Rafael Reig, blog, escritor, novelista, literaturaPues aquí pondré lo que se me vaya ocurriendo. Poca cosa, en general. Lo primero que se me pase por la cabeza. Lo que lea por ahí y lo que me cuenten en la barra de los bares o los amigos. Y si alguien quiere poner algo también, estupendo: no censuraré ningún comentario. Corrijo: sólo permitiré que se publiquen los comentarios que a mí me dé la gana y no daré ninguna explicación al respecto


La diferencia entre Pepsi y Coca-Cola

He estado leyendo este fin de semana un libro que me dejó Edu Vilas, La diferencia entre Pepsi y Coca-Cola. Es una antología de poesía norteamericana, en edición bilingüe. La selección y la traducción es de Julio Mas Alcaraz. El título de la antología, un acierto (creo yo), es el de un poema de David Lehman. Está en Ediciones Vitruvio y vale la pena echarle un vistazo.

El domingo, como es natural, cumplimos con la liturgia del aperitivo en la plaza del Dos de Mayo, con periódicos y resaca, como todos los domingos.

Aquí están mi hermana Maite, mi chica, Lorenza y Arancha.

Estaba animada la plaza, nos encontramos a bastantes amigos, entre otros a José Ángel Esteban y a Nacho Escolar. Yo repartí numerosos Ibuprofenos que llevaba en la mochila, porque cada uno venía con su propia resaca de casa.

En la antología la mayoría son poetas nacidos en los años cuarenta, aunque hay algunos más jóvenes. Quiero decir: jóvenes como yo, de cuarenta tacos los más jóvenes.

Como decía Francis Ponge, “el poeta no debe darle al lector una idea, sino una cosa“. La poesía señala con el dedo. Siempre es específica. Se toma los detalles al pie de la letra y el conjunto en sentido figurado, como escribió Jaime Gil. Eso es algo que siempre me ha gustado mucho de la poesía norteamericana. El poeta se fija en algo, no sé, el ruido que hacen los cubiertos en el plato, y lo observa con atención, y lo construye en el poema, hasta que el poema suena a tenedor contra la vajilla y hasta que ese ruido se transforma en algo revelador, significativo, algo que perturba.

Algo que trata de ti.

Este poema de Jane Hirshfield (NY, 1953), una escritora que no está en esta antología, me gusta mucho, y es un ejemplo de eso.

It is foolish
to let a young redwood
grow next to a house.

Even in this
one lifetime,
you will have to choose.

That great calm being,
this clutter of soup pots and books.

Already the first branch-tips brush at the window.
Softly, calmly, immensity taps at your life.

Más o menos:

No es sensato
dejar que un árbol
crezca cerca de una casa.

Incluso en el tiempo
de una sola vida
tendrás que escoger.

Ese grandioso ser tranquilo.
Este revoltijo de platos y libros.

Ya las puntas de las primeras ramas rozan el cristal.
Suavemente, calmadamente, la inmensidad llama a tu vida.

(Sí, sé lo que es un “redwood”, pero pongo “árbol” porque los norteamericanos viven todos en el campo, saben nombres de árboles, pero aquí, salvo que seas Delibes, un árbol es un árbol, un pájaro es un pájaro y ya está).

Es una imagen que me gusta. Has plantado el árbol demasiado cerca. Las ramas ya tocan la ventana de la cocina (los platos y los libros). El lector se pregunta: ¿Y las raíces? ¿Y por debajo qué estarán haciendo las raíces, bajo tu propia casa?

¿Has dejado crecer un árbol demasiado cerca de tu casa? ¿Las ramas rozan el cristal de la ventana, llaman a tu puerta? Piensa en las raíces, por debajo.

En fin, me han gustado mucho algunos poetas de la antología, como Louise Glück (vaya nombre, parece un seudónimo, porque Glück en alemán significa suerte, a veces azar) o Billy Collins. Otros me han parecido más costumbristas y aparatosos, como si fueran Ray Loriga o algo así, para entendernos.

El humor también tiene su sitio. Este poema me ha hecho gracia, porque parece una adivinanza.

It hangs deep in his ropes, a delicate
clapper at the center of a bell.
It moves when he moves, a ghostly fish in a
halo of silver seaweed, the hair
swaying in the dimness and the heat –and at night,
while his eyes sleep, it stand up
in praise of God.

Más o menos dice (traducido por mí):


Cuelga en el interior de sus vestimentas, un delicado
badajo en el centro de una campana.
Se mueve cuando él se mueve, un pez fantasmal
en un halo de algas plateadas, el pelo
flotando en las tinieblas y el calor –y por la noche,
mientras sus ojos duermen, se alza
en alabanza de Dios.

¿Cuál es la respuesta a la adivinanza?

¿La gallina? ¿El pato? ¿La luna?

Está en el título del poema: The Pope’s Penis, o sea: El pene del Papa.

Es de Sharon Olds, una señora que nació en 1942. Casi de la edad de mi madre.

A mi me parece que las señoras de esa edad, de más de sesenta, aquí no escriben con tanto desenfado. No me imagino a las abuelitas de aquí escribiendo poemas protagonizados por la polla del Papa, y en los que el Papa, mientras duerme, se empalma. En alabanza de Dios, faltaría más.

Aquí, por mucho menos, te empapelan.

Comentarios (15)

Más claro, aguajulio 9th, 2007 at 8:03

The Pope’s Penis Poem… Y, para ilustrarlo, una imagen de La Giralda (puro sevillismo fálico).

También Gerardo Diego hizo una aproximación al falo de un monje de Silos:

“Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanado a sí mismo en loco empeño.

Mástil de soledad, prodigio isleño,
flecha de fe, saeta de esperanza.
Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,
peregrina al azar, mi alma sin dueño.

Cuando te vi, señero, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto en cristales,

como tú, negra torre de arduos filos,
ejemplo de delirios verticales,
mudo ciprés en el fervor de Silos.

Camilo de Oryjulio 9th, 2007 at 8:36

Hace no mucho asistí a un recital de John Giorno, un anciano superviviente de la generación Beat. No me enteré de casi nada porque leía en inglés, pero como iba de negro y hacía muchas posturitas raras pues me divertí un montón. Esto me sirve para introducir una breve reflexión metaliteraria: hay algo que creo que se da en la poesía anglosajona, especialmente en la americana, y no tanto en la nuestra, que es la pasión por la oralidad, en el mejor de todos los buenos sentidos de la palabra. Los poetas yanquis son prácticamente actores que defienden sus textos como Lawrence Oliver se partiría la agraciada jeta por salvar un monólogo de Shakespeare. No sé si eso es bueno o malo, pero lo que sí sé es que es verdad. Los de aquí leen todos como si estuvieran en su propio funeral. Fíjese usted en el mismo y gran Alberti, que en paz descanse. El mar, la mar… Tampoco sé si eso es bueno o malo, pero no me diga que no es cierto.

Etcétera.

Anonymousjulio 9th, 2007 at 9:46

Esta masturbación es de Cortázar.

EL SIMULACRO

Cada vez que te encuentro en el recuerdo
y canta en plena noche el gallo grana,
una sed de combate y de campana
me lanza al sacrificio en que te pierdo.

Quién sabe dónde estás, ya ni me acuerdo
si eran tus ojos de oro o de avellana,
pero mi sangre es esa luz que mana
y en la dulce manzana otra vez muerdo.

¡Oh balbuceo en la tiniebla, duelo
de musgo y de leopardo y de gemido,
desesperada imitación de cielo!

Luego es ceniza y sórdida alborada,
el derrotado sueño, el pozo herido
de una sola cabeza en una almohada.

¿Gallo grana? ¿Es eso un redwood?

lenitajulio 9th, 2007 at 10:03

yo en poesía me quedo con becquer, para mí un maestro sobre todo en su época oscura.

como echo de menos las terracitas los domingos por la mañana para tomar cervecitas¡ lo hacía a veces; pero ultimamente llego a casa el domingo por la mañana (en este caso concretamente a las 10 de la mañana desde el sábado a las 8 de la tarde que salí) y veo más atractivo mi cama que la cerveza en la terraza

Ginjulio 9th, 2007 at 10:09

Ese libro me interesa mucho.
Cuesta 17 euros.
¿Puedes transcribir todos los poemas?
¿Puedes dejarlo abandonado en una mesa de una terraza del 2 de mayor?
¿Puedes recitarlo esta tarde?
Cuesta 17 euros.

Rodrigo Olayjulio 9th, 2007 at 11:40

Diecisiete euros no es mucho dinero (tal y como están las cosas) por un libro, que además es de tirada corta y tema minoritario.
¿Sabes cuánto cuestan los libros “Lo más in de ser chic” de Jorge Javier Vázquez y “El falo” de Ángel Antonio Herrera, por poner dos ejemplos?
Quince euros.
¿Sabes cuánto cuesta el “Código da Vinci”?
Justamente diecisiete euros.
¿Sabes cuánto cuesta el libro más barato de María de la Pau Janer? (hablo de primeras ediciones, como supongo es el caso, no de bolsillo)
Diecinueve euros.
Cuanto más lo pienso, menos caro me parece.

Opción Cjulio 9th, 2007 at 14:16

En cierta ocasión, mi madre me regaló una planta de unos 30 cms. para el jardín. Ni corta ni perezosa, la coloqué en el centro del mismo y en poco tiempo pasó a ser la “alegría de la huerta”. Años más tarde, pude comprobar que el suelo de mi casa empezaba a elevarse lentamente y que la inofensiva plantita se había convertido en una “araucaria heterophylla”. Yo estaba orgullosa de la majestuosidad de mi árbol (aunque me iba a destruir la casa); mi vecino no. Un día le ví devolviendo con mucho enfado las hojas caídas en su jardín a su lugar de origen. La decisión no fue fácil, pero… la comunidad es la comunidad. Desde que talaron el árbol, mis vecinos me saludan con mucha simpatía. A pesar de ello, no desisto en mi empeño: he vuelto a plantar otra araucaria, sólo que esta vez lo he hecho en un macetero para controlar su crecimiento. ¡Y es que lo que no consiga la ciencia…!

Un beso, Rafael.

Jane Wilkinsjulio 9th, 2007 at 14:25

En mi pueblo había un poeta. Escribía, con versos cortos y palabras precisas, sobre tardes de pesca y viejos árboles. Ahora vive conmigo en la ciudad quemada. http://malasconciencias.blogspot.com/

Andrés Gasteyjulio 9th, 2007 at 16:13

Confieso que a mí lo de la polla del pontífice me da un poco de asco, aunque el acertijo es ingenioso. Pero a lo que voy; ¿por qué se llama poesía? ¿No llevamos cierto tiempo prestigiando con papanatismo el pensamiento -más o menos débil- encapsulado en renglones cortos? Confieso que en las raras ocasiones en las que leo un poema de mis coetáneos me suelo quedar: in albis, perplejo o, en el mejor de los casos, exhausto. En general, los poetas me parecen un poco trileros; se labran sus laureles racaneando palabras. Levantas el cubilete y las más de las veces no hay nada.

Abrazo.

tronjulio 9th, 2007 at 21:50

¿porqué cuando hablan los culturetas de poesía nunca se cita a Sabina? Si es que no os enteráis, kolegas.

La-Ruina-de-la-Familiajulio 10th, 2007 at 3:07

Sabina…, ufff…

Anonymousjulio 10th, 2007 at 6:00

Sharon Olds es una bestia corrupia, un poeta como la copa de un pino. Yo leí SATÁN DICE y aquel poemario suyo de cuyo nombre no quiero acordarme, dedicado a la agonía y muerte de su padre, que te dejaba lágrimas heladas bajando por las vértebras. Tiene razón, amigo Reig: aquí nuestras poetisas son poetisas, no poetas. Y la mayoría de nuestros poetas también son poetisas.

Klaus El Kinki.

Rafael Reigjulio 10th, 2007 at 6:42

Hombre, si usted lo dice, más claro agua.
No, don Camilo, no le digo que no sea cierto. Lo es. Los poetas americanos dan sin parar recitales, son como cantantes, gesticulan, ponen voces, etc. Es cierto que hay más oralidad. Yo tampoco sé si es bueno o malo.

Bonita paja, anónimo, gracias.

Cómo se nota que es joven, Lenita, yo ya no aguanto tanto despierto. Disfrute, disfrute.

Gin, el libro me lo prestaron, no puedo abandonarlo en una terraza. 17 euros no es tanto, amigo, pruebe a no salir de cañas un día y ya está. O si no, una biblioteca.

De acuerdo con don Rodrigo.

Un beso, opción C. Instructiva historia, que complementa el poema.

Visitaré la web, Jane. Gracias.

Bastante de acuerdo, don Andrés, entre un chiste, una gracieta, una prestidigitación ingeniosa, etc. y un poema, para mí, sigue habiendo diferencia. El de la polla pontifical lo considero chiste. Abrazote.

Tron, yo creo que porque como poeta es bastante malo. Pero no es más que mi opinión.

Sí, los del padre también los leí y me parecieron poemas. El del Papa no tanto, como he dicho más arriba, pero eso sí. Y lo que dice usted de las poetisas me parece muy acertado.

Gracias a todos.

Dolores Mercrominajulio 11th, 2007 at 12:08

Disculpe usted la impertinencia, don Rafael, pero yo diría que por estos andurriales, aun quienes no viven en el campo, saben bien lo que es una secuoya y sí, claro, no deja de ser un árbol, pero convendrá conmigo en que no es lo mismo, ni requiere el mismo nivel de imprudencia, plantar en el jardín un humilde roblecito, que una tardará años en ver tomar forma, que una invasora secuoya, cuyas ramas en poco tiempo se cernirán sobre la ventana del cuarto, amenazadoras…

R. S. Belloagosto 22nd, 2007 at 7:20

Me cago en la puta, qué bueno el poema de Jane Hirshfield, gracias.

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