimonio como herencia. Gracias.

bookJunio 30th, 2009 at 18:38

s., no se enfade. Lo del patinazo no iba con usted, así que ya se puede llevar a los niños.

Más claro, aguaJunio 30th, 2009 at 19:29

Analfabeta, gracias por el apoyo, pero, en vez de regalársela a mi cuñado, yo casi prefiero que se la haga tragar directamente… ;-)

Caza fantasmasJunio 30th, 2009 at 23:35

Sr Rafael Reig quisiera pedirle un favor,resulta que al lado de la suite, donde usted pasó la noche de la fiesta pasada ,(la que tuvo con sus amigos escritores,según me han contado), apareció muerta una señora mayor ,millonaría ,creo que inglesa o americana,y tenía en la mesita de noche un libro suyo,creo que se llama “Sangre a borbotones”,esta´firmado por usted y tiene una dedicatoria en inglés dedicada a la señora en cuestión. El libro resulta que posee una facultad que consiste en que se mueve de un lado a otro de la habitación,sin que nadie lo toque,esto es un fenómeno paranormal y yo me dedico profesionalmente a desentrañar esos misterios,que para mí no lo son . Necesito que usted venga al hotel y tenemos que hacer una sesión de espiritismo para conectar con el espíritu de la dueña del libro,y que pare el fenómeno que además se acompaña de ruidos extraños y gemidos ,que asemejan a un orgasmo. Como usted comprenderá nadie quiere entrar en esa habitación. Por eso el hotel contactó conmigo,`para que yo solucione el problema. Volveré a contactar con usted para decirle lo que tiene usted que hacer y el día y la hora de la sesión espírita. Un saludo.

La dama bobaJunio 30th, 2009 at 23:39

¿ Los libros embrujados en que parte de la librería hay que colocarlos?

helenaJulio 1st, 2009 at 0:09

Belén, pues en algún lugar tendremos que estudiar, y digo yo que una biblioteca no es mal sitio, sea para escribir El Capital o para sacarte unas oposiciones a notarías. Por lo menos hay silencio, que no creo que los opositores hagan mucho ruiso. Que igual derecho tendremos todos a ocupar una silla pública, a no se que te gusten demasiado los privilegios, más que a Rafael incluso… No te preocupes que si ya tienes tu carnet exclusivo que te permite entrar a esa biblioteca no te la encontrarás ya infectada (como tu dices) de opositores, que ahora hay que ser vip para entrar. A ver si la privatizan y que la paguen sólo los que entran.

helenaJulio 1st, 2009 at 0:20

lo siento por los errores no me funciona bien el teclado

Dra. QueenJulio 1st, 2009 at 0:37

Recuerdo una vez estudiando en la biblioteca de la facultad ,tenía 17 años en primero de medicina,estaba enamorada del profesor de bioquímica ,tan guapo tan barbudo y bigotudo,tan moreno ,tan fuerte,tan varonil,me preguntó de donde era y algo más que yo no escuchaba porque me quede conmocionada de verle tan cerca y tan guapo y hablándome a mí sola, me quedé atontada . Y ese es el ,mejor recuerdo que tengo de la biblioteca ,su sonrisa y mi inocencia.

mayweatherJulio 1st, 2009 at 17:31

Soy fetichista de libros, biliotecas, librerías y demás. A ver si se anima a escribir algo sobre aquellos que no se han movido de su casa en mucho tiempo. Saludos.

Un yo de tantosJulio 1st, 2009 at 21:08

que raro, raro, raro,raro…..¿o no?

Profe de lenguaJulio 1st, 2009 at 21:40

Para mayweather.Si en vez de fetichista de libros ,lo fueras de leerlos y estudiarlos no te ganarías la vida pegando puñetazos,sino que tal vez serías escritor como Rafael.

ElkeJulio 2nd, 2009 at 0:32

No cuela, Reig. Ése es precisamente mi terreno. Lo de desportillado, incluso diccionario en mano, es coger el libro por los pelos. Vd. quería decir y no dijo: ajado, sobado, maltratado, estropeado, requeteleído, desencuadernado. Pero como es un juntaletras mediocre y facilón le salió lo que salió. Y tiene gracia significativa que se pique y justifique. Creía que pasaba mucho. No me cuente cuentos chinos de porcelana Ming desportillada, ande. Que una puede ser borde pero no gilipollas. De postre, una sugerencia: deje el sombrero para los caballeros. A usted, con esa cara de cateto y esa pinta bajuna, además de los gustos escatológico-etílico-pornográficos que le conocemos sus fieles seguidores, lo que le encaja bien es una boina, a ser posible, con rabito.

FerminJulio 2nd, 2009 at 8:40

Qué mal encajas las meteduras de pata, Elke.
Mira que echar mano del sombrero. Ése es precisamente tu terreno.

BelénJulio 2nd, 2009 at 8:55

Helena,
De hecho, en la práctica convertir las bibliotecas en centros de estudio -o en granjas de opositores, como quieras- es un buen primer paso para privatizarlas. ¿Que debería haber lugares tranquilos y confortables en los que los ciudadanos que lo deseen y que lo necesiten puedan estudiar sus oposiciones? Claro que sí, sin duda alguna, ¿por qué no se hacen? Las bibliotecas deben poder ser utilizadas por la gente que quiere ir a leer, a escribir, a pasar un rato. No hay derecho a que no haya ni un solo sitio libre porque están todos ocupados por estudiantes profesionales.
¿Te parece muy injusto y disparatado?

AnónimoJulio 2nd, 2009 at 10:20

Pues sí, Elke, un poquito gilipollas sí que eres.

YoJulio 8th, 2009 at 15:22

¡To pal Crescen!

lauraJulio 14th, 2009 at 23:52

Creo que es mejor que los metas en tupper y hagas reuniones de amigas/os para sacarles un Kapital….es lo suyo….

EnriqueSeptiembre 29th, 2009 at 12:17

Muy grande la biblioteca de iglesia rafa, me he pasado allí grandes tardes en todos los sentidos, descubriendo libros geniales,viendo las recortadas revistas interviú que atesoraban en sus depósitos y ligando con chicas en la entrada del baño de la sala de lectura, baño al que ,por cierto, cual Abadía de “El nombre de la rosa”, se entraba tras una estantería llena de libros. Un pasadizo secreto, sexo y literatura, qué grandes compañeros. Un abrazo y gracias por tus columnas y artículos. Salud y República.

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