Philip K. Dick

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domingo, diciembre 31, 2006

La pistola de rayos

Recuperamos la referencia aparecida en Gigamesh sobre la edición de una novela inédita hasta ahora en nuestro país.


PHILIP K. DICK
LA PISTOLA DE RAYOS
Una invasión extraterrestre amenaza con triunfar a causa de la moda y la política terrestres

Novela inédita en castellano de Philip K. Dick


Lars Powderdry es diseñador de moda armamentística. Bendecido por el talento de médium, sus diseños permiten al Bloque Oeste mantener la frenética carrera de armamento con el Sector Este, en un constante equilibrio que, a través del miedo, asegura la paz en la Tierra? hasta que unos satélites alienígenas se sitúan en órbita y comienzan a volatilizar ciudades de ambos bandos.

La pistola de rayos destila un humor irreverente con el que Dick construye una sátira desquiciada sobre los sinsentidos de la Guerra Fría. El californiano emprende una de sus portentosas exploraciones de lo que constituye el tema central de su obra: la paranoia vital, tanto individual como colectiva, y su inevitable vinculación con nuestra forma de interpretar la realidad.

?El autor más consistente y brillante de ciencia ficción del mundo?
John Brunner




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La búsqueda desesperada de una tabla de salvación en una carrera de mentiras.

Los Protocolos de Conversión del 2002 marcaron las pautas de la carrera armamentística entre las dos esferas de influencia de la Tierra. Lars Powderdry es uno de los hombres más importantes del Bloque Oeste: cuando cae en trance, es capaz de diseñar las armas más prodigiosas. Solo Lilo Topchev, su homóloga del Sector Este, es capaz de competir con él. Pero cuando una amenaza externa, que adopta la forma de satélites alienígenas, empieza a devastar sistemáticamente ciudades de ambos bandos, Powderdry y Topchev se verán forzados por sus respectivos gobiernos a colaborar en el diseño de un arma... una que funcione. Sin embargo, serán un dibujante de cómics y un juguetero peculiar los que tendrán la respuesta.

En esta novela, hasta ahora inédita en nuestro país, Philip K. Dick elabora una parodia de la guerra fría y la disuasión nuclear. Los personajes, obligados por las circunstancias a abandonar el cálido y confortante manto de la mentira asumida, bordean la esquizofrenia al verse abocados a una espiral de angustia e inseguridad. Cínica y socarrona, abarca tanto el homenaje al pulp más desaforado en el que empezó su carrera como la semilla de la temática que marcaría su obra en conjunto: la inseguridad de la percepción y la incapacidad de aprehender la naturaleza íntima de la realidad.

Demoledora comedia contra el absurdo de la Guerra Fría del autor de Blade Runner.



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EL AUTOR

Philip K. Dick (1928?1982) nació en Chicago y a los cinco años se trasladó a Berkeley, donde residió buena parte de su vida. Inició estudios de filosofía que abandonó enseguida. En 1952 publicó los primeros cuentos, y en 1955 apareció su primera novela, Lotería solar. En 1963 consiguió su único Hugo por El hombre en el castillo, y a partir de entonces encadenó una serie de años prolíficos con otros sin apenas producción debido a continuos problemas psicológicos. Cuando su nombre iba a saltar a la fama gracias al film Blade Runner, adaptación de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Dick falleció de un ataque cardíaco y pasó a engrosar la lista de autores legendarios de la cf.

Más información sobre el autor



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PRESENTACIÓN

Es una falacia que existan Dicks menores.

El manual de instrucciones de la posmodernidad tiene muy claro, como lo tiene siempre sea cual sea la eventualidad a la que deba hacer frente, qué es lo que define la obra dickiana y la naturaleza básica de sus personajes: nada es lo que parece; nadie sabe quién es en realidad; nunca hay la menor esperanza de que exista una respuesta válida para el sinfín de preguntas que recorren y atraviesan la historia. Esa receta interpretativa permite que todavía se tenga como expresión máxima del ethos dickiano lo que nos muestra la pantalla durante el metraje de Blade Runner y, como contrapartida, que se desprecie olímpicamente un título como Asesinos cibernéticos por considerarlo mero metraje comercial prolongado a costa de un patrón de corte y confección que ha sido tomado en vano.

Eso es muy coherente, claro está, cuando se parte de la base de que es preciso negar toda posible trascendencia y se utiliza instrumento cognoscitivo de que todos los conocimientos son intercambiables y solo pueden ser regulados de acuerdo con el valor de cambio que hayan alcanzado en la pasarela mediática del momento. Se olvida así, no obstante, que la vida y la obra de Dick estuvieron regidas ?de manera casi obsesiva, casi maldita? por el hecho de que el segundo nombre de Philip Dick fuese Kindred, es decir, «parentesco».

A primera vista, entonces, la peripecia argumental y los protagonistas de La pistola de rayos encajan sin ninguna dificultad en ese parti pris ya especificado: tenemos a un par de diseñadores de moda armamentística que se ganan la vida vendiendo mentiras inexistentes que no pueden ser utilizadas en el mundo real y que, de pronto, ponen al descubierto la falsedad en que se había basado su existencia cuando una amenaza exterior ?alienígena, claro está, y por más señas llegada de Sirio? hace que deban replanteárselo todo para salvar a una humanidad amenazada. La solución es encontrada en el último momento, las falsedades quedan más o menos puestas en su sitio y las maldades dictatoriales reciben su merecido.

Cierto, desde luego, porque todo eso está escrito en negro sobre blanco a lo largo de las páginas de la novela. Pero ese análisis y/o punto de vista, por hacerle el favor de llamarlo de alguna manera, se niega obstinadamente a aceptar la desesperada búsqueda de trascendencia que ?cada uno a su manera? emprenden Lars Powderdry, Lilo Topchev y el insignificante fabricante de juguetes llamado Vincent Klug. Peor aún, se niega a plantearse ?aunque solo sea como hipótesis de trabajo? la amenazadoramente clara posibilidad de que esa búsqueda de una salida cósmica, metadiscursiva y trascendental sea lo que realmente le interesa a Dick y que, sorpresa, la novela no solo se abstenga de negar su existencia sino que termine encontrándola entre las paredes de un juguete tan insignificante, a primera vista, como el hombre que lo ha creado.

No se podía esperar otra cosa de un credo vergonzante como el de la posmodernidad, que evita mirar hacia delante más allá de sus cuatro paredes para no tener que enfrentarse al abismo de negrura que devuelve la mirada en cuanto se llega al final de los años: para el especialista en prêt-à-porter dickiano, que Lars Powderdry se obsesione ?y obsesione a quien lo lee? preguntándose qué ha sido de su amante Maren Faine, o decida pasar muchos años aguardando la llegada de un hipotético medio de transporte en el tiempo para retroceder al momento crucial, no solo resulta incomprensible y chocante, sino que roza lo blasfemo. Dick, a través de Powderdry, lo ha dejado muy claro: sus muchos trances no le han permitido entrever a Dios, pero no dejará de volver la mirada en todas direcciones para dar con la deidad.

ALBERT SOLÉ



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Ficha técnica:
Philip K. Dick, La pistola de rayos (The Zap Gun, 1967)
Ediciones Gigamesh. Barcelona, 2006.
Colección dirigida por Alejo Cuervo
Traducción de Albert Solé y Eva Feuerstein
Prólogo de Albert Solé
Ilustración de portada de Juan Miguel Aguilera
ISBN 84-96208-29-X
P.V.P. 11,95 ?
240 págs.

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jueves, diciembre 28, 2006

el cazador de recompensas parecía un hombre corriente...


En la penumbra, el cazador de recompensas parecía un hombre corriente, no peligroso. Cara redonda, lampiña, rasgos suaves, como de burócrata. Metódico pero informal.

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?


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martes, diciembre 26, 2006

Ursula K. Le Guin sobre Philip K. Dick

"El hecho de que Dick sea entretenido se basa en que sus relatos mezclan la realidad y la locura, el tiempo y la muerte, el pecado y la salvación - y todo esto escapa a la mayoría de los críticos. Nadie dice que tenemos nuestro propio Borges local" -- Ursula K. Le Guin
Dick y Ursula K. Le Guin, comparten algo más que esa letra K., ambos fueron al mismo instituto (Berkeley (Ca.) High School, 1947), aunque curiosamente no se conocieron. Le Guin (entonces Ursula Kroeber) había avanzado un grado, mientras que Dick perdió un año con la agorafobia que le torturaría de adulto. Le Guin sería más tarde una de sus mayores valedoras y escribió The Lathe of Heaven (La Rueda Celeste) como un homenaje consciente a Dick; ambos mantuvieron amistad y correspondencia hasta la muerte de Phil.


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sábado, diciembre 23, 2006

Philip K. Dick en el cine

Aprovechando el reciente estreno en España de Una Mirada en la Oscuridad, cinefantastico.com hizo un repaso a los films basados en la obra del norteamericano Philip K. Dick (1928-1982) que hemos podido ver hasta la fecha. Reproducimos este ejercicio de memoria a continuación.
Pese a que ahora es considerado uno de los clásicos indiscutibles de la ciencia ficción literaria, el éxito nunca alcanzó en vida a Philip K Dick. Ni siquiera obtener el premio Hugo en 1963 por el Hombre en el Castillo le sacó del cerrado círculo de los lectores asiduos de ciencia ficción, condenándole a sufrir problemas financieros toda su vida, pese a ser un escritor bastante prolífico. Su situación se vería agravada en sus últimos años, en los que el consumo de drogas y sus múltiples separaciones matrimoniales acabaron pasando factura, su esquizofrenia le hacía tener visiones divinas, paranoias en las que era perseguido por el FBI, y extraños presentimientos como el que salvó la vida a su hijo (tras "ver" que tenía un problema de salud no detectado a primera vista por los médicos).

El autor de Ubik (para la que escribió un guión cinematográfico que nunca llegó a rodarse) nunca llegó a ver adaptada al cine ninguna de sus novelas. Falleció 4 meses antes del estreno de Blade Runner (1982), aunque pudo ver algunas escenas de la película, quedando entusiasmado con el aspecto visual del film, aunque no tanto con la adaptación que Ridley Scott y los guionistas habían hecho de la historia.Realmente la primera adaptación de Dick no fue Blade Runner, sino Impostor, un capítulo de la serie de 1962 Out of this World, que presentaba Boris Karloff y mostró 13 historias de género fantástico.Volviendo al cine, la historia del agente (Harrison Ford) que debe dar muerte a replicantes llegados a la Tierra no solo se convirtió en un clásico de la ciencia ficción, sino que comenzó a dar a conocer al gran público el nombre de Philip K. Dick, y más concretamente la novela en la que se basada la película: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Do Androids Dream of Electric Sheep?)Pasarían 8 años hasta que otra de sus historias, el relato Podemos recordarlo todo por usted (We Can Remember It for You Wholesale), diese lugar a una nueva película. Se trata de Desafío Total (1990), en la que Paul Verhoeven añade acción al relato, para adaptarlo a la medida de Arnold Schwarzenneger. Se repite las dudas de la personalidad del protagonista, una constante en la obra de Dick, y en sus adaptaciones.
En 1992 se estrenaría la francesa Barjo, basada en la novela Confesiones de un artista de mierda (Confessions of a Crap Artist). Se trata de un drama mezclado con comedia sobre un escritor que pierde su casa, y que es de momento la única adaptación fuera del terreno de la ciencia ficción que se ha hecho de la obra de Dick.Volviendo a nuestro género, en 1995 llega Asesinos Cibernéticos (Screamers), basada en el relato La segunda variedad (Second Variety). Nuevamente se añade más acción a la historia (esta vez protagonizada por Peter "Robocop" Weller), que se traslada de un mundo apocalíptico a una colonia minera espacial.Más tarde, en 1999, debemos mencionar Desafío Total 2070, una serie de 22 episodios, que dicen los que la han visto que era más fiel a la imaginación de Philip K. Dick que la película de Verhoeven.En el 2002, Impostor volvería a ser adaptada, esta vez en forma de largometraje. El Infiltrado, protagonizada por Gary Sinise, vuelve a tocar el tema de la crisis de identidad, y pasó de ser una de las tres historias de una película, a convertirse en un largo por si sola, alargándose 2 años su estreno, y siendo un completo fracaso en la taquilla.
La constante de la crisis de identidad se repetiría en Minority Report (2002), basada en el relato el Informe de la Minoría. En ella un policía que previene delitos antes de que ocurran, descubre que él va a ser un asesino en cuestión de horas. Steven Spielberg también optó por añadir acción a la trama para que funcionase mejor entre el público.El úlitmo relato que hasta ahora habíamos visto adaptado había sido la Paga, que dio lugar en el 2003 al film Paycheck, protagonizado por Uma Thurman y Ben Affleck. John Woo se basó ligeramente en la historia original, y no convenció a la crítica ni tampoco al público.Ahora nos llega Una Mirada en la Oscuridad, que se basa en la novela Una Mirada a la Oscuridad (A Scanner Darkly), publicada en 1977 y que se basa a su vez en las experiencias personales del autor con las drogas. En ella un policía deberá perseguir a un traficante que no es sino él mismo bajo el efecto de una sustancia a la que es adicto. Film de animación protagonizado por Keanu Reeves, Winona Ryder, cuyo uso del rotoscopio puede devolver la popularidad de su uso en la animación, casi 30 años des pués de su época dorada.

Después vendrán Next, basada en el Hombre Dorado (The Golden Man), otro thriller de ciencia ficción protagonizado por Nicolas Cage y Julianne Moore; para dar paso luego a un biopic sobre el autor, al que probablemente encarne Paul Giamatti (la Joven del Agua). Parece que el interés en la obra y vida del autor no hace sino seguir creciendo. Sin duda, lo merece.

miércoles, diciembre 20, 2006

¿El Chelsea de Madrid?

Reproducimos a continuación la referencia aparecida el 6/12/2006 en El Diario El Mundo relación con Hotel Kafka, considerando especialmente el comentario que se hace acerca de este blog y que agradecemos enormemente.


MARTA AGUIRRE

En Madrid ya tenemos varias escuelas. Sitios donde se enseña a escribir (y no me refiero a los colegios). Son lugares donde se supone que a uno le convierten en escritor y que algunos piensan que sirven para mucho y otros que son una especie de terapia ocupacional para ociosos enrollados que en vez de apuntarse a un gimnasio o a clases de macramé van a hacerse escritores. De todo hay. Pero el Hotel Kafka (calle Hortaleza, 104) parece que es algo distinto. Por un lado quiere convertirse en un lugar de encuentro para artistas de distintas disciplinas y, por otra, la vertiente literaria que aborda incluye referencias que a los miembros de la alta cultura seguramente les darían urticaria. No hay más que ver los blogs de su página web y el claustro de profesores para darse cuenta. Por ejemplo, uno de los blogs (muy recomendables) que pueden verse en www.hotelkafka.com está dedicado al escritor Philip K Dick, un gurú de la ciencia ficción, miembro activo del movimiento hippie californiano, esquizofrénico, genial, alucinado (por naturaleza y por estimulación externa) y sí, también autor de la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? que se convertiría en la película Blade Runner. Un club que recomienda la novela de K. Dick Confesiones de un artista de mierda (la única que no aborda la ciencia ficción) merece, al menos, un voto de confianza.


Los cursos que ofrecen no se limitan a la literatura aunque los hay de escritura creativa, de no ficción, para jóvenes creadores o de poesía. También incluyen uno de guión de cine a cargo de Martín Casariego, y de guión de televisión y cómic, o de historia del arte y la fotografía, de microrrelatos o de creación publicitaria. El claustro lo componen, entre otros, Rafael Reig, Eloy Tizón, Isaac Rosa, Manuel Fernández Cuesta, Jordi Doce o Alejandro Lamas.

Además, intentan crear un ambiente de intercambio, con una librería donde se pueden encontrar libros que en las tiendas normales son casi imposibles de ver y con sus salas, donde se hacen presentaciones de libros y exposiciones. Estos días está la muestra de María José Codes y recientemente se presentó el libro Mercado Común de Mercedes Cebrián (ambas, profesoras de la escuela).

Lo único que le falta es tener habitaciones para alojar a los escritores que vengan a Madrid y convertirse en una especie de Hotel Chelsea español, donde Leonard Cohen se encuentre con Janis Joplin en el ascensor y vaya y escriba una canción, o donde el nuevo Arthur Miller pueda desayunar con un epígono de Ginsberg.

coolalaultima@mixmail.com

sábado, diciembre 16, 2006

Todos esos momentos se perderán en el tiempo

como lágrimas en la lluvia,
es hora de morir

miércoles, diciembre 13, 2006

Ubik, de Philip K. Dick


por Rodolfo Martínez
Philip K. DickUbik (Ubik)
La Factoría de Ideas,Solaris Ficción 3.
Madrid, mayo 2000
ISBN: 84-8421-979-8
Traducción de Manuel Espín (revisada por David Alabort)

En vida Dick no tuvo demasiada suerte, ni a nivel personal ni profesional. Sus relaciones sentimentales parecían una y otra vez abocadas al caos y sus libros se publicaban en ediciones baratas y nunca fueron un éxito de ventas. Eso no le impidió seguir escribiendo (quizá porque no podía, quizá porque escribir era para él la más adictiva de las drogas) e ir creando a frenéticos golpes de teclado una de las obras más personales de este siglo. Con el tiempo sus admiradores, si bien nunca fueron legión, sí formaron un núcleo fiel que le convertiría en un autor de culto; y a su lado se aglutinarían una serie de jóvenes autores de los que saldrían algunas de las más interesantes obras de los años ochenta: basta mencionar a Tim Powers, James P. Blaylock o K. W. Jeter, que crecieron a la sombra literaria del autor de Berkley y que heredarían algunas de sus preocupaciones narrativas. Si bien Powers es, por derecho propio, uno de los mejores diseñadores de tramas y uno de los escritores que mejor saben atar los cabos sueltos narrativos de forma natural y fluida, no cabe duda de que la combinación de ritmo de carrusel e introspección desenfrenada que hay en casi toda su obra es deudora en buena medida de la influencia de Dick.

Con una ironía que es probable que él mismo hubiera encontrado adecuada, murió en su mejor momento, cuando empezaba a crear sus obras más maduras, donde mejor y más despiadadamente hablaba de sí mismo, y comenzaba a tener algo del éxito que se le había negado hasta entonces. Desde su muerte su fama ha ido creciendo al igual que su prestigio; quizá de una forma un tanto desmesurada en ocasiones, pero no cabe duda que la obra de Dick es una de las más personales de este siglo y que resulta difícil encontrar, no ya dentro de la ciencia ficción sino incluso en la literatura general, un escritor que haya sabido transmitir tan bien sus obsesiones personales y les haya dado forma literaria de un modo más enloquecido.
En los últimos años Hollywood se ha fijado en Dick (ya empezó poco antes de su muerte con el Blade Runner de Ridiley Scott que adaptaba su novela ¿Sueñan los androides con ojeas eléctricas?) y algunas de las más emblemáticas películas del género en las dos últimas décadas están basadas en relatos suyos (o beben en su obra sin reconocerlo explícitamente, como es el caso del Terminator de James Cameron). Aunque hemos de admitir que el cine se ha quedado con lo menos característico de Dick: poco queda de ¿Sueñan los androides...? en Blade Runner, y salvo un par de secuencias que son puro Dick, apenas pervive rastro alguno de "Podemos recordarlo todo por usted" en Desafío total. Curiosamente, es posible que el cineasta que mejor ha sabido recrear el espíritu dickiano sea el español Alejandro Amenábar con Abre los ojos, película que si bien no está basada en ninguna novela del californiano sí capta perfectamente la esencia de lo que es su obra.

Ubik es, en apariencia, una más de las muchas novelas que escribió durante los años sesenta, a un ritmo verdaderamente frenético y casi siempre repitiendo el mismo esquema narrativo cuando no aprovechando personajes, situaciones y gadgets de obras anteriores. En realidad, casi todos los críticos coinciden en que el verdadero Dick alza el vuelo a mediados de los setenta en una etapa mucho menos prolífica, pero también más reflexiva, más alejada de los clichés del género y también más inclasificable. El primer aviso sería Una mirada a la oscuridad, y la culminación de esa tendencia la trilogía (más temática que argumental) que se inicia con Sivainvi (posiblemente el testamento literario de Dick) y termina con La invasión divina y La transmigración de Timothy Archer.

Pero ese Dick de la madurez difícilmente sería comprensible sin el escritor que durante más de una década emborronó miles de folios regalándonos obras no siempre a su propia altura pero casi nunca faltas de interés.

Ubik posiblemente sea la más conseguida de esas novelas: en realidad una revisitación de Ojo en el cielo (obra anterior en más de doce años) pero con un Dick mucho más consciente de sus propias capacidades y dispuesto a llevar estas hasta su límite. Como gran parte de sus novelas de los años sesenta se apoya narrativamente en introducir un golpe de efecto inesperado cada cierto número de páginas, dándole la vuelta a la trama una y otra vez hasta llegar al giro final que deja al lector sin saber qué pensar sobre lo que acaba de leer. Dick utilizó abundantemente este esquema, en ocasiones con habilidad, en otras de forma chapucera e incoherente: Ubik se encuadra en el primer caso, siendo junto con Aguardando el año pasado quizá la más conseguida de sus novelas de esa época a nivel narrativo.

Si nos paramos a pensarlo un poco, en el fondo es un juego vacío, un laberinto que uno recorre fascinado y desorientado la primera vez pero no las siguientes: en cuanto se conoce el mecanismo, encontrar la salida resulta casi trivial. Una cáscara literaria que puede resultar brillante, pero que acaba cansando si no hay nada más detrás de ella.
Claro que en Dick hay más, siempre hay más. Lo mejor del Dick de su primera época no son sus tramas o sus esquemas argumentales, no es la anécdota, sino los pequeños detalles que salpican una y otra vez la historia de una forma enfermiza y sutil y de los que Ubik está lleno: los electrodomésticos discutiendo con su dueño porque ese se niega a introducirles una moneda para que funcionen, la casi imperceptible dislocación del tiempo que pasa antes de que uno pueda notarla, el mundo como algo incomprensible y a menudo hostil, sus personajes masculinos, carentes de propósito y de empuje y condenados desde la primera página de la novela, sus mujeres (unas veces arpías inclementes, otras un ancla de salvación, pero casi siempre más un símbolo que un verdadero personaje), sus diálogos en los que varios personajes hablan una y otra vez sobre lo mismo sin escucharse unos a otros, los retazos de pensamiento que cruzan la narración (casi siempre inadvertidos para el lector casual, pero que quedan ahí como un mensaje subliminal). Al final la sensación es opresiva y el lector, atrapado por la desesperación que rezuma cada página, no puede evitar el pensamiento de que no hay salida, de que el mundo entero es la artimaña de un titiritero cruel y todos estamos condenados.
Pero esa es muchas veces la marca de fábrica de la buena literatura: casi nunca produce una sensación reconfortante.

domingo, diciembre 10, 2006

El hombre que sabía demasiado (Rodrigo Fresán)


Pasó buena parte de su vida consumiendo anfetaminas y alimentándose a base de comida para perros. Llegó a escribir cuatro novelas por año. Juró haber sido visitado por extraterrestres. Murió en la pobreza justo antes de que el estreno de Blade Runner lo convirtiera en millonario. Hoy, de sus libros abrevan películas como Matrix, The Truman Show, eXistenZ y El sexto día. Fue comparado con Borges, Kafka y Joyce. Con una diferencia: Philip K. Dick es el único que vio a Dios.

Por RODRIGO FRESAN

El año es el sagrado año de 1974. Es el 20 de febrero, aleluya, aleluya. A los 46 años, ahí mismo, el autor norteamericano de ciencia-ficción Philip Kindred Dick ?luego de años de consumo de anfetaminas y comida para perros? está a punto de tener una revelación divina. Todavía dolorido por una contundente operación odontológica, Dick abre la puerta de su departamento en Fullerton, California, y se encuentra con una chica de pelo oscuro. A Dick ?sobreviviente del naufragio de varios matrimonios, divorciado serial? siempre le gustaron las chicas de pelo oscuro, sonríe con la escasa capacidad de sus encías castigadas y, entonces, repara en el colgante que la chica lleva al cuello: un dije en forma de pez, el símbolo de los primeros cristianos. Brilla. Dick experimenta la sensación de ya haber estado y de ya haber sido. Nuestro mundo ?real? desaparece para revelar la verdad debajo de nuestra fachada: todavía estamos en el año 70 después de Cristo, todo lo demás es ilusión y esa chica es una cristiana gnóstica y rebelde que viene a comunicarle un mensaje urgente: ?La rebelión está en marcha?. Ya nada volverá a ser igual para el escritor de ciencia-ficción Philip Kindred Dick del mismo modo en que ya nada vuelve a ser igual para cualquiera que abra por primera vez un libro del escritor de ciencia-ficción norteamericano Philip Kindred Dick.La verdad está ahí adentro.

UNO

Philip K. Dick ?P.K.D. a partir de ahora? puede ser considerado de varias maneras. Para muchos fue y sigue siendo uno de los más grandes escritores de ciencia-ficción de todos los tiempos: ?el Borges norteamericano?, ?el Charlie Parker del género?, ?el Thomas Pynchon de la clase trabajadora?, etc. Para muchos ?varios de ellos colegas en el oficio de redactar cohetes y robots? P.K.D. no fue más que un paranoico de cuidado, adicto a las anfetaminas y con delirios mesiánicos y una preocupante propensión a hacer el ridículo en público. Para muchos ?en especial para franceses y japoneses? P.K.D. es uno de los artistas claves del siglo XX y está a la misma altura que Proust, Joyce, Kafka y punto. Para muchos P.K.D. trascendió las fronteras del género convirtiéndose en mesías underground y proponiendo a través de sus novelas y cuentos una suerte de alternativa filosófica y religiosa a la hora de discernir entre lo que es real y lo que no lo es, entre lo que está cuerdo y lo que no lo está, entre lo que fue en realidad y lo que creemos que fue. Es posible que todos y cada uno de ellos tengan algo de razón pero los tres grupos, seguro, se ponen de acuerdo en algo: P.K.D. hubo y hay uno solo y es más que probable que nunca haya otro. P.K.D. como ese tipo al que las buenas películas inspiradas en su obra ?Blade Runner y El vengador del futuro? apenas le hacen justicia y, por su dificultad a la hora de ser adaptado a la pantalla, otros prefieren robar y no dar crédito a la hora de The Truman Show, Dark City, ExistenZ, Matrix, El sexto día, Abre los ojos y su próximo remake norteamericano dirigido por Cameron Crowe con el título de Vanilla Sky.Los datos incontestables: P.K.D. fue uno de los gemelos sietemesinos que nacieron el 16 de diciembre de 1928. Jane -.su hermanita y replicante.- moriría un mes más tarde. P.K.D. siempre creyó que Jane seguía viviendo adentro suyo. P.K.D. crece tímido y solitario y pobre en Berkeley y lee revistas como Astounding, Unknown Worlds, Amazing y a los trece años decide que lo suyo es escribir. A los quince años entra a trabajar como ayudante en una tienda de reparación de radios y, después, en una disquería especializada en jazz, ópera y música folk. Deja el hogar materno, posesivo y divorciado para acometer la empresa de fundar el primero de varios hogares junto a mujeres maternales, posesivas y de las que se divorciaría hasta contar cuatro o cinco, da igual. Empieza a tragar las primeras pastillas y escribir sus primeras novelas. Novelas ?realistas?, porque en principio P.K.D. no quería ser un escritorfantástico. En cualquier caso, su noción de lo realista ?a través de varios libros que, con la excepción de Confesiones de un artista de mierda, se publicarían recién después de su muerte? produce cierta inquietud. Basta con leer la sinopsis de la novela El hombre con todos sus dientes exactamente iguales que hace Andrew M. Butler para su guía The Pocket Essential Philip K. Dick: ?El empleado de bienes raíces Leo Runcible pierde una buena venta porque su vecino Walter Dombrosio invita a un negro a su casa. Leo decide telefonear a la policía para advertirles de que Walt conduce su auto borracho. Walt pierde su licencia. Sherry lo lleva al trabajo a la vez que comienza a buscar algo en qué ocupar su tiempo. Poco entusiasmado con la idea de trabajar juntos, Walt renuncia a su trabajo y la viola. Mientras tanto, Leo ha desenterrado del jardín de su casa lo que piensa son restos de un hombre de Neanderthal y se entusiasma al imaginar cómo aumentará este hallazgo el valor de sus terrenos. En realidad, el cráneo ha sido puesto ahí por Walt y no es más que la calavera ligeramente modificada de uno de los chuppers, familia conocida en el barrio por sus maxilares deformes a partir de la constante ingestión de agua contaminada. Sherry descubre que está embarazada y quiere abortar. Walt se niega aunque le preocupa la idea de que su hijo salga parecido a un chupper. Leo, mientras tanto, compra la compañía local de agua y se arriesga a la bancarrota?.P.K.D. escribe ocho novelas por el estilo, todas desbordantes de discusiones matrimoniales (una constante casi estética en su obra) y disquisiciones sobre el diafragma y otros métodos anticonceptivos (de vez en cuando aparece un ovni) y, claro, todas ellas puntualmente rechazadas por las editoriales. P.K.D. conoce a Tony Boucher ?editor de la revista The Magazine of Fantasy & Science Fiction? y decide, muerto de hambre, probar suerte. El primer cuento publicado por P.K.D. se titula ?Roog!? y tiene como protagonista a un perro tal vez porque por esos días P.K.D., muerto de hambre, sólo tiene dinero para comer comida para perro. P.K.D. empieza a escribir y publicar cuentos con velocidad anfetamínica. Les salen rápido y fácil y comienzan a ser comentados por el gremio y por los lectores. Son cuentos raros con robots que no saben que son robots, con naves espaciales que siempre se rompen en el momento menos indicado, con realidades alternativas, con sufridos protagonistas a los que todo les va bien hasta que descubren que todo está mal. Alarga cuentos y los convierte en novelas. Firma contratos leoninos y ?entre 1958 y 1959? publica sus dos primeros clásicos: Eye in the Sky (?Ojo en el cielo?) y Time Out of Joint (?Tiempo desarticulado?) donde ya se vislumbra cabalmente lo que será su gran Tema: ?¿Qué es eso que entendemos por La Realidad y no lo es tanto??. Sigue con hambre, sigue tragando pastillas, sigue siendo explotado. No importa. Para 1961, y coincidiendo con el derrumbe de su segundo matrimonio, P.K.D. entra en lo que se considera su Edad de Oro con la publicación de la fundamental The Man in the High Castle (?El hombre en el castillo?) novela ucrónica que narra los días de unos Estados Unidos vencidos en la Segunda Guerra Mundial y ocupados por fuerzas nazis y japonesas. El libro ?escrito a golpe de hexagramas y monedas? fue el primero en mencionar al I-Ching y tuvo bastante que ver con su popularización dentro de la próxima cultura hippie. The Man... le valió a P.K.D. el Premio Hugo ?la más alta distinción dentro del campo sci-fi? y, con treinta y cinco años, lo lanzó de cabeza a una de las más asombrosas y envidiables rachas de fertilidad jamás experimentadas por escritor alguno donde llega a publicar hasta cuatro novelas por año, entre las que aparecen varios de sus mejores trabajos. En 1963 escribe We Can Build You (?Podemos construirle?) donde aparecen los primeros replicantes en el contexto de una extraña historia de amor psicótico. En 1964 Martian Time-Slip (?Tiempo de Marte?) narra las penurias de un planeta rojo colonizado para 1994 y en manos de un perverso sindicato de plomeros. En1965, Dr. Bloodmoney; Or, How We Learned to Love the Bomb (?Dr. Moneda Sangrienta?) presenta uno de los mejores, sino el mejor, exponente de novela post-apocalíptica combinándola con rasgos del universo campesino de Thomas Hardy. El mismo año sale The Three Stigmata of Palmer Eldritch (?Los tres estigmas de Palmer Eldritch?), uno de los libros que John Lennon quería llevar al cine y donde comienzan a pasar a primer plano las preocupaciones religiosas de Dick fundiéndose con sus apetencias lisérgicas: hombres y mujeres aburridos por la vida pionera en las colonias interplanetarias consumen la droga Can-D para así matar el tiempo trasladándose a los muñequitos tipo barbie llamados Perky Pat y Walt. Mientras tanto, el resucitado magnate Palmer Eldritch regresa de la muerte y desde los confines del espacio convertido en una especie de androide listo para comercializar la vida eterna. Ay. En 1967, Counter-Clock World (?El mundo contra reloj?) propondría el concepto de novela marcha atrás que Martin Amis robaría descaradamente un par de décadas después para su La flecha en el tiempo. 1968 es el Annus Mirabilis de P.K.D. Primero llegaría Do Androids Dream of Electric Sheep? (?¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas??) que no sólo serviría de inspiración para el film Blade Runner sino que, además, fundaría de un plumazo el subgénero que años más tarde daría en llamarse cyberpunk. Después aparece Ubik, para muchos la obra maestra de P.K.D. donde se nos cuenta que, quién sabe, tal vez Dios ?el producto definitivo? venga en un envase de aerosol, ¿no? Enseguida P.K.D. decide que ya es suficiente, que ya escribió bastante, que ha llegado el momento perfecto para tener la mejor y más grande crisis psicótica de toda su vida y de comprender que a la duda hamletiana del ser o no ser él sólo puede ofrecerle una respuesta un tanto extraña: ser y no ser al mismo tiempo.

DOS

Para los años 70 está claro que P.K.D. no es el típico escritor de ciencia-ficción. Para él, el espacio exterior no es más que una excusa para explorar el espacio interior; sus novelas pueden ser leídas como variaciones capitulares sobre una inmensa trama en constante estado de escritura; nada le preocupa menos que la pulsión anticipatoria del asunto (?la mala ciencia-ficción se la pasa prediciendo, la buena ciencia-ficción parece que predice?, suele decir), y mucho menos le interesa el aspecto entre mafioso y fundamentalista que practican varios de sus colegas más cnservadores. P.K.D. piensa que la ciencia-ficción ?es el campo ideal para la discusión de las ideas puras?. P.K.D. es un outsider, un francotirador, un tipo peligroso. P.K.D., aseguran, está loco y P.K.D. no hace nada por negarlo: se presenta en convenciones balbuceando insensateces, asegura ser víctima de una conjura gubernamental-nixoniana en la que se lo utiliza como agente propagador de una rara forma de sífilis, dice que la canción ?Strawberry Fields Forever? de los Beatles le ?comunicó que mi hijo tenía una hernia inguinal que no había sido diagnosticada por los médicos? (esto último, conviene aclararlo, resultó ser cierto para asombro de los doctores), explica cómo los científicos soviéticos lo están utilizando telepáticamente para matar gatos con su potencia mental, insiste en que alguna de sus novelas fantásticas ha revelado una verdad escondida y por eso su estudio fue asaltado y dinamitado por un comando especial del ejército. P.K.D. es un paranoico sin retorno, un replicante de sí mismo, que entonces ofrece sus servicios al F.B.I. O tal vez P.K.D. es un sabio al que las drogas le abrieron las puertas de una realidad conspirativa donde Watergate es, apenas, la punta del iceberg de un estado policial y alienígena. Da lo mismo. P.K.D. ?rodeado de dealers, Panteras Negras, músicos de rock, fanáticos religiosos, policías encubiertos y groupies? se hace tiempo para escribir dos novelas sobre lo que le pasa, sobre lo que le está pasando. Flow My Tears, The Policeman Said (?Fluyan mis lágrimas, dijo el policía?, de 1974) y A Scanner Darkly (?Una mirada a laoscuridad?, de 1977) son novelas comparables a Bajo el volcán o Viaje al fin de la noche donde sus héroes se hunden cada vez más profundo en las arenas movedizas de la esquizofrenia. El primero descubre que no existe, el segundo descubre que le han encargado que se persiga a sí mismo. Y entre uno y otro, alguien llama a la puerta de P.K.D. y P.K.D. va y abre una puerta que ya no volverá a cerrar.

TRES

Desde entonces y hasta su muerte en 1982, víctima de un ataque cardíaco, P.K.D. se dedica a procurar entender lo que le ocurrió durante febrero y marzo de 1974, cuando abrió la puerta y, jura, fue invadido por una entidad extraterreste con forma de ?rayo rosado? y de nombre VALIS -siglas de Vast Active Living Intelligence System? y que le revela la Verdad de las Verdades. Nuestro mundo no existe y es apenas el eco gemelo del Imperio Romano, Nixon es el Mal Supremo, Dios es imperfecto y dual y muchas cosas más como, por ejemplo, que su hijo está enfermo y necesita próximo tratamiento y que él no es otro que una nueva encarnación de San Pablo. Todo esto ?a lo que un dibujante de comics le dedicó varias de sus mejores páginas en The Religious Experience of Philip K. Dick? es explorado en el colosal tractat y diario místico Exegésis (partes del mismo se reproducen en la excelente recopilación de ensayos The Shifting Realities of Philip K. Dick editada por Lawrence Sutin, también autor de la muy buena biografía de P.K.D. Divine Invasions) y en una tetralogía de novelas que no se parecen a nada de lo escrito hasta entonces y a nada de lo que se escribió desde su publicación. Es más que probable que esta situación no vaya a cambiar ya que Valis (?Sivainvi?, 1981), The Divine Invasions (?La invasión divina?, 1981), The Transmigration of Timothy Archer (?La transmigración de Timothy Archer?, 1982) y Free Radio Albemuth (?Radio Libre Albemut?, escrita en 1976 pero no publicada sino hasta 1985 después de muerto P.K.D.) son una de las más originales muestras de autobiografía, lucubración mística, consideraciones filosóficas y, ya que estamos, ciencia-ficción de todos los tiempos. Y, ya que estamos: todo suena perturbadoramente lógico, inteligente, posible, verosímil. En alguna parte P.K.D. explica: ?Yo soy un filósofo ficcionalista, no un escritor de novelas; mis novelas y cuentos son empleados como medios para formular mis percepciones. El centro de mi obra no es arte sino verdad. De ahí que lo que yo narro no es sino la verdad y no puedo hacer nada por evitarlo. Por suerte, esta actitud mía parece ayudar de algún modo a ciertas personalidades sensibles y problemáticas a las que me dirijo. Creo entender cuál es el ingrediente que tengo en común con ellos y que me une a mis lectores: ni ellos ni yo sacrificaremos jamás nuestras ideas en cuanto a lo que es racional o irracional, auténtico o falso dentro de la misteriosa naturaleza de la realidad. Para mis lectores lo que yo escribo no es más que una interpretación alternativa pero amorosa de sus vidas privadas y sus pensamientos más íntimos?.

CUATRO

Vivimos vidas extrañas, tiempos interesantes, noches perfectas para descubrir o releer a P.K.D. Desde su muerte ?coincidiendo con el estreno de Blade Runner y lo que podría haber significado el fin de años de penurias económicas? la figura y la importancia de P.K.D. no ha dejado de crecer y aquel que siempre despreció el futuro hoy descubriría que el presente se parece bastante a sus libros. Internet, Gran Hermano, el turista espacial y millonario, los video-games y los tamagotchis de turno ya aparecían en sus novelas y cuentos y, seguro, nos aproximamos a un redescubrimiento de P.K.D. obligado por el próximo estreno, en el 2002, de Minority Report, film basado en uno de sus relatos que por estos días filma Steven Spielberg con Tom Cruise de protagonista. Mientras tanto, acaba de aparecer el libro de entrevistas What If Our World Is Their Heaven?: The Final Conversations of Philip K. Dick (complementario delindispensable Only Apparently Real: The World of Philip K. Dick); se han publicado en Inglaterra ?como avanzada de un ambicioso programa de reediciones? Three Early Novels: The Man Who Japed, Dr. Futurity, Vulcan?s Hammer; se ha estrenado en un cine de Nueva York el documental de Mark Steensland The Gospel According to Philip K. Dick; y, lo más importante, por fin, la editorial Minotauro se propone retraducir y ordenar toda su obra dispersa en demasiadas editoriales devoradas por agujeros negros.Y, por supuesto, cada vez hay más sites en la red donde se asegura que P.K.D. está vivo, en otra parte, y que cualquier día de estos volverá para reclamar lo que es suyo por derecho propio y porque a él se le ocurrió primero.Un año antes de morir, en una carta, P.K.D. especificó cuál debía ser su obituario: ?Tomó drogas. Vio a Dios. ¡Gran cosa!?.

(traído de Página /12)

sábado, diciembre 09, 2006

"Next" tiene ese toque Philip K Dick

Nicolas Cage, que es la estrella del futuro thriller de CF Next, le dijo a SCI FI Wire que el film les gustará a los fans de Philip K. Dick, autor del cuento "The Golden Man" en el que se basa la película.
"Si estás buscando lo que Philip K. Dick tenía en su mente, lo tendrás", dijo Cage en una entrevista ofrecida durante una pre-proyección de su reciente película, Ghost Rider, la semana pasada en Hollywood.
Está basada en un cuento de Philip K. Dick que trata sobre un hombre que tiene la habilidad de ver lo que va a pasar dentro de los próximos dos minutos, explicó.
Next, que también cuenta con Julianne Moore y Jessica Biel, también tiene el ingrediente del romance, dijo Cage. "Él sigue viendo a esta chica que interpreta Jessica Biel, y no sabe por qué la sigue viendo", dijo. "Él busca encontrarla, y cuando lo hace, se da cuenta de que puede ver todo hacia adelante cuando ella está ahí... Es romántica, también. Y Jessica Biel es grandiosa para esto".
En Next, el personaje de Cage se enfrenta con una difícil elección cuando un agente del FBI (Moore) le pide que use su habilidad para encontrar una bomba nuclear. "Él sufre ese tipo de dilema de Kazantzakis, '¿Salvo Los Angeles o vivo una vida normal y me quedo con esta dama que seguramente me enamorará?'", dijo Cage, refiriéndose a Nikos Kazantzakis, escritor de la novela La última tentación de Cristo, en la que se presenta un dilema similar.
Next, dirigida por Lee Tamahori, se estrenará en septiembre de 2007. Ghost Rider se estrenará en febrero.
Fuente: Sci Fi Wire. Traducido por Eduardo J. Carletti

martes, diciembre 05, 2006

Fragmento de los tres estigmas de Palmer Eldrich



?Debe enterarse ?le decía Sam Regan al nuevo miembro Barney Mayerson? que pasaremos el período de traslación escuchando y viendo el nuevo Animador de Grandes Libros de Pat... usted ya sabe, el artefacto que acaban de traer de la Tierra... Seguramente usted está más enterado que nosotros, Barney, de manera que quizá debería explicarnos en qué consiste.
Barney, obedientemente, dijo:
?Se inserta uno de los Grandes Libros, por ejemplo Moby Dick, en el receptáculo. Luego se hace girar el botón hacia «completa» o «abreviada». Después se selecciona la versión «alegre», «original» o «triste». Acto seguido se utiliza el indicador de estilo para elegir qué Gran Artista clásico se desea que ilustre el libro. Dalí, Bacon, Picasso... El animador de Grandes Libros de precio medio está equipado para proporcionar en forma de historieta los estilos de una docena de artistas famosos de nuestro sistema; debe especificarse cuáles de ellos se desea al comprar el adminículo. Y hay suplementos que pueden agregarse luego, con más estilos.
?¡Formidable! ?exclamó Norm Schein, radiante de entusiasmo?. De manera que lo que se obtiene es un entretenimiento para toda una sesión, digamos la versión triste, en el estilo de Jack Wright, de La feria de vanidades, por ejemplo. ¡Demonios!
Suspirando, Fran dijo soñadoramente:
?¡Cómo debe de haber repercutido en su alma, Barney, haber vivido tan recientemente allí en la Tierra! Aún parece que persistan en usted las vibraciones.
?Vamos, eso lo hemos experimentado todos cuando nos trasladamos ?dijo Norm. Sin poder contener su impaciencia, extendió la mano hacia la magra provisión de Can-D?. Empecemos. ?Cogió su correspondiente porción y empezó a mascar con vigor?. El Gran Libro que voy a elegir en su versión completa y «alegre» dentro del estilo de De Chirico será... ?Reflexionó un instante?. ¡Hum! Los Soliloquios de Marco Aurelio.
?¡Qué erudito! ?exclamó Helen Morris con mordacidad?. Yo iba a sugerir las Confesiones de san Agustín en el estilo de Lichtenstein..., en la versión «alegre», por supuesto.
?¡Hablo en serio! Imaginaos: los edificios en ruinas, desiertos, en perspectiva surrealista, con columnas dóricas acostadas en el suelo, cabezas huecas...

Los tres estigmas de Palmer Eldrich, de Philip K. Dick, 1965.

viernes, diciembre 01, 2006

Revisitando Blade Runner: los creadores


Aunque Blade Runner es atribuida artísticamente como suele ser la costumbre al director Ridley Scott, lo cierto es que en la realidad se trata como toda obra cinematográfica de un complejo trabajo en grupo.

Motiva este email el hallazgo de una foto de Ridley con Phil K Dick, hace ya mucho tiempo, cuando Ridley era un cineasta que prometía y daba todo lo que prometía: los duelistas, Alien, Blade Runner. Luego cambió, pero esa es otra historia. Aquí aparecen quizá demasiado posados junto a paredes cubiertas por parte del Storyboard de la película.

También está un personaje más desconocido pero igualmente relevante Michael Deeley, productor de BLADE RUNNER, que ganó el Oscar por THE DEER HUNTER (El Cazador).

Asimismo es inseparable el recuerdo de esta película de su música, una de las bandas sonoras más logradas de Vangelis, aunque la música de sintetizador de los ochenta en general ha tomado un sabor rancio en la película sigue cobrando sentido.

En cierto modo estos cuatro individuos son los creadores de Blade Runner. En segunda instancia, pero igualmente relevante está la interpretación de Harrison Ford y la de Rutger Hauer, ambos complejos y contradictorios. Los motores por antítesis de la acción dramática, pero ambos en cierto modo ángeles de la muerte.