Rafael Reig, blog, escritor, novelista, literaturaPues aquí pondré lo que se me vaya ocurriendo. Poca cosa, en general. Lo primero que se me pase por la cabeza. Lo que lea por ahí y lo que me cuenten en la barra de los bares o los amigos. Y si alguien quiere poner algo también, estupendo: no censuraré ningún comentario. Corrijo: sólo permitiré que se publiquen los comentarios que a mí me dé la gana y no daré ninguna explicación al respecto


La mujer que ofrece minutos

Cuando llegamos a Bogotá, llovía.

Yo lo único que quería hacer era fumar.

Fumé y, luego, lo único que quería hacer era seguir fumando.

Esa noche nos fuimos los tres a cenar con Claudia Montilla y Ángela Pérez, en un restaurante muy bonito por Macarena. Nos reímos como si nos acabaran de diagnosticar algo incurable.

Luego te lo cuento, cuando llegue a Madrid y pueda ponerte unas fotos. Ahora estoy en el hotel, mirando por la ventana la carrera 10ª y las nubes que bajan de los cerros, como harapos tendidos o puestos a escurrir entre los rascacielos.

Ya no llueve.

¿Qué ando leyendo? Autores colombianos, claro.

He estado leyendo Tic, de Ricardo Silva Romero. Me ha encantado. Un día, “tras un sueño intranquilo”, Sebastián Bernal se despierta en otro cuerpo, en otra casa, con otra familia. El día anterior le habían robado su Volkswagen, un escarabajo, pero él no se ha convertido en escarabajo, sino en otro. Como Gregorio Samsa, no es el otro, pero está en el cuerpo de otro.

¿De cualquier otro?

No, se ha metido en el cuerpo de Gabriel Castillo, el pediatra de sus hijos. Un tipo soltero y solitario que ha estado toda la vida enamorado de la mujer Sebastián.

Gabriel, el pediatra, es amigo de un cura y vive con su hermana y su hermano. A Gabriel le hablan de la mujer que ama, le hablan del idiota de su marido, le hablan de él, de Sebastián Bernal, y por primera vez puede atisbar cómo se ve su vida desde fuera.

Intenta rebelarse, recuperar su cuerpo, etc. De momento, no lo consigue.

Digo de momento porque el libro nos lo turnamos para leer Orejudo y yo. Ahora se lo acaba de llevar Orejudo.

Se lo he dejado en el momento en que empieza el verdadero terror: Bernal se da cuenta, con asombrada resignación, de que la vida del otro, del pediatra en cuyo cuerpo está capturado, no le desagrada del todo. Esa vida que él había despreciado siempre, una existencia de insecto, de cucaracha, vista desde dentro, desde su cuerpo, tiene intensidad, sentido y hasta alguna intermitente y tenue felicidad, a pesar de la gastritis crónica.

Yo creo que aquí es donde la novela se convierte en terror psicológico. Consigue ver su propia vida desde fuera y no le gusta. Peor todavía: cuando comprende desde el interior la vida de otro, descubre que tiene un valor que él no sospechaba.

Hasta que no me la devuelva Orejudo, no te puedo contar más, salvo que me parece una novela espléndida,un descubrimiento.

El sábado comimos con Ricardo Silva y es un hombre amable, muy simpático y divertido. También conocimos a Yolima, a Margarita y a Darío Jaramillo, con quien me reí mucho.

Este es Ricardo Silva, con un ejemplar de Tic.

Apareció por el restaurante César Gaviria, ex presidente de la República.

-Le voy a pedir que nos haga una foto a todos juntos -propuse.

Mi plan era que, llevado por la soberbia que infunde haber sido presidente (mira Aznar si lo dudas), entendiera mal mi petición y creyera que queríamos hacernos una foto con él. Entonces me proponía aclararle que no, que sólo queríamos que nos retratara a nosotros, para poder salir todos. A ver cómo reaccionaba.

Mis amigos me lo prohibieron, supongo que con buen criterio. Ya por la mañana, nada más poner un pie en la calle, un policía militar con metralleta nos detuvo para “una requisa” (manos a la pared y registro), porque pensó que yo me estaba liando un cigarrillo de marihuana. Le pude convencer de que era Drum, un tabaco legal, aunque holandés, y ahí quedó la cosa, pero pretender además gastarle bromas a un ex presidente era tentar la suerte.

Por la tarde vimos a las mujeres que venden minutos por las aceras.

Están por las esquinas, con varios teléfonos móviles atados a la cintura, colgando de un cordelito. Vocean su oferta: ¡tengo dos minutos a cien! ¡tengo un minuto a cincuenta! La gente se acerca y habla por uno de los móviles, que la señora no desata de su cintura.

Se ven mujeres con un corro de hombres a su alrededor, cada uno hablando por un teléfono atado a la cintura de la mujer, como polluelos junto a una gallina.

Otros amigos colombianos nos contaban la visita de Luis García Montero a Bogotá. Íbamos ya por el tercer whisky.

-Caballero, su Sello Negro -me decía el camarero cada dos por tres, trayéndome otro Johnnie Walker Etiqueta Negra.

Es entre poético y amenazador, cuando te preguntan:

-¿Sello Negro o Sello Rojo?

Como te decía, entre trago y trago, a Antonio Orejudo se le ocurrió que no sería mal primer verso:

Yo soy la mujer que vende minutos

Decidimos, allí mismo, sobre la mesa, escribir entre todos un poema de Luis García Montero.

Yo soy la mujer que vende minutos
ofrezco el tiempo que tú necesitas
anudado a mi cintura está
tu minuto de dolor, tu minuto de arrepentimiento…

Etc.

No quedó nada mal, lo hicimos entre todos, Edu Becerra, Orejudo y yo, con Jaime, Alejo, Margarita, etc., y con la generosa colaboración de un par de botellas de Sello Rojo.

Pura poesía de la experiencia, ¿a que sí?

Luego, cuando fui al baño, estaba todo lleno de chicas.

El de tíos, me refiero al baño de tíos.

Fueron Orejudo y Eduardo Becerra a comprobarlo y lo mismo.

Siempre cuatro o cinco chicas en el baño de caballeros.

-Perdón, ¿es el de hombres? -preguntábamos, por si nos habíamos equivocado.
-Cómo no, doctor, el de hombres. Tranquilo, doctor.

No nos ofrecieron minutos ni tiempo que tuvieran anudado a la cintura, aunque sonreían con el resplandor inmediato, inolvidable, de la luz reflejada en un charco de lluvia.

Todo esto sucedía en una terracita de la plaza de Usaquén, que es una de las más hermosas que he visto en ninguna parte, con árboles sin nombre conocido (por mí), columpios para niños y terrazas con estufas en las que beber sin prisa.

Cada equis minutos, volviamos al lavabo, a ver chicas.

-Adelante, doctor, gusto de verlo.

No entendíamos nada, pero es sin duda una de esas costumbres bogotanas tan entrañables y no del todo inofensivas o sin consecuencias.

Otro rato te cuento, que ahora tengo que salir: vamos a visitar los sótanos de una biblioteca y, luego, confío en que me estampillen un par de Sellos Rojos antes de la comida.

Comentarios (19)

Más claro, aguaoctubre 20th, 2008 at 16:24

En el baño de caballeros, la mujer se quitó el cinturón del que colgaban varios teléfonos móviles, se quitó la falda y me dijo: “Para ti tengo todos los minutos del mundo”…

(Esto también es poesía de la experiencia ;-)

Anne ?nimaoctubre 20th, 2008 at 17:33

Suena bien el argumento de la novela esa, oiga, habrá que buscarla.

Danoctubre 20th, 2008 at 18:56

El argmento de esa novela recuerda bastante al de “La historia siguiente”, de Nooteboom (está en Siruela), aunque en el libro del holandés poca cosa podría leerse desde el humor…

Anonymousoctubre 20th, 2008 at 20:47

La novela parece interesante.

El poema es horrible, Reig. Válgame.

Sigue contando pronto, por favor.

A. Bolívar

Marta Rivera de la Cruzoctubre 20th, 2008 at 22:45

Querido, veo que sigues bien, que no te han secuestrado ni nada, que estás tomando tu sello – rojo, negro… -
Te echaremos de menos en lo del sábado. Y mucho. Estas cosas no son lo mismo sin ti
Por cierto, acabé la novela. La semana que viene pago yo el desayuno.

Javier Lujánoctubre 21st, 2008 at 7:02

Mira por donde, me voy a volver filatélico, amante de los sellos, rojos o negros. Vamos como Stendhal. ¿Estaré en el cuerpo de Johnnie?

Anonymousoctubre 21st, 2008 at 7:38

Para ti tengo todos los minutos del mundo…
pero date prisita mi amol
que tarifico como los parking
y tengo el cartel de completo
con veinte esperando en la puerta del closed.

Poesía de la experiencia previo pago, como no.

Pedro de Pazoctubre 21st, 2008 at 7:58

Acabo de descubrir que me encanta el franqueo postal colombiano.

¿Algún sello azul? ¿O siquiera verde?

Abrazos. Vuelva pronto. Y sano y salvo.
Pedro de Paz

Amigooctubre 22nd, 2008 at 9:34

Yo soy la mujer que vende minutos
ofrezco el tiempo que tú necesitas
anudado a mi cintura está
tu minuto de dolor, tu minuto de arrepentimiento…
No me preguntes el nombre
que yo sólo vendo tiempo, el tuyo y el mío,
el de todos los que nos encogemos
en estas aceras ennegrecidas.

Amigooctubre 22nd, 2008 at 13:15

Yo soy la mujer que vende minutos
ofrezco el tiempo que tú necesitas
anudado a mi cintura está
tu minuto de dolor, tu minuto de arrepentimiento…
No me preguntes el nombre
que yo sólo vendo tiempo, el tuyo y el mío,
el de todos los que nos encogemos
en estas aceras ennegrecidas.
Si alguna vez te pierdes, me encontrarás
Si alguna vez me lloras, me perderás.
Y la vibración del tiempo
rodeará siempre mi cadera y tus miedos,
nuestra común finitud.

Amigooctubre 22nd, 2008 at 14:32

Yo soy la mujer que vende minutos
ofrezco el tiempo que tú necesitas
anudado a mi cintura está
tu minuto de dolor, tu minuto de arrepentimiento…
No me preguntes el nombre
que yo sólo vendo tiempo, el tuyo y el mío,
el de todos los que nos encogemos
en estas aceras ennegrecidas.
Si alguna vez te pierdes, me encontrarás
Si alguna vez me lloras, me perderás.
Y la vibración del tiempo
rodeará siempre mi cadera y tus miedos,
nuestra común finitud.
Yo soy la mujer que vende minutos
que compraría la llamada,
que tú nunca me harás.

diareiooctubre 22nd, 2008 at 19:23

hola :universitarios gallegos crearon un blog de informacion:www.diarioquince.es.gd si quieres participar entra

Por cierto, muy bueno tu blog. Una visitilla Don Rafael -es caer muy bajo pero bueno.

Belénoctubre 22nd, 2008 at 20:01

Coño, Rafael.

Eso hay que meterlo en una novela.

¿Sabes? He llegado esperanzada, porque he pensado: “ha publicado un post, así que ha contestado al anterior”. Qué tonta, vaya desilusión me he llevado.

Es lo que tiene el egoísmo.

El sábado me voy a Venezuela, ¿sabes? A dar un curso sobre marxismo, tiene guasa. Y tengo miedo, ¿sabré hacerlo? ¿Qué haré? ¿Cómo saldrá?

Y tres días más tarde, me tengo que ir a Tokio a hacer todo lo contrario. Con un jet-lag de impresión, que mi frágil -creo- sustancia no podrá soportar. Cuánto miedo. A mi edad (casi cuarenta). Sorry, son las cosas que me pasan.

Besos, Rafael. ¿Te podré leer por allá o por allí?

Anonymousoctubre 23rd, 2008 at 12:01

¿No hay una huelga general por aquellos lugares? ¿Estan las vendedoras de minutos en huelga?

Anonymousoctubre 23rd, 2008 at 23:09

10ª, no! era la 7ma con 19, librería nacional, parque de las nieves… parra, parra parra, ahhh sí ese, parra Sandoval, y el libro mmmmmm, ahh si ese que dijo anónimo, Museo de lo inútil, o era otro? dejame que piense.

Si. El museo de lo inútil

El Crítico Constanteoctubre 24th, 2008 at 23:09

Señor Reig,
me permito rogarle que borre ese libelo atroz que un anónimo ha colgado sobre mi nick y una persona con nombre y apellidos.
Muchas gracias.

Pedro de Pazoctubre 26th, 2008 at 11:30

Anónimo: no mientes a la bicha que da mal fario. Existe una leyenda urbana que dice que si pronuncias “Burkiano” tres veces seguidas delante de un espejo a medianoche, te vuelves gilipollas. O se te aperece uno y puntualiza tus comentarios en los blogs en los que participes. O algo así.

Saludos,
Pedro de Paz

Rafael Reigoctubre 27th, 2008 at 12:26

Si usted lo dice, Más claro.
Está bien, a mí me ha gustado.
Pues no he leído ese libro, Dan.
Pues claro que es horrible, anónimo, ¿no le digo que lo hicimos de broma entre trago y trago?
Hecho, Marta. Nos vemos en el desayuno.
Espero que no, don Javier.
Sí, hay azul y verde también, cómo no.
Vale, amigo, aceptados.
Ahora mismo lo visito, diaeio, en cuanto me ponga al día con todo el trabajo atrasado.
Coño, Belén, lo siento. Ahora te contesto, en cuanto me vuelva a leer la pregunta. No es egoísmo, a mí me parece bien. En Venezuela te va asalir todo de puta madre y lo vas a pasar en grande. Ídem en Tokio. Disfruta. Un besito ito.
Sí, un paro nacional. Y una marcha indígena en Cali. Y una huelga de corteros de caña en el Valle del Cauca y….
Lo siento, crítico, yo nunca borro nada: que lo borre él, si quiere, y es el único responsable de lo que dice. Abrazos.

Amigo de Quico Rivasdiciembre 22nd, 2008 at 23:53

“Anonymus “craso error , los “Supositorios” los escribio mi entrañable amigo Quico Rivas movido por la indignacion que le produjo el leer las auntenticas ignominias que escribio sobre su persona “El Merluzo de Trapiello” sin venir a cuento de una forma totalmente gratuita y tirando la primera piedra …. pero para lo que valga Quico murio sin un apice de rencor y en la mas absoluta armonia doy fe …dejemosle descansar en paz por favor..

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