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Este "tubo" recoge las 煤ltimas entradas de los columnistas y bloggers de Hotel Kafka, entre otros Rafael Reig, David Torres, Marta Rivera de la Cruz, Eduardo Vilas, Jordi Doce, Manuel Fern谩ndez Cuesta, Jos茅 Antonio Redondo, Mateo de Paz y Juan Aparicio
Actualizado: hace 1 hora 6 mins

Rafael Reig: Por fin cine espa帽ol de Marca Espa帽a

Mi茅, 05/23/2012 - 11:28
Vuelve el mejor cine espa帽ol, el que tanto disfrutas, al que votas con mayor铆a absoluta. Si te asustaste al conocer el resultado electoral con 聽驴Qu茅 he hecho yo para merecer esto?… Si temblaste de miedo tras el primer Consejo de Ministros con Mariano Manostijera y sus recortes…   Si te escondiste en el armario para [...]

Rafael Reig: Atentado fallido

Lun, 05/21/2012 - 08:52
El s谩bado ten铆amos un plan perfecto para volar por los aires el arsenal de la Marina en Cartagena, donde hab铆a quedado con mi c贸mplice, Antonio Orejudo (nombre en clave, por supuesto). Cont谩bamos con artefactos de fabricaci贸n casera y unas identidades fingidas: nadie sospechar铆a de dos plum铆feros que, sobre el papel, no tienen otro objetivo que [...]

Habitaci贸n423: Por qu茅 se quedan vac铆as las iglesias

Lun, 05/21/2012 - 08:26

@miguelroig

(Deduzco que casi todos han visto los filmes que voy a mencionar en esta entrada, pero por las dudas advierto que contar茅 parte de sus argumentos. Ya saben: el spoiler, 煤ltima incursi贸n de la correcci贸n pol铆tica.)

En lugar de volver a Bergman, vuelvo a Woody Allen (no tengo 谩nimo para enfrentarme al director sueco en estos d铆as: no es lo mismo Gritos y susurros que Hannah y sus hermanas, lo s茅, pero por eso mismo prefiero regresar, de momento, a pel铆culas como esta 煤ltima). Pensaba esto viendo la noche pasada Delitos y faltas, film que se estren贸 el mismo a帽o de la ca铆da del Muro de Berl铆n.

En Delitos y faltas, uno de sus protagonistas 鈥揾ay dos historias paralelas鈥, es un oftalm贸logo interpretado por Martin Landau, que en un momento regresa a su casa natal y en una cita expl铆cita de Fresas salvajes, tal como hace el doctor Isak Borg en el film de Bergman, revive una escena de su infancia rodeado por su familia. Se sabe que Allen rinde pleites铆a a Bergman, acerc谩ndose afortunadamente a su mundo en pel铆culas como Otra mujer 鈥揷on un trabajo excepcional de Gena Rowlands鈥 o Septiembre, pero cargando tambi茅n con intentos fallidos como Interiores. Pero el acierto de Allen en Delitos y faltas 鈥搎ue lo separa de Bergman pero le otorga un rasgo propio鈥 es su capacidad para observar el tiempo que le toca vivir con una aparente levedad, un ligero discurrir por personajes y situaciones que al final de la pel铆cula nos deja una clara visi贸n del estado de las cosas. Con este modo de operar est谩 m谩s cerca de otros dos suecos, Maj Sj枚wall y Per Wahl枚枚, la pareja de escritores que a lo largo de diez novelas policiales, entre 1965 y 1975, narran el diario vivir del pa铆s n贸rdico bajo el influjo de la horas altas de la socialdemocracia; al tiempo que Bergman escrutaba el interior de la conciencia (El silencio, Gritos y susurros, Secretos de un matrimonio, Cara a cara), Sj枚wll y Wahl枚枚 abr铆an las puertas para exponer el pulso social. Allen no hace otra cosa en Delitos y faltas.

Judah, el oftalm贸logo que interpreta Landau, es un profesional que goza, en Manhattan, de un gran reconocimiento profesional. En un vuelo conoce a Dolores,聽 una azafata que interpreta Anjelica Huston con la que inicia una relaci贸n. Dos a帽os despu茅s, Dolores le exige a Judah que abandone a su mujer y se vaya a vivir con ella, tal como 茅l le hab铆a prometido. Judah se niega y Dolores le amenaza. Primero, con poner al tanto de la relaci贸n a la esposa de Judah y luego con ventilar un manejo turbio de los fondos de una asociaci贸n p煤blica a la que pertenece el oftalm贸logo. El mundo de Judah se tambalea: el n煤cleo familiar por un lado y el prestigio social por otro, ante el descubrimiento de sus trapicheos financieros. Frente este panorama, Judah recurre a su hermano, alguien cercano al mundo del hampa, que soluciona el problema matando a Dolores. Judah caer谩 en un profundo malestar moral pero finalmente, viendo intacto su mundo antes amenazado, asume que hizo lo mejor para s铆 y para los suyos.

Muchos a帽os despu茅s, en 2005, Allen vuelve sobre el mismo tema con Match Point. Pero aqu铆, un tenista irland茅s, venido a menos despu茅s de intervenir con regular 茅xito en el circuito internacional, se vincula a la clase alta inglesa como profesor de tenis.

Chris, el tenista en cuesti贸n, interpretado por el actor Johnathan Rhys Meyers, hace amistad con una pareja de hermanos, Tom y Chloe, hijos de un gran financiero. Chris avanza posiciones hasta enamorar y conseguir casarse con Chloe, ocupando un alto cargo en la compa帽铆a de su suegro. A todo esto, Tom, su cu帽ado, hab铆a vivido un breve romance con Nola, una americana con una enorme carga er贸tica, personaje a cargo de Scarlett Johansson, y que deviene en amante de Chris, el ascendente tenista. El tri谩ngulo que forman Chris, Chloe y Nola discurre no sin tensi贸n hasta que, como Dolores en Delitos y faltas, Nola le da un ultim谩tum a Chris: o se van a vivir juntos o todo estalla por los aires. Quien estallar谩 es Nola, v铆ctima de las balas que le dispara Chris en su cuerpo, quien, presa del p谩nico ante la posible p茅rdida de todo lo acumulado en tan poco tiempo y con la 煤nica virtud de un buen golpe de suerte, no duda en asesinar a su amante.

Delitos y faltas narra un crimen al que se llega por el temor de perder el prestigio acumulado en una vida. En Match Point se asesina por el miedo a quedarse sin la bolsa, econ贸mica y social, acumulada en un par de meses gracias a la buena fortuna. En el primer caso, hay una duda moral y el crimen se delega. En el segundo no hay duda: en un arrebato y por propia mano se despeja el camino.

Allen fija su mirada en 1989 y en 2005. En el primer a帽o aparece el fantasma de perder el capital, econ贸mico y simb贸lico, reunido a trav茅s de una trayectoria; en el segundo, se ense帽an los dientes a quien osa tocar aquello que se ha pillado en una noche. As铆 estamos.

Pero Allen, para que no queden dudas, dos a帽os despu茅s, en 2007, rueda El sue帽o de Cassandra. Aqu铆 mira desde otra 贸ptica. Estamos en una modesta familia de clase media baja que regentea un peque帽o restaurante. Hay dos hermanos. Uno trabaja con el padre en el negocio familiar y el otro en un taller mec谩nico. El primero, Ewan McGregor, sue帽a con el mundo de los negocios; el segundo, Colin Farrell, es un lud贸pata. Los americanos con su facilidad para rotular dir铆an que se trata de losers, dos perdedores natos (el final del film confirma esa condici贸n). Una deuda descabellada que adquiere el hermano lud贸pata pone la trama en un punto de inflexi贸n. Aparece un t铆o, el gran Tom Wilkinson, hermano de la madre de los chicos, un rico empresario que se mueve en el negocio global, quien est谩 dispuesto a prestar ese dinero, siempre y cuando los hermanos se hagan cargo de una persona que amenaza su reputaci贸n y toda su fortuna. Vamos, que lo que Wilkinson pretende es que los hermanos maten a quien le est谩 estorbando. Vienen los devaneos morales, la b煤squeda desesperada de un sentido a algo que no lo tiene y finalmente llevan a cabo la faena. Las cosas vuelven a su sitio 鈥揺s un decir鈥 hasta que, ante la imposibilidad de cargar con su culpa, el lud贸pata que interpreta Colin Farrel echa todo a perder, incluso su vida y la de su hermano en un final tr谩gico a la manera de Shakespeare, aunque atendiendo el nombre de la pel铆cula, podr铆amos decir, mejor, que es un final griego (por cierto, leyendo la prensa de estos d铆as, parece incluso m谩s preciso).

No es extra帽o que Allen no deje de darle vueltas al tema. Casi nadie puede pensar en otra cosa. Los que tienen algo, por miedo a perderlo. Los que no, porque se saben perdidos. Y todos, ante el miedo de tener que asumir que aquello que no es atendido por los mercados, los gobiernos y toda autoridad monetaria, religiosa y pronto, incluso, tambi茅n la sanitaria, es la vida. Lo 煤nico que nos queda. Ni siquiera rezar. Porque como dec铆a Thomas De Quincey, se empieza por permitirse un asesinato y se acaba en la inobservancia del d铆a del Se帽or; una vez que comienza uno a deslizarse cuesta abajo, ya no sabe donde podr谩 detenerse. As铆 nos va.

(Bueno, tambi茅n nos queda Allen. Y los libros de Sj枚wall y Wahl枚枚. Y las pel铆culas de Bergman. Y De Quincey. Al menos es algo.)


David Torres: Diez a帽os sin Gila

S谩b, 05/19/2012 - 11:35
Parece mentira pero llevamos ya 10 a帽os hu茅rfanos de Gila, aquel se帽or flaco que cog铆a el tel茅fono y le preguntaba al enemigo a qu茅 hora iba a atacar. Como otros grandes c贸micos, como Buster Keaton, como Chico Marx, Gila no se re铆a nunca porque sab铆a que el humor es algo demasiado serio para tom谩rselo a [...]

Rafael Reig: Los r铆os profundos

Jue, 05/17/2012 - 10:30
Ayer me llev贸 mi hija a ver un r铆o que est谩 al lado de casa, pero escondido entre unos montes (que es donde suelen ocultarse). Anusca hab铆a hecho una presa con sus amigas. Aqu铆 est谩 atravesando su presa para cruzar el r铆o:     驴A que parece la novia de Huckleberry? En la historia que [...]

脕ngela Armero: ARGO Y OTROS TEMAS

Mar, 05/15/2012 - 12:25
Lamento no escribir m谩s a menudo, porque aunque est谩is callados s茅 que algunos me leeis, y yo os lo agradezco. Empec茅 con mi primer blog chispas en 2006, han pasado seis a帽os y la vida ha cambiado, pero tampoco tanto, aunque el funcionamiento de Internet ha estado en constante evoluci贸n y s铆 podr铆a decirse que [...]

Habitaci贸n423: Construir en el agua

Lun, 05/14/2012 - 07:42

@miguelroig

La semana pasada, por razones de trabajo, estuve un par de d铆as en Venecia. Era la primera vez que llegaba all铆 en avi贸n y por eso me caus贸 sorpresa la s煤bita excitaci贸n de los pasajeros cuando la nave comenz贸 a descender. Casi sin excepci贸n todo el pasaje, pegados a las ventanillas unos, casi incorporados otros 鈥揷intur贸n soltado, claro est谩, para desesperaci贸n del personal de abordo鈥, quienes alejados de ellas exig铆an su cuota de visi贸n, demostraban la algarab铆a ante la ciudad que se desplegaba a lo lejos, en tierra o mejor dicho, en este caso, en las aguas. No he visto nada similar ni ante el skyline de Nueva York, la magia crepuscular de una llegada a Paris, el vuelo rasante sobre Londres, siguiendo la l铆nea del T谩mesis hasta el aeropuerto de Heathrow o el amanecer en la bah铆a de Guanabara. Nada comparable. Recuerdo unas p谩ginas que Javier Mar铆as escribi贸 sobre Venecia, ciudad en la que vivi贸 un tiempo, y en las que mencionaba la cantidad de turistas de la tercera edad que, en sillas de ruedas, llegaban al aeropuerto Marco Polo e imaginaba el traj铆n insoportable que les esperaba en un sitio lleno de puentes y escaleras. No importa, hay que llegar como sea, dec铆a Mar铆as, a ese destino de enso帽aci贸n. 驴Pero que es lo que atrae tanto en Venecia? Sin duda la belleza, pero, 驴cu谩l es la potencia de esos palazzos, plazas y templos que flotan eternamente? Tal vez, puede que sea eso. O, al menos, uno de los motivos inconscientes: el falso infinito, un gran trampantojo de lo perpetuo. Y a la vez, todo lo contrario: 驴acaso hay algo que pueda hacernos sentir con mayor fuerza nuestra vulnerabilidad, ver ante los ojos el destino l谩bil de nuestra vida, que una ciudad cansada, con la piel gastada, hundi茅ndose sin remedio? En un sentido u en otro, lo cierto es que la ciudad misma es un elogio a la pulsi贸n creadora, un testimonio de los l铆mites del ingenio. Paul Morand en su libro Venecias, se burla de quienes imaginaron someterla 鈥揂tila, Napole贸n, los Habsburgo鈥 al afirmar que estos creyeron construir sobre la roca; la ciudad, en cambio, tom贸 el partido de los poetas: construy贸 sobre el agua.

A pesar de los compromisos, rob茅 al trabajo alg煤n momento y con la excusa de tomar un caf茅 di alg煤n que otro paseo muy breve. Alcanz贸 para reparar que algunas marcas nuevas inscriben sus r贸tulos met谩licos en las viejas maderas, en los travesa帽os que enmarcan los frentes de la tiendas. Esto hecho no sin desd茅n, con cierta desprolijidad, como acusando la injerencia de la novedad. En una operaci贸n curiosa, todo lo pretendidamente nuevo es catalizado por el pasado inamovible, convertido en una suerte de presente perenne (si es que esto es posible de concebir). Para quienes quieran instalarse en el cinquecento o en el barroco, lo tienen f谩cil. Pero aquellos sin ninguna pretensi贸n pueden ser abducidos sin previo aviso y conducidos, por ejemplo, pocas d茅cadas atr谩s, a un momento de su infancia

聽聽聽聽 En la plaza de San Marcos me acerqu茅 a echar un vistazo a un sitio que me resulta entra帽able. Es una tienda de la casa Olivetti que a finales de los cincuenta dise帽贸 el arquitecto veneciano Carlo Scarpa. Se encuentra en una esquina,聽 debajo de los soportales de la plaza y sus materiales son la madera, la piedra聽 y el cristal. Los tres elementos fueron conjugados por Scarpa de tal modo que se incorporan al monumental conjunto sin hacer el menor ruido pero con la singularidad de ser capaces de murmurar su tiempo. Es un emplazamiento reducido de dos plantas, que hace tiempo ha dejado de ser un comercio para convertirse en una peque帽a sala de exposiciones. Siempre que lo he visitado su atm贸sfera me lleva a finales de los sesenta cuando ese estilo, c谩lido y racional a la vez, al mezclar piedras, metales y cristal con madera me recuerda la imagen de algunas tiendas y confiter铆as de mi infancia en la ciudad de Rosario. Pero el otro d铆a, adem谩s, me top茅 con una exposici贸n de las m谩quinas de escribir y calculadoras Olivetti. Volver a ver una Lettera port谩til o una Lexicon 80, la primera m谩quina de escribir que us茅, me emocion贸 pero aquello que realmente me hizo perder pie fue ver una calculadora mec谩nica de Olivetti, con la que apenas se pod铆an realizar las cuatro operaciones b谩sicas, que pose铆a mi padre y que me dejaba usar para hacer las tareas escolares y, obviamente, jugar.

En ese momento no estaba en Venecia. Estaba en el escritorio de mi padre, utilizando su calculadora, trat谩ndola de forzar con alg煤n c谩lculo imposible o, de su mano, ante alg煤n escaparate de una tienda con alg煤n rasgo similar al dise帽o de Scarpa. Ahora que lo escribo no s茅 si estoy recordando la tarde del jueves de la semana pasada o alg煤n d铆a de aquellos a帽os infantiles. Solo veo una luz, la del recuerdo, que no se apaga y eso puede que sea un regalo que solo confiere Venecia.

Cuenta Morand en su libro que a finales de los cuarenta hubo una disputa en la ciudad entre los partidarios de iluminar la plaza San Marcos con ne贸n y los que se negaban de manera tajante a ello. La disputa dur贸 un tiempo hasta que ganaron, como era de esperar, los comerciantes que sosten铆an que la luz artificial era un buen reclamo tur铆stico. Hasta entonces, sus detractores no bajaron la guardia. En las manifestaciones que hac铆an en la plaza portaban una gran pancarta: 鈥淨ueremos la luna鈥. Al final, nos pasa como a aquellos rom谩nticos venecianos. No queremos otra cosa.


David Torres: El Evangelio seg煤n Rato

S谩b, 05/12/2012 - 11:54
Si sumamos los sueldos conjuntos de toda la fabulosa fauna de directivos y consejeros de los bancos, nos sale una cifra acojonante, casi inconcebible, con la que f谩cilmente podr铆a ponerse en pie este pa铆s y parte de otro. No obstante, hay que tener en cuenta que esta cantidad estratosf茅rica la reciben en pago a una [...]

Rafael Reig: Poes铆a y pajaritos fritos

S谩b, 05/12/2012 - 11:50
Estos d铆as he estado leyendo sobre alondras, no porque las distinga, para m铆 todo son p谩jaros, sino por casualidad. Alondra, alouette en franc茅s, skylark en ingl茅s o die Lerche en alem谩n. En 1820 Shelley, don Percy Bysshe, iba con su se帽ora, la Mary (la de Frankestein) paseando por Livorno y oyeron el canto de una [...]

Habitaci贸n423: Salir corriendo

Jue, 05/10/2012 - 11:55

@Bego帽aHuertas

聽聽聽聽 En los 煤ltimos meses, no s茅 si es que ha aumentado el impulso de correr o si es que El Retiro ha encogido. El caso es que paseando por este parque madrile帽o la cantidad de gente haciendo footing me result贸 de pronto excesiva. Batallones de personas que vienen y van corriendo, que se sobrepasan casi roz谩ndose unos a otros. La quietud verde de los 谩rboles se ve interrumpida por estas masas de colores en movimiento, deportistas sudorosos y tenaces. Los admiro. Pero para m铆, que tiendo a la contemplaci贸n est谩tica, esto es un problema. Demasiados nervios. Demasiada energ铆a. Por no hablar del aperitivo con ch谩ndal y puls贸metro en los bares aleda帽os.

聽聽聽聽 El otro d铆a me ocurri贸 algo excepcional: de repente yo misma sal铆 corriendo. Iba caminando tranquilamente por uno de los senderos cercanos al Palacio de Cristal cuando, imprevisiblemente, ech茅 a correr. Con un bolso de mano y la gabardina al viento, mi figura no era muy aerodin谩mica, desde luego. Y si bien no ten铆a aspecto deportivo, tampoco pod铆a dar la imagen de quien llega tarde a alg煤n sitio, trotando a ritmo de 聽jogging y con las Dr. Martens hundi茅ndose en el barro, pes谩ndome como si llevara los pies en dos cubos de cemento. En fin, el caso es que corr铆 por caminos internos y tortuosos hasta que me qued茅 sin aliento. Todav铆a no s茅 bien motivada por qu茅.

聽聽 聽聽Steven Pinker s铆 lo sabe. En su libro C贸mo funciona la mente el popular cient铆fico afirma que el cerebro humano 鈥渟e halla adaptado a la Edad de Piedra, y no a la era de la informaci贸n y los ordenadores鈥. 聽De lo que deduzco que el impulso de salir corriendo para dejar atr谩s una amenaza聽 debe resultarnos algo tan cercano y natural como llevarnos algo a la boca cuando sentimos hambre.聽

聽聽聽聽 Por otra parte, lo cierto es que 煤ltimamente abundan los motivos para salir corriendo hasta caer fulminados. Basta leer las noticias cada ma帽ana para lanzarse a una carrera hasta el infinito, y m谩s all谩: Sin ir m谩s lejos, el d铆a que escribo esto puedo leer en El Pa铆s que 鈥淓l presidente del tribunal supremo es denunciado por malversaci贸n de fondos鈥, al tiempo que veo en la portada de La Raz贸n las fotos de un pu帽ado de estudiantes tipo cartel del Oeste 鈥渟e busca鈥. Corre, corre.

聽聽聽聽 Como si no tuvi茅ramos bastante con la realidad, ahora me entero de 聽que saldr谩 una nueva aplicaci贸n para hacer ejercicio. Se trata de un programa en el que el corredor ser谩 estimulado a huir sinti茅ndose perseguido por un ej茅rcito de zombis. Me pregunto para cu谩ndo la aplicaci贸n en la que te veas perseguido por un banquero o una monja. O, ya puestos, una aplicaci贸n para huir de la crisis y salir corriendo鈥 del euro. Seguimos huyendo, como en el paleol铆tico, de la amenaza.

 


Habitaci贸n423: El que no nada se ahoga

Lun, 05/07/2012 - 08:08

@miguelroig

El arte de la nataci贸n. As铆 llama Ricardo Piglia al psicoan谩lisis y explica que se trata de mantener a flote a un sujeto que est谩 a punto de hundirse en el mar del lenguaje. As铆 me encuentro yo, dando brazadas en el agua de mi consciencia, desde el viernes. La tarde de ese d铆a estaba invitado a la proyecci贸n de una pel铆cula y a un posterior coloquio organizado por la Escuela Lacaniana de Psicoan谩lisis del Campo Freudiano de Madrid. Se proyectaba el documental La primera sesi贸n del psicoanalista franc茅s Gerard Miller y la charla iba a girar sobre ese tema.

Luis Segu铆, miembro de la Escuela y responsable del encuentro, me invit贸 haciendo hincapi茅 en el hecho de que no era necesario volcar experiencias personales ni exponer detalles 铆ntimos que uno haya acumulado en los a帽os de terapia. Agradec铆 la amable concesi贸n, dicha m谩s por educaci贸n que como aclaraci贸n ya que Luis, como hombre del campo freudiano y siguiendo la met谩fora de Piglia, uno, en tanto paciente, desarrolla 鈥搉o siempre de manera consciente, claro est谩鈥 una enorme capacidad para flotar. De todos modos pensaba compartir la sensaci贸n de acceso a una oscura caverna que se siente al enfrentar el primer encuentro con el psicoanalista y la confusi贸n que eso implica ya que, es sabido pero no vivido si no se ha pasado por ello, que el encuentro es con uno mismo, es decir que uno tiene el disgusto de empezar a conocerse y que no tardar谩 鈥揳unque todo depende鈥 de comprender que la oscuridad no es otra cosa que la tinta de calamar que suelta en ese mar sin barca pero lleno de palabras. 驴Y qu茅 hace uno con las palabras? Relatos.

Nabokov con el escalpelo que le caracterizaba para cortar la tela de la realidad y dejar ver el sentido de sus manifestaciones, se帽al贸 que detr谩s del psicoan谩lisis late la necesidad de colocarnos, como sujetos, en un lugar extraordinario; sacar de nuestra propia experiencia cotidiana momentos intensos que nos permitan codearnos con los grandes personajes de la tragedia: nosotros tambi茅n, como Edipo, nos cargar铆amos a pap谩, amar铆amos a una hermana o a mam谩, nos sentir铆amos como Mois茅s, abandonados en un canasto r铆o abajo (para que nos saquen del agua).

Mucho m谩s modesto y quiz谩s bastante certero, Manuel Puig dec铆a que la estructura del inconsciente no es otra que la del follet铆n. Lo real, m谩s all谩 de la tragedia y el melodrama, es que lo que s铆 necesitamos son relatos o un relato que nos cuente a nosotros mismos. Y el psicoanalista, visto as铆, no es otra cosa que un lector atento del relato que vamos construyendo. Un relato formidable, sin duda y en esto tiene raz贸n Nabokov, ya que en 茅l vamos viendo que somos lo que somos pero tambi茅n que somos otros y esos otros o ese otro que surgen en el relato que construimos con lentitud en el gabinete no tiene m谩s fin que convivir con el otro que descubrimos. Con suma paciencia e inteligencia de nuestra parte, se trata de singularizar 鈥搊tra vez Nabokov鈥 nuestro mon贸tono y perverso 鈥搕odo tiene un final鈥 tic-tic del reloj vital en tic-tac. Porque no se trata de o铆rnos sino de entendernos ya que el primero suena y el segundo explica: por eso nadamos en el mar del lenguaje y si no construimos sentido con 茅l, nos ahogamos.

De todo esto ten铆a pensado yo hablar el viernes y escuchar otras opiniones m谩s interesantes y, obviamente m谩s comprometidas, al contrario que la m铆a que no es otra cosa que un rodeo para no mojarme con mi neurosis en p煤blico, cuando apareci贸 un elemento muy socorrido para el paciente: el acto fallido.

聽聽聽聽聽 El viernes, iba yo y mi novia al encuentro. 脥bamos dando un paseo cuando de repente, comenz贸 a llover. D谩ndonos prisa, llegamos a un lugar donde no encontr谩bamos el portal en cuesti贸n, el n煤mero 3 de la calle Zurbar谩n de Madrid. Hete aqu铆 que al verificar el n煤mero, ca铆 en la cuenta de que se trataba de la calle Zurbano y no Zurbar谩n. Obviamente, partimos los dos a la carrera hacia all铆, siempre bajo el agua. Cuando al fin, empapados, arribamos al sitio, nos encontramos con un peque帽o tumulto de personas enfadadas con un guardia jurado que les imped铆a el paso a la sala. La raz贸n, seg煤n el guardia, era que el aforo estaba completo y que por seguridad no se admit铆an espectadores de pie. Le expliqu茅 que participaba en el coloquio y que me estaban aguardando en la sala. Despu茅s de varios ruegos, fue a la sala a buscar a alg煤n organizador y regres贸 sin encontrar a ning煤n responsable pero tuvo la amabilidad de cedernos el paso. Una vez en la sala, bastante grande por cierto,聽 constatamos que, efectivamente, no hab铆a una sola butaca libre ni conseguimos avistar a mi amigo ni a ning煤n conocido. Mi novia ten铆a una leve indisposici贸n agravada por el aguacero que nos acompa帽贸 en el 煤ltimo tramo y mientras pens谩bamos como resolver la situaci贸n apagaron la luz para iniciar la proyecci贸n. 驴Qu茅 hacer? No estaba Lenin para responder y, peor a煤n, tampoco mi terapeuta. Nos fuimos. Eso pens茅 en el momento en el que comprend铆 que no la pod铆a someter a dos horas largas de pie.

Horas m谩s tarde sustitu铆 el plural por el singular: no nos fuimos, me fui. Fui yo el que decidi贸 irse, ya que no la pod铆a dejar all铆, ya digo, dos horas de pie ni enviarla sola a casa. 驴O s铆?

En el momento que escribo este post estoy d谩ndole vueltas a esto. Si me fui para asistir a mi novia o me fugu茅 en toda regla del coloquio con una buena coartada para no tener que hablar en p煤blico de mi experiencia psicoanal铆tica.

Esta tarde lo hablar茅 con el terapeuta. Porque hay una cosa que en psicoan谩lisis no se puede hacer y es nadar y guardar la ropa.


Rafael Reig: Cosas que no hace un e-book

S谩b, 05/05/2012 - 17:23
  Este es el momento no muy solemne, pero muy alegre, en el que mi hija Anusca le regala a su prima Alicia los libros que ella ya no lee mucho.     驴Puede un libro electr贸nico dar tanta alegr铆a a un ni帽o? 驴O un cuento electr贸nico (porque Ali dice cuentos)? O a un mayor. [...]

David Torres: La gloria de Francia

S谩b, 05/05/2012 - 11:35
La historia entre Francia y Espa帽a se parece un poco a uno de esos tortuosos idilios de octogenarios que se empe帽an en seguir juntos por culpa de la cremallera de los Pirineos y por ver qui茅n asiste antes al entierro del otro. Igual que uno de esos matrimonios irreconciliables que se han aborrecido a muerte [...]

脕ngela Armero: HOY EN BLOGUIONISTAS

Vie, 05/04/2012 - 10:11
Una reflexi贸n sobre “The Good Wife”. Puedes leerlo aqu铆. Y para aprovechar la visita, “Touch me” de “The Doors.”

Habitaci贸n423: Encerrados con poca esperanza

Jue, 05/03/2012 - 11:39

聽聽聽聽 @Bego帽aHuertas

聽聽聽聽 Hace unos d铆as Miguel Roig hac铆a referencia aqu铆 a la pel铆cula Madrid, 1987, cuyos protagonistas se quedan encerrados en un ba帽o, y recordaba tambi茅n a L贸pez V谩zquez, encerrado en una cabina telef贸nica. Sin propon茅rmelo y sin darme cuenta me encontr茅 ideando para hoy una nueva entrega de esa saga que podr铆a titularse 鈥淓ncerrados con…鈥. En este caso鈥

聽聽聽聽 Encerrada en el ascensor con Esperanza Aguirre

聽聽聽聽 Ya. Lo siento. No es muy alentador. Pero mientras escuchaba a la presidenta de la Comunidad de Madrid entrevistada en la cadena SER, no pod铆a evitar hacerme la pel铆cula, y crec铆a la sensaci贸n de encontrarme en un escenario de excepcional peligro en el que ella iba a tomar las riendas. 鈥淓stamos en una situaci贸n l铆mite, el edificio est谩 ardiendo y el ascensor se ha parado entre dos pisos, pero tranquila, que yo me hago cargo鈥 dir铆a聽con talante resuelto. Esperanza Aguirre habla como una madre: ella sabe lo que hay que hacer.

聽聽聽聽 Mam谩 s谩came las casta帽as del fuego

聽聽聽聽 Las madres tienen soluciones para todo, ya se sabe. Y Aguirre afirmaba en la entrevista haber encontrado unas maravillosas partidas para recortar. Su voz sonaba a brazos que se remangan; como una madre que entrara en la cocina para resolverte la papeleta ante los invitados que esperan en el sal贸n: 鈥渄茅jame a m铆鈥. Claro que es un resolver-apisonadora, que pasa por encima de todo y de todos: 鈥渘o tienes ni idea鈥. Pero es el precio que hay que pagar (el desprecio).

聽聽聽聽 Ante una situaci贸n de peligro 鈥搖n edificio ardiendo, un ascensor detenido-, resulta poderoso ese discurso que mezcla autoritarismo y populismo. El riesgo, m谩s que las llamas, es que aparezca alguien suficientemente desp贸tico y campechano como para convencernos de que saltemos en masa por la ventana. Alguien que nos d茅 unas cuantas 贸rdenes mientras nos hace re铆r. Entre el miedo y el desconcierto, quiz谩s los ciudadanos son hoy m谩s vulnerables que nunca a esos 鈥渆ncantos鈥.

聽聽聽聽 No utilizar en caso de incendio

聽聽聽聽 La misma ideolog铆a que nos ha conducido a esta situaci贸n es la que ahora asegura que va a sacarnos de ella. Pero 驴por d贸nde? El sentido com煤n dice que ante un incendio se debe bajar por las escaleras. Quiz谩s es m谩s lento pero por ellas podemos bajar todos y no cuatro gatos. 驴Esperanza?, una madre nunca te meter铆a en un ascensor en medio de un edificio en llamas.


Habitaci贸n423: La m谩quina para ocultar

Lun, 04/30/2012 - 08:59

@miguelroig

Anoche聽 vi la pel铆cula El hombre de al lado de los realizadores Mariano Cohn y Gast贸n Duprat.聽 El argumento es sencillo: un hombre cuyo apartamento carece de ventanas decide colocar una en la pared que linda con el patio de la casa de un vecino, este se niega a tal prop贸sito y todo el film gira en torno a esta discrepancia. A una semana de la segunda vuelta de la elecciones francesas, el film me ha hecho pensar en Sarkozy y su manera de hacer pol铆tica o, mejor dicho, de evitarla.

聽聽聽聽聽 La casa en cuesti贸n que aparece en El hombre de al lado es una famosa vivienda dise帽ada por Le Corbusier en la ciudad argentina de La Plata, la Casa Curutchet, y constituye el 煤nico proyecto que el arquitecto llev贸 a cabo en Am茅rica Latina. En la pel铆cula se hace marcada referencia a este hecho ya que se trata de la propiedad que sufre la intervenci贸n del vecino, el gui贸n incluye escenas con turistas que vienen a visitar la obra y los realizadores atienden visualmente una exigencia de la pel铆cula: mostrar la vivienda junto a sus habitantes y el entorno en tanto protagonistas de la historia.

Todos los principios que sustent贸 Le Corbusier en su concepci贸n de la vivienda como m谩quina para vivir, seg煤n su propia definici贸n, est谩n aplicados a la Casa Curutchet. La obra est谩 estructurada sobre pilotes que dejan pr谩cticamente libre la planta baja; las ventanas abarcan todo el ancho de la construcci贸n con lo cual la mirada desde la calle cruza el interior de las habitaciones con pocas interrupciones, y el jard铆n que rodea la edificaci贸n se prolonga con un 谩rbol que se erige a cielo abierto en el coraz贸n de la misma. Los habitantes de la casa est谩n integrados desde su visibilidad con el 聽mundo y este se relaciona con ellos de forma no invasiva, natural.

El vecino iracundo que en esta comedia negra abre un boquete en la pared rompe esa relaci贸n y arrasa lo visible para invadir la intimidad.

驴No es el contrato social, articulado en una democracia participativa, tambi茅n una m谩quina para vivir y para habitar? En consonancia, 驴no son los tres poderes una suerte de h谩bitat integrado a la ciudadan铆a a trav茅s de la visibilidad de sus movimientos? La respuesta, afirmativa, se estremece al compas de los golpes del martillo que abren un agujero en la pared para dejar entrar a las c谩maras que quieren llegar a una intimidad que no nos compete: la del presidente Nicol谩s Sarkozy y la cantante Carla Bruni. 驴C贸mo separar los vaivenes conyugales que airea la prensa del coraz贸n con la agenda oficial del primer mandatario?聽 Est谩 claro que Sarkozy y su equipo de asesores decidieron escenificar su vida privada con el af谩n de cubrir su incapacidad de intervenci贸n en la realidad y, al mismo tiempo, ocultar las decisiones impopulares que se ven obligados a asumir en el Palacio del Eliseo.

聽聽聽聽 Desde la primera aparici贸n de la pareja en Disneyland, pasando por las supuestas rupturas y la maternidad, la agenda del presidente ha sido invadida por los reality shows que han narrado una supuesta intimidad que busca opacar aquello que debe ser visible a trav茅s de las ventanas del poder. Han convertido la m谩quina para gobernar en una m谩quina para entretener o peor: de ocultar.

Las encuestas indican que posiblemente Nicol谩s Sarkozy pierda la presidencia el pr贸ximo domingo. Puede que entonces el boquete en la pared de la rep煤blica se cierre y el relato de los ciudadanos con sus representantes se restablezca a trav茅s de lo p煤blico y no de lo 铆ntimo en un momento en el que la cosa publica corre el riesgo de desaparecer.

Mientras tanto, en este lado de los Pirineos, el presidente del Gobierno afirma, ante las dudas y los reclamos que producen sus recortes, que cada viernes habr谩 m谩s reformas al tiempo que buena parte de los medios 鈥搉o solo los del coraz贸n鈥 presentan en sociedad a la princesa alemana Corinna zu Sayn-Wittgenstein. 聽Otra m谩quina de ocultamiento real.

 

 


Rafael Reig: Y el viernes, lentejas

Lun, 04/30/2012 - 06:39
Como no he terminado mi libro (mi vagancia no conoce l铆mites), este a帽o he celebrado el D铆a del Libro comprando alg煤n libro y s贸lo he ido a firmar al Hotel Kafka y a dos librer铆as de amigos. En Hotel Kafka presentamos Chavi y yo Cien mil millones de poemas, all铆 mismo y retransmitido en directo [...]

Jordi Doce: 谩lvaro valverde

S谩b, 04/28/2012 - 21:43




En el oto帽o de 1994 publiqu茅 mi primer libro de poemas. Se llamaba La anatom铆a del miedo, hab铆a merecido el Antonio Gonz谩lez de Lama el a帽o anterior y vio la luz en una edici贸n feamente institucional del Ayuntamiento de Le贸n; uno de esos libros de poes铆a, tan abundantes por otra parte, que obten铆an alg煤n premio y terminaban pudri茅ndose en los s贸tanos de un edificio administrativo. Recuerdo mi desencanto cuando supe que el libro no lo publicar铆a la legendaria colecci贸n 芦Provincia禄 (no s茅 por qu茅, me hab铆a hecho esa ilusi贸n), y tambi茅n con que obstinaci贸n presion茅 al responsable de cultura del ayuntamiento para que me reservara cuatro o cinco cajas del libro: doscientos o trescientos ejemplares, ya no recuerdo, que cargu茅 en el maletero del coche y proced铆 a enviar a todos los rincones de la geograf铆a espa帽ola. En aquella 茅poca anterior al correo electr贸nico y el Facebook no era f谩cil hacerse con las se帽as postales de los poetas a los que uno admiraba (hab铆a que solicitarlas a amigos comunes, trabajar con listados de dudoso origen), y uno gastaba un tiempo precioso en sondeos y averiguaciones que en ocasiones tampoco garantizaban nada.
No s茅 c贸mo logr茅 las se帽as de 脕lvaro Valverde (Plasencia, 1959). Dos o tres a帽os antes hab铆a le铆do con entusiasmo Una oculta raz贸n, su segundo libro, premio Loewe en 1991, y pens茅 sinceramente que aquellos poemas m铆os, llenos de intensidad juvenil y torpeza formal, pod铆an interesarle. Fue m谩s que eso. 脕lvaro respondi贸 con una carta generosa y amabil铆sima, en la que ten铆a la delicadeza de pasar por alto los defectos del libro y subrayar sus aspectos m谩s atractivos o promisorios. Fue, creo, junto con Jorge Riechmann, el 煤nico de los poetas a los que yo le铆a asiduamente que respondi贸 a mi env铆o con algo m谩s que un seco acuse de recibo.
De aquella carta arranc贸 una relaci贸n, al principio epistolar, que no ha dejado de prolongarse y ramificarse desde entonces. Durante el resto de aquella d茅cada las cartas entre Sheffield, Plasencia y Oxford menudearon con una frecuencia que nos permiti贸 conocer de primera mano la creaci贸n de nuestros libros respectivos. En alg煤n momento rese帽茅 su Ensayando c铆rculos en Cuadernos Hispanoamericanos y brind茅 por 茅l cuando qued贸 finalista del Caf茅 Gij贸n de Novela por Las murallas del mundo. El encuentro personal, sin embargo, tuvo que esperar a la primavera de 2001, y fue en mi Gij贸n natal, donde 茅l y Yolanda, su esposa, ten铆an familia. Como sucede siempre que uno ve en persona a alguien con quien se ha escrito mucho, el encuentro empez贸 con algo de prudencia y hasta de aprensi贸n, pero no tard贸 en adoptar el mismo ritmo vivo y cordial de las cartas. Dos t铆midos como nosotros no se merec铆an menos. Supongo que yo habl茅 m谩s de la cuenta (siempre lo hago) para disipar los nervios y que 茅l mantuvo su reserva habitual, ese fondo de pudor y laconismo que sus amigos conocemos bien y por el que a veces cruzan unas pocas chispas de iron铆a marca de la casa que son, en realidad, su forma de autodefensa.
Los a帽os nos han ido deparando nuevos encuentros, a veces en contextos de trabajo algo insospechados. Nunca olvidar茅 que cuando me vi fuera de Letras Libres, all谩 por el oto帽o de 2004, 脕lvaro me llam贸 para que le ayudara desde Madrid con la organizaci贸n de los Premios a la Creaci贸n de la Junta de Extremadura. Fue, como se suele decir, un gesto providencial, una muestra de cari帽o y confianza que nunca terminar茅 de agradecerle. A帽os despu茅s, Antonio Franco nos propuso desde M茅rida codirigir la colecci贸n de poes铆a 芦Voces sin tiempo禄 de la Fundaci贸n Godofredo Ortega Mu帽oz. Nos dio tiempo a publicar sendos libros de Philippe Jaccottet y Mario Luzi en edici贸n biling眉e, luego la dichosa crisis intervino y ahora andamos a la espera de que la niebla se disipe para remprender el viaje. En fin, resumiendo, que si Extremadura es una de mis referencias sentimentales, un lugar al que siempre me apetece ir, donde me siento como en casa y entre amigos con los que puedo charlar y compartir inquietudes (Miguel 脕ngel Lama, El铆as Moro, Antonio Reseco, Jos茅 Mar铆a Cumbre帽o o Daniel Casado, entre otros), es sin duda gracias a mi amistad con 脕lvaro. (No me olvido de nuestro querido y llorado 脕ngel Campos, a quien veo siempre charlando con inteligente malicia por las calles de Badajoz, hace ya diez u once a帽os.)
Muchas veces, a lo largo de este tiempo, le he insistido a 脕lvaro en la necesidad de preparar una antolog铆a de sus poemas. Sus libros, publicados en Visor, Hiperi贸n y Tusquets, no han estado ni mucho menos ausentes de las librer铆as y las mesas de novedades, pero se impon铆a, me parece, la necesidad de echar la vista atr谩s y hacer balance, un alto en el camino. Gracias a la editorial La Isla de Siltol谩y su responsable Javier S谩nchez Men茅ndez, ese viejo af谩n nuestro se ha hecho realidad. El resultado es Un centro fugitivo. Antolog铆a po茅tica 1985-2010, un exquisito volumen de poco m谩s de doscientas p谩ginas en el que ofrecemos una panor谩mica tan amplia como exigente de su poes铆a. Se compendian aqu铆 veinticinco a帽os de escritura (los dos compartimos el amor por los n煤meros redondos) precedidos por un breve estudio de introducci贸n en el que he intentado, mal que bien, desvelar algunas de sus claves: su tono meditativo, el uso de una dicci贸n escueta y sobria, poco amiga de alardes expresivos o vuelos metaf贸ricos, su pasi贸n terrestre, el modo en que una y otra vez ilumina, bajo el horizonte de la memoria, la relaci贸n entre el sujeto y su entorno... La preparaci贸n final de este libro nos ha llevado todo el invierno (un invierno de relecturas y revisiones, de mensajes y preguntas interminables, de dudas y conclusiones siempre interinas), a tiempo para que el fruto vea la luz en primavera, en plena Feria del Libro de Plasencia, donde lo presentaremos el pr贸ximo jueves 17 de mayo con una conversaci贸n p煤blica que ser谩 鈥搊 as铆 me lo parece鈥 el reverso de la que mantuvimos, hace cosa de tres a帽os, en Villanueva de la Serena.
Ser谩 tambi茅n, por cierto, ocasi贸n de saldar una vieja deuda. Porque la triste realidad es que no he estado nunca en Plasencia ni conozco de primera mano el paisaje y la atm贸sfera que alientan detr谩s de la poes铆a de 脕lvaro. Esta omisi贸n me resulta incomprensible y hasta me averg眉enza un poco. Es hora de repararla. As铆 que este pr贸ximo 17 de mayo viajar茅 a Plasencia con la impresi贸n, nada exagerada, de estar cumpliendo un peregrinaje. O de honrar una amistad que no en vano alcanzar谩, este pr贸ximo oto帽o, su mayor铆a de edad.
Cierro esta nota con el 煤ltimo poema del libro, un in茅dito que de alg煤n modo hace de cifra y conclusi贸n (provisional) del viaje que 脕lvaro inici贸 hace treinta a帽os. Los que le hemos ido acompa帽ando en este viaje como lectores s贸lo podemos alegrarnos de que siga aqu铆, siempre alerta, algo aturdido como todos por el paso del tiempo pero con la fe y la pasi贸n intactas. Que sea por muchos a帽os.

aqu铆
Est谩s sentado solo frente al vallecon un libro en las manosque abandonas a ratospara poder mirar,con la calma debida,cuanto la vista alcanza.Suena el silencio. A veces,el rumor de las ramaso el canto intermitente de alg煤n p谩jaro.Respiras hondo. Ves.Aprecias uno a uno los momentosque te concede este vivir al margen.No haces tuya la quejade los que quieren irsepero que aplazan siemprela ocasi贸n de su huida.Permaneces aqu铆por propia voluntad:es 茅ste tu lugar. T煤 eres de 茅l.

David Torres: El d铆a de la marmota

S谩b, 04/28/2012 - 20:08
Cada ma帽ana, al despertarme y mirarme al espejo, me veo m谩s cara de Bill Murray, aquel se帽or triste condenado a vivir siempre el mismo d铆a tonto. Parece como si los peri贸dicos estamparan siempre la noticia de ayer o de la semana pasada, con un rey operado de la cadera despu茅s de visitar a un elefante [...]

Habitaci贸n423: 隆Artista!

Jue, 04/26/2012 - 12:03

@Bego帽aHuertas

Qu茅. La editorial Planeta publicar谩 en octubre los diarios de Jos茅 Bono. En una entrevista para Vanity Fair, a Bono parece molestarle que comparen su libro con el de Zapatero, que tambi茅n saldr谩 pr贸ximamente. Son muy diferentes, dice, ya que el expresidente ofrece “reflexiones” mientras que 茅l ha escrito “experiencias”.

驴!QU脡!?聽 “Mis diarios tienen m谩s que ver con los artistas que con los analistas”. A Bono se le olvida una tercera categor铆a de escritores: los amanuenses.

Cu谩nto. 17.000 p谩ginas. Dos folios y medio todos y cada uno de los d铆as durante veinte a帽os, sin tregua, sin descanso. Me pregunto c贸mo ser谩n 17.000 p谩ginas de experiencia sin reflexi贸n. En oto帽o se publicar谩 un primer vol煤men de 1.500 p谩ginas. De este modo, nos quedar铆an diez vol煤menes m谩s. La perspectiva de una d茅cada recibiendo el oto帽o con un nuevo diario de Bono me produce escalofr铆os.

驴!Cu谩nto!? 800.000 euros como anticipo por derechos de autor.

C贸mo. Virginia Woolf dec铆a que en las vidas de las personas hab铆a muchos m谩s momentos de no-vida que momentos vividos a conciencia, raz贸n por la cual, reconoc铆a, le era dif铆cil escribir el d铆a a d铆a -tan poco interesante- de sus personajes. O Jos茅 Bono ha tenido una vida excepcionalmente excitante o se trata de un libro… Un momento, quiz谩s debi茅ramos atender a Proust cuando afirm贸 que el inter茅s de un texto no resid铆a en mostrar hechos excepcionales sino en la potencia de reflexi贸n de quien los muestra… 隆Ah!, 隆no! que no hay reflexi贸n. No he dicho nada.

驴隆C贸mo!? Con mucho detalle.

Por qu茅. No lo s茅.

驴隆Por qu茅!? No lo s茅.


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