@miguelroig
(Deduzco que casi todos han visto los filmes que voy a mencionar en esta entrada, pero por las dudas advierto que contar茅 parte de sus argumentos. Ya saben: el spoiler, 煤ltima incursi贸n de la correcci贸n pol铆tica.)
En lugar de volver a Bergman, vuelvo a Woody Allen (no tengo 谩nimo para enfrentarme al director sueco en estos d铆as: no es lo mismo Gritos y susurros que Hannah y sus hermanas, lo s茅, pero por eso mismo prefiero regresar, de momento, a pel铆culas como esta 煤ltima). Pensaba esto viendo la noche pasada Delitos y faltas, film que se estren贸 el mismo a帽o de la ca铆da del Muro de Berl铆n.
En Delitos y faltas, uno de sus protagonistas 鈥揾ay dos historias paralelas鈥, es un oftalm贸logo interpretado por Martin Landau, que en un momento regresa a su casa natal y en una cita expl铆cita de Fresas salvajes, tal como hace el doctor Isak Borg en el film de Bergman, revive una escena de su infancia rodeado por su familia. Se sabe que Allen rinde pleites铆a a Bergman, acerc谩ndose afortunadamente a su mundo en pel铆culas como Otra mujer 鈥揷on un trabajo excepcional de Gena Rowlands鈥 o Septiembre, pero cargando tambi茅n con intentos fallidos como Interiores. Pero el acierto de Allen en Delitos y faltas 鈥搎ue lo separa de Bergman pero le otorga un rasgo propio鈥 es su capacidad para observar el tiempo que le toca vivir con una aparente levedad, un ligero discurrir por personajes y situaciones que al final de la pel铆cula nos deja una clara visi贸n del estado de las cosas. Con este modo de operar est谩 m谩s cerca de otros dos suecos, Maj Sj枚wall y Per Wahl枚枚, la pareja de escritores que a lo largo de diez novelas policiales, entre 1965 y 1975, narran el diario vivir del pa铆s n贸rdico bajo el influjo de la horas altas de la socialdemocracia; al tiempo que Bergman escrutaba el interior de la conciencia (El silencio, Gritos y susurros, Secretos de un matrimonio, Cara a cara), Sj枚wll y Wahl枚枚 abr铆an las puertas para exponer el pulso social. Allen no hace otra cosa en Delitos y faltas.
Judah, el oftalm贸logo que interpreta Landau, es un profesional que goza, en Manhattan, de un gran reconocimiento profesional. En un vuelo conoce a Dolores,聽 una azafata que interpreta Anjelica Huston con la que inicia una relaci贸n. Dos a帽os despu茅s, Dolores le exige a Judah que abandone a su mujer y se vaya a vivir con ella, tal como 茅l le hab铆a prometido. Judah se niega y Dolores le amenaza. Primero, con poner al tanto de la relaci贸n a la esposa de Judah y luego con ventilar un manejo turbio de los fondos de una asociaci贸n p煤blica a la que pertenece el oftalm贸logo. El mundo de Judah se tambalea: el n煤cleo familiar por un lado y el prestigio social por otro, ante el descubrimiento de sus trapicheos financieros. Frente este panorama, Judah recurre a su hermano, alguien cercano al mundo del hampa, que soluciona el problema matando a Dolores. Judah caer谩 en un profundo malestar moral pero finalmente, viendo intacto su mundo antes amenazado, asume que hizo lo mejor para s铆 y para los suyos.
Muchos a帽os despu茅s, en 2005, Allen vuelve sobre el mismo tema con Match Point. Pero aqu铆, un tenista irland茅s, venido a menos despu茅s de intervenir con regular 茅xito en el circuito internacional, se vincula a la clase alta inglesa como profesor de tenis.
Chris, el tenista en cuesti贸n, interpretado por el actor Johnathan Rhys Meyers, hace amistad con una pareja de hermanos, Tom y Chloe, hijos de un gran financiero. Chris avanza posiciones hasta enamorar y conseguir casarse con Chloe, ocupando un alto cargo en la compa帽铆a de su suegro. A todo esto, Tom, su cu帽ado, hab铆a vivido un breve romance con Nola, una americana con una enorme carga er贸tica, personaje a cargo de Scarlett Johansson, y que deviene en amante de Chris, el ascendente tenista. El tri谩ngulo que forman Chris, Chloe y Nola discurre no sin tensi贸n hasta que, como Dolores en Delitos y faltas, Nola le da un ultim谩tum a Chris: o se van a vivir juntos o todo estalla por los aires. Quien estallar谩 es Nola, v铆ctima de las balas que le dispara Chris en su cuerpo, quien, presa del p谩nico ante la posible p茅rdida de todo lo acumulado en tan poco tiempo y con la 煤nica virtud de un buen golpe de suerte, no duda en asesinar a su amante.
Delitos y faltas narra un crimen al que se llega por el temor de perder el prestigio acumulado en una vida. En Match Point se asesina por el miedo a quedarse sin la bolsa, econ贸mica y social, acumulada en un par de meses gracias a la buena fortuna. En el primer caso, hay una duda moral y el crimen se delega. En el segundo no hay duda: en un arrebato y por propia mano se despeja el camino.
Allen fija su mirada en 1989 y en 2005. En el primer a帽o aparece el fantasma de perder el capital, econ贸mico y simb贸lico, reunido a trav茅s de una trayectoria; en el segundo, se ense帽an los dientes a quien osa tocar aquello que se ha pillado en una noche. As铆 estamos.
Pero Allen, para que no queden dudas, dos a帽os despu茅s, en 2007, rueda El sue帽o de Cassandra. Aqu铆 mira desde otra 贸ptica. Estamos en una modesta familia de clase media baja que regentea un peque帽o restaurante. Hay dos hermanos. Uno trabaja con el padre en el negocio familiar y el otro en un taller mec谩nico. El primero, Ewan McGregor, sue帽a con el mundo de los negocios; el segundo, Colin Farrell, es un lud贸pata. Los americanos con su facilidad para rotular dir铆an que se trata de losers, dos perdedores natos (el final del film confirma esa condici贸n). Una deuda descabellada que adquiere el hermano lud贸pata pone la trama en un punto de inflexi贸n. Aparece un t铆o, el gran Tom Wilkinson, hermano de la madre de los chicos, un rico empresario que se mueve en el negocio global, quien est谩 dispuesto a prestar ese dinero, siempre y cuando los hermanos se hagan cargo de una persona que amenaza su reputaci贸n y toda su fortuna. Vamos, que lo que Wilkinson pretende es que los hermanos maten a quien le est谩 estorbando. Vienen los devaneos morales, la b煤squeda desesperada de un sentido a algo que no lo tiene y finalmente llevan a cabo la faena. Las cosas vuelven a su sitio 鈥揺s un decir鈥 hasta que, ante la imposibilidad de cargar con su culpa, el lud贸pata que interpreta Colin Farrel echa todo a perder, incluso su vida y la de su hermano en un final tr谩gico a la manera de Shakespeare, aunque atendiendo el nombre de la pel铆cula, podr铆amos decir, mejor, que es un final griego (por cierto, leyendo la prensa de estos d铆as, parece incluso m谩s preciso).
No es extra帽o que Allen no deje de darle vueltas al tema. Casi nadie puede pensar en otra cosa. Los que tienen algo, por miedo a perderlo. Los que no, porque se saben perdidos. Y todos, ante el miedo de tener que asumir que aquello que no es atendido por los mercados, los gobiernos y toda autoridad monetaria, religiosa y pronto, incluso, tambi茅n la sanitaria, es la vida. Lo 煤nico que nos queda. Ni siquiera rezar. Porque como dec铆a Thomas De Quincey, se empieza por permitirse un asesinato y se acaba en la inobservancia del d铆a del Se帽or; una vez que comienza uno a deslizarse cuesta abajo, ya no sabe donde podr谩 detenerse. As铆 nos va.
(Bueno, tambi茅n nos queda Allen. Y los libros de Sj枚wall y Wahl枚枚. Y las pel铆culas de Bergman. Y De Quincey. Al menos es algo.)
@miguelroig
La semana pasada, por razones de trabajo, estuve un par de d铆as en Venecia. Era la primera vez que llegaba all铆 en avi贸n y por eso me caus贸 sorpresa la s煤bita excitaci贸n de los pasajeros cuando la nave comenz贸 a descender. Casi sin excepci贸n todo el pasaje, pegados a las ventanillas unos, casi incorporados otros 鈥揷intur贸n soltado, claro est谩, para desesperaci贸n del personal de abordo鈥, quienes alejados de ellas exig铆an su cuota de visi贸n, demostraban la algarab铆a ante la ciudad que se desplegaba a lo lejos, en tierra o mejor dicho, en este caso, en las aguas. No he visto nada similar ni ante el skyline de Nueva York, la magia crepuscular de una llegada a Paris, el vuelo rasante sobre Londres, siguiendo la l铆nea del T谩mesis hasta el aeropuerto de Heathrow o el amanecer en la bah铆a de Guanabara. Nada comparable. Recuerdo unas p谩ginas que Javier Mar铆as escribi贸 sobre Venecia, ciudad en la que vivi贸 un tiempo, y en las que mencionaba la cantidad de turistas de la tercera edad que, en sillas de ruedas, llegaban al aeropuerto Marco Polo e imaginaba el traj铆n insoportable que les esperaba en un sitio lleno de puentes y escaleras. No importa, hay que llegar como sea, dec铆a Mar铆as, a ese destino de enso帽aci贸n. 驴Pero que es lo que atrae tanto en Venecia? Sin duda la belleza, pero, 驴cu谩l es la potencia de esos palazzos, plazas y templos que flotan eternamente? Tal vez, puede que sea eso. O, al menos, uno de los motivos inconscientes: el falso infinito, un gran trampantojo de lo perpetuo. Y a la vez, todo lo contrario: 驴acaso hay algo que pueda hacernos sentir con mayor fuerza nuestra vulnerabilidad, ver ante los ojos el destino l谩bil de nuestra vida, que una ciudad cansada, con la piel gastada, hundi茅ndose sin remedio? En un sentido u en otro, lo cierto es que la ciudad misma es un elogio a la pulsi贸n creadora, un testimonio de los l铆mites del ingenio. Paul Morand en su libro Venecias, se burla de quienes imaginaron someterla 鈥揂tila, Napole贸n, los Habsburgo鈥 al afirmar que estos creyeron construir sobre la roca; la ciudad, en cambio, tom贸 el partido de los poetas: construy贸 sobre el agua.
A pesar de los compromisos, rob茅 al trabajo alg煤n momento y con la excusa de tomar un caf茅 di alg煤n que otro paseo muy breve. Alcanz贸 para reparar que algunas marcas nuevas inscriben sus r贸tulos met谩licos en las viejas maderas, en los travesa帽os que enmarcan los frentes de la tiendas. Esto hecho no sin desd茅n, con cierta desprolijidad, como acusando la injerencia de la novedad. En una operaci贸n curiosa, todo lo pretendidamente nuevo es catalizado por el pasado inamovible, convertido en una suerte de presente perenne (si es que esto es posible de concebir). Para quienes quieran instalarse en el cinquecento o en el barroco, lo tienen f谩cil. Pero aquellos sin ninguna pretensi贸n pueden ser abducidos sin previo aviso y conducidos, por ejemplo, pocas d茅cadas atr谩s, a un momento de su infancia
聽聽聽聽 En la plaza de San Marcos me acerqu茅 a echar un vistazo a un sitio que me resulta entra帽able. Es una tienda de la casa Olivetti que a finales de los cincuenta dise帽贸 el arquitecto veneciano Carlo Scarpa. Se encuentra en una esquina,聽 debajo de los soportales de la plaza y sus materiales son la madera, la piedra聽 y el cristal. Los tres elementos fueron conjugados por Scarpa de tal modo que se incorporan al monumental conjunto sin hacer el menor ruido pero con la singularidad de ser capaces de murmurar su tiempo. Es un emplazamiento reducido de dos plantas, que hace tiempo ha dejado de ser un comercio para convertirse en una peque帽a sala de exposiciones. Siempre que lo he visitado su atm贸sfera me lleva a finales de los sesenta cuando ese estilo, c谩lido y racional a la vez, al mezclar piedras, metales y cristal con madera me recuerda la imagen de algunas tiendas y confiter铆as de mi infancia en la ciudad de Rosario. Pero el otro d铆a, adem谩s, me top茅 con una exposici贸n de las m谩quinas de escribir y calculadoras Olivetti. Volver a ver una Lettera port谩til o una Lexicon 80, la primera m谩quina de escribir que us茅, me emocion贸 pero aquello que realmente me hizo perder pie fue ver una calculadora mec谩nica de Olivetti, con la que apenas se pod铆an realizar las cuatro operaciones b谩sicas, que pose铆a mi padre y que me dejaba usar para hacer las tareas escolares y, obviamente, jugar.
En ese momento no estaba en Venecia. Estaba en el escritorio de mi padre, utilizando su calculadora, trat谩ndola de forzar con alg煤n c谩lculo imposible o, de su mano, ante alg煤n escaparate de una tienda con alg煤n rasgo similar al dise帽o de Scarpa. Ahora que lo escribo no s茅 si estoy recordando la tarde del jueves de la semana pasada o alg煤n d铆a de aquellos a帽os infantiles. Solo veo una luz, la del recuerdo, que no se apaga y eso puede que sea un regalo que solo confiere Venecia.
Cuenta Morand en su libro que a finales de los cuarenta hubo una disputa en la ciudad entre los partidarios de iluminar la plaza San Marcos con ne贸n y los que se negaban de manera tajante a ello. La disputa dur贸 un tiempo hasta que ganaron, como era de esperar, los comerciantes que sosten铆an que la luz artificial era un buen reclamo tur铆stico. Hasta entonces, sus detractores no bajaron la guardia. En las manifestaciones que hac铆an en la plaza portaban una gran pancarta: 鈥淨ueremos la luna鈥. Al final, nos pasa como a aquellos rom谩nticos venecianos. No queremos otra cosa.
@Bego帽aHuertas
聽聽聽聽 En los 煤ltimos meses, no s茅 si es que ha aumentado el impulso de correr o si es que El Retiro ha encogido. El caso es que paseando por este parque madrile帽o la cantidad de gente haciendo footing me result贸 de pronto excesiva. Batallones de personas que vienen y van corriendo, que se sobrepasan casi roz谩ndose unos a otros. La quietud verde de los 谩rboles se ve interrumpida por estas masas de colores en movimiento, deportistas sudorosos y tenaces. Los admiro. Pero para m铆, que tiendo a la contemplaci贸n est谩tica, esto es un problema. Demasiados nervios. Demasiada energ铆a. Por no hablar del aperitivo con ch谩ndal y puls贸metro en los bares aleda帽os.
聽聽聽聽 El otro d铆a me ocurri贸 algo excepcional: de repente yo misma sal铆 corriendo. Iba caminando tranquilamente por uno de los senderos cercanos al Palacio de Cristal cuando, imprevisiblemente, ech茅 a correr. Con un bolso de mano y la gabardina al viento, mi figura no era muy aerodin谩mica, desde luego. Y si bien no ten铆a aspecto deportivo, tampoco pod铆a dar la imagen de quien llega tarde a alg煤n sitio, trotando a ritmo de 聽jogging y con las Dr. Martens hundi茅ndose en el barro, pes谩ndome como si llevara los pies en dos cubos de cemento. En fin, el caso es que corr铆 por caminos internos y tortuosos hasta que me qued茅 sin aliento. Todav铆a no s茅 bien motivada por qu茅.
聽聽 聽聽Steven Pinker s铆 lo sabe. En su libro C贸mo funciona la mente el popular cient铆fico afirma que el cerebro humano 鈥渟e halla adaptado a la Edad de Piedra, y no a la era de la informaci贸n y los ordenadores鈥. 聽De lo que deduzco que el impulso de salir corriendo para dejar atr谩s una amenaza聽 debe resultarnos algo tan cercano y natural como llevarnos algo a la boca cuando sentimos hambre.聽
聽聽聽聽 Por otra parte, lo cierto es que 煤ltimamente abundan los motivos para salir corriendo hasta caer fulminados. Basta leer las noticias cada ma帽ana para lanzarse a una carrera hasta el infinito, y m谩s all谩: Sin ir m谩s lejos, el d铆a que escribo esto puedo leer en El Pa铆s que 鈥淓l presidente del tribunal supremo es denunciado por malversaci贸n de fondos鈥, al tiempo que veo en la portada de La Raz贸n las fotos de un pu帽ado de estudiantes tipo cartel del Oeste 鈥渟e busca鈥. Corre, corre.
聽聽聽聽 Como si no tuvi茅ramos bastante con la realidad, ahora me entero de 聽que saldr谩 una nueva aplicaci贸n para hacer ejercicio. Se trata de un programa en el que el corredor ser谩 estimulado a huir sinti茅ndose perseguido por un ej茅rcito de zombis. Me pregunto para cu谩ndo la aplicaci贸n en la que te veas perseguido por un banquero o una monja. O, ya puestos, una aplicaci贸n para huir de la crisis y salir corriendo鈥 del euro. Seguimos huyendo, como en el paleol铆tico, de la amenaza.
@miguelroig
El arte de la nataci贸n. As铆 llama Ricardo Piglia al psicoan谩lisis y explica que se trata de mantener a flote a un sujeto que est谩 a punto de hundirse en el mar del lenguaje. As铆 me encuentro yo, dando brazadas en el agua de mi consciencia, desde el viernes. La tarde de ese d铆a estaba invitado a la proyecci贸n de una pel铆cula y a un posterior coloquio organizado por la Escuela Lacaniana de Psicoan谩lisis del Campo Freudiano de Madrid. Se proyectaba el documental La primera sesi贸n del psicoanalista franc茅s Gerard Miller y la charla iba a girar sobre ese tema.
Luis Segu铆, miembro de la Escuela y responsable del encuentro, me invit贸 haciendo hincapi茅 en el hecho de que no era necesario volcar experiencias personales ni exponer detalles 铆ntimos que uno haya acumulado en los a帽os de terapia. Agradec铆 la amable concesi贸n, dicha m谩s por educaci贸n que como aclaraci贸n ya que Luis, como hombre del campo freudiano y siguiendo la met谩fora de Piglia, uno, en tanto paciente, desarrolla 鈥搉o siempre de manera consciente, claro est谩鈥 una enorme capacidad para flotar. De todos modos pensaba compartir la sensaci贸n de acceso a una oscura caverna que se siente al enfrentar el primer encuentro con el psicoanalista y la confusi贸n que eso implica ya que, es sabido pero no vivido si no se ha pasado por ello, que el encuentro es con uno mismo, es decir que uno tiene el disgusto de empezar a conocerse y que no tardar谩 鈥揳unque todo depende鈥 de comprender que la oscuridad no es otra cosa que la tinta de calamar que suelta en ese mar sin barca pero lleno de palabras. 驴Y qu茅 hace uno con las palabras? Relatos.
Nabokov con el escalpelo que le caracterizaba para cortar la tela de la realidad y dejar ver el sentido de sus manifestaciones, se帽al贸 que detr谩s del psicoan谩lisis late la necesidad de colocarnos, como sujetos, en un lugar extraordinario; sacar de nuestra propia experiencia cotidiana momentos intensos que nos permitan codearnos con los grandes personajes de la tragedia: nosotros tambi茅n, como Edipo, nos cargar铆amos a pap谩, amar铆amos a una hermana o a mam谩, nos sentir铆amos como Mois茅s, abandonados en un canasto r铆o abajo (para que nos saquen del agua).
Mucho m谩s modesto y quiz谩s bastante certero, Manuel Puig dec铆a que la estructura del inconsciente no es otra que la del follet铆n. Lo real, m谩s all谩 de la tragedia y el melodrama, es que lo que s铆 necesitamos son relatos o un relato que nos cuente a nosotros mismos. Y el psicoanalista, visto as铆, no es otra cosa que un lector atento del relato que vamos construyendo. Un relato formidable, sin duda y en esto tiene raz贸n Nabokov, ya que en 茅l vamos viendo que somos lo que somos pero tambi茅n que somos otros y esos otros o ese otro que surgen en el relato que construimos con lentitud en el gabinete no tiene m谩s fin que convivir con el otro que descubrimos. Con suma paciencia e inteligencia de nuestra parte, se trata de singularizar 鈥搊tra vez Nabokov鈥 nuestro mon贸tono y perverso 鈥搕odo tiene un final鈥 tic-tic del reloj vital en tic-tac. Porque no se trata de o铆rnos sino de entendernos ya que el primero suena y el segundo explica: por eso nadamos en el mar del lenguaje y si no construimos sentido con 茅l, nos ahogamos.
De todo esto ten铆a pensado yo hablar el viernes y escuchar otras opiniones m谩s interesantes y, obviamente m谩s comprometidas, al contrario que la m铆a que no es otra cosa que un rodeo para no mojarme con mi neurosis en p煤blico, cuando apareci贸 un elemento muy socorrido para el paciente: el acto fallido.
聽聽聽聽聽 El viernes, iba yo y mi novia al encuentro. 脥bamos dando un paseo cuando de repente, comenz贸 a llover. D谩ndonos prisa, llegamos a un lugar donde no encontr谩bamos el portal en cuesti贸n, el n煤mero 3 de la calle Zurbar谩n de Madrid. Hete aqu铆 que al verificar el n煤mero, ca铆 en la cuenta de que se trataba de la calle Zurbano y no Zurbar谩n. Obviamente, partimos los dos a la carrera hacia all铆, siempre bajo el agua. Cuando al fin, empapados, arribamos al sitio, nos encontramos con un peque帽o tumulto de personas enfadadas con un guardia jurado que les imped铆a el paso a la sala. La raz贸n, seg煤n el guardia, era que el aforo estaba completo y que por seguridad no se admit铆an espectadores de pie. Le expliqu茅 que participaba en el coloquio y que me estaban aguardando en la sala. Despu茅s de varios ruegos, fue a la sala a buscar a alg煤n organizador y regres贸 sin encontrar a ning煤n responsable pero tuvo la amabilidad de cedernos el paso. Una vez en la sala, bastante grande por cierto,聽 constatamos que, efectivamente, no hab铆a una sola butaca libre ni conseguimos avistar a mi amigo ni a ning煤n conocido. Mi novia ten铆a una leve indisposici贸n agravada por el aguacero que nos acompa帽贸 en el 煤ltimo tramo y mientras pens谩bamos como resolver la situaci贸n apagaron la luz para iniciar la proyecci贸n. 驴Qu茅 hacer? No estaba Lenin para responder y, peor a煤n, tampoco mi terapeuta. Nos fuimos. Eso pens茅 en el momento en el que comprend铆 que no la pod铆a someter a dos horas largas de pie.
Horas m谩s tarde sustitu铆 el plural por el singular: no nos fuimos, me fui. Fui yo el que decidi贸 irse, ya que no la pod铆a dejar all铆, ya digo, dos horas de pie ni enviarla sola a casa. 驴O s铆?
En el momento que escribo este post estoy d谩ndole vueltas a esto. Si me fui para asistir a mi novia o me fugu茅 en toda regla del coloquio con una buena coartada para no tener que hablar en p煤blico de mi experiencia psicoanal铆tica.
Esta tarde lo hablar茅 con el terapeuta. Porque hay una cosa que en psicoan谩lisis no se puede hacer y es nadar y guardar la ropa.
聽聽聽聽 @Bego帽aHuertas
聽聽聽聽 Hace unos d铆as Miguel Roig hac铆a referencia aqu铆 a la pel铆cula Madrid, 1987, cuyos protagonistas se quedan encerrados en un ba帽o, y recordaba tambi茅n a L贸pez V谩zquez, encerrado en una cabina telef贸nica. Sin propon茅rmelo y sin darme cuenta me encontr茅 ideando para hoy una nueva entrega de esa saga que podr铆a titularse 鈥淓ncerrados con…鈥. En este caso鈥
聽聽聽聽 Encerrada en el ascensor con Esperanza Aguirre
聽聽聽聽 Ya. Lo siento. No es muy alentador. Pero mientras escuchaba a la presidenta de la Comunidad de Madrid entrevistada en la cadena SER, no pod铆a evitar hacerme la pel铆cula, y crec铆a la sensaci贸n de encontrarme en un escenario de excepcional peligro en el que ella iba a tomar las riendas. 鈥淓stamos en una situaci贸n l铆mite, el edificio est谩 ardiendo y el ascensor se ha parado entre dos pisos, pero tranquila, que yo me hago cargo鈥 dir铆a聽con talante resuelto. Esperanza Aguirre habla como una madre: ella sabe lo que hay que hacer.
聽聽聽聽 Mam谩 s谩came las casta帽as del fuego
聽聽聽聽 Las madres tienen soluciones para todo, ya se sabe. Y Aguirre afirmaba en la entrevista haber encontrado unas maravillosas partidas para recortar. Su voz sonaba a brazos que se remangan; como una madre que entrara en la cocina para resolverte la papeleta ante los invitados que esperan en el sal贸n: 鈥渄茅jame a m铆鈥. Claro que es un resolver-apisonadora, que pasa por encima de todo y de todos: 鈥渘o tienes ni idea鈥. Pero es el precio que hay que pagar (el desprecio).
聽聽聽聽 Ante una situaci贸n de peligro 鈥搖n edificio ardiendo, un ascensor detenido-, resulta poderoso ese discurso que mezcla autoritarismo y populismo. El riesgo, m谩s que las llamas, es que aparezca alguien suficientemente desp贸tico y campechano como para convencernos de que saltemos en masa por la ventana. Alguien que nos d茅 unas cuantas 贸rdenes mientras nos hace re铆r. Entre el miedo y el desconcierto, quiz谩s los ciudadanos son hoy m谩s vulnerables que nunca a esos 鈥渆ncantos鈥.
聽聽聽聽 No utilizar en caso de incendio
聽聽聽聽 La misma ideolog铆a que nos ha conducido a esta situaci贸n es la que ahora asegura que va a sacarnos de ella. Pero 驴por d贸nde? El sentido com煤n dice que ante un incendio se debe bajar por las escaleras. Quiz谩s es m谩s lento pero por ellas podemos bajar todos y no cuatro gatos. 驴Esperanza?, una madre nunca te meter铆a en un ascensor en medio de un edificio en llamas.
@miguelroig
Anoche聽 vi la pel铆cula El hombre de al lado de los realizadores Mariano Cohn y Gast贸n Duprat.聽 El argumento es sencillo: un hombre cuyo apartamento carece de ventanas decide colocar una en la pared que linda con el patio de la casa de un vecino, este se niega a tal prop贸sito y todo el film gira en torno a esta discrepancia. A una semana de la segunda vuelta de la elecciones francesas, el film me ha hecho pensar en Sarkozy y su manera de hacer pol铆tica o, mejor dicho, de evitarla.
聽聽聽聽聽 La casa en cuesti贸n que aparece en El hombre de al lado es una famosa vivienda dise帽ada por Le Corbusier en la ciudad argentina de La Plata, la Casa Curutchet, y constituye el 煤nico proyecto que el arquitecto llev贸 a cabo en Am茅rica Latina. En la pel铆cula se hace marcada referencia a este hecho ya que se trata de la propiedad que sufre la intervenci贸n del vecino, el gui贸n incluye escenas con turistas que vienen a visitar la obra y los realizadores atienden visualmente una exigencia de la pel铆cula: mostrar la vivienda junto a sus habitantes y el entorno en tanto protagonistas de la historia.
Todos los principios que sustent贸 Le Corbusier en su concepci贸n de la vivienda como m谩quina para vivir, seg煤n su propia definici贸n, est谩n aplicados a la Casa Curutchet. La obra est谩 estructurada sobre pilotes que dejan pr谩cticamente libre la planta baja; las ventanas abarcan todo el ancho de la construcci贸n con lo cual la mirada desde la calle cruza el interior de las habitaciones con pocas interrupciones, y el jard铆n que rodea la edificaci贸n se prolonga con un 谩rbol que se erige a cielo abierto en el coraz贸n de la misma. Los habitantes de la casa est谩n integrados desde su visibilidad con el 聽mundo y este se relaciona con ellos de forma no invasiva, natural.
El vecino iracundo que en esta comedia negra abre un boquete en la pared rompe esa relaci贸n y arrasa lo visible para invadir la intimidad.
驴No es el contrato social, articulado en una democracia participativa, tambi茅n una m谩quina para vivir y para habitar? En consonancia, 驴no son los tres poderes una suerte de h谩bitat integrado a la ciudadan铆a a trav茅s de la visibilidad de sus movimientos? La respuesta, afirmativa, se estremece al compas de los golpes del martillo que abren un agujero en la pared para dejar entrar a las c谩maras que quieren llegar a una intimidad que no nos compete: la del presidente Nicol谩s Sarkozy y la cantante Carla Bruni. 驴C贸mo separar los vaivenes conyugales que airea la prensa del coraz贸n con la agenda oficial del primer mandatario?聽 Est谩 claro que Sarkozy y su equipo de asesores decidieron escenificar su vida privada con el af谩n de cubrir su incapacidad de intervenci贸n en la realidad y, al mismo tiempo, ocultar las decisiones impopulares que se ven obligados a asumir en el Palacio del Eliseo.
聽聽聽聽 Desde la primera aparici贸n de la pareja en Disneyland, pasando por las supuestas rupturas y la maternidad, la agenda del presidente ha sido invadida por los reality shows que han narrado una supuesta intimidad que busca opacar aquello que debe ser visible a trav茅s de las ventanas del poder. Han convertido la m谩quina para gobernar en una m谩quina para entretener o peor: de ocultar.
Las encuestas indican que posiblemente Nicol谩s Sarkozy pierda la presidencia el pr贸ximo domingo. Puede que entonces el boquete en la pared de la rep煤blica se cierre y el relato de los ciudadanos con sus representantes se restablezca a trav茅s de lo p煤blico y no de lo 铆ntimo en un momento en el que la cosa publica corre el riesgo de desaparecer.
Mientras tanto, en este lado de los Pirineos, el presidente del Gobierno afirma, ante las dudas y los reclamos que producen sus recortes, que cada viernes habr谩 m谩s reformas al tiempo que buena parte de los medios 鈥搉o solo los del coraz贸n鈥 presentan en sociedad a la princesa alemana Corinna zu Sayn-Wittgenstein. 聽Otra m谩quina de ocultamiento real.
@Bego帽aHuertas
Qu茅. La editorial Planeta publicar谩 en octubre los diarios de Jos茅 Bono. En una entrevista para Vanity Fair, a Bono parece molestarle que comparen su libro con el de Zapatero, que tambi茅n saldr谩 pr贸ximamente. Son muy diferentes, dice, ya que el expresidente ofrece “reflexiones” mientras que 茅l ha escrito “experiencias”.
驴!QU脡!?聽 “Mis diarios tienen m谩s que ver con los artistas que con los analistas”. A Bono se le olvida una tercera categor铆a de escritores: los amanuenses.
Cu谩nto. 17.000 p谩ginas. Dos folios y medio todos y cada uno de los d铆as durante veinte a帽os, sin tregua, sin descanso. Me pregunto c贸mo ser谩n 17.000 p谩ginas de experiencia sin reflexi贸n. En oto帽o se publicar谩 un primer vol煤men de 1.500 p谩ginas. De este modo, nos quedar铆an diez vol煤menes m谩s. La perspectiva de una d茅cada recibiendo el oto帽o con un nuevo diario de Bono me produce escalofr铆os.
驴!Cu谩nto!? 800.000 euros como anticipo por derechos de autor.
C贸mo. Virginia Woolf dec铆a que en las vidas de las personas hab铆a muchos m谩s momentos de no-vida que momentos vividos a conciencia, raz贸n por la cual, reconoc铆a, le era dif铆cil escribir el d铆a a d铆a -tan poco interesante- de sus personajes. O Jos茅 Bono ha tenido una vida excepcionalmente excitante o se trata de un libro… Un momento, quiz谩s debi茅ramos atender a Proust cuando afirm贸 que el inter茅s de un texto no resid铆a en mostrar hechos excepcionales sino en la potencia de reflexi贸n de quien los muestra… 隆Ah!, 隆no! que no hay reflexi贸n. No he dicho nada.
驴隆C贸mo!? Con mucho detalle.
Por qu茅. No lo s茅.
驴隆Por qu茅!? No lo s茅.