Los pobres no se ven
Al igual que la relatividad de Einstein, pero mucho más en crudo, la pobreza es un concepto que no entiende ni Cristo, quien confeccionó las Bienaventuranzas como consuelo supremo, un bocata metafísico para aquellos que no tienen qué llevarse a la boca. ¿Qué es ser pobre? Depende. Por ejemplo, en Europa, ser pobre es igual que ser español, una nacionalidad penada con un sueldo mínimo raquítico, apenas 600 euros, cantidad ridícula que nos duplican en Francia y nos triplican en Luxemburgo. Somos el hazmerreír de los vecinos aunque, eso sí, nuestros banqueros y políticos podrían cenar caviar con Paris Hilton.
Relatividad. En sus memorias, Kirk Douglas cuenta que su primer encuentro con Anthony Quinn se tiñó de amenaza cuando el mexicano le acusó de ser sólo un señorito. Douglas dijo que se equivocaba, que él era hijo de inmigrantes judíos rusos, que su padre fue trapero y que de niño probó el sabor hueco del hambre. “No es lo mismo ser pobre en Nueva York que en Chihuahua” replicó Quinn sin inmutarse. “Es verdad” confesó Douglas. “Y me he pasado toda la vida intentando ignorar la diferencia”.
Los españoles pobres que vamos sobreviviendo con sueldos de chiste somos potentados del acero al lado de, digamos, los pobres de Perú o de la India, países donde ciertos viajeros sin escrúpulos confunden miseria y exotismo y sacan fotos de niños esqueléticos como si fuesen Taj Majales hechos de huesos y moscas. La pobreza es, ante todo, invisibilidad: ésa es la tesis que William T. Vollman defiende en Los pobres, un monumental reportaje sobre los desheredados de la Tierra. Vollman cruzó medio mundo, de China a Colombia y de Birmania a Siria, en busca del secreto de la indigencia, preguntando a los pobres por qué creían que lo eran y las respuestas varían de la religión al destino, del espiritismo a la culpa, para acabar concluyendo que la pobreza es el misterio máximo, la Santísima Trinidad de la economía, el gran agujero negro por donde se cuela toda compasión y toda plusvalía.
Los pobres no se ven no porque haya pocos, más bien al contrario: hay tantos que, si tuviesen carne, no se vería otra cosa. Se confunden con el paisaje, forman el fondo de chabolas, lágrimas y chapa necesario para que resalten los palacetes de los reyes y las mansiones millonarias. Nadie los ve por las mismas razones que no cuentan los ceros a la izquierda, las camas de cartón al pie de los cajeros automáticos y el espacio en blanco de los átomos. Cinco millones y pico y subiendo. Suyo será el reino de los cielos porque el de aquí abajo está claro que es de los banqueros.

El primer melón me lo encontré en una playa andaluza, un día de verano. El último lo veo cada mañana al enfrentarme al espejo. ¿Qué me dirá ese tipo hoy? ¿Qué inesperados regalos, qué decepciones, qué frescas dentelladas me tendrá reservadas el día?


















Las personas que viven en la pobreza son invisibles y en algunas ciudades como en la que vivimos probablemente tan abundantes que los asumimos como personas que se encuentran en la normalidad. Vislumbramos no obstante la realidad cuando nos enteramos de que algún personaje de buena familia es capaz de ganar contratos públicos a través de una ONG por valor de mil veces ese Salario Mínimo, sin pagar impuestos y sin ganar un Euro.
Las estadísticas económicas también nos ayudan a vislumbrar esa realidad a veces. Os recomiendo la lectura de estos indicadores socioeconómicos comparativos de España con Europa: http://antoniomaestre.wordpress.com/2012/01/02/espana-indicadores-socioeconomicos-comparados-con-la-ue/ . El que mide directamente la desigualdad entre la fracción más rica y más pobre de las sociedades, el coeficiente de Gini, nos colocan en una posición opuesta a la igualdad, sólo superados en ese triste privilegio por la vecina Portugal, y acompañados de cerca por la malhadada Grecia y por los dos presuntos líderes de Europa: Francia y Alemania, curiosamente todos ellos países del Euro.
Cabría irse también a otros estudios y ver que no todo en todo el mundo es igual. Aquí se observa como países enormes como Rusia o China están reduciendo a marchas forzadas su índice de Gini, pese a haberse convertido en los “after” del capitalismo y tener tipos fiscales cada vez más bajos.
Es curioso porque pese a todo el paro mejore, empeore o se quede igual siempre ocupa titulares, pero la pobreza no. Parece que no sólo la banca, sino también el ágora pública y los medios parecen ignorar que haya pobreza y riqueza o al menos no se deciden a mostrarlas. El aumento de impuestos de estos años en vez de operar hacia la redistribución ha servido para refinanciar y recapitalizar a las cajas mediante el FROB, entidades hoy convertidas en bancos y lugares donde se ha cultivado el sueldo estratosférico, con unos emolumentos difíciles de conseguir hasta por Urdangarín.
Me ha gustado mucho, David: te felicito.
Los telediarios son una vergüenza , los periodistas están a salvar su puesto y no cumplen . La ciudadanía vive aterrorizada y nos manipulan como borregos, no hay capacidad de respuesta , Estamos peor que Grecia , pero los griegos al memos protestan y mantienen cierta dignidad, los empresarios también abusan de los trabajadores y el paro no hay quien lo pare, creo que España acabara dividida, paradójicamente Euskadi es el mejor situado, donde hay menos corrupción y se han cometido pocos abusos. El caso es que a la gente le da vergüenza parecer pobre, pero a la fuerza ahorcan, hasta los del 15 M se han aburrido, vamos a la más absoluta de las miserias. Solo veo oposición al sistema en varios escritores en internet y Juan José Millas en la radio y muy pocos periodistas en RNE y la SER. Saludos
Qué magnífico artículo, David. Te has lucido, ¡felicidades!
Ahora las sutilezas: no veo todavía demasiados pobres a mi alrededor, aunque los hay, y en la familia, sino demasiados españolitos subidos a la parra del estado de bienestar, consumistas ensoberbecidos, agarrados con uñas y dientes a un modelo en el que sólo pueden naugrafar. Se comen con papas lo que les dan, lo compran todo, le venden todo, y si no pueden pagarlo, o lloran por ello, o se endeudan y endeudan a familiares fiadores de la estulticia. Comprendo las circunstancias, comprendo cuán buena labor ha llevado a cabo el sistema, pero las personas debemos revolvernos contra eso.
Ahora veo mucha gente en la precariedad que se lamenta, pero que es corresponsable por poner su vida en manos de gente que sólo busca el beneficio.
Es un panorama, el español, en este sentido, bien distinto al de países del tercer mundo, donde la pobreza no fue ir a la Warner, tener un coche del paquete y salir a tope para luego verse con deudas y sin trabajo; allí la pobreza, por lo que sé y he visto, es subsistir día a día, vender tu cuerpo, tu alma y tu vida por un plato de lentejas.
Bravo, hermano! Me permito recomendar otro libro: “Despilfarro” de Tristram Stuard (Alianza), una radiografía crudísima sobre el escándalo de la industria alimenticia en el “primer” mundo. Al menos el hambre podría erradicarse, eso queda más que claro en este libro.
Gracias por los elogios, amigos, pero el libro, y sobre todo el tema, merecía más espacio y más talento.
Lo siento, se han borrado un par de comentarios por culpa del antispam. En uno de ellos, el ínclito don Pimpón, con su miopía habitual, se preguntaba por mi cambio de orientación política y me daba la bienvenida a la realidad. Bienvenido, él, que cualquier día de éstos aprende a leer. Cualquiera que tenga la suficiente dosis de masoquismo como para releer mis artículos verá que este tema lo he tocado muchas veces y siempre en el mismo tono. En cuanto a mi oportunismo político, ya se ve lo oportuno que soy: antes le tocaba los huevos a Zapatero y ahora a Rajoy. Un lince, vamos. Lo que hay que oir.
A los pobres no hay que ayudarlos. Con esconderlos alcanza.
SUSANITA
(Gracias Quino por su síntesis tan anticipatoria como evidente)
“La invisibilidad de la povertad,” esto me ha encantado, eso si’ es la
mas exacta definicion, …. “la invisibilidad de la poverdad”
Gracias, muchissimas gracias!!!
si