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domingo, mayo 11, 2008

Wayne Wang: "Paul Auster y yo daremos que hablar"

El ganador de la última Concha de Oro estrena ?Mil años de oración?

SARA BRITO - Diario Público - Madrid - 14/04/2008 22:41

Wayne Wang, ganador de la concha de plata

Figura clave del cine independiente estadounidense (Chan is missing, 1982); colaborador -peleado y ahora nuevamente reconciliado con Paul Auster (Smoke y Blue in the face, 1995)- y cineasta que tampoco le ha hecho ascos a las producciones de mucho peso y poca densidad de Hollywood (Sucedió en Manhattan, 2002). Wayne Wang es el director de origen hongkonés, cuya película Mil años de oración se llevó el pasado festival de San Sebastián la Concha de Oro a Mejor Película y la de Plata a Mejor Actor para el veterano actor chino Henry O. Este viernes esta pequeña joya sobre la incomunicación se estrena en España, a espera de que la otra cinta independiente que hizo casi al mismo tiempo, Princess of Nebraska -también basada en un relato de la escritora Yiyun Li- llegue a salas el próximo 23 de mayo. Nos atiende por teléfono un día caluroso de abril desde Singapur.

Llevaba unos años inmerso en proyectos más comerciales, ¿sentía tanta necesidad de volver a un cine más personal que hizo dos películas de una tajada?
Venía de hacer varias películas para grandes productoras y me sentía como un rata en una rueda, sin encaminarme hacia donde quería llegar. Después de tres cintas estaba agotado. Sentía la necesidad de volver a una forma de hacer cine más independiente, de volver a la magia de lo pequeño, y de tratar un tema chino, en un momento en que es una nación tan poderosa y paradójica.

Trata a China pero desde la perspectiva del emigrante, ¿por qué?
Tiene que ver conmigo. Cuando leí el cuento de Yiyun Li, Mil años de buenos deseos, me impactó que la historia fuera tan similar a mi experiencia de emigrado a EE UU. En estas dos películas trato tres generaciones de chinos con los cambios culturales que hay en cada uno. En Mil años... es un padre jubilado y una hija en la treintena -ambos vivieron la Revolución Cultural- . En Princess of Nebraska es una joven que representa la nueva mujer china más libre pero con sus contradicciones también. La primera es más clásica, la otra es como free jazz.

?Mil años de oración' es una historia sobre la relación padre-hija y una reflexión sobre el lenguaje, la capacidad que tiene unas veces para aislarnos y otras para comunicarnos... ¿tenía claro que quería hacer una película sobre el lenguaje?
Estoy muy interesado en el lenguaje y la comunicación. Date cuenta de que crecí en Hong Kong donde se hablan tres lenguas y una vez en EE UU mi inglés siempre ha sido diferente. Tengo mucho de Yilan (la hija treinteañera y solitaria de la película): el inglés, como lenguaje, nos liberó viniendo del mandarín que es un lenguaje muy restrictivo con los sentimientos. Ocurre algo curioso, el personaje del padre es capaz de comunicarse más que con su hija con la desconocida con la que se encuentra en un banco del parque, aunque él hable chino y la otra iraní.

Que no halla subtítulos en esas conversaciones entre dos extranjeros, ¿es intencional?
Absolutamente, me interesaba que tal y como ellos no se entienden, lo mismo le pasará al espectador. Se trata de enfatizar el lenguaje corporal y la capacidad que tenemos de comunicarnos con un extraño antes que con nuestra familia. Lo que más me interesa son las relaciones de familia, si te das cuenta hasta Smoke habla de una familia a partir de seres aislados.
Antes Paul Auster, ahora una doble colaboración con Yiyun Li, ¿considera que tiene una tendencia a trabajar sobre textos de escritores?

(risas) Creo que tengo la fantasía de ser escritor pero que no soy lo suficientemente bueno, tal vez sea eso, que soy un escritor frustrado. Es una gran ventaja trabajar con escritores tan buenos que te den un buen pie de acto.

Después de que en San Sebastián un Paul Auster presidente del jurado le entregara la Concha de Oro, ¿es definitiva la reconciliación?
Fue un gran momento, mágico. Ahora nos hemos vuelto a encontrar en San Francisco y hemos hablado de empezar a trabajar en algo juntos. Pronto empezarán a oir hablar de nosotros dos otra vez.

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domingo, abril 20, 2008

83 minutos de sensibilidad

Crítica de Carlos Boyero en El País de 18 de abril de 2008 a la última película de Wayne Wang.

Wayne Wang, al igual que tantos espíritus inquietos y experimentadores vocacionales del cine independiente norteamericano, gente como Steven Soderbergh y Gus van Sant, e incluso directores mexicanos con afanes trotamundos y prestigio internacional como Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón, descubrió las ventajas de alternar el cine que deseaba hacer, las películas inconfundiblemente personales, con los productos made in Hollywood, calculados, millonarios, de fórmula infalible, con la única prioridad del éxito. Esa legítima y pragmática actitud imagino que preserva a la vez la integridad artística y la salud de la cuenta corriente.

Wayne Wang

Algunos de estos creadores logran moverse con transparente dignidad entre el proyecto personal y el mercenario. No es el caso de Wang. Sus coqueteos con la gran industria no han dejado ningún título memorable, pero sí películas relamidas, pretenciosas, rutinarias y vacuas como El club de la buena estrella, Sucedió en Manhattan y Mi mejor amigo.

Sin embargo, cuando este tío habla con tono intimista de lo que le importa, cuando se vuelca en los pequeños dramas de gente solitaria o sola, en la catarsis de los conflictos familiares, puede realizar joyitas, un cine tan sensible como sugerente, retratos tragicómicos de seres estupefactos o perdidos. Otorga a sus personajes autenticidad y sentimiento, solidaridad en la desdicha, involuntario humor. Ocurría en la preciosa, lírica, agridulce y generosa Smoke. También era muy apreciable el insólito y gracioso documental sobre el rodaje de ésta en Blue in the face, reivindicando los placeres que dona el tabaco, algo transgresor, ya que en esa época se abría la veda en Estados Unidos para acorralar a los infames fumadores.

En ambas andaba por medio Paul Auster, escribiendo el guión de la primera y codirigiendo la segunda. Doce años después, Auster preside el Festival de San Sebastián que le otorga la Concha de Oro a Mil años de oración. Y no es un favor al colega. Supone el reconocimiento al talento y el pulso de Wayne Wang para contar de forma ácida y tierna la compleja relación entre un anciano chino que visita en Estados Unidos a una hija que intuye infeliz. El contraste y el desencuentro entre este superviviente de la Revolución Cultural y la resignada desolación de su americanizada hija están descritos con sutileza y profundidad, con aroma y sabiduría.

Lo que cuenta es triste. Habla de los secretos y las mentiras que uno llega a creerse para justificar o soportar su existencia, del sentimiento colectivo de soledad, de la angustia y la impotencia ante el sufrimiento de lo que más quieres. Pero también posee humor y gracia mostrando el desconcierto de este hombre ante el nuevo mundo, su humanidad en sus intentos de comunicación con los extraños, una poética no subrayada, un actor al que llegas a querer. Y te despides de ella conmovido, con sabor agridulce, agradecido.

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martes, abril 01, 2008

Charla sobre escritores fundamentales para la formación de un autor

Xornal, Santiago

El escritor Xesús Fraga participa en el Taller de Escritura para adolescentes de la Biblioteca Municipal Infantil y Juvenil.

Martes, 01 de abril de 2008

El escritor y periodista Xesús Fraga ofrece en la Biblioteca Municipal Infantil y Juvenil una clase magistral sobre autores como Michael Bond, Tolkien, Roald Dahl, Gerald Durrell, Paul Auster, Alvaro Cunqueiro, Ignacio Aldecoa, Ignacio Martínez de Pisón y otros que, a su juicio, son fundamentales para la formación de cualquier escritor y, en concreto, para los participantes en el Taller de escritura para adolescentes de dicha biblioteca.

Esta actividad está dentro del Taller de Escritura para adolescentes ?Cuenta tu propia historia?. Este nuevo proyecto de las Bibliotecas Municipales, a medio camino entre los talleres de escritura y los clubes de lectura, pretende crear un nuevo formato que recoja lo mejor de cada uno de ellos. Un espacio abierto al diálogo y la creación con el que las Bibliotecas Municipales intentan convertirse en un punto de referencia no sólo para los lectores, sino para todo aquel que desee compartir sus inquietudes literarias.

La experiencia comenzó el pasado mes de noviembre y en él participan trece jóvenes, de entre 12 y 18 años, que han podido conocer de primera mano a autores como Miguelanxo Prado y Lino Braxe, además del traductor Fernando Moreiras. La clase magistral programada para mayo será impartida por Daniel Domínguez, guionista de cine y televisión.

Con estas clases, la organización pretende dar a conocer a los participantes todas las posibilidades que les ofrece la escritura y romper con los tópicos victimistas que rodean la profesión de escritor.

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lunes, marzo 17, 2008

Paul Celan: El tango de Auschwitz

?No hay nada en el mundo por lo que un poeta haya de seguir escribiendo, no desde luego si el poeta es un judío y la lengua de sus poemas es el alemán?, reflexionó en su última época Paul Celan (1920-1970). ?Tal vez yo sea uno de los últimos que deba seguir viviendo para consumar el destino del espíritu judío en Europa. Esa obligación la he sentido como poeta, como poeta que no podía dejar de escribir, a pesar de ser judío y escribir en alemán.?

Por Guillermo Saccomanno / Página 12



Leo Antschel es ingeniero, pero después de la debacle económica de la Gran Guerra, en los Cárpatos, vende leña de aserraderos. Friederike, su mujer, acostumbrada a la crianza de sus hermanos menores, no permite que lo doméstico le gane a su afición por la lectura, que le transmite ahora a su hijo Paul. Lo manda a una escuela privada, pero el padre, sionista estricto, lo cambia a una escuela hebrea. En la familia se habla un alemán sin acento. Czernowicz, la ciudad en que viven los Antschel, pertenece a Bulgaria. En 1938 Hitler se anexa Austria. Y en Czernowicz, aunque el nazismo no parece inminente, ya se respira el racismo. Los Antschel discuten qué hacer con sus ahorros. El padre quiere reservarlos para una huida. La madre y el hijo se oponen: un buen destino para el dinero es costear los estudios de Paul en una buena universidad europea. Madre e hijo ganan la pulseada.
En su viaje, al pasar por Berlín, el joven Paul puede ver el putsch nazi. Después, por fin, llega a París, donde estudia un año. Paul ha leído a Proudhon y simpatizado con Trotsky. En este tiempo de iniciación parisina se conecta con los surrealistas y adhiere a la causa de la República Española. En el verano siguiente, vuelve a Czernowicz. Poco después el Ejército Rojo invade Bulgaria y el ruso es obligatorio. Estudiante de Filología, Paul lo aprende a la perfección. Sus compañeros se asombran: en menos de un año Paul ya traduce Guerra y Paz de Tolstoi. Por entonces los soviéticos deportan a Siberia a cuatro mil hombres, mujeres y chicos, en su mayoría judíos.
Cuando Hitler rompe con Stalin el pacto de no agresión, las tropas rusas se retiran y las rumanas entran en Czernowicz ejecutando judíos y ucranianos acusados de colaborar con los soviéticos. Las SS dirigen las acciones. En horas liquidan a setecientos judíos. En unos días, el número de víctimas sube a tres mil. Se los priva de derechos, se los obliga al brazalete con la estrella. Hay toque de queda y se alambra el gueto. Los nazis trasladan a los cautivos. Apenas dejan los necesarios para colaborar en algunos trabajos.
Las deportaciones se cumplen los fines de semana, las noches de sábado y domingo. Conscientes del riesgo de quedarse en el hogar esos días, muchos huyen el viernes para volver el lunes. Un amigo rumano refugia a los Antschel en su fábrica de detergentes y cosméticos. Pero la madre se resiste: ?No podemos escapar de nuestro destino?, se queja. Un sábado, cuando Paul va a la fábrica, sus padres no acuden. El lunes comprueba que ellos fueron despachados a un campo, donde cumplirán trabajos forzados picando canteras en la construcción de un camino. El padre muere de tifus. Su madre, consumida, es rematada de un tiro en la nuca.
Mientras los rumanos, bajo el mando alemán, saquean, violan, torturan y trasladan prisioneros, Paul sobrevive en el barro del gueto. Se consuela traduciendo sonetos de Shakespeare. De esta época data su primer libro de poesía, Amapola y memoria. A pesar de extraviar el original en su tránsito de fugitivo, lo reconstruirá años más tarde, pasada la guerra, ya a salvo en París. La amapola, además de la belleza, representa un opiáceo incapaz de anestesiar lo vivido (Paul armará de memoria su libro. Pero todavía falta para esto. No nos adelantemos). Anclado en Czernowicz, Paul hace un trabajo para sobrevivir: busca libros rusos para quemarlos. ?Esta era una tierra en la que vivían hombres y libros?, recordará. Podemos imaginar el fuego que consume un libro de Dostoievski iluminando la cara del muchacho de veintidós años. Podemos imaginar lo que siente. Pero nunca por completo. A menos que se haya estado allí, imposible saber qué significa esa experiencia en la que las cenizas humanas y las de los libros se confunden tal vez porque los hombres, como los libros, si una misión tienen, es vivir para contar. Y el nazismo niega a unos y a otros.

Celan, y sus precursores
?La filosofía de Hitler es primaria?, ha escrito Emmanuel Levinas. ?Con una fraseología miserable, el hitlerismo apela a sentimientos elementales.? La escritura de Celan pone en duda no sólo los sentimientos sino también el lenguaje que los transmite. Hay que convenir con George Steiner que la escritura de Celan es a la literatura lo que el Guernica de Picasso a la plástica. Es que resulta hipócrita aislar un lenguaje de la experiencia que lo genera. Si nos hemos detenido en la narración de una historia familiar y en su destino trágico es porque ambas afectarán al joven Paul y su poética.
El acercamiento a la lectura de Celan en español, y no sólo en español sino también en su lengua original, presenta dificultades. Debe tenerse en cuenta cómo la búsqueda celaniana fue evolucionando hacia una pureza que alcanzaría la abstracción. Cuando leemos traducido partimos de una confianza semántica. Pero, ¿qué ocurre con la significación cuando un verso es oscuro en su propia lengua? ¿Qué leemos en aquello que leemos traducido? La biografía de un acosado, paradigma de la víctima, condiciona su lectura inclinando al lector hacia una mirada pietista. Celan, que dominaba ocho idiomas, impugnaría esta clase de lectura benéfica: nada le importaba más que quebrar esa confianza en las palabras, una confianza que socava en su lengua original, el alemán, y está lógicamente vulnerada, por carácter transitivo, en toda traducción a otras lenguas.
Treinta años después del calvario, cuando adopte como apellido el anagrama de Antschel, el ahora Paul Celan, ya residente en París, en la École Normal Supériéure, será profesor de alemán y dictará un curso sobre ?Un médico rural?, ese cuento de Kafka que se refiere inequívocamente al destino equivocado. ¿Acaso la madre del poeta no sostenía: ?No podemos escapar de nuestro destino?? La culpa, una cuestión central en la literatura de Kafka, marca también la escritura de Celan.
La prosa de Kafka es fría, neutra y está sostenida por un tono burocrático que puede a veces exasperar por su impasibilidad. Arriesguemos: la prosa de un entomólogo dispuesto a describirlo todo. Rasgos, gestos, detalles imperceptibles. Tanta es su obsesión en lo mínimo y absurdo que se tiene la impresión de estar observando lo más insignificante con un gran angular. Neutralidad, se ha dicho. Y es justamente esta neutralidad la que nos obliga a volver atrás, a certificar si hemos leído tal o cual detalle o se nos ha pasado por alto. ¿Hemos leído bien? ¿Es eso lo que estaba escrito? Por ejemplo, en ?Un médico rural?, los dientes del caballerizo marcados en la mejilla de la joven criada. Por un instante dudamos si no se nos extravió algo en la lectura, algo callado, que pasamos por alto.
Esta situación de incomodidad y perturbación se repite con la poesía de Celan. Aun sus poemas más figurativos nos dejan la sensación de que hay algo que nos hemos perdido en la lectura. El lector ajeno al alemán puede sospechar de la traducción, si ésta funciona o no como ?arte exacto? en la forma de transmitir una intención y una sonoridad. Pero no se trata de la traducción más o menos eficaz, de la riqueza de tal o cual polivalencia significante. Paul Auster afirma en ?El arte del hambre?: ?Celan exige al lector y resulta casi imposible comprenderlo por completo?. Acordemos con Auster que leer a Celan por primera vez se convierte en un acontecimiento memorable, que quizá sólo puede compararse con el grado de unción reveladora que inspira Kafka. Se siente extrañeza y al mismo tiempo abismo. Como Kafka, Celan busca palabras que lastimen. Celan se afana en la precisión: ?Lo importante en el lenguaje es la precisión?, anota.
Como el checo Kafka, al pertenecer a un país periférico, a una lengua casi invisible, y estar ligado al idish, su elección es una lengua hegemónica: el alemán. No es una elección gratuita. ?Todos los poetas son judíos?, había declarado la suicida poeta rusa Marina Tsvietáieva. Celan adoptará esta premisa. Lo que quizás explique por qué estuvo por traducir al poeta egipcio Edmond Jabés, otro extranjero a perpetuidad. ?Todo escritor es unjudío?, asevera Jabés en El libro de las preguntas. ¿Qué territorialidad está en juego aquí?, cabe preguntarse. Sin tierra, el judío encontrará la suya en el libro. Steiner intenta explicarlo: ?El hombre o la mujer que encuentra su hogar en el texto es, por definición, un objetor de conciencia de la mística vulgar del himno y la bandera, del sueño de la razón que proclama ?mi país, esté o no en lo cierto?, se trate de una tecnocracia mercantil de consumo de masas o de una oligarquía totalitaria. El lugar de la verdad es siempre extraterritorial; su difusión pasa a ser clandestina por las alambradas y vigías del dogma nacional?.
Un dato puede ayudar a comprender la operación que Celan hace al emplear como materia expresiva la lengua materna, pero también la de sus verdugos. A Celan lo espanta que los criminales nazis, mientras transcurren sus juicios, escriban poesías. Corresponde preguntarse entonces si la búsqueda de precisión que se propone con empecinamiento, búsqueda que culmina prácticamente en la ilegilibidad, no es una suerte de justicia reparadora. Es decir, al indagar esa lengua, los límites de su comunicación, Celan condena: al subvertir la lengua madre, invierte la relación determinada en otro clásico de Kafka: ?En la colonia penitenciaria?. Ahí donde Kafka dispone que el verdugo escriba la falta en el cuerpo del prisionero, Celan la resignifica en la lengua.

Lenguaje y memoria
Estas consideraciones sobre la lengua celaniana no son menores, entre otras razones, porque responden al desafío planteado por Adorno: la dificultad de escribir después de Auschwitz. Es sabido que Celan (como Nelly Sachs, Ingeborg Bachman y Günter Grass) corresponde a la generación que acepta el desafío adorniano y decide contestar a través de la escritura. ?Auschwitz no tiene fin?, dirá Grass. El lenguaje para reflejar el exterminio es un lenguaje dañado. Tal como lo propone Grass, es la herramienta para registrar los grises en todas sus gamas. Y es, por lógica, el gris de las cenizas que irrumpen una y otra vez en la poesía de Celan.
En sus artículos sobre Celan, Margo Glanz retoma una idea de Jacques Derrida: ?Celan reduce el poema a cenizas?. Porque las cenizas son Auschwitz y sus hornos. Las cenizas hablan de la incineración del nombre y la memoria y borran la noción de testimonio. Subrayemos: la poesía de Celan es alusiva y elusiva, lo uno por lo otro. No hay referencias directas a la experiencia concentracionaria sino, más bien, una metafísica de lo que no se entiende. Es esta ?incomprensibilidad? justamente la que produce quizás un efecto más sobrecogedor que una foto, un documental. En un procedimiento similar a la incineración, Celan funde la tradición y los lenguajes. En consecuencia, en sus últimos poemas el lenguaje se esquirla en fragmentos jadeantes y agónicos. Los poemas se ciñen a una brevísima señal que oscila entre el aforismo y el calembour. Celan escribe ojos, semen, orina, lengua, dientes. En su síntesis, casi un grafismo, el poema se reduce a unos pocos versos cada vez más cortos y el blanco de la página, el vacío, devora las palabras escasas. Así el poema, en su imposibilidad de obtener el encuentro entre el ?tú? y el ?yo? (estos dos pronombres son de un uso constante en Celan), lo que afirma con terquedad es ese vacío que es el blanco pero también otra cosa, eso que ?no tiene fin?, eso que es Auschwitz. Al respecto de la disminución de textualidad y el avance del blanco en la puesta en página, Maurice Blanchot supo indicar que este silencio del blanco no es una pausa o un intervalo en la lectura sino que pertenece al rigor mismo, aquel que no autoriza más que un ápice de relajamiento, ?un rigor no verbal que no estaría destinado a portar sentido, como si el vacío fuese menos una falta que una saturación, un vacío saturado de vacío?.
?El hombre está permanentemente frente a la muerte?, dice Jabés. Es en relación con la muerte cómo se expresa. Incluso añadiría que no es posibleexpresarse sino a través de ella. La muerte es el espacio blanco que separa los vocablos y los hace inteligibles, es el silencio que hace audible la palabra oral. Por eso el blanco es tan temible en una página. Jabés, terminante, sentencia: ?Nuestra mejor arma política siempre es y seguirá siendo la pregunta?.
Celan vive en conflicto tanto la vida como la literatura. Pueden atribuirse a su fragilidad y su neurosis el desprecio hacia la verborrea literaria y académica. Menosprecia al ?litterateur? y la moda. ?¿Por qué escribir poesía y, si se escribe, por qué publicarla??, se pregunta. Quizá convenga acotar que estos recelos y aversiones no son distintos a los de su amante Bachman: la poesía póstuma de ambos parece contagiada por un mismo escepticismo hacia la palabra. La palabra que más repite Celan en treinta años de escritura (casi mil cuatrocientas veces en ochocientos poemas publicados y más de cuatrocientos inéditos) es ?tú?. Y este ?tú? puede sugerir no tanto un vocativo que compromete a los seres perdidos, como a un ?yo? dividido por la culpa. Es un ?tú? más próximo a la referencia del doble que a una relación con otro. En todo caso, esa relación es siempre con ?el otro?: un ?otro? que arrastra la culpa del sobreviviente y que pudo ser cenizas en el viento.
A pesar de sus problemas de salud, en 1967 Celan, invitado a una lectura de sus poemas en Friburgo, aprovecha el viaje para entrevistar a Martin Heidegger, de quien fuera lector. Heidegger asistió a la lectura de Celan y se sentó en primera fila. Heidegger le regala ¿Qué significa pensar? Lo invita a una excursión a la Selva Negra. Celan espera la oportunidad de reprocharle al filósofo su adhesión al nazismo. Durante ese encuentro, Heidegger se explaya sobre la flora y la fauna regional. Fin del paseo. Poco después Celan le envía a Heidegger un poema en el que refiere con sutileza su recriminación. Heidegger tarda en responderle una esquela diplomática en la que insinúa tácitamente su culpa.
La biografía de Celan incluye, además de la sombra del nazismo, la pérdida de un primer hijo a poco de su nacimiento. Abarca depresiones, rupturas, internaciones, mutismo y alcohol. También pasiones arrasadoras, como la que mantuvo con la Bachmann. No obstante, Celan no especula con su dolor. ?Hacíamos como que nuestros problemas tenían que ver sobre todo con el verbo?, contaría Henri Michaux. Una vez, cuando Celan promedia los cuarenta, Petre Salomon, un amigo rumano, lo visita en su domicilio de París y lo encuentra taciturno, hostil, envejecido. No es la primera vez que el amigo lo ve en semejante crack-up. Celan puede pasar de este hundimiento al estallido de una risa compulsiva. No hace falta ahora que el amigo le pregunte qué le pasa. Celan se adelanta a contestarle con voz entrecortada: ?Han hecho experimentos conmigo?.
Si se contempla una de sus fotos más difundidas, esa que acompaña sus ediciones recientes en español, Celan llamará la atención por cierto aire porteño. Es una foto blanco y negro. En primer plano el rostro amable tiene una mirada aguda, de un humorismo penetrante. Sin embargo, apenas sonríe. Según Michaux esa sonrisa es la de ?alguien que atravesó mil naufragios?. Al estar peinado hacia atrás, su frente se agranda y se le notan bastante las entradas. Viste un saco oscuro y una corbata al tono sobre la camisa blanca. En esta foto, Celan tiene un aspecto de cantante de orquesta típica de los cincuenta. Entonces uno no puede dejar de pensar que en los campos de concentración los nazis obligaban a los prisioneros a cantar canciones nostálgicas mientras otros cavaban sus tumbas. Algunos tocaban música mientras las prisioneras judías eran usadas por los oficiales y la soldadesca. ?Fuga de muerte?, el poema de Celan que metaforiza estos rituales, el poema alemán más importante de la posguerra, fue traducido al rumano como ?Tangouli morti?. Es decir, ?Tango de muerte?.Después de recibir numerosas distinciones entre las que se destaca el prestigioso premio George Büchner, Paul Celan, en abril de 1970, se arroja al Sena desde el puente Mirabeau, allí donde el río es ancho y la corriente más fuerte suele arrastrar todavía restos de deshielo. El primero de mayo, diez kilómetros río abajo, un pescador descubrió su cadáver.

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sábado, marzo 01, 2008

El arte ¿es inútil?

NATALIA MENÉNDEZ El arte es inútil. Así lo dijo Oscar Wilde en una carta que envió A. R. Clegg en 1891 afirmando y defendiendo la esterilidad de la creatividad artística como clave del placer que produce contemplarlo. Pues puede que el arte sea inútil, otra cosa es que sea rentable. Hace poco leí que el cuadro más caro adquirido en subasta durante 2007, White Cente de Mark Rothko, fue vendido por casi 73 millones de dólares.

Oscar Wilde

Y es que los cuadros más caros de la historia de las subastas presentan cifras astronómicas. El más caro de todos, el cuadro «Número 5» del artista americano Jackson Pollock, fue adquirido hace algo más de un año en la célebre casa de subastas neoyorquina Sotheby's por un magnate mexicano, David Martínez. Su precio ascendió a 140 millones de dólares, es decir, unos 95 millones de euros. Pablo Picasso es probablemente el artista que cuenta con más piezas pictóricas engrosando las listas de transacciones millonarias: su obra «Garçon à la Pipe» fue adquirida también en Sotheby's en 2004 por 104 millones de dólares, y otras de sus obras, como «Femme aux bras croisés» o «Les noces de Pierrette», fueron adjudicadas a pujas cercanas a los 55 y 48 millones de dólares, respectivamente. Otros nombres cuyos cuadros han sido adquiridos con pujas millonarias son Van Gogh, Renoir, Gauguin, Cézanne, Monet o Gustav Klimt. Sería difícil defender la utilidad de colgar un cuadro de 100 millones de euros sobre el sofá de nuestro salón, si no es, simplemente, por el placer de poseer algo realmente codiciado.
El escritor americano Paul Auster también está convencido de la inutilidad de arte. Hace algo más de un año, en el discurso que pronunció en Oviedo con motivo de la concesión del premio «Príncipe de Asturias» de las Letras, escuchamos cómo éste compartía la opinión de Wilde de que el arte es inútil y de que además es, en realidad, lo que define a nuestra especie frente a otras criaturas. Lo que afirma Auster no es en absoluto descabellado. De hecho, cualquier libro de historia que se precie estaría de acuerdo en afirmar que en la Prehistoria uno de los momentos clave en el proceso evolutivo de nuestra especie tiene lugar en el instante en el que el ser humano se convierte en artista, en el momento en el que comienza a desarrollar una actividad que, en esencia, no tiene ninguna utilidad. Las pinturas rupestres, en definitiva, son lo que nos distingue de estadios evolutivos previos, el arte es, tal y como dice Auster, lo que nos hace más humanos.
Sin embargo, debido a la existencia de tanto cuadro millonario, resulta complicado que en ocasiones nos sintamos timados, ya que el arte moderno todavía resulta difícil de asimilar y clasificar dentro de los criterios de calidad de nuestra sociedad. Todo este debate me recuerda a la «Merde d'artiste» de Piero Manzoni, el joven artista italiano que en 1961 enlató y etiquetó sus propios excrementos y los vendió a precio de oro. Con esta provocación Manzoni trató de criticar el mercado artístico del momento, que se empeñaba en comercializar como arte todo aquello que podía. Así fue, Manzoni creó 90 latas, algunas de las cuales han alcanzado precios en subasta de alrededor de 100.000 euros. Hace poco que otro artista, Agostino Bonalumi, ha desatado la polémica en torno a las latas de Manzoni. Según él estas latas no contienen heces, sino yeso. Si éste fuera el caso, esto no haría más que completar la obra de Manzoni, quien ha logrado vender mierda como arte y, por si fuera poco, ha conseguido engañar a sus compradores dándoles gato por liebre.

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domingo, febrero 10, 2008

La hija del escritor Paul Auster hace sus pinitos como modelo

C. MERINO / El Periódico

Apenas tiene 20 años y ya puede considerarse actriz, cantante, compositora y, a partir de ahora, también modelo. La joven no debe de encontrar muchos huecos en su agenda desde que la firma española Hoss Intropia, especializada en ropa urbana, eligió a Sophie Auster como imagen para el catálogo de su colección primavera-verano 2008, donde luce elegantes vestidos con motivos florales y dibujos geométricos. Y, sin ser una profesional, lo hace con solvencia, como una modelo más.
Hija del novelista del azar Paul Auster (autor de, entre otras, La trilogía de Nueva York y premio Príncipe de Asturias 2007) y de la novelista de origen noruego Siri Hustvedt, esta joven neoyorquina que lleva el glamur incorporado en el nombre agradece a su apellido las numerosas y muy diferentes oportunidades profesionales que le ofrece. Y no las desaprovecha.

Sophie Auster
Debutó en el cine de la mano de su padre, que probó fortuna en la dirección cinematográfica con Lulu on the bridge, y la última y menos exitosa, La vida interior de Martin Frost. También fue su padre quien le ayudó en la escritura y la selección de los textos para las canciones afrancesadas de su disco homónimo, editado hace dos años, cuando tenía 18, en colaboración con el grupo One Ring Zero. Auster es una joven con un talento precoz, estudiante de poesía y literatura inglesa y francesa de aspecto bohemio y cosmopolita. Ese es el look y la personalidad que la firma española ha potenciado en la hija del escritor, que sucede a la bailarina Tamara Rojo en la campaña publicitaria de la colección.

HEREDEROS DE MODA
Auster forma parte de una generación de hijos de que aprovechan con éxito la popularidad de sus progenitores. Como Liv Tyler, la hija del cantante del grupo Aerosmith, actriz e imagen de la firma Givenchy; Jade Jagger, hija del líder de los Rolling Stones, quien con el apoyo de su madre Bianca se está forjando una carrera como modelo y diseñadora de joyas; Elettra Rossellini, hija de Isabella Rossellini y nieta de Ingrid Bergman, que ha probado suerte en el mundo de las pasarelas y se resiste a ser actriz; y Charlotte Gainsbourg, actriz, cantante e icono de lo cool como lo fueron sus padres, Serge Gainsbourg y Jane Birkin.

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domingo, febrero 03, 2008

Peripecias en una megaurbe: Auster

Jorge Meléndez Preciado / El Universal / 23/01/2008

El libro más vendido y emblemático de Paul Auster es, sin duda, La trilogía de Nueva York. Va en su nueva reimpresión, al parecer son casi 20. Y es que el estilo del autor, la manera en que nos va relatando las historias, las referencias que hace a otros escritores y las citas de obras maestras; su relación con la música y, sobre todo, el que casi siempre ocurra lo inesperado, es lo que sitúa en un primer plano al elaborador de ficciones.

Trilogía de Nueva York, Paul Auster

Cinematográficamente Nueva York ha estado presente siempre. Baste recordar Manhattan de Woody Allen (el amor y la perdición) o la escalofriante El día después de mañana (el cambio climático) de Roland Emmerich y la reciente Soy leyenda (un bodrio entre vital y místico) de Francis Lawrence. Nadie ha intentado llevar a la pantalla grande la citada obra de Paul, que dividida en tres episodios concluye en el suspenso, algo que admirarían Dashiell Hammett y Raymond Chandler, maestros de la novela policiaca estadounidense.

En el primer episodio, La ciudad de cristal, una llamada equivocada lleva a un literato a convertirse en detective. Lo que descubrirá acerca de una pareja será más interesante que sumergirse en sus tareas. Resulta un homenaje a Dostoievski que planteaba algo maravilloso y terrible: la realidad supera a la ficción, como vemos a diario en esta hora crítica

Auster hace un relato medido, donde las sorpresa van apareciendo constantemente, las cuales se conjugan con erudiciones nada petulantes sino que brotan para que el lector recoja joyas que han estado presentes siempre y no había descubierto.

No tendremos que encontrar El Dorado o el tesoro de Moctezuma. Más bien abrir los ojos para entender que hay un mundo fascinante. Claro, al lado, las situaciones más aberrantes se producen. Eros y tanatos en conjunción.

En la página 94: ??calle Ochenta y cuatro conocida como Mount Tom. En ese mismo lugar, en los veranos de 1843 y 1844, Edgar Allan Poe había pasado muchas y largas horas mirando al Hudson?. Apunte interesante, como en Brooklyn Follies, cuando Auster reveló que Kafka escribía cartas para una niña que perdió su muñeca.

Fantasmas es el más denso, en el cual hay poca acción, aunque muchas referencias a librerías, museos, sitios donde la vida bulle. Aunque los protagonistas, generalmente, se encuentran metidos en sus ?cuevas? y están observándose uno al otro. Aquí los colores (azul, negro, etc.) le dan significado a los hombres. Jackie Robinson, Robert Mitchutm y otros aparecen, amén de varios filmes que marcaron a Paul. Y en un momento dice: ?Los libros hay que leerlos tan pausada y cautelosamente como fueron escritos?.

El capítulo ?La habitación cerrada? describe cómo no se puede existir mientras un individuo le ha dejado a uno todo resuelto, incluido el amor de una bella mujer. ¿Quien llega a dicha perversión? Un escritor notable que desea ser ignorado. El juego entre éste y su amigo de la secundaria resulta un acertijo que cuando está por resolverse llega una vuelta de tuerca: ?No tenía sentido, y, por eso, tenía todo el sentido del mundo?.

Realmente es una delicia leer una y otra vez a este creador que se apropia de todo lo que encuentra en sus manos para descubrirnos que hay esperanza.

PD. El pasado texto hizo que escribieran varias lectoras, a todos les agradezco. Hubo pitos (Patricia M. Ruiz) y flautas (María Teresa Alcalde y Carolia Paniagua), entre otras.

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jueves, enero 24, 2008

Relatos e historias de casualidades

La Jornada, Domingo 20 de enero de 2008

La disculpa del libro de Márai vale también para éste de prosa reunida de Paul Auster, aunque a decir verdad buena parte de los textos que aparecen en Collected prose sí se encuentran en castellano y publicados por la editorial Anagrama.

Paul Auster, Collected prose

Lo mejor de todo, en este caso, es que basta comprar un solo libro para tener The invention of solitude (La invención de la soledad), The art of hunger (El arte del hambre) o Hand to mouth (A salto de mata: crónica de un fracaso precoz), además de otros 37 textos entre los que figuran escritos autobiográficos, prefacios, ensayos, colaboraciones con otros artistas e historias verdaderas.

Esta parte de las historias verdaderas es quizá la más deliciosa del libro, con anécdotas que parecieran inverosímiles como aquella del amigo que llegaba en el momento justo para impedir que él y su pareja de entonces murieran de hambre en una granja francesa o la de la moneda que perdió por la mañana afuera de la casa de su ex esposa y encontró horas después en el Shea Stadium, minutos antes de entrar a ver un partido de beisbol. Digamos que más que historias reales son historias de casualidades.

Además, este título sí conforma un todo para conocer al autor de El cuaderno rojo (también incluido aquí), su conversión en escritor, su vida familiar, la necesidad de contar la historia de su padre para que éste, ya muerto, no desapareciera; sus autores o lo que significa para él la amistad.

Relatos íntimos, a veces densos otras amenos, que sirven entre otras cosas para terminar de odiarlo o amarlo, que para ser honestos a Paul Auster se le ama o se le odia, sin puntos medios; y en esto no ayudan para nada las fotografías que se publican en las portadas o solapas de los libros: el hombre sale con una cara de pocas pulgas!?

Título: Collected prose

Autor: Paul Auster

Editorial: Picador

Número de páginas: 512

Precio de lista: consultar en librerías on line

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