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domingo, abril 27, 2008

La teoría del caos pierde a su creador, el meteorólogo Lorenz

EL PERIÓDICO
BARCELONA
En 1963, el matemático y meteorólogo Edward Lorenz quería describir en unas cuantas ecuaciones el comportamiento de la atmósfera terrestre para predecir el tiempo con exactitud. Así que definió 12 funciones --como el vínculo entre presión y temperatura-- y las introdujo en su primitivo ordenador del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) para ver qué ocurría. Lo que sucedió a partir de entonces forma parte de la historia popular de la ciencia: por imprecisión, simplificó el resultado de una operación (0,506127), le quitó tres decimales (0,506) y obtuvo dos previsiones meteorológicas totalmente opuestas. Lorenz falleció ayer en Cambridge, cerca de Boston, tras una vida dedicada a la docencia y la investigación, según informó el MIT en una nota necrológica. Tenía 90 años y sufría un cáncer.
Lorenz era conocido en todo el mundo por haber definido el anterior proceso, conocido como efecto mariposa: pequeños cambios (o errores de medición) en una posición inicial pueden tener enormes consecuencias en sistemas complejos. Dice un proverbio chino, de donde toma el nombre el proceso, que el aleteo de una mariposa puede sentirse en el otro extremo del mundo, aunque la formulación más conocida del propio Lorenz era una pregunta: ¿el batir de las alas de una mariposa en Brasil puede provocar un tornado en Tejas? Un ejemplo muy claro sería el siguiente: sobre un tejado de dos aguas, izquierda y derecha, lanzamos dos pelotas intentando que caigan justo en la mitad y que luego rueden. El resultado del juego es que imperceptibles cambios en el origen, como el viento o la fuerza usada, motivarán que unas pelotas caigan hacia la izquierda y acaben muy lejos de las que rueden por el alerón de la derecha.

Efecto mariposa

El principio en que se apoya la teoría era conocido antes de que Lorenz se hiciera famoso. Sin ir más lejos, Ray Bradbury ilustró en un famoso cuento (El sonido del trueno) lo que podría suceder si unos humanos viajaban hacia atrás en el tiempo, hasta un mundo poblado de dinosaurios, y allí modificaban imperceptiblemente el pasado --mataban una mariposa--: a su regreso, la Tierra se había convertido en un caos.

REVOLUCIÓN
Pero fue Lorenz quien por primera vez analizó el proceso, de enormes repercusiones no solo en el mundo de las matemáticas, sino en la biología y la física. Una de sus conclusiones recuerda que, en meteorología, es imposible prever una situación a largo plazo si se emplean cálculos determinísticos. Debe obrarse de otra manera. "Al mostrar que ciertos sistemas deterministas tienen límites de predictibilidad, puso el último clavo en el ataúd del universo cartesiano y fomentó lo que algunos han llamado la tercera revolución científica del siglo XX, pisándole los talones a la relatividad y la física cuántica", recordó ayer Kerry Emanuel, profesor en el MIT.

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miércoles, abril 02, 2008

Clarke conoció el más allá

Por Carlos Uribe de los Ríos ( Equinoxio )

lunes 31 de marzo de 2008 12:00 COT

?Si yo he aprendido alguna cosa de la historia de los inventos y descubrimientos es que, a largo plazo ?y a menudo en el corto- las más audaces predicciones se ven risiblemente conservadoras?.
A.C. Clarke.



El inglés que escribió la novela 2001, odisea del espacio, hecha famosa por la película de Kubrick, murió hace una semana a los 90 años, considerado uno de los pilares de la la literatura de ciencia ficción contemporánea, al lado de Asimov y de Bradbury. Se llamaba Arthur C. Clarke.

Pero Clarke no fue sólo un escritor de ficción. También fue un divulgador científico, al estilo de Asimov, y un respetado investigador en el campo de las tecnologías espaciales. Ya en 1945 formuló matemáticamente la teoría que daría pie a los satélites que pueden permanecer en un mismo punto sobre la tierra, llamados ahora geoestacionarios, y en sus cálculos se basaron los científicos para lograrlo 25 años después. Por eso dicha órbita fue bautizada, en reconocimiento, como la órbita Clarke.

Clarke se propuso escribir una clase de literatura de ciencia ficción alejada de la especulación gratuita, es decir, que no tuviera bases sólidas en los avances de la tecnología o que no dependiera de sus desarrollos dentro de una lógica estricta. Por eso, para muchos lectores del mundo, este hombre era la personificación del género en el mundo de hoy.

Escribía con soltura, sin malabarismos, a veces por ser estricto era frío, pero al tiempo logró distinguirse como un intelectual capaz de creer positivamente en la humanidad y en su desarrollo, y que miraba a los humanos como una especie apenas en desarrollo embrionario en comparación con otros mundos super avanzados ?que deben existir- y de antiguos habitantes de un universo complejo y sin límites.

Arthur Charles Clarke nació en Minehead, Somerset, Inglaterra, en una familia de granjeros, en 1917. Vivió en Londres desde el 36 y trabajó antes de la II Guerra como instructor de radar en la Real Fuerza Aérea. Terminaría sus estudios en física y matemáticas en el King?s College en 1948. Su interés en asuntos espaciales comenzó a conocerse en la Sociedad Interplanetaria Británica, de la que fue presidente dos veces.

Su primer relato reconocido de ciencia ficción fue Loophole, publicado en 1946. A estos trabajos iniciales, que tratan sobre un tema científico y concluyen de modo sorprendente, como todo buen relato del género, Clarke añadía pequeñas dosis de un delicioso humor inglés. Pero no se quedó aquí, pues se convirtió en un prolífico escritor publicando más de 100 libros, muchos de ellos sobresalientes, entre los que se recuerdan Las arenas de Marte, La ciudad y las estrellas, Cuentos del planeta Tierra, Cita con Rama, Cuentos de la taberna del ciervo blanco y En las profundidades, traducidos al español.

Junto con Stanley Kubrick escribió el guión de 2001: una odisea del espacio, en 1964, basado en su cuento titulado El centinela. La novela apareció después de la película, basada precisamente en el guión. Pero Clarke no se dedica sólo a la ficción. En los 60 se preocupa por la divulgación científica y por la exploración submarina -bucear para él era lo más parecido a flotar en el espacio-, razón de su residencia por el resto de su vida en Sri Lanka.

En el cine también participó con Peter Hyams en 1985 en la película (2010, odisea II), y en televisión trabajó con Walter Conkrite y Wally Schirra, para CBS, en el cubrimiento periodístico-científico de las Misiones Apolo 12 a 15. En 1981, sus 13 capítulos de Un mundo misterioso y Mundo de poderes extraños, en 1984, fueron televisados con impresionante éxito en múltiples países.

A lo largo de todos estos años, Arthur Clarke fue algo así como un puente entre las artes y la ciencia, al decir de muchos especialistas. Sus aportes van desde la cosmología, la física y aún la metafísica a la técnica espacial y a la ciencia ficción, lo que tuvo un impacto global entre el público de entonces y las generaciones siguientes. Precisamente, en 1998 la reina Isabel II reconoció sus aportes a la cultura británica y mundial al nombrarlo Sir, título entregado oficialmente dos años después en Columbo, Sri Lanka.

Los desarrollos de Clarke sobre satélites, en vigencia todavía hoy, le valieron numerosos reconocimientos, como el Marconi, de 1982, la medalla de oro del Instituto Franklyn, el Vikram Sarabhai, el Premio Lindberg del King College y muchos otros.

Desde 1995, Sir Arthur Clarke, que se casó en el 53, se divorció en el 64 y no tuvo hijos, estuvo confinado a una silla de ruedas, debido a un síndrome de post-polio, pero aún así no cesó de escribir e inquietarse por la ciencia y la escritura. ?El mundo ha perdido una de sus mentes más visionarias y se empobrece por ello. Que descanse Arthur en paz y quizás tenga la oportunidad de ver lo que realmente hay más allá?, dijo Alan Hale, del Earthrise Institute y codescubridor del cometa Hale-Bopp.



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Algunas predicciones de Clarke

2009. Una ciudad de Corea del norte es devastada por la explosión de una bomba-H. Después de un intenso debate en Naciones Unidas, se destruyen todas las armas nucleares.
2010. Se desarrollan los primeros Generadores Cuánticos, que explotan la energía del espacio. Disponibles en unidades portátiles y caseras desde unos pocos kilovatios, pueden producir energía indefinidamente. Las estaciones centrales de energía cierran. La era de los postes de la luz finaliza a medida que los sistemas en red son desmantelados.
- A pesar de las protestas en contra del gobierno Big Brother, la monitorización electrónica elimina el crimen profesional de la sociedad.
2011. Se filma el mayor animal vivo: un pulpo de 75 metros en la Fosa de las Marianas. Por una curiosa coincidencia, más tarde en el mismo año, se descubren criaturas marinas aún mayores, cuando las primeras sondas robot se sumergen en el hielo de Europa, y se revela toda una nueva especie biológica.
2012. Los aviones aeroespaciales entran en servicio. La historia del viaje espacial ha repetido aquella de la aeronáutica, aunque mucho más despacio, porque los problemas técnicos son mucho mayores. Desde Yuri Gagarin hasta el vuelo espacial comercial ha pasado dos veces más tiempo que desde los hermanos Wright hasta el DC-3.
2013. En un vuelo patrocinado por Bandar Seri Begaman, un príncipe de Brunei se convierte en el primer miembro de una familia real en viajar al espacio.
2014. Empieza la construcción del Hotel Orbital Hilton, ensamblando y convirtiendo los gigantescos tanques del cohete que previamente se deja caer de vuelta a Tierra.
2015. Un subproducto inevitable del Generador Cuántico es el control completo sobre la materia a nivel atómico. De esta forma, el viejo sueño de los alquimistas se desarrolla a escala comercial, a menudo con sorprendentes resultados. En unos pocos años, debido a su utilidad, el plomo y el cobre cuestan el doble que el oro.
2016. Todas las monedas existentes son abolidas. El megavatio-hora se convierte en la unidad de cambio.
2017. China celebra las primeras elecciones populares nacionales de su parlamento.
2019. Se produce el impacto de un meteorito en la capa de hielo del Polo Norte. No hay pérdidas de vidas humanas, pero los tsumanis resultantes causan considerables pérdidas a lo largo de las costas de Groenlandia y Canadá. El largamente discutido proyecto de Salvaguarda Espacial, para identificar y desviar cualquier cometa o asteroide potencialmente peligroso, se pone finalmente en marcha.
2020. La Inteligencia Artificial (IA) alcanza el nivel humano. De ahora en adelante, hay dos especies inteligentes en el planeta Tierra, una evolucionando más rápidamente de lo que la biología nunca permitiera. Sondas interestelares portando IA se lanzan a las estrellas más próximas.
2021. Los primeros humanos aterrizan en Marte, y encuentran algunas sorpresas desagradables.
2023. Se clonan dinosaurios facsímiles a partir de ADN generado por ordenador. El Zoo Triásico Disney abre sus puertas en Florida. A pesar de algún desafortunado accidente inicial, los mini-raptores empiezan a sustituir a los perros guardianes.
2024. Se detectan señales infrarrojas provenientes del centro de la Vía Láctea. Obviamente, son producto de una civilización tecnológicamente avanzada, pero todos los intentos para descifrarlas fallan.
2025. La investigación neurológica finalmente llega a la comprensión de todos los sentidos, y las entradas directas se hacen posible, evitando los ojos, oídos, piel, etc. El resultado inevitable es el Braincap de metal, del que el walkman del siglo XX fue un primitivo predecesor. Cualquier portador de este casco, adaptado firmemente al cráneo, puede acceder a todo un universo de experiencia real o imaginaria, e incluso fundirse en tiempo real con otras mentes.

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sábado, marzo 22, 2008

'Titán' ciencia ficción Arthur C. Clarke enterrado en Sri Lanka

Por Rob Taylor

COLOMBO (Reuters) - El visionario escritor de ciencia ficción Arthur C. Clarke fue enterrado el sábado en su hogar adoptivo de Sri Lanka, donde la nación hizo una pausa para recordar a un "titán" internacional.

Arthur C. Clarke

Clarke, de origen británico, mejor conocido por su trabajo en la cinta "2001: A Space Odyssey," falleció a los 90 años de edad por complicaciones respiratorias y fallo cardíaco, que los doctores ligaron al síndrome post-polio que por años lo mantuvo en una silla de ruedas.

"Nos sentimos privilegiados de que dejaste una marca en nosotros. Tu huella nunca se desvanecerá. Como mínimo, sólo ampliará lo que hacemos," dijo a los dolientes Tamara Ekanayake, quien creció en el hogar de Clarke en Colombo y a cuya familia adoptó.

Familiares cercanos y amigos sollozaron y arrojaron rosas amarillas sobre su cuerpo en un gesto final de respeto mientras este yacía en una cama blanca debajo de colmillos de elefantes curvados mientras sonaba la música de "2001: A Space Odyssey" antes de su entierro en el principal cementerio de Colombo.

Sus hermanos Fred y Mary observaron mientras cientos de monjes, dolientes y aficionados de ciencia ficción unieron sus manos en una plegaria por un hombre que prefería los hechos sólidos de la ciencia a la religión organizada.

"No creo que veremos otro como él en otro millón de años," dijo el profesor A.S.M Munawwar, quien viajó desde el este de Sri Lanka llevando consigo una copia firmada de uno de los libros de Clarke.

El presidente Mahinda Rajapaksa, quien esta semana llamó a Clarke "un profeta," pidió a los ceilaneses que observen un minuto de silencio por el más distinguido extranjero de la isla mientras los periódicos hacían referencia al "viaje final de un titán."

Clarke dejó instrucciones escritas de que su funeral no fuera marcado "absolutamente por ningún tipo de rituales religiosos." Para su lápida pidió las palabras: "Aquí yace Arthur Clarke. El nunca maduró, pero nunca dejó de crecer."

"Consultado el año pasado si habría algún monumento a su fallecimiento, sir Arthur dijo 'camina en cualquier buena librería y verás mi legado ahí'," dijo a Reuters su secretaria Nalaka Gunawardena.

"El creía que la función debe continuar. También quería que celebraramos, y no llorasemos su fallecimiento," agregó Gunawardena.

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sábado, marzo 08, 2008

Encuentro nocturno

Por Ray Bradbury

Antes de subir hacia las colinas azules, Tomás Gómez se detuvo en la solitaria estación de gasolina.
-Aquí se sentirá usted bastante solo -le dijo al viejo.



El viejo pasó un trapo por el parabrisas de la camioneta.

-No me quejo.

-¿Le gusta Marte?

-Muchísimo. Siempre hay algo nuevo. Cuando llegué aquí el año pasado, decidí no esperar nada, no preguntar nada, no sorprenderme por nada. Tenemos que mirar las cosas de aquí, y qué diferentes son. El tiempo, por ejemplo, me divierte muchísimo. Es un tiempo marciano. Un calor de mil demonios de día y un frío de mil demonios de noche. Y las flores y la lluvia, tan diferentes. Es asombroso. Vine a Marte a retirarme, y busqué un sitio donde todo fuera diferente. Un viejo necesita una vida diferente. Los jóvenes no quieren hablar con él, y con los otros viejos se aburre de un modo atroz. Así que pensé: lo mejor será buscar un sitio tan diferente que uno abre los ojos y ya se entretiene. Conseguí esta estación de gasolina. Si los negocios marchan demasiado bien, me instalaré en una vieja carretera menos bulliciosa, donde pueda ganar lo suficiente para vivir y me quede tiempo para sentir estas cosas tan diferentes.

-Ha dado usted en el clavo -dijo Tomás. Sus manos le descansaban sobre el volante. Estaba contento. Había trabajado casi dos semanas en una de las nuevas colonias y ahora tenía dos días libres y iba a una fiesta.

-Ya nada me sorprende -prosiguió el viejo-. Miro y observo, nada más. Si uno no acepta a Marte como es, puede volverse a la Tierra. En este mundo todo es raro; el suelo, el aire, los canales, los indígenas (aun no los he visto, pero dicen que andan por aquí) y los relojes. Hasta mi reloj anda de un modo gracioso. Hasta el tiempo es raro en Marte. A veces me siento muy solo, como si yo fuese el único habitante de este planeta; apostaría la cabeza. Otras veces me siento como si me hubiera encogido y todo lo demás se hubiera agrandado. ¡Dios! ¡No hay sitio como éste para un viejo! Estoy siempre alegre y animado. ¿Sabe usted cómo es Marte? Es como un juguete que me regalaron en Navidad, hace setenta años. No sé si usted lo conoce. Lo llamaban calidoscopio: trocitos de vidrio o de tela de muchos colores. Se levanta hacia la luz y se mira y se queda uno sin aliento. ¡Cuántos dibujos! Bueno, pues así es Marte. Disfrútelo. Tómelo como es. ¡Dios! ¿Sabe que esa carretera marciana tiene dieciséis siglos y aún está en buenas condiciones? Es un dólar cincuenta. Gracias. Buenas noches.

Tomás se alejó por la antigua carretera, riendo entre dientes.

Era un largo camino que se internaba en la oscuridad y las colinas. Tomás, con una sola mano en el volante, sacaba con la otra, de cuando en cuando, un caramelo de la bolsa del almuerzo. Había viajado toda una hora sin encontrar en el camino ningún otro automóvil, ninguna luz. La carretera solitaria se deslizaba bajo las ruedas y sólo se oía el zumbido del motor. Marte era un mundo silencioso, pero aquella noche el silencio era mayor que nunca. Los desiertos y los mares secos giraban a su paso y las cintas de las montañas se alzaban contra las estrellas.

Esta noche había en el aire un olor a tiempo. Tomás sonrió. ¿Qué olor tenía el tiempo? El olor del polvo, los relojes, la gente. ¿Y qué sonido tenía el tiempo? Un sonido de agua en una cueva, y una voz muy triste y unas gotas sucias que caen sobre cajas vacías y un sonido de lluvia. Y aún más, ¿a qué se parecía el tiempo? A la nieve que cae calladamente en una habitación oscura, a una película muda en un cine muy viejo, a cien millones de rostros que descienden como esos globitos de Año Nuevo, que descienden y descienden en la nada. Eso era el tiempo, su sonido, su olor. Y esta noche (y Tomás sacó una mano fuera de la camioneta), esta noche casi se podía tocar el tiempo.

La camioneta se internó en las colinas del tiempo. Tomás sintió unas punzadas en la nuca y se sentó rígidamente, con la mirada fija en el camino.

Entraba en una muerta aldea marciana; paró el motor y se abandonó al silencio de la noche. Maravillado y absorto contempló los edificios blanqueados por las lunas. Deshabitados desde hacía siglos. Perfectos. En ruinas, pero perfectos.

Puso en marcha el motor, recorrió algo más de un kilómetro y se detuvo nuevamente. Dejó la camioneta y echó a andar llevando la bolsa de comestibles en la mano, hacia una loma desde donde aún se veía la aldea polvorienta. Abrió el termos y se sirvió una taza de café. Un pájaro nocturno pasó volando. La noche era hermosa y apacible.

Unos cinco minutos después se oyó un ruido. Entre las colinas, sobre la curva de la antigua carretera, hubo un movimiento, una luz mortecina y luego un murmullo.

Tomás se volvió lentamente, con la taza de café en la mano derecha.

Y asomó en las colinas una extraña aparición.

Era una máquina que parecía un insecto de color verde jade, una mantis religiosa que saltaba suavemente en el aire frío de la noche, con diamantes verdes que parpadeaban sobre su cuerpo, indistintos, innumerables, y rubíes que centelleaban con ojos multifacéticos. Sus seis patas se posaron en la antigua carretera, como las últimas gotas de una lluvia, y desde el lomo de la máquina un marciano de ojos de oro fundido miró a Tomás como si mirara el fondo de un pozo.

Tomás levantó una mano y pensó automáticamente:

¡Hola!, aunque no movió los labios. Era un marciano. Pero Tomás había nadado en la Tierra en ríos azules mientras los desconocidos pasaban por la carretera, y había comido en casas extrañas con gente extraña y su sonrisa había sido siempre su única defensa. No llevaba armas de fuego. Ni aun ahora advertía esa falta aunque un cierto temor le oprimía el pecho.

También el marciano tenía las manos vacías. Durante unos instantes, ambos se miraron en el aire frío de la noche.

Tomás dio el primer paso.

-¡Hola! -gritó.

-¡Hola! -contesto el marciano en su propio idioma. No se entendieron.

-¿Has dicho hola? -dijeron los dos.

-¿Qué has dicho? -preguntaron, cada uno en su lengua.

Los dos fruncieron el ceño.

-¿Quién eres? -dijo Tomás en inglés.

-¿Qué haces aquí -dijo el otro en marciano.

-¿A dónde vas? -dijeron los dos al mismo tiempo, confundidos.

-Yo soy Tomás Gómez,

-Yo soy Muhe Ca.

No entendieron las palabras, pero se señalaron a sí mismos, golpeándose el pecho, y entonces el marciano se echó a reír.

-¡Espera!

Tomás sintió que le rozaban la cabeza, aunque ninguna mano lo había tocado.

-Ya está -dijo el marciano en inglés-. Así es mejor.

-¡Qué pronto has aprendido mi idioma!

-No es nada.

Turbados por el nuevo silencio, ambos miraron el humeante café que Tomás tenía en la mano.

-¿Algo distinto? -dijo el marciano mirándolo y mirando el café, y tal vez refiriéndose a ambos.

-¿Puedo ofrecerte una taza? -dijo Tomás.

-Por favor.

El marciano descendió de su máquina.

Tomás sacó otra taza, la llenó de café y se la ofreció.

La mano de Tomás y la mano del marciano se confundieron, como manos de niebla.

-¡Dios mío! -gritó Tomás, y soltó la taza.

-¡En nombre de los Dioses! -dijo el marciano en su propio idioma.

-¿Viste lo que pasó? - murmuraron ambos, helados por el terror.

El marciano se inclinó para tocar la taza, pero no pudo tocarla.

-¡Señor! -dijo Tomás.

-Realmente... -comenzó a decir el marciano. Se enderezó, meditó un momento, y luego sacó un cuchillo de su cinturón.

-¡Eh! -gritó Tomás.

-Has entendido mal. ¡Tómalo!

El marciano tiró al aire el cuchillo. Tomás juntó las manos. El cuchillo le pasó a través de la carne. Se inclinó para recogerlo, pero no lo pudo tocar y retrocedió, estremeciéndose.

Miró luego al marciano que se perfilaba contra el cielo.

-¡Las estrellas! -dijo.

-¡Las estrellas! -respondió el marciano mirando a Tomás.

Las estrellas eran blancas y claras más allá del cuerpo del marciano, y lucían dentro de su carne como centellas incrustadas en la tenue y fosforescente membrana de un pez gelatinoso; parpadeaban como ojos de color violeta en el estómago y en el pecho del marciano, y le brillaban como joyas en los brazos.

-¡Eres transparente! -dijo Tomás.

-¡Y tú también! -replicó el marciano retrocediendo.

Tomás se tocó el cuerpo, sintió su calor y se tranquilizó. «Yo soy real», pensó.

El marciano se tocó la nariz y los labios.

-Yo tengo carne -murmuró-. Yo estoy vivo.

Tomás miró fijamente al fío.

-Y si yo soy real, tú debes de estar muerto.

-¡No! ¡Tú!

-¡Un espectro!

-¡Un fantasma!

Se señalaron el uno al otro y la luz de las estrellas les brillaba en los miembros como dagas, como trozos de hielo, como luciérnagas, y se tocaron otra vez y se descubrieron intactos, calientes, animados, asombrados, despavoridos, y el otro, ah, si, ese otro, era sólo un prisma espectral que reflejaba la acumulada luz de unos mundos distantes.

Estoy borracho, pensó Tomás. No se lo contaré mañana a nadie. No, no.

Se miraron un tiempo, de pie, inmóviles, en la antigua carretera.

-¿De dónde eres? -preguntó al fin el marciano.

-De la Tierra.

-¿Qué es eso?

Tomás señaló el firmamento.

-¿Cuándo llegaste?

-Hace más de un año, ¿no recuerdas?

-No.

-Y todos ustedes estaban muertos, así lo creímos. Tu raza ha desaparecido casi totalmente ¿no lo sabes?

-No. No es cierto.

-Sí. Todos muertos. Yo vi los cadáveres. Negros, en las habitaciones, en las casas. Muertos. Millares de muertos.

-Eso es ridículo. ¡Estamos vivos!

-Escúchame. Marte ha sido invadido. No puedes ignorarlo. Has escapado.

-¿Yo? ¿Escapar de qué? No entiendo lo que dices. Voy a una fiesta en el canal, cerca de las montañas Eniall. Allí estuve anoche. ¿No ves la ciudad?

Tomás miró hacia donde indicaba el marciano y vio las ruinas.

-Pero cómo, esa ciudad está muerta desde hace miles de años.

El marciano se echó a reír.

-¡Muerta! Dormí allí anoche.

-Y yo estuve allí la semana anterior y la otra, y hace un rato, y es un montón de escombros. ¿No ves las columnas rotas?

-¿Rotas? Las veo perfectamente a la luz de la luna. Intactas.

-Hay polvo en las calles -dijo Tomás.

-¡Las calles están limpias!

-Los canales están vacíos.

-¡Los canales están llenos de vino de lavándula!

-Está muerta.

-¡Está viva! -protestó el marciano riéndose cada vez más-. Oh, estás muy equivocado ¿No ves las luces de la fiesta? Hay barcas hermosas esbeltas como mujeres, y mujeres hermosas esbeltas como barcas; mujeres del color de la arena, mujeres con flores de fuego en las manos. Las veo desde aquí, pequeñas, corriendo por las calles. Allá voy, a la fiesta. Flotaremos en las aguas toda la noche, cantaremos, beberemos, haremos el amor. ¿No las ves?

-Tu ciudad está muerta como un lagarto seco. Pregúntaselo a cualquiera de nuestro grupo. Voy a la Ciudad Verde. Es una colonia que hicimos hace poco cerca de la carretera de Illinois. No puedes ignorarlo. Trajimos trescientos mil metros cuadrados de madera de Oregón, y dos docenas de toneladas de buenos clavos de acero, y levantamos a martillazos los dos pueblos más bonitos que hayas podido ver. Esta noche festejaremos la inauguración de uno. Llegan de la Tierra un par de cohetes que traen a nuestras mujeres y a nuestras amigas. Habrá bailes y whisky...

El marciano estaba inquieto.

-¿Dónde está todo eso?

Tomás lo llevó hasta el borde de la colina y señaló a lo lejos.

-Allá están los cohetes. ¿Los ves?

-No.

-¡Maldita sea! ¡Ahí están! Esos aparatos largos y plateados.

-No.

Tomás se echó a reír.

-¡Estás ciego!

-Veo perfectamente. ¡Eres tú el que no ve!

-Pero ves la nueva ciudad, ¿no es cierto?

-Yo veo un océano, y la marea baja.

-Señor, esa agua se evaporó hace cuarenta siglos.

-¡Vamos, vamos! ¡Basta ya!

-Es cierto, te lo aseguro.

El marciano se puso muy serio.

-Dime otra vez. ¿No ves la ciudad que te describo? Las columnas muy blanca, las barcas muy finas, las luces de la fiesta... ¡Oh, lo veo todo tan claramente! Y escucha... Oigo los cantos. ¡No están tan lejos!

Tomás escuchó y sacudió la cabeza.

-No.

-Y yo, en cambio, no puedo ver lo que tú me describes -dijo el marciano.

Volvieron a estremecerse. Sintieron frío.

-¿Podría ser?

-¿Qué?

-¿Dijiste que «del cielo»?

-De la Tierra.

-La Tierra, un nombre, nada -dijo el marciano-. Pero... al subir por el camino hace una hora... sentí...

Se llevó una mano a la nuca.

-¿Frío?

-Sí.

-¿Y ahora?

-Vuelvo a sentir frío. ¡Qué raro! Había algo en la luz, en las colinas, en el camino... -dijo el marciano-. Una sensación extraña... El camino, la luz... Durante unos instante creí ser el único sobreviviente de este mundo.

-Lo mismo me pasó a mí -dijo Tomás, y le pareció estar hablando con un amigo muy íntimo de algo secreto y apasionante.

El marciano meditó unos instantes con los ojos cerrados.

-Sólo hay una explicación. El tiempo. Sí. Eres una sombra del pasado.

-No. Tú, tú eres del pasado -dijo el hombre de la Tierra.

-¡Qué seguro estas! ¿Cómo es posible afirmar quién pertenece al pasado y quién al futuro? ¿En qué año estamos?

-En el año dos mil dos.

-¿Qué significa eso para mí?

Tomás reflexionó y se encogió de hombros.

-Nada.

-Es como si te dijera que estamos en el año 4462853 S.E.C. No significa nada. Menos que nada. Si algún reloj nos indicase la posición de las estrellas...

-¡Pero las ruinas lo demuestran! Demuestran que yo soy el futuro, que yo estoy vivo, que tú estás muerto.

-Todo en mí lo desmiente. Me late el corazón, mi estómago siente hambre, mi garganta sed. No, no. Ni muertos, ni vivos, más vivos que nadie, quizá. Mejor, entre la vida y la muerte. Dos extraños cruzan en la noche. Nada más. Dos extraños que pasan. ¿Ruinas dijiste?

-Sí. ¿Tienes miedo?

-¿Quién desea ver el futuro? ¿Quién ha podido desearlo alguna vez? Un hombre puede enfrentarse con el pasado, pero pensar... ¿Has dicho que las columnas se han desmoronado? ¿Y que el mar está vacío y los canales, secos y las doncellas muertas y las flores marchitas? -El marciano calló y miró hacia la ciudad lejana. -Pero están ahí. Las veo. ¿No me basta? Me aguardan ahora, y no importa lo que digas.

Y a Tomás también lo esperaban los cohetes, allá a lo lejos, y la ciudad, y las mujeres de la Tierra.

-Jamás nos pondremos de acuerdo -dijo.

-Admitamos nuestro desacuerdo -dijo el marciano-. ¿Qué importa quién es el pasado o el futuro, si ambos estamos vivos? Lo que ha de suceder sucederá, mañana o dentro de diez mil años. ¿Cómo sabes que esos templos no son los de tu propia civilización, dentro de cien siglos, desplomados y en ruinas? ¿No lo sabes? No preguntes entonces. La noche es muy breve. Allá van por el cielo los fuegos de la fiesta, y los pájaros.

Tomás tendió la mano. El marciano lo imitó. Sus manos no se tocaron, se fundieron atravesándose.

-¿Volveremos a encontrarnos?

-¡Quién sabe! Tal vez otra noche.

-Me gustaría ir contigo a la fiesta.

-Y a mí me gustaría ir a tu ciudad y ver esa nave de que me hablas y esos hombres, y oír todo lo que sucedió.

-Adiós -dijo Tomás.

-Buenas noches.

El marciano voló serenamente hacia las colinas en su vehículo de metal verde. El terrestre se metió en su camioneta y partió en silencio en dirección contraria.

-¡Dios mío! ¡Qué pesadillas! -suspiró Tomás, con las manos en el volante, pensando en los cohetes, en las mujeres, en el whisky, en las noticias de Virginia, en la fiesta.

-¡Qué extraña visión! -se dijo el marciano, y se alejó rápidamente, pensando en el festival, en los canales, en las barcas, en las mujeres de ojos dorados, y en las canciones.

La noche era oscura. Las lunas se habían puesto. La luz de las estrellas parpadeaba sobre la carretera ahora desierta y silenciosa. Y así siguió, sin un ruido, sin un automóvil, sin nadie, sin nada, durante toda la noche oscura y fresca.

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jueves, febrero 28, 2008

Aseguran que Marte fue demasiado salado como para albergar vida

El ambiente ácido y a la vez salino habría sido inadecuado hasta para microbios resistentes.

Los imperecederos relatos que componen el ya clásico libro "Crónicas marcianas", del estadounidense Ray Bradbury, se han convertido ahora en el único lugar posible donde acudir en la búsqueda de rastros de vida en Marte: recientes observacio nes del vehículo Opportunity de la NASA revelaron que a lo largo de su historia el Planeta Rojo fue demasiado salado para permitir el surgimiento de vida.



Una alta concentración de minerales en el agua habrían determinado que Marte fuera poco adecuado incluso para que prosperaran los microbios más resistentes, según la opinión de los científicos de la agencia espacial estadounidense. Los indicios preservados en las rocas que estuvieron sumergidas bajo el agua indicaron que el ambiente era a la vez ácido y salino. Los estudios

realizados por Opportunity abarcaron el análisis de las rocas de la superficie marciana durante un período de largos meses.

Andrew Knoll, biólogo de la universidad de Harvard y miembro del equipo científico del Opportunity, aseguró que los resultados obtenidos vuelven improbable la posibilidad de vida en el Planeta Rojo. Desde la perspectiva de Knoll, las condiciones en Marte durante los últimos 4.000 millones de años habrían sido muy poco propicias para que surgieran organismos vivientes.

"Era muy salado; de hecho, era tan salado que sólo un puñado de organismos terrestres habría tenido la menor probabilidad de sobrevivir allí en la mejor de las condiciones", apuntó.

Los vehículos exploradores estadounidenses, Opportunity y su gemelo Spirit, llevan ya más de

1.400 días investigando la superficie marciana. Sin embargo, estos nuevos datos no dan por cerrada la fase de exploración en torno al planeta que obsesionó a la imaginación de numerosos escritores de relatos de ciencia ficción: el próximo paso que dará la NASA tiene por protagonista a la nave Phoenix, que se posará en el suelo de Marte el próximo 25 de mayo.

La misión Phoenix se aproximará al polo norte del planeta y tendrá por objetivo excavar bajo la superficie congelada para rastrear señales de la existencia actual o pasada de microbios.

Por otra parte, el Laboratorio Científico de Marte partirá desde la Tierra en 2009 y arribará a Marte en 2010. Con un peso tres veces superior al de las sondas Spirit y Opportunity, este laboratorio recogerá muestras de rocas marcianas y las analizará en busca de compuestos orgánicos. De todas maneras, aquellos que soñaron con encontrar vida extraterrestre en Marte no deben sentirse apenados por el gran Ray Bradbury, quien no se sentirá defraudado por este nuevo hallazgo: al fin y al cabo, en varias oportunidades ha expresado su deseo de que sus cenizas sean esparcidas en la superficie del planeta al que imaginó -y dotó de vida- mejor que nadie.

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miércoles, febrero 13, 2008

Muere a los 79 años el periodista Enrique Loubet

El periodista Enrique Loubet Goitisolo falleció ayer a la edad de 79 años víctima de un antiguo padecimiento. Originario de España, donde nació en 1929, su deceso ocurrió en la ciudad de México.
El destacado comunicador, licenciado en derecho por la UNAM, llegó a México en 1939 con su familia en calidad de refugiados de la Guerra Civil.
Desarrolló la mayor parte de su vida profesional en el diario Excelsior y fue asimismo fundador del diario Unomasuno y director de la revista Comunidad Conacyt, editada por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.
A lo largo de su carrera periodística Loubet logró realizar notables entrevistas con personajes internacionales de los más diversos ámbitos, entre otros Jorge Luis Borges, Ray Bradbury, Pablo Casals, Louis Armstrong, Salvador Dalí, José Angel Mantequilla Nápoles.
Los textos de algunas de esas entrevistas fueron compilados en 1975 en el libro Nuevas famas, del Fondo de Cultura Económica.

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lunes, febrero 04, 2008

La Última Noche Del Mundo (Ray Bradbury)

- ¿Qué harías si supieras que ésta es la última noche del mundo?
- ¿Qué haría? ¿Lo dices en serio?
- Sí, en serio.
- No sé, no lo he pensado.
El hombre se sirvió un poco más de café. En el fondo del vestíbulo las niñas jugaban sobre la alfombra con unos cubos de madera, bajo la luz de las lámparas verdes. En el aire de la tarde había un suave y limpio olor a café torrado.
- Bueno, será mejor que empieces a pensarlo.
- ¡No lo dirás en serio!
El hombre asintió.
- ¿Una guerra?
El hombre sacudió la cabeza.
- No.
noche
- ¿La bomba atómica o la bomba de hidrógeno?
- No.
- ¿Una guerra bacteriológica?
- Nada de eso -dijo el hombre, revolviendo suavemente el café-. Sólo, digamos, un libro que se cierra.
- Me parece que no entiendo.
- No. Y yo tampoco, realmente. Sólo es un presentimiento. A veces me asusta.
A veces no siento ningún miedo, y sólo una cierta paz. -Miró a las niñas y los caballos amarillos que brillaban a la luz de la lámpara-. No te lo he dicho. Ocurrió por primera vez hace cuatro noches.
- ¿Qué?
- Un sueño. Soñé que todo iba a terminar. Me lo decía una voz. Una voz irreconocible, pero una voz de todos modos. Y me decía que todo iba a detenerse en la Tierra. No pensé mucho en ese sueño al día siguiente, pero fui a la oficina y a media tarde sorprendí a Stan Willis mirando por la ventana, y le pregunté: ¿Qué piensas, Stan?, y él me dijo: Tuve un sueño anoche. Antes que me lo contara yo ya sabía qué sueño era ése. Podía habérselo dicho. Pero dejé que me lo contara.
- ¿Era el mismo sueño?
- Idéntico. Le dije a Stan que yo había soñado lo mismo. No pareció sorprenderse. Al contrario, se tranquilizó. Luego nos pusimos a pasear por la oficina, sin darnos cuenta. No concertamos nada. Nos pusimos a caminar, simplemente, cada uno por su lado, y en todas partes vimos gentes con los ojos clavados en los escritorios, o que se observaban las manos, o que miraban la calle. Hablé con algunos. Stan hizo lo mismo.
- ¿Y todos habían soñado?
- Todos. El mismo sueño, exactamente.
- ¿Crees que será cierto?
- Sí, nunca estuve más seguro.
- ¿Y cuándo terminará? El mundo, quiero decir.
- Para nosotros, en cierto momento de la noche. Y a medida que la noche vaya moviéndose alrededor del mundo, llegará el fin. Tardará veinticuatro horas.
Durante unos instantes no tocaron el café. Luego levantaron lentamente las tazas y bebieron mirándose a los ojos
- ¿Merecemos esto?- preguntó la mujer.
- No se trata de merecerlo o no. Es así, simplemente. Tú misma no has tratado de negarlo. ¿Por qué?
- Creo tener una razón.
- ¿La que tenían todos en la oficina?
La mujer asintió.
- No quise decirte nada. Fue anoche. Y hoy las vecinas hablaban de eso entre ellas. Todas soñaron lo mismo. Pensé que era sólo una coincidencia. -La mujer levantó de la mesa el diario de la tarde-. Los periódicos no dicen nada.
- Todo el mundo lo sabe. No es necesario. -El hombre se reclinó en su silla, mirándola.- ¿Tienes miedo?
- No. Siempre pensé que tendría mucho miedo, pero no.
- ¿Dónde está ese instinto de autoconservación del que tanto se habla?
- No lo sé. Nadie se excita demasiado cuando todo es lógico. Y esto es lógico. De acuerdo con nuestras vidas, no podía pasar otra cosa.
- No hemos sido tan malos ¿no es cierto?
- No, pero tampoco demasiado buenos. Me parece que es eso. No hemos sido casi nada, excepto nosotros mismos, mientras que casi todos los demás han sido muchas cosas, muchas cosas abominables.
En el vestíbulo las niñas se reían.
- Siempre pensé que cuando esto ocurriera la gente se pondría a gritar en las calles.
- Pues no. La gente no grita ante la realidad de las cosas.
- ¿Sabes? Te perderé a ti y a las chicas. Nunca me gustó la ciudad, ni mi trabajo, ni nada, excepto vosotras tres. No me faltará nada más. Salvo, quizá, los cambios de tiempo, y un vaso de agua helada cuando hace calor, y el sueño. ¿Cómo podemos estar aquí, sentados, hablando de este modo?
- No se puede hacer otra cosa.
- Claro, eso es; pues si no estaríamos haciéndolo. Me imagino que hoy, por primera vez en la historia del mundo, todos saben qué van a hacer de noche.
- Me pregunto, sin embargo, qué harán los otros, esta tarde, y durante las próximas horas.
- Ir al teatro, escuchar la radio, mirar la televisión, jugar a las cartas, acostar a los niños, acostarse. Como siempre.
- En cierto modo, podemos estar orgullosos de eso? como siempre.
El hombre permaneció inmóvil durante un rato, y al fin se sirvió otro café.
- ¿Por qué crees que será esta noche?
- Porque sí.
- ¿Por qué no alguna noche del siglo pasado o de hace cinco siglos o diez?
- Quizá porque nunca fue 19 de octubre de 1969 y ahora sí. Quizá porque esa fecha significa más que ninguna otra. Quizá porque este año las cosas son como son, en todo el mundo, y por eso es el fin.
- Hay bombarderos que esta noche estarán cumpliendo su vuelo de ida y vuelta a través del océano, y que nunca llegarán a tierra.
- Eso también lo explica, en parte.
- Bueno -dijo el hombre incorporándose-, ¿qué haremos ahora? ¿Lavamos los platos?
Lavaron los platos y los apilaron con un cuidado especial. A las ocho y media acostaron a las niñas y les dieron el beso de buenas noches y apagaron las luces del cuarto y entornaron la puerta.
- No sé? -dijo el marido al salir del dormitorio, mirando hacia atrás, con la pipa entre los labios.
- ¿Qué?
- ¿Cerraremos la puerta del todo, o la dejaremos así, entornada, para que entre un poco de luz?
- ¿Lo sabrán también las chicas?
- No, naturalmente que no.
El hombre y la mujer se sentaron y leyeron los periódicos y hablaron y escucharon un poco de música, y luego observaron, juntos, las brasas de la chimenea mientras el reloj daba las diez y media y las once y las once y media.
Pensaron en las otras gentes del mundo, que también habían pasado la velada, cada uno a su modo.
- Bueno -dijo el hombre al fin.
Besó a su mujer durante un rato.
- Nos hemos llevado bien, después de todo- dijo la mujer.
- ¿Tienes ganas de llorar? -le preguntó el hombre.
- Creo que no.
Recorrieron la casa y apagaron las luces y entraron en el dormitorio. Se desvistieron en la fresca oscuridad de la noche, y retiraron las colchas.
- Las sábanas son tan limpias y frescas?
- Estoy cansada.
- Todos estamos cansados.
Se metieron en la cama.
- Un momento -dijo la mujer.
El hombre oyó que su mujer se levantaba y entraba en la cocina. Un momento después estaba de vuelta.
-Me había olvidado de cerrar los grifos.
Había ahí algo tan cómico que el hombre tuvo que reírse.
La mujer también se rió. Sí, lo que había hecho era cómico de veras. Al fin dejaron de reírse, y se tendieron inmóviles en el fresco lecho nocturno, tomados de la mano y con las cabezas muy juntas.
-Buenas noches -dijo el hombre después de un rato.
-Buenas noches -dijo la mujer.

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sábado, enero 26, 2008

El espejo de lo mejor de la Tierra

Escritores y cantantes han puesto su mirada creativa en el planeta rojo

Redacción
El Universal
Jueves 24 de enero de 2008

De forma cíclica se discute acerca de la vida en Marte: hace tres años un comentario hecho por la científica Carol Stoker en una fiesta ?donde hubo mucho etanol?, según sus propias palabras alimentó la idea de que se había encontrado rastros de metano, un gas generado por los procesos de digestión y defecación, en la atmósfera marciana.



Los asistentes a la fiesta contaron a un reportero los supuestos hallazgos de Stoker y su marido que, según la versión, aparecerían en un artículo de la revista Nature. La expectación creció a tal grado que la NASA tuvo que intervenir desmintiendo el supuesto descubrimiento y aclarando que ninguna revista científica preparaba un trabajo al respecto.

Entre el ruido se perdió de vista que el trabajo de la dupla Lemke-Stoker estaba enfocado a reproducir el ambiente de Marte en un sitio de España llamado Río Tinto, para identificar qué elementos comunes existían en la Tierra y Marte.

Las similitudes entre ambos cuerpos celestes pueden explicar por qué el llamado planeta rojo ha fascinado a sus vecinos terrestres. En los dos hay polos helados, nubes en la atmósfera, patrones climáticos estacionales, volcanes, cañones, desiertos, etcétera.

Aunado a ese hecho, la cercanía entre la Tierra y Marte ha provocado que desde 1965 se hayan enviado misiones exploratorias. Catorce artefactos distintos se han enviado para averiguar si hay vida allá, ninguno ha encontrado evidencia de que exista, pero tampoco lo contrario se ha determinado con absoluta certeza.

Lo que alimenta las esperanzas es la posible existencia de agua. La NASA tiene la teoría de que este elemento equivale a la existencia de vida, de modo que la búsqueda de líquido, ya sea en las capas polares, la superficie o bajo la tierra, sea de la mayor importancia.

Igual a como sucedió aquí en la Tierra, en Marte alguna vez hubo volcanes haciendo erupción, enormes inundaciones y caídas de meteoritos. De ahí que sea natural que escritores como Ray Bradbury imaginen que Marte es el espejo de lo mejor que se ha creado en la Tierra y cantantes como David Bowie se pregunten si hay vida en ese lugar, favorito de la imaginación humana.

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