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martes, marzo 18, 2008

La edad de oro del diseño gráfico holandés, en la Fundación Carlos de Amberes

La Fundación Carlos de Amberes dedica una amplia exposición a la 'edad de oro' del diseño gráfico holandés, de 1890 a 1990, un siglo en el que fue reconocido internacionalmente por su capacidad de innovación y por su influencia.



Incluida entre las actividades más importantes con las que se celebra el Mes del Diseño Holandés en Madrid, la exposición reúne las obras más importantes del diseño holandés de un periodo en el que florecieron corrientes artísticas tan significativas como el Art Nouveau, De Stijl, el Expresionismo, el Constructivismo o el Racionalismo de posguerra.

Muchas de las piezas exhibidas, según el comisario de la muestra Cees W.Jong, continúan siendo fuente de inspiración para el diseño gráfico actual, gracias a su originalidad y complejidad.

El recorrido de la exposición se inicia con el apartado dedicado a las nuevas tendencias del diseño. El Art Nouveau, que en los Países Bajos se denominó Nieuwe Kunst y se desarrolló entre 1892 y 1906, fue el movimiento artístico que representó un puente ente los siglos XIX y XX.

La contribución holandesa al diseño de libros fue muy significativa. Más provocativo que en otros países europeos, destacan los trabajos de Van Hoytema, Reijmert y Wenckebach, que adoptaron una tendencia naturalista en sus ilustraciones, y otros, como Dijsselhof, se inclinaron por simplificar las formas hacia diseños ornamentales.

Theo van Doesburg fundó el movimiento De Stijl en 1917 junto con Vilmos Huszár y Piet Mondrian. Más tarde Beart van der Lek y Gerrit Rietveld se unieron a este estilo, que fue una de las muchas respuestas críticas e intelectuales a la Primera Guerra Mundial.

Abogaba por un nuevo y único arte racional que fuera más apropiado para el mundo moderno.

El segundo de los apartados de la exposición está dedicado al Expresionismo. Con la I Guerra Mundial a punto de terminar, los diseñadores comenzaron a mostrar un creciente interés por la tipografía basada en las formas geométricas.

En 1918 se fundó la revista Wendingen, creada por el arquitecto Hendricus Theodurus Wijdeveld, que acabó siendo identificada con el Expresionismo de Amsterdam. Piet Zwart y Paul Schuitema, representantes del constructivismo holandés, cambiaron el curso del diseño gráfico en los Países Bajos.

El recorrido continúa con el espacio dedicado a 'La reivindicación del arte y el gusto- Agitación política y social' con obras de aquellos que siguieron comprometidos con la tipografía tradicional y que lideraron una búsqueda diferente de un nuevo comienzo.

Enfatizaban la simetría, la armonía, el equilibrio y las proporciones clásicas de la página, lo que suscitó un duradero conflicto ideológico con las facciones más progresistas.

Diseñadores de libros y letras, como S. H. de Roos y Jan van Krimpen, creían que los diseñadores de libros debían servir al escritor y al lector, y no usar la tipografía como una plataforma personal. Al mismo tiempo, Hendrik Nicolaas Werkman buscaba el lado poético.

La exposición finaliza con 'Simplicidad y fuerza estética-Divulgación del mensaje', en el que se muestra la transformación del diseño después de la II Guerra Mundial. Los diseñadores se rebelaron contra los valores sociales y artísticos de la época, generando un nuevo expresionismo en el diseño que aumentaría significativamente durante los setenta y los ochenta.

Este período fue testigo de una enorme libertad en las interpretaciones personales, con Gielijn Escher, Anthon Beeke, Swip Stolk o Walter Nikkels.

Terra Actualidad / EFE

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viernes, marzo 07, 2008

Óscar Calavia publica la novela 'Las botellas del señor Klein' en Lengua de Trapo

Diego Marín en el blog "Ciudad del Hombre": http://blogs.larioja.com/ciudaddelhombre



«Lo que te vuelve loco es ver el Gran Hermano e intentar aparcar en Logroño»

Era un absoluto desconocido en el panorama literario (incluso habiendo resultado finalista del Premio La Sonrisa Vertical de literatura erótica) hasta que recibió la Mención Especial del Premio Ciudad de Logroño de Novela por La única margen del río, que publicará Algaida en primavera. Ahora, este profesor de Antropología de la Universidad Federal de Santa Catalina (situada en la isla brasileña del mismo nombre), nacido en Logroño en 1959 y colaborador habitual de Revista de Occidente, Revista de Indias y Piedra de Rayo, se ha colocado de un salto en primera línea publicando su primer libro, un ciclo de cuentos a modo de novela titulada Las botellas del señor Klein (Lengua de Trapo, 2008).






-Su novela es diferente, desconcertante, algo que parece un leit motiv en su obra literaria.

-La sorpresa es una buena cosa: emociona, despierta. Pero todas mis otras obras están escritas como dios manda, con principio, medio y fin. Lo que no impide la sorpresa: las cosas simples son muy complicadas en el fondo, y viceversa.

-¿Es esto propiciado por el pintoresco lugar donde reside?

-No vayas a pensar..., vivo en una isla llena de funcionarios y turistas, que es la gente más normal del mundo. Pero cuando pasas la mitad de tu vida como extranjero, el mundo en general se te hace un poco extraño; o viceversa, claro.

-Por cierto, y si se puede saber, ¿cómo acabó usted allí?

-No tenía oficio ni beneficio, y quería ver mundo. Me vine al Brasil en 1986, estudié Antropología, conviví con indios y nigromantes, y ahora vivo de contarlo. Soy profesor en una universidad pública desde 1996.

-Sí parece haberle influenciado Brasil, pero, por otra parte, ¿quién es el señor Klein?

-Felix Klein era un matemático alemán que se dedicaba a la teoría de grupos y a la geometría no-euclidiana. Imaginó la llamada «Botella de Klein», que es una superficie de un sólo lado y sin bordes, en la que no hay diferencia entre interior y exterior. No puedo explicarlo mejor porque no entiendo de Matemáticas: sólo sé que la narrativa humana puede describirse también de ese modo. El señor Klein también es un personaje de mi otra novela (La única margen del río). O es un sapo que es un príncipe que es un sapo, o muchas otras cosas. Es la encarnación de la variación y de la dichosa viceversa. El señor Klein y su botella son lo mismo.

-El libro es una reunión de cuentos que funcionan como novela alrededor de Klein, un cubo de Rubick que, ¿cómo es posible escribir sin volverse loco?

-Lo que te vuelve loco es ver el Gran Hermano e intentar aparcar en Logroño. Las ideas fijas, en general. Hacer acrobacias con las ideas puede dar pereza al principio, pero es buenísimo para la salud mental.

Complicada estructura

-También afirma que la estructura es «de muñecas rusas» y ofrece un diagrama final a modo de índice, ¿por qué?

-Porque, más que una novela, es un juguete, una Scheherezade cubista que sigue contando historias después de que el libro acaba. Un índice en forma de lista hace pensar que cada página es una parte del conjunto; aquí, además de eso, cada página es parte de las otras, o una variación de las otras. Si entendiese algo de Matemáticas tal vez podría haber puesto una colección de ecuaciones en lugar del diagrama.

-Ficción y surrealismo se confunden en su novela. ¿Es la experimentación del antropólogo?

-Sí, es una especie de experimento: los antropólogos nos hemos dedicado mucho a reducir cuentos o mitos a estructuras abstractas. Yo sólo he puesto la máquina a funcionar al contrario. Pero no creo que «surrealismo» sea la palabra; la matriz de la historia es muy racional. Si acostumbramos a hacernos una idea muy garbancera de la razón, eso ya es otro problema.

-Las narraciones también están basadas en los dibujos imposibles de Escher. ¿Cómo es posible describir lo imposible?

-No es que me haya basado en Escher, es que algunas inspiraciones son comunes. Lo que parece imposible por un lado es inevitable por el otro. Hay que mirar sus dibujos: la forma puede ser fondo (y viceversa, claro). Lo realmente imposible es ver los dos lados al mismo tiempo; pero se puede hacer intuir que hay dos o más lados. En literatura, eso lo inventó Cervantes, como se sabe.

-Seres minúsculos, mujeres tatuadas completamente, hombres misteriosos... Parece la novela sobre los personajes de un circo.

-De un circo, o de una barraca de feria, o de una cueva de asesinos: son personajes exagerados, llenos de color, y más o menos depravados. La gracia de esos juegos geométricos está en que los jugadores no sean planos, ni líneas, ni puntos.

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