En casa, viendo “El coleccionista” y otras

249090.1020.A

Debido a una potente indigestión, ayer me pasé el día en casa, vagando como un ánima en pena en pijama, arrastrándome de la cama al sofá y del sofá a la cama. Dada la imposibilidad de trabajar, jugar al ping pong o ir de compras, me dí permiso para ver la tele, porque otra cosa no podía hacer. Total, que me ví tres películas, medio documental y dos episodios de una serie. Descubrí que esa rutina se parecía bastante a la que tenía yo cuando estaba preparando el ingreso en una escuela de cine: ver tres películas al día, religiosamente. Claro, en aquel momento estudiaba y las veía con otra clase de fanatismo, pero redescubrí viejas actitudes sobre todo gracias a buenas (y viejas) películas.

Este fue el menu du jour:

-“El coleccionista”, de William Wyler.

-“Me siento rejuvenecer”, de Howard Hawks, con la que me reí un montón.

-“La profecía”, de Richard Donner. (?sta ya la he visto varias veces.)

-“Los Outsiders“, estupendo documental sobre cineastas independientes de EEUU de TCM.

-Dos episodios de “The Unit.”

Y me sentí, efectivamente rejuvenecer. No sé cómo lo veréis nosotros, pero desde que se acabaron The Shield, The Wire, los Soprano y El Ala Oeste la televisión ha perdido bastantes puntos. Ya no me subyugan tanto las series. Mad Men me gusta, pero es irregular. Si bien es verdad que no estoy viendo todo lo que hay, vi el primero de “The Pacific” y me dejó indiferente. “Flashforward” resultó ser una estrella fugaz. “The Unit”, a pesar de ser obra de Shawn Ryan y David Mamet, es bastante incoherente y artificiosa a veces. Una trama sobre un duelo a puñetazos en la cafetería del hospital de la 4ª de Anatomía de Grey (que al final no tenía lugar) me hizo darme cuenta de que tampoco me gusta. Ví el primero de “Big Love” y tampoco me volvió loca. “24” siempre me ha gustado, pero a partir de cierto punto, todo son bombas nucleares, magnicidios y contaminación del agua o del gas. Me desenganché de Lost en la quinta temporada. La séptima temporada de “El Show de Larry David”, a pesar de la aparición de los protagonistas de Seinfeld, tampoco me está gustando especialmente. ¿Ha llegado el fin de la era dorada de la televisión? No lo creo, pero desde luego hace diez años el panorama era mucho más abracabrante, como diría un profesor mío.

StampCollector

Y en estas circunstancias veo “El Coleccionista”, de William Wyler. Un thriller psicólogo con dos personajes (salen algunos más, pero el metraje lo sostienen al 90% los protagonistas). Una cueva, una casa, un hombre enamorado, una mujer, un secuestro. Ya está. Dos horas repletas de tensión, oscuridad, y hasta un pervertido romanticismo, el que siente Freddie Clegg por Miranda, una bella estudiante de arte. (Spoilers a partir de este punto.) El detonante: A Freddie, un simple cajero de banco, le toca mucho dinero en las quinielas y puede dedicarse a habilitar una cueva en su casa y acondicionarla para su amada. La tiene retenida allí, la trata como una reina, no la pega, no la fuerza, la respeta, con la esperanza de que ella acabe por enamorarse de él. Como decía el tagline de la época en el cartel: “Casi una historia de amor”. Es una película atrevida, siniestra, con silencios bastante más elocuentes que las palabras, y un erotismo bastante perturbador, precisamente por la escasez de contacto entre ambos. Un psicópata menos bizarro que el de Psicosis, pero más empático y desde luego físicamente mucho más seductor: Terence Stamp. Un monstruo, sí, pero un monstruo casi bueno.

0

Un psicópata delicado y respetuoso que, en vez de tomar lo que desea, se limita a crear un escenario propicio para que eso ocurra. Me encantó. Sobre todo, la escena en la que Freddie le enseña su colección de mariposas (recordar “El Silencio de los Corderos” es inevitable) y aquella en la que discuten sobre “El guardián entre el centeno”, contando la diferencia de clases a través de cierto engreímiento cultural.

Sin embargo, he de decir que la ví en TCM y me levanté a vomitar varias veces (no por la película) y juraría que hay un minuto y medio que falta en la película. Lo he encontrado en youtube. La peli emitida empezaba la escena al minuto y vídeo de este vídeo.

¡El beso, ni más ni menos! Se podría entender por qué se ha censurado esto, especialmente si se trata de una edición franquista. La cara de Miranda no refleja asco, aunque tampoco placer. La ambigüedad de la situación lo haría moralmente imposible para cualquier censor. Supongo que no tiene nada que ver con TCM, estas cosas pasan, a veces las copias del pasado se cuelan, como bien comenta Escrito Por a propósito de otro tipo de censura en “Los 400 Golpes”. Además, se dice que John Trevelyan, secretario jefe de la Oficina de Censura Británica, se durmió durante la proyección de “El Coleccionista” y, gracias a ello, no vio el final y aprobó íntegramente la cinta. Me imagino que en la España del año 65 (o cuando fuera que se estrenara en España) a los de la tijera casi les daría algo. Sinopsis: “Es un chico rico que colecciona mariposas e invita a una amiga suya a desayunar muchos días seguidos.”

Resumiendo, que he pasado unos cuantos años viendo menos cine y perdiendo el oremus por las series y creo que va siendo hora de volver a los clásicos, por lo menos hasta que  llegue otra hornada de series buenas de verdad. ¿Dónde te has metido, David Chase?