El mar bravido
El 9 de diciembre fue mi cumpleaños (42 tacos ya) y decidí celebrarlo acompañando a mi amigo Rafael Martínez-Simancas en una excursión rápida a Melilla para visitar los lugares donde pretende ambientar su próxima novela, centrada en el desastre de Annual. Rafa le va a echar cojones porque ya hay toda una excelsa literatura previa basada en la aventura colonial española en Marruecos: desde la gran novela de Ramón J. Sender, Imán, hasta la conmovedora El nombre de los nuestros, de Lorenzo Silva.
De manera que tomamos el AVE hasta Málaga para luego cruzar el mar bravido hasta Melilla: una travesía de siete horas en la que latieron reminiscencias de las singladuras naúticas que emprendió mi padre, quien antes de sentarse ante el volante de un camión, se cruzó medio mundo, desde el Atlántico Norte hasta Senegal, en las entrañas de un barco mercante. Cuando yo nací, mi padre se encontraba frente a la costa de Dakkar y no recibió la noticia hasta unos días después, gracias a un carguero francés que cablegafrió el mensaje. Igual que mi madre siempre ha sido un poco Penélope, enfrascada con sus telas y sus agujas, mi padre siempre ha sido un poco Odiseo y por eso, en la dedicatoria de El mar en ruinas, escribí:
A mi padre, que inventó el mar.
A mi madre, que lo sigue tejiendo.

Un viaje en mar, aunque sea el salto a la costa africana, siempre tiene, como decía Savater, el perfume de la aventura absoluta. En la costa de Málaga nos despidió un sol gitano que hacía brillar su navaja entre el capote de las nubes y que luego lloró unas cuantas lágrimas de despedida mientras entrábamos en alta mar. Rafa y yo nos refugiamos en un salón donde increíblemente se podía fumar y sacamos sendos puros para distraer el tedio de capitán Pescanova. Pero a media tarde dejó de llover y del mar brotó un doble arco iris digno de Salgari, de modo que le pedí la cámara a Rafa para inmortalizar el regalo que me hacía Zeus:
Es un regalo que no me merecía, pero tampoco me merecía el puto ardor de estómago que me estuvo quemando toda la noche en un hotel de Melilla para recordarme no sólo que era mortal, sino que, a cierta edad, despertar en plena madrugada en una habitación desconocida con un agujero en el esófago es un aviso de que la fecha de caducidad se aproxima a toda máquina.
(Continuará aquí y en el blog de Rafa: http://www.rafaelmartinezsimancas.com/blog/)
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El primer melón me lo encontré en una playa andaluza, un día de verano. El último lo veo cada mañana al enfrentarme al espejo. ¿Qué me dirá ese tipo hoy? ¿Qué inesperados regalos, qué decepciones, qué frescas dentelladas me tendrá reservadas el día?



















Un cumpleaños diferente y original, de amistad y de belleza paisajística….
David, felicidades por esos cuarenta y dos tacos, y que la fecha de caducidad no aparezca hasta dentro de muchos, muchos años, y, sobre todo, muchos libros.
Un abrazo,
Felicidades, D. David. Como dice el amigo Andrés, que cumpla tantos como libros suyos nos restan por leer. Y que estos sean muchos. Todos los posibles.
Abrazos,
Pedro de Paz
¡FELICIDADES! Yo también cumplí 42, pero en la fecha que Pedro de Paz sacó su “Documento Saldaña”
Saludos
Muchas felicidades, amigo. Cuídate ese estómago. La acidez suele ser síntoma de úlcera y demás cosas molestas, nada que no se cure hoy día. Como decía el añorado Umbral: uno está ya para ir quitándose de todo. Pero lentamente, añadiría yo.
Abrazos.
Feliz cumpleaños, David.
Para el ardor, álmax. Espero que el conato de úlcera no sea una excusa para eludir la fabada
Hola David, me alegro de encontrar este blog, que desconocía. Te sigo la pista desde que leía columnas tuyas en el mundo siempre muy interesantes y excelentemente escritas, podían versar de cualquier tema aunque me llamaste la atención con una de Rosendo, creo recordar y ya te fuí fiel aunque no siempre estemos de acuerdo (casi siempre lo estamos). Yo voy camino de 36, tampoco me sacas demasiados.
Más tarde me regalaron un libro de Stanislav Lem, “Provocación” y cuyo prólogo habías escrito. Aún no he leído ninguno de tus libro pero lo haré, sin duda. Seguro que me gustan tanto como tus artículos.
Saludos
Javier
Informático, entrenador de baloncesto y aficionado a las letras (leerlas y escribirlas)
Gracias, Javier, yo tampoco estoy muy de acuerdo conmigo la mayor parte de las veces.
Gracias, Marta, espero que no sea un conato de úlcera sino una felicitación tardía del farmacéutico.
Diego, cualquier cosa menos quitarnos de enmedio. Un abrazo.
Angelus, estamos en cuarentena ambos dos. Gracias.
Pedro, gracias, pero espero que sean más años que libros. De todas maneras me encanta la frase de Gaston Rebuffat: “no hay que preocuparse por llenar la vida de años, sino los años de vida”.
Andres, gracias.
Bovario, así fue, gracias.
David, veo que ya has vuelto de Melilla. Felicidades, pequeñín, por tu cumpleaños.
En la revista Fábula sale una crítica muy maja de “Niños de tiza”, la firma Luis García.
Un abrazo.
Qué bonito escribes, cabrón. Un abrazo…
Javier
El libro de Silva, ¿no es “Carta blanca”?
Muchas felicidades David. Veo que ha habido una ristra de cumpleaños en Hotel Kafka, el 7D fui yo, en pleno vuelo de retorno México España. Marta Agudo ha sido el 10D. Aparte de Odiseo cualquier marino me recuerda irremisiblemente al Sr. Conrad, enorme escritor. En el vuelo leí las notas que incluyó Sebald sobre él en Anillos de Saturno, un libro por otra parte muy recomendable, tanto por estas páginas como sobre todo las del principio sobre Thomas Browne.
Felicidades. No he tendido yo mayor dicha en la vida que la de navegar en seis o siete ocasiones, navegar a vela. Te recomiendo y es una forma de llenar de vida tu vida, izar la vela mayor y la génova (que es lo único que te deja hacer el patrón, claro, aparte de baldear, buscar arena para el ancla y otros trabajos de grumete) y hacer travesías en un velero con un buen patrón. Hasta he tanteado lo del curso de patrón de embarcación, si bien prefiero tener algún amigo con barco. Es tal la sensación que no concibo otra forma de vacaciones, mi semana de barco no la perdono, David, ni de coña. El mar es la hostia y tu dedicatoria familiar me ha parecido sublime. Abrazote.
A los cuarenta y dos nada se avisa
querido Torres, queda lo vivido
soñado por vivir y el mar bravido
ni impone leyes ni se toma a risa.
Todo lo más, le viene a uno la prisa
por acabar el verso con sentido
antes que al aguacero del olvido
nos moje el alma un poco la camisa.
Ya llegarán los viajes al Leteo
cuando quieran los hados y Odiseo
que siga huyendo un plazo y otro plazo.
Aquí me tienes, con mi pobre verso,
en el fiel, en la holganza y en lo adverso,
y en la memoria siempre del abrazo.
¿Pobre verso? Vaya hermosura, García. El otro día un retrato anónimo y hoy este tu soneto. Me encanta el octavo verso.
Gracias, Javier, le agradezco el consejo, pero mi padre no logró encauzarme ni por tierra ni por mar.
Tito, felicidades. Me gustó ese libro de Sebald, aunque era un poco caradura.
Javier, gracias. La gran novela marroquí de Silva es El nombre de los nuestros. Carta blanca habla más de la guerra civil.
Román, gracias. A ver cómo leo esa reseña.
Vayan juntando tiempo que la semana viene (o la próxima) habrá que celebrar esa cosa de las navidades y del seguir vivos.
Felicidades David, le deseo un buen año y lo tiene fácil, le veo muy bien rodeado. Yo aquí preocupándome por su tristeza (postcoitum animal triste, sin coitum más triste todavía) y leyendo su obra y usted mientras tanto levantando pasiones. Y yo que le iba a proponer unas cañas…
Muchas felicidades David., aunque sea con retraso. Sigo en Malaga tras el Cónclave eferiano, pero vuelvo el martes a Madrid. A ver si celebramos una buena francachela. Un fuerte abrazo
Nostromo
¡FELICIDADES!
F.
a cuidar ese estómago hombre, que cuando arde, es porque candela lleva.
Muchas felicidades David. Muy bueno lo de la camiseta temática, con los espinazos para el viaje en barco.
Esperaremos el siguiente capítulo.